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jueves, 28 de julio de 2016

Dos manipuladores en la pantalla



En el umbral de la crisis que el propio gobierno está creando, el conflicto de Macri con Marcelo Tinelli parecería un tema menor si no fuera por algunos puntos oscuros. Lo más evidente es la utilización de twiteros rentados que operan para desorientar a usuarios desprevenidos. Así lograron organizar los cacerolazos contra Cristina y propalar muchas patrañas de los medios hegemónicos. Si la inversión de los dineros del Estado para distorsionar la percepción ciudadana de la política es un delito será decisión judicial, pero por ahora es un dato para prestar más atención en las redes. Lo más sutil sería pensar si este enojo del empresidente por las imitaciones en el show televisivo no es un nuevo artilugio para reducir a esa pantomima las críticas al accionar del Gran Equipo.
La funcionalidad está servida: el conductor televisivo se posiciona como combativo y los amarillos aparecen como “tolerantes con el que piensa distinto”. La pantalla seguirá mostrando caricaturas superficiales como ácidas críticas ante la aceptación democrática del Gerente de La Rosada. Con este nuevo acto, quieren convencer al público de que están ante un duro contenido anti gubernamental cuando en realidad consumen una píldora de catarsis para hacer más pasable el creciente malestar. Y el gran ganador es Canal 13 –Clarín- que pretende apropiarse de la diatriba al gobierno que desde todas sus usinas ha creado. Con esta maniobra, quieren ubicarse ante la sociedad como críticos y apologistas a la vez. Todo controlado para mantener el equilibrio en el futuro que pergeñan.
Entonces, a no entusiasmarse. Las observaciones que realizarán entre bailes y bulla no pondrán en peligro la restauración amarilla ni perturbará el sueño de sus principales beneficiados. Apenas serán comentarios de ascensor con actores maquillados y risas alentadas en las tribunas. Macri tendrá que acostumbrarse a exageraciones de algunos tics a cambio de televidentes hipnotizados con curvas insinuantes y rítmicas siliconas. Con este combo, los seguidores de Tinelli podrán reírse de la inflación, los tarifazos y el deterioro gradual de sus días como un camino inevitable para llegar a la República de los Globos.
En esas caricaturas televisivas no existirán porqués que incomoden a nadie sino simpáticas enumeraciones de los dramas cotidianos. Un poco de azúcar para pasar el mal trago. La risa enfermiza que atenúa el malestar. La naturalización de las limitaciones que el cambio nos impone. Un entretenimiento banal que contribuye a la conformación de un votante desatento.
Un negocio redondo
El chiste fácil sobre el precio de las cosas jamás se convertirá en un cuestionamiento al abuso que significa. De la charla cotidiana sobre las cifras que enloquecen desde las góndolas nunca surge cómo se conforman ni cuánto gana el que las pone. Jamás sabemos cuánto debería costar un kilo de tomates o un litro de aceite: sólo debemos aceptar el número que nos imponen y calcular si nos alcanza con lo que tenemos en la billetera para adquirir el producto. Nunca conocemos los motivos de lo que nos cobran; siempre escuchamos el lamento de los formadores de precios y nos dejan la sensación de que los abusadores somos los consumidores. O peor: que nos hacen un favor vaciando nuestros bolsillos a cambio de menos artículos.  
La libertad de mercado que se instala de la mano de Cambiemos se ha convertido en un libertinaje que nos aleja cada vez más de los productos que forman parte de nuestra vida. La estrategia de abrir las importaciones para que la competencia baje los precios se transforma en un salvavidas de plomo. Más aún en medio de la recesión que el Gran Equipo ha provocado con todas sus decisiones. El arribo de productos extranjeros a precios de dumping, con bajos salarios y sin aranceles generará una situación más precaria que cualquiera de las heredadas por gobiernos anteriores. Claro, el proteccionismo es, para la ideología gobernante, una mala palabra y, ya no hay dudas, lo que menos quieren proteger es lo que hemos conseguido construir en estos doce años.
La industria, que tuvo un crecimiento superior al 100 por ciento, ahora acusa un retroceso que no se soluciona con leyes ni créditos, sino con compradores. Pero éstos son saqueados desde todos los flancos por aumentos extorsivos de consumos esenciales por decisión gubernamental y especulación comercial. Cuando todos quieren salvarse, los que más padecen son los indefensos. Y de ésos, el Gran Equipo no se preocupa. Por el contrario, el empresidente se enfada con aquellos jueces que toman decisiones en contra del empresariado cómplice. En una entrevista con Joaquín Morales Solá, Macri reconoció que hace falta “una justicia laboral más equitativa, no tan volcada a encontrarle siempre la razón a una parte”. Con esta declaración demuestra su incomprensión del sentido de la Justicia. En un conflicto laboral, el más débil es el trabajador y nuestro representante quiere que la Justicia falle en su contra.
Lo mismo piensa del freno al descomunal incremento de las tarifas, aunque muchos jueces han actuado en defensa de los usuarios. ¿Qué país está diseñando para nuestro futuro? ¿Uno en el que estemos expuestos a la avaricia ilimitada de los grupos concentrados de la economía? Pero su desprecio obnubila su razón: “el kirchnerismo se fue, pero Justicia Legítima sigue ahí”, sintetizó Macri en la misma entrevista. Fallar a favor del más vulnerable es ser un juez kirchnerista. De ahí a calificar como ‘kirchnerista’ a todo aquel que se pronuncie en defensa de jubilados, trabajadores, desocupados y excluidos hay un solo paso. Que el Gerente de La Rosada hable de Pobreza Cero es una de sus mayores hipocresías, sobre todo porque su objetivo es enriquecer a los más ricos y suplicar, cuando las papas empiecen a quemar, por algunas gotitas.
Y esto se evidencia, vale reiterar, con cada una de sus medidas. Nos quiere convencer de la pesada herencia cuando todos los problemas que hoy tenemos son consecuencia de sus propias decisiones. Si Macri acepta la caricatura del programa de Tinelli es porque jamás insinuará que no está de parte de los que, con mucha ingenuidad, creyeron en sus promesas de campaña. Ningún mandatario que piense en la mayoría decidirá incrementos tarifarios irracionales. Ningún representante considerará siquiera flexibilizar las leyes laborales si su objetivo es crear “empleo de calidad”. Ningún presidente seguirá ajustando la vida de los ciudadanos mientras 400 mil millones de dólares de argentinos descansan en paraísos fiscales.
Como Macri toma sus decisiones pensando en las corporaciones a las que representa, cualquier crítica acertada puede diluir la tambaleante luna de miel. El empresidente no se reunió con Tinelli para retarlo por las imitaciones de su programa, sino para que le invente un alica alicate que despierte una empatía temporal para seguir obnubilando a sus votantes y continuar con su plan de saquear el país.

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