martes, 30 de agosto de 2011

El verso de la boleta única o un cambio en la dieta del votante

Hace meses que descansan en el Congreso muchos proyectos para modificar el sistema electoral que rige en nuestro país. Parece que el sistema de boletas partidarias no es confiable para contar votos, a pesar de las modificaciones estrenadas para las PASO el domingo 14 de abril, que incorpora colores y hasta la fotito de los candidatos. Los partidos opositores perdieron por culpa de las boletas, según ellos, por supuesto. O tal vez por la inclusión de las “fotitos”. Entonces ahora, a poco más de mes y medio de las elecciones generales, sacan a relucir el sistema de Boleta Única utilizado en Santa Fe y Códoba, como el más confiable y eficaz para garantizar elecciones transparentes. Claro, fue la opacidad del sistema lo que los hizo perder, no la opacidad de sus propuestas electorales.
Y no conformes con no haber alcanzado siquiera cifras que les hagan soñar con la remota posibilidad de arañar un balotaje, pretenden revolucionar el acto eleccionario con un nuevo sistema de boletas que, a los apurones, estará condenado al fracaso. En la invencible provincia de Santa Fe ya se hicieron dos elecciones con este sistema, después de prácticas realizadas en los colegios. Comenzó a diseñarse en diciembre pasado para ser aplicado en mayo. Ahora, perdido por perdido, instalan el debate en torno a la boleta única para ocultar una nueva derrota electoral el próximo 23 de octubre.
En realidad, abren un paraguas ante el chaparrón que se les viene. Nadie con un mínimo de seriedad institucional puede pensar en la viabilidad de hacer tamaña modificación en tan poco tiempo. Simplemente se están atajando. De antemano están sembrando la duda sobre las elecciones futuras a través de dos caminos. Son astutos como zorros y sucios como jabalíes. Si el Congreso aprobara una modificación en el sentido de la boleta única, el Gobierno Nacional y el Ministerio del Interior deberán hacer malabares en función de instrumentar el nuevo sistema. Entonces, serán acusados de improvisados y desprolijos. Y el seguro triunfo de la actual mandataria estará opacado por todas las sombras de sospecha posibles, errores y fraudes incluidos. Ahora, en caso de que la Presidenta vete la ley o decida instrumentarla para las elecciones legislativas de 2013, como inspira la seriedad y la coherencia, será acusada de autoritaria, soberbia, populista, conservadora y vaya a saber uno de cuántas cosas más.
Pero además, la oposición desacredita el sistema electoral que hemos usado durante años. Por esta vía, el triunfo de Cristina ya está ensuciado con más de cincuenta días de anticipación.
Anoche, en el programa “Desde el llano”, conducido por Joaquín Morales Solá en la señal TN, resultaba patético ver a Oscar Aguad dando lecciones a Agustín Rossi y declarar que “el kirchnerismo está llevando al país al abismo”. Claro, el radical olvida quiénes pusieron el moño a las atrocidades económicas de los noventa, cuya explosión se produjo en 2001. Los argumentos a favor de la boleta única YA parecían más el berrinche de nene consentido que el resultado de un razonamiento político. Afortunadamente, el periodista, sin ocultar su desprecio por el diputado oficialista y de paso, sin dejar de manifestar su asco hacia la actual mandataria, concluyó que el sistema de boleta única no podrá aplicarse para las próximas elecciones por falta de tiempo, claro que agregó un “por culpa del Gobierno”.
Otro que desplegó explicaciones extrañas fue el candidato Alberto Rodríguez Saá. Con una creatividad matemática sorprendente trató de demostrar que Cristina no había recibido el apoyo del cincuenta y pico por ciento del electorado, sino menos. Claro, votó un poco más del setenta por ciento del padrón, que según dicen, es alto para unas elecciones primarias que, por primera vez se realizan a nivel nacional. La Presidenta obtuvo la mitad de setenta; algo así como el 34 por ciento descontando votos nulos y en blanco. Ese juego numérico no sólo disminuye la cifra alcanzada por la fórmula oficial, sino la de todos. Pero esto último se oculta.
Pero el puntano hizo hincapié en los votos en blanco, que según él alcanzaron el millón, aunque no llegaron a algo más de 770000. Siempre fue complicada la lectura del significado de los votos en blanco. Muchas veces, el autor de estos apuntes ha apelado a esa opción en elecciones legislativas durante los noventa, con, por supuesto, escasa y nula repercusión política, como debe ser. En estas elecciones primarias, el voto en blanco no tenía demasiado sentido. Hay un proceso de reconstrucción en la discusión y representación política que hace que el voto en blanco no tenga el alcance político que tenía más de una década atrás.
“El Alberto” imponía la idea de que el voto en blanco había sido contra Cristina y que en octubre se iba a encargar de conquistarlo. Allá él con sus quimeras. Pero si a algo se opone el voto en blanco es al sistema político en general. Es un voto cuestionador, aunque no demasiado consustanciado con la política en sí. A veces es un zafe del que no quiere comprometerse en conocer lo que está a disposición del electorado. Así como puede leerse el voto en blanco como un rechazo a la reelección de Cristina también lo es hacia la oposición, que no supo generar una alternativa de gobierno al modelo en marcha.
Más allá de todo esto, lo que queda demostrado con el aullido de los derrotados es que están más desorientados que antes de las PASO. No sólo han perdido el caudal de votos que los posicione en un lugar importante del podio, sino que han reducido su eficacia las operaciones que, desde los escenarios mediáticos que alimentan sus fantasías, despliegan para alcanzar un poder que cada vez les resulta más esquivo. En criollo, advierten que el votante no come vidrio y cuando vota lo hace con el corazón y con la cabeza. El bolsillo ya no vota.

1 comentario:

  1. Curso de Matecómicas:
    Si Cristina sacó un 34%, entonces, como el criterio rige solo para el FPV, entonces los perdedores sacaron un 17% más, ¿por que no?. Con lo que Dhualde, Junior y Gomina Binner juntan un 45%, chirolas más o menos. Si sumamos el voto en blanco, un 8%, que es contra Cristina sumamos un 53%, nulos, recurridos, eximidos, renegados, escurridos, ¿otro 10%?, llegamos al 63%. Con el 10% que sumaron los partidos del quinto puesto hacia atrás y aplicando el canon del 17%, que da más o menos un 12% tenemos: Cristina 34%, Del segundo al cuarto 45%, en blanco y demás yerbas 25%, del quinto hacia atrás 12%. Totál: 116%. ¿Por qué no?. A lo mejor votaron ciudadanos de paises limítrofes.

    ResponderEliminar

Piedra libre para el Cambio

Hasta los más obsecuentes reconocen que el Cambio no está funcionando . Las críticas llueven tanto de izquierda como de derecha; razonable...