lunes, 16 de noviembre de 2020

Palabrejas sin valor

 

Un lugar común a la hora de hacer un paneo sobre la semana periodística es decir que pasan tantas cosas como si hubiera pasado un mes. En realidad, eso no es un invento argento: pasan muchas cosas en todos los países si no, los periodistas no tendríamos nada que hacer. Tal vez lo que sorprenda de la impronta vernácula sea la diversidad temática en la que estamos envueltos, pues pasamos de celebrar el regreso de Evo Morales a Bolivia de la mano del presidente Fernández a enfrentar un lobby militar-policial relacionado con el macrismo; de la suspensión del IFE IV al Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas; del desalojo a ocupantes de tierras ociosas a la reglamentación del autocultivo de cannabis para uso medicinal. Las agendas informativas están tan disociadas –unas intentando socavar y otras, fortalecer- que nos hacen saltar de un lado al otro como si estuviésemos parados sobre una sartén caliente.

Esto, además de ampollar nuestras plantas si fuera más que una metáfora, nos impide una reflexión, al menos una mirada serena sobre la secuencia. Quizá sea ése el objetivo de muchos medios que, empecinados en alterar nuestra vida, son capaces de inventar cualquier cosa o invitar a algún personaje que las invente por ellos. Una irresponsabilidad que alguien que ha incinerado el poco prestigio alcanzado por sus novelas como Federico Andahazi, ponga en duda la seriedad de la vacuna Sputnik V como si fuera un infectólogo y hasta niegue la gravedad de la pandemia. ¿Cómo puede tener espacio alguien tan mentiroso en un programa llamado “Le doy mi palabra”, cuando su palabra es garantía de casi nada? Si los productos que consumimos a diario tienen un control de calidad, ¿por qué no se hace algo parecido con las pavadas que dicen a diario estos in-comunicadores empeñados en romper todo?

Y desesperados también, porque el establishment supone que, una vez alejado el peligro de la pandemia con cualquiera de las vacunas en danza, la recuperación de la actividad económica estará a la vuelta de la esquina. Además, si el Aporte Extraordinario supera la barrera legislativa como se supone y atraviesa los fosos con cocodrilos de la Justicia cómplice, no sólo significará un suculento combustible para la reactivación, sino también un buen punto de partida para elaborar una necesaria reforma tributaria, para que de una vez por todas contribuyan más los que más tienen y menos los que menos tienen. Porque están desesperados con cualquier logro del oficialismo, salen con cualquier cosa. Por eso aparece Carrió para decir las gansadas de siempre, aunque haya renunciado por capricho a su representación como diputada. En su afán desquiciado de recuperar un rol estelar, embiste contra sus aliados de antaño y los demuele con la aparente intención de reivindicarlos. “Todo el mundo cree que Marcos Peña fue un pésimo Jefe de Gabinete y es mentira –declamó entre múltiples guiños- Él era el único que se le podía plantar a Macri, que lo frenaba en sus posiciones más extremas”. Si es así, deberíamos considerarlo un héroe, más aún si recordamos aquella infeliz frase: si me vuelvo loco les puedo hacer mucho daño a todos ustedes". Ya sabemos, Marcos Peña fue tan cómplice, cínico y despiadado como el Buen Mauricio, que no se volvió tan loco pero nos hizo mucho daño.

Lo que nos hace verdaderamente daño es una oposición así, tan insustancial y destructiva. Ahora es Carrió, que vomita estupideces como “la inteligencia rusa está directamente ligada a Cristina Kirchner” y aconseja que “no se pongan ninguna vacuna que no venga de un país democrático”. Pero antes fueron los cambiemitas, que denostaron las medidas de aislamiento sanitario en nombre de una libertad no vulnerada. Siempre están vilipendiando sin especificar a dónde nos quieren conducir. Ahora denuncian un ajuste cuando ellos son los ejecutores de los más atroces ajustes en apenas cuatro años.

En serio, hay que ser muy zopenco para creer en desquicios así, pero tampoco hay nadie que ponga un freno. Y eso es necesario, porque si esperamos que los hechos demuestren cuánto se han equivocado, ya será tarde para recuperar lo que han destruido: la conciencia de gran parte de la población. Y experiencias sobran en este sentido: con sólo pensar que Macri llegó a la presidencia gracias a dos mentiras –la del falso homicidio de Nisman y las acusaciones falaces contra Aníbal Fernández- basta para empezar a castigar a los que nos mienten todos los días.

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