jueves, 27 de febrero de 2020

Partes para un todo

  Cada tanto recuerdo esta idea: “el todo es más que la suma de las partes”. A veces sirve para iluminar mucho y otras, para oscurecer más. O para entender poco y nada de una totalidad que se va construyendo con el paso de los días. La semana pasada, una frase del presidente Alberto Fernández provocó desconcierto en una parte importante de la opinión pública. También dolor. Una idea en contradicción con lo que uno supone que representa. La mirada sobre la dictadura y el Nunca Más condiciona la percepción que tenemos del otro: es un aspecto importante del pensar; un límite que sugiere el todo. Desde el retorno a la democracia, muchas metáforas han elaborado los apologistas del terrorismo de Estado para garantizar la impunidad de los genocidas. La idea de “dar vuelta la página” en boca de un protagonista del fin de las “leyes del perdón” opacó por unos días la adhesión al camino que recorre el oficialismo para reconstruir el país que destruyó La Revolución de la Alegría.
  Las disculpas suavizan la tensión, pero no eliminan la calificación de “inconducta de algunos” a los que secuestraron, torturaron y desaparecieron a 30000 argentinos. No fue la “inconducta de algunos” sino un plan imperial para eliminar la resistencia al neoliberalismo naciente. Y si queremos construir una nación, no se puede “dar vuelta” una página que aún no se ha terminado de escribir: un capítulo que sólo verá su fin cuando todos los militares y civiles que pergeñaron, ejecutaron y explotaron el terror de esos años terminen condenados en serio. Pero terminar un capítulo no es olvidarlo y menos éste, que marca el fin de los tiempos más oscuros de nuestra historia.
  Un episodio que distorsiona la percepción del todo, si consideramos el Todo a estos dos meses y pico de gobierno. Una parte de esta suma que sugiere un Todo, pero que aún no lo constituye. Las disculpas forman parte de este recorrido y marcan una diferencia con las no-disculpas del Buen Mauricio cuando calificó como “un curro” los DDHH. Allí, Macri mostró su pensar, exhibió con brutal sinceridad su adhesión a la dictadura y por eso no presentó disculpas. También dijo alguna vez que la dictadura es “algo terrible que nos pasó”, como si hubiéramos sido víctimas de un fenómeno natural. Y en el caso del Ingeniero, esa parte coincide con el Todo que construyó durante su mandato presidencial. Con Alberto, todavía no: apenas un doloroso fallido que costará remontar.
El camino es otro
  Hasta ahora, muchas de las medidas, gestos y declaraciones marcan la intención de reparar los daños producidos adrede por el macrismo, atenuar la brecha entre ricos y pobres y reconstruir los símbolos vandalizados. Mientras se negocian las condiciones del pago de la deuda descomunal tomada por la gestión amarilla, se investiga quiénes fugaron y se beneficiaron con las acreencias. Hasta el mismo Macri se convirtió en un bonista especulador capaz de reclamar más de lo que corresponde. Si esta parte se toma con seriedad, nueve de cada diez dólares contraídos deberán ser pagados por los saqueadores. Si no, será uno de los tantos tragos amargos del posibilismo reformista.
  La reapertura de Tecnópolis es un episodio memorable después del atroz abandono al que la sometió el peor gobierno de la democracia. Y a la par, un nuevo satélite argentino ocupará su espacio dentro de un mes y el ARSAT 3 vuelve a estar en marcha después de la farsa de los últimos cuatro años. Pero, mientras se anuncia el izamiento de la Bandera en el museo de Malvinas, pocos reclaman los lingotes de oro que el cipayo Mauricio envió a Londres como tributo al Imperio usurpador. 
  Las partes del Todo es el recorrido de este apunte. Partes auspiciosas, como el retorno de las paritarias, el intento de recuperar el poder adquisitivo del salario y la Tarjeta Alimentaria que incentiva el consumo popular tan saludable para un capitalismo con atenuada generosidad. Partes alentadoras, como la discusión sobre los privilegios de jueces y diplomáticos, no sólo con sus desproporcionados haberes jubilatorios sino también con la auto-excepción del mal llamado Impuesto a las Ganancias. Partes para coincidir, como el aumento de tres puntos porcentuales en las retenciones a las exportaciones primarias. Falta que aconsejen a los agrogarcas reconvertirse, como hicieron los cínicos cambiemitas a las pymes que caían o que se dediquen a la cerveza artesanal o al pilotaje de drones, como sugerían a los desocupados para aplaudir con fervor este nuevo episodio de la Guerra de los Estancieros.
  Muchas partes se suman para un Todo alentador; otras aportarán más de acuerdo si los resultados coinciden con lo esperado; pero está esa parte que sonó a desmemoria, aunque no era ésa la intención. Del afán conciliador deviene un deliz como éste. El futuro dirá si suma o resta esa parte del Todo que nunca debió haber existido.

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