lunes, 28 de noviembre de 2016

A la sombra del gigante



Festejar una muerte es de miserables. Alguien puede alegrarse en la intimidad de su baño y hasta alzar una copa en una mesa familiar por el fallecimiento de alguien detestado, pero salir a las calles y armar un jolgorio es una enfática exhibición de la oscuridad de su espíritu. Más aún cuando los mortuorios festejantes están asilados en las entrañas del Imperio que ha producido más asesinatos que cualquier dictadura del planeta. Eso, si consideramos que Cuba lo es. El estándar de democracia que se impone desde la hegemonía mundial no tiene como objetivo el bienestar de ningún pueblo, sino el sometimiento de todos. Que una pequeña isla bloqueada, demonizada y con escasos recursos logre el menor número de mortalidad infantil del continente, un elevado nivel en salud reconocido por la OMS y una bajísima tasa de delincuencia debería tomarse más como ejemplo que como blanco de diatribas. Y los que se llenan la boca con los DDHH, recuerden que el único centro de torturas de ese territorio está administrado por EEUU.
En fin, la hipocresía es ciega pero no muda. El final del documental Sicko, de Michael Moore, es muy ilustrativo de eso. El periodista se traslada a Cuba con un grupo de rescatistas con severas secuelas por sus tareas después del atentado a las Torres Gemelas, donde reciben la atención médica que la Nación que los considera héroes les niega. Entonces, que un país donde el presidente es elegido con apenas la mitad de sus votantes porque las elecciones se realizan en días laborables, las corporaciones gobiernan más que los políticos y los derechos se garantizan de acuerdo al tamaño de la billetera no puede ser la vara para medir la Democracia. Un país que genera guerras para facilitar los negocios de sus grandes empresarios tampoco es parámetro de Democracia y menos aún de humanidad. Que un gobierno democrático sólo genere desigualdad y destrucción no debería ser una buena publicidad de ese sistema. Y menos aún erigirse como juez supremo para ponderar o condenar las democracias del planeta.
Después de tantos intentos por terminar con su vida y de las muchas veces que anunciaron su muerte, murió Fidel, uno de los pocos nombres que no necesitan el apellido. Otros ni siquiera el nombre precisan: con el apodo alcanza, como el Che. Los dos emergen de la misma isla, como demonios para unos y ángeles para otros. Como oscuridad o como faro, pero inevitables. Ejemplo de lo que sí y de lo que no, todo a la vez. Un lugar indiscutible en la Gran Historia que sólo le niegan los que no dan ni para una historieta.
Hipocresía de los enanos
Las condolencias y las condenas inspiraron mensajes que recorrieron el mundo. Los medios internacionales recogieron las palabras de los principales líderes del mundo. De Macri, por supuesto, sólo los propagandistas locales se acordaron. Claro, un tibio pésame para el gobierno sin acordarse del pueblo no es para lucirse. Y que la canciller, Susana Malcorra dictamine el “cierre de una etapa” es buscar más las pullas que los aplausos en la interpretación de la política internacional. Pero los PRO son así: cuando se esfuerzan por disimular el desprecio, lo ponen más en evidencia. De estadistas no tienen ni una letra; de serviles mayordomos, varios alfabetos. Una recorrida por los twits que los amarillos y sus acólitos hicieron circular por las redes sería redundar en prejuicios y desinformación: más aportes para profundizar la grieta.
Muchos se rasgan las vestiduras por los exiliados de Miami sin recordar los millones de refugiados y migrantes que genera Occidente con sus bombardeos indiscriminados y la pobreza a mansalva. Como si el Capitalismo no excluyera a nadie de las tierras donde clava sus garras. ¿Acaso los mexicanos que arriesgan su vida para cruzar la frontera hacia EEUU no huyen de la exclusión que genera el neoliberalismo en su propio país? ¿Cuántos se fueron de Argentina a principios de siglo cuando la Alianza nos estaba llevando a la mayor crisis de nuestra historia? ¿Cuántos estarán preparando sus valijas ahora, que una nueva alianza nos conduce a un colapso parecido?  
Los panegiristas de la Libertad ni piensan en la opresión que genera la desigualdad del capitalismo más salvaje. En inspirados análisis, hablan de ciudadanos que no pueden acceder al jabón, a la carne o a Internet a miles de kilómetros de distancia, sin tener en cuenta a los que están impedidos de hacer lo mismo a pocas cuadras de donde escriben. Y denuncian lujos desmesurados de mandatarios socialistas cuando los anunciantes que los mantienen los superan ampliamente. Y de gran parte de los políticos de la democracia burguesa, ni hablar. O muchos de los jueces de alto rango, que deben vivir holgados con sus altísimos sueldos libres de impuestos. Cuando los capitalistas logren incluir a todos los ciudadanos en una vida digna, recién podrán erigirse como modelo. Hasta ahora, el camino es a la inversa.  
Y si la cuestión es que los cubanos eligen muchos cargos menos el de presidente, es lo mismo que en muchas de las democracias europeas que se ponen como ejemplo. ¿O acaso los españoles, ingleses, holandeses o suecos pueden elegir a sus monarcas? Aunque nadie los vote, los apologistas de la democracia jamás los llamarán dictadores. ¿Acaso Pinochet no fue recibido con honores en su amada Gran Bretaña y fue uno de los más emblemáticos dictadores de América Latina? ¿Cuántas dictaduras son bendecidas por el Imperio mientras sean funcionales a sus intereses? ¿Y cuántas fueron desmanteladas cuando se movieron un milímetro de los lineamientos imperiales? 
Tan democráticos son estos defensores del capitalismo que conquistan sus cargos a fuerza de promesas que no piensan cumplir y se lo pasan mintiendo a sus propios votantes. Y hablan de la pobreza que hay en la Isla cuando en los barrios de las capitales que gobiernan la miseria desborda las calles. O se horrorizan con los que cruzan a Miami cuando en los países que padecen sus gestiones los habitantes cruzan las fronteras para escapar de la dictadura de las góndolas. Hipócritas, ignorantes y cínicos.
Bestiales, como el voluntario de Cambiemos, Walter Gutiérrez, que escribió “Murió Fidel, falta Cristina”. ¿Qué lecciones puede dar alguien así? Celebrar las muertes es de miserables pero desearlas en público evidencia un corazón despojado de toda humanidad. A la sombra de un gigante los pequeños se cobijan para buscar protección y los enanos refunfuñan con desesperación, perdidos en la oscuridad de sus oscuros espíritus.

3 comentarios:

  1. Bueno, sospecho es que por su profunda intolerancia K no puede entender el ansia de superación amarilla, sabido es que cuando muere alguien muy grande, sólo un hijo de puta muy grande (y muy grosero) podrá destacarse... fíjese només en la tristemente incompretente canciller, la susy malcurro apenas sí se le ocurrió decir que Fidel "cerró una etapa". una insignificancia que nunca puede mover el amperímetro pro, además hizo obvia la omisión, la verdad verdadera de verdad amarilla NO ES que se muera nadie en espacial, si no les sirve cuando mucho será disfrute fugaz, lo que sí les sirve, sí les estimula la líbido, la lascivia, los sueños húmedos y alborota las ladillas es que se muera Cristina... y siendo serios, es el tipo de deseos que la mantienen y mantendrán viva...
    Éso sí, las mías no son razons altruístas ni generosas pero no quiero que se muera ninguna de las alimañas pro, no, que duren en la agonía larga que se merecen, de un país volviendo a ser vivible, lejos de la colonia infecta que ellos representan.

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  2. Impecable. Gustavo Lopez

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  3. Cuanta razón. Éstos globoludos que votaron a Macri.
    Me imagino la potencia de una Argentina con la conducción de Daniel Scioli. Nosotros nos merecíamos a Daniel, y sin embargo no tuvo la chance. Ya va a tener la posibilidad de seguir construyendo y propagando a la república Argentina los resultados de gestión de la provincia de Buenos Aires. Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

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