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jueves, 10 de noviembre de 2016

El súper Kinder presidencial



La sorpresa de la semana –o tal vez del año- fue el triunfo de Donald Trump como presidente de EEUU. Algunos exagerados se atreven a extender su alcance a toda la década sin tener en cuenta la llegada de Macri a La Rosada ni todas las cosas que podrían suceder en los cuatro años que faltan para que termine. Otros manifiestan su preocupación por lo que ocurrirá en el planeta si las grandes ideas del republicano se convierten en realidad. Todavía no asumió y ya está provocando miedo. Quizá ladre más de lo que muerde. Al revés de Obama, que se presentó como un tierno cachorro merecedor de un Nobel de la Paz y terminó siendo casi igual a los cancerberos anteriores. No hay que asustarse porque Trump sea presidente. Quizá lo mejor para construir la paz de este planeta sea que la cara del Imperio se muestre al natural, sin la máscara de un afroamericano ni el seductor maquillaje de una mujer.
Lo que nadie pone en duda es su cualidad sorpresiva. Que un multimillonario anti político, bestial, poco ilustrado, xenófobo, homofóbico y machista haya conquistado la presidencia de un país parece ser un hecho insólito. Sin embargo, los argentinos somos unos adelantados. Encima, Macri y Trump fueron socios en un fracaso inmobiliario y hasta trabaron un simulacro de amistad. Que nuestro empresidente haya volcado sus preferencias por Hilary Clinton puede ser una pantomima o una pieza más de su colección de yerros internacionales. La torpeza diplomática con Gran Bretaña, la derrota de Malcorra como candidata a presidir la ONU y la victoria del No en Colombia son las primeras estatuillas conquistadas en un territorio no fabulado por Clarín o La Nación. Dar por segura la victoria de Hilary es una más o una muestra de la mala estrella de Macri que malogra todo lo que toca. Un poco yeta,  para ser sintético.
Tanto afecta al mundo la elección del presidente en EEUU que concentró la atención de millones de pantallas. Si tanto interesa, todos los habitantes de este planeta deberíamos participar en ella, sobre todo los que reciben sus bombas, padecen la succión de sus corporaciones y sufren las conspiraciones de los embajadores imperiales. El triunfo de Trump puede ser el traspié de un pueblo distraído o la irresponsabilidad de regalar un sable a un orangután enloquecido. Sus ideas económicas pueden significar la caída de muchos países obsecuentes o la posibilidad de rediseñar la estrategia para que resurja el espíritu intra regional. Si el magnate coronado como presidente decide abordar un plan proteccionista y tienta el retorno de las empresas repartidas en todas las latitudes, la lluvia de dólares que tanto esperamos en estas tierras no será posible. El pico de Donald espantó a muchos y quizá se sumen otros más cuando empiece a mostrar sus uñas.     
Entre allá y acá
En nuestro país, desde hace casi un año estamos padeciendo las consecuencias de un personaje como Trump. Algunos pueden decir que la comparación es apresurada y hasta caprichosa: el norteamericano es proteccionista y Macri, aperturista; el primero es profundamente nacionalista y nuestro Trump es globalizado; uno es abiertamente racista y el otro disimula un poco; uno es exuberante y el otro es opaco; Trump despierta protestas antes de asumir y Macri tuvo que esperar unos días. En estos tópicos son muy diferentes pero en lo que coinciden es en el tinte demagógico de sus discursos, aunque uno sea más verborrágico que el otro. Ambos dicen lo que el otro desea escuchar, a pesar de que no coincida con lo que piensan ni con lo que pretenden hacer. La experiencia argentina debería haber servido para que los ciudadanos del Norte pensaran más su voto, pero la desinformación y el ombliguismo no son sólo vicios nuestros.
Esto no significa que Hilary Clinton fuese la más adecuada. Eso es relativo. Los analistas dicen que Hilary representa, esencialmente, al establishment financiero y armamentista; en cambio, consideran que Trump es anti sistema. ¿Qué querrá decir eso, que es socialista? Anti capitalista, seguro no es. Quizá lo que queda de su campaña es la promesa del tan famoso muro en la frontera con México. Idea inaceptable, como si fuese la primera vez que se construye un muro separatista. Los castillos tan admirados en Europa estaban rodeados por muros que todavía persisten en algunas ciudades. La Gran Muralla no fue construida como atractivo turístico sino para evitar invasiones. Los fuertes conquistadores se protegían con empalizadas y las bases militares del Imperio se resguardan con alambradas electrificadas. Berlín estuvo dividida durante casi tres décadas e Israel se apropia de territorios jordanos con el Muro de la Vergüenza.
Entonces, no debería sorprender que la idea de Trump para evitar el ingreso de los indeseables sudacas haya conquistado la voluntad de los estadounidenses. Construir la idea de las migraciones como problema no es una forma novedosa de atraer votantes, pero sigue resultando efectiva. Culpar al otro por los problemas propios es una estrategia recurrente de mediocres y malvados que acceden al poder. Refugiados y migrantes son las víctimas y no los victimarios en un sistema despiadado. Con o sin cemento, el Capitalismo vive construyendo muros para protegerse de los millones que excluye. Por eso, aunque Macri nunca haya hablado de muros, siempre ha manifestado su desprecio por los que deben migrar para que su vida sea menos miserable. Y un coro de apologistas sigue el juego de excluir aún en contra de lo establecido por nuestra Constitución.
Ni Trump ni Macri son anti sistema sino que son sus privilegiados exponentes. Con disfraces diferentes, han burlado la democracia para sincerar la ecuación. Con ellos, el Poder Económico gobernará a su antojo, desnaturalizando las instituciones representativas y cooptando a las supra democráticas, como jueces, militares y espías. Si el FBI acosó a Hilary durante la campaña con denuncias que no se convirtieron en causas judiciales, los Servicios de Inteligencia vernáculos nutren al chiquitaje político y a los jueces carroñeros para condenar a los K al ostracismo. Si no lo logran con Hotesur, lo intentan con el dólar futuro; si no pueden convertir la absurda denuncia de Nisman en delito, tratan de acusar a Cristina de homicidio.
Aunque los medios de Clarín intentaron demonizar una vez más al kirchnerismo igualándolo con el enredado ideario de Trump, los hechos se encargarán de descolocarlos. Cómo será el mundo con este personaje como líder resulta difícil de predecir. Mejor, no. Eso seguro. Lo que pasará fronteras adentro del país del Norte es asunto de ellos. Lo que pase de este lado del muro que todavía no se ha construido sí es nuestra responsabilidad.
Esa enorme muralla que algunos toman como humillación en realidad, debería aliviarnos. Por fin estaremos protegidos de esos salvajes que cada tanto se les da por invadir, bombardear y saquear. Más que como una pared separatista, deberíamos considerarla como una jaula que contiene a la bestias mientras el Sur elabora una sincera y arcana cohesión que nos permita construir nuestros países a la medida de sus ciudadanos. Y si el Gran Equipo decide continuar con la sumisión endeudando, desindustrializando y sometiendo al país a intereses mezquinos, debemos estar preparados para torcer el rumbo.

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