viernes, 15 de marzo de 2019

El desafío de la Historia


El año electoral presenta muchos versos de temporada. El que muchos miembros del Gran Equipo recitan después del vergonzante discurso inaugural del empresidente Macri es “que estamos mejor que en 2015”. No hay un solo dato que confirme esta idea ni una sola variable que la inspire. El esfuerzo que hay que hacer para creer en esto es enorme, salvo que uno forme parte del minúsculo sector beneficiado por el Cambio. Todo es para atrás, salvo la inflación, el endeudamiento, la pobreza y el desempleo que crecen a pasos agigantados. Y también la transferencia de ingresos de los sectores mayoritarios hacia las arcas de una minoría. Apenas unos cuantos individuos angurrientos y egoístas son los que están mejor, porque ganan y fugan como nunca invirtiendo cada vez menos.
Los amarillos dicen estas paparruchadas a sabiendas de que todavía quedan crédulos dispuestos a tomarlas como válidas antes que reconocer que el sacrificio será en vano. La decepción llega a cuentagotas para dar paso al arrepentimiento. A cuentagotas, a pesar de que la economía se derrumba a torrentes cada día. En tres años y medio, el “Sí, se puede” nos condujo a nuestros peores recuerdos: el fallido de Vidal cuando conquistó con trampas la gobernación –“cambiamos futuro por pasado”- se ha transformado en una penosa descripción del presente.
El Indec que ahora no miente pero trata de dibujar la realidad numérica, celebra que la venta de lácteos en los supermercados subió en 2018 casi un 40 por ciento. Si tenemos en cuenta que la inflación estuvo cerca del 50, ese dato revela que la caída en las ventas rondó el diez por ciento. No es para festejar que la población deba renunciar a la leche para poder pagar tarifas. No sólo a la leche, sino a la alimentación en general, que, según el Indec, cayó al 57,5. El Cambio instaura la renuncia a todo menos a satisfacer a la minoría insaciable que representa. Esto es, para Macri y sus secuaces, estar en el buen camino. Un camino tan bueno que empresas como Lacteos Verónica, Carrefour, Coca-Cola, Fate y muchas más están entrando en crisis. Tan bueno es este camino que las fábricas sólo utilizan la mitad de su capacidad instalada y no hay sector, salvo el financiero especulativo, que la esté pasando bien. Los números no confirman el falso lema de “estamos mejor que en 2015”.
Por más que lo repitan como un mantra, hasta los farsantes que coparon La Rosada con malas artes saben que es insostenible, que es una frase de poster para engañar a los que se dejan engañar. En 2015 el dólar estaba a 10 pesos y ahora supera los 40; la inflación era del 25 por ciento y el año pasado casi duplicó esa cifra; el salario mínimo era el mejor de la región y ahora está en el sexto puesto; lo que costaba un año de Fútbol Para Todos ahora se gasta en un día para pagar la deuda; antes se inauguraban escuelas y ahora explotan o se derrumban. Tan poco representativa es esa afirmación que el buen Mauricio se ha convertido en un lastre para sus aliados. Los que venían a unir a los argentinos no pueden mantener el pegote que bautizaron Cambiemos.
Una bala de plata para la Bestia
En lo que sí podemos afirmar que estamos mejor que en 2015 es en el derrumbamiento del maquillaje del Cambio. Quien aún espere algo bueno de este engendro es tan oscuro como sus mentores o tiene malogrado su entendimiento. Por este camino jamás llegaremos a la Pobreza Cero, al trabajo de calidad para todos, al desarrollo, a la educación modelo ni a nada de lo que simulan aspirar. Ni tampoco son tan honestos como algunos creyeron, sino todo lo contrario. Sus trapisondas son tan evidentes que los jueces cómplices deben hacer malabares para no castigarlas. Con medio dedo de frente se puede deducir que el juez Bonadío –un soldado de la causa- sólo castiga a los odiados K y perdona a los amados M. Tan parcial que sobresee a Basavilbaso y Caputo por malvender acciones de la Ansés y mantiene la causa del Dólar Futuro contra CFK, Kicillof y algunos más. En el primer caso, hubo perjuicio para las arcas públicas y en el segundo, el perjuicio lo provocó el equipo económico de Macri al devaluar un 40 por ciento la moneda. Tan parcial es este juez, que ahora procesa a Cristina por la carta de San Martín. ¿Qué esperamos para exigir la renuncia y castigo para este impresentable?
Claro, para la hegemonía discursiva que nos embrutece, el juez Bonadío es un héroe porque persigue a los populistas, aunque tenga que desentenderse de todas las leyes; aunque invente procesamientos por hechos que ni merecen una denuncia; aunque dictamine el fin de la libertad para sus enemigos políticos; aunque sea un emisario de la Embajada de EEUU; aunque sea el más denunciado por irregularidades ante el Consejo de la Magistratura. Que alguien así sea juez habla muy mal de nuestra República.
La otra estrella judicial es el fiscal Carlos Stornelli, un aliado incondicional del empresidente Macri. Ahora está más embarrado que nunca. La denuncia fundada en audios, videos, fotografías y capturas de whatsapp obtenidas por el empresario Pedro Etchebest deja al descubierto un entramado de espionaje ilegal con fines judiciales, económicos y políticos. La presentación del juez Alejo Ramos Padilla ante la comisión de Libertad de Expresión del Congreso es un hito en la historia institucional argentina, no sólo expone a los integrantes de una asociación ilícita; además señala a los que decidieron ocultarse y desmerecer la denuncia.
Los intentos del establishment para neutralizar el hecho dejan al descubierto a sus cómplices y a los instigadores. El ninguneo mediático es prueba de su gravedad y las pavadas que recitaron los adláteres del oficialismo conforman casi una confesión. Desde el absurdo de afirmar que todo es una operación orquestada desde la cárcel hasta la ridícula foto de la diputada Carrió con un pijama a rayas. Desde las falsas acusaciones de la diputada Paula Olivetto contra el empresario Etchebest hasta la indiferencia del ministro de Justicia Germán Garabano. Hasta la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, no se privó de esputar su complicidad: "atacan a Stornelli porque no le pudieron meter un tiro como se lo metieron a Nisman que los denunció por hacer un acuerdo espurio con Irán y Venezuela". Si no hay un juez que la castigue por mentir tanto, que algún amigo la frene con un poco de información veraz.
Porque de eso se trató la exposición del juez Ramos Padilla: del derecho de los ciudadanos a estar bien informados y la obligación de los funcionarios a no fundar sus argumentos en falacias mediáticas. El caso D’alessio deja al descubierto una trama mafiosa que corrompe nuestro país desde hace décadas. Esta es una oportunidad histórica de desterrar a los profanadores de la República y de recuperar la dignidad que nos quieren seguir esquilmando.

lunes, 11 de marzo de 2019

Los tipos están nerviosos


Diez días pasaron desde la última apertura de sesiones del Congreso a cargo del empresidente Macri. Muchos esperamos que sea la última en serio. Aunque no sólo es cuestión de esperar. Hay demasiados motivos para que el macrismo no continúe con la destrucción y entrega del país. Como reconoció el ministro Dujovne, sorprendido, los argentinos aguantamos bastante el despojo del Cambio. Encima de que las cosas van de mal en peor, el buen Mauricio se da el lujo de fantasear sobre las inexistentes bondades de su plan demoledor, de falsear datos y amenazar con más de lo mismo. Y por si todo esto fuera poco, el enojado es él y no los que han perdido el trabajo, el poder adquisitivo, la dignidad, la tranquilidad, el futuro, la libertad. Esos casi 60 minutos de aplausos ensayados, mentiras evidentes y tropiezos en palabras de más de dos sílabas demuestran que el nerviosismo reina en los amarillos.
Si El Tipo estuviera tranquilo, no tendría necesidad de aclarar que ocupa ese lugar “por el voto de la gente”. Siempre es inevitable recordar que ese voto fue obtenido gracias a engaños, mentiras mediáticas y promesas que no pensaba cumplir. Nada de lo que enorgullecerse, sino todo lo contrario. El que se ufana de “poner la verdad sobre la mesa” asegura que durante los primeros dos años y medio todo anduvo bien hasta que “pasaron cosas”. Las tormentas globales, las sequías locales y la causa de los cuadernos desmadraron una ilusoria luna de miel. Patrañas. Cuando el Estado está presente para favorecer a la mayoría, no hay huracanes que sirvan como excusa. Y menos la Causa de los No Cuadernos, que está pronta a caer no sólo por falta de pruebas, prisiones ilegales y atrocidades en la aplicación de la Ley del Arrepentido, sino también por las maniobras extorsivas de Marcelo D’Alesio, Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío. Y, sobre todo, porque los cuadernos ya no existen, las copias no han sido verificadas y no se sabe quién los escribió, si el chofer Centeno o el juez, el fiscal y el espía y falso abogado en el Hotel Four Seasons.
Macrilandia se desmorona en todos sus flancos: el dólar no alcanza su techo, la economía no encuentra su piso, el crecimiento es más invisible, las góndolas son un tren fantasma, la canasta familiar está cada vez más vacía, las tarifas son un saqueo y la lluvia de inversiones siempre ha sido fuga de capitales. Empresas pequeñas, medianas y grandes bajan sus persianas, unas por la crisis y otras por las dudas. Hasta la revista Billiken, con casi cien años de historia, padeció la guadaña del Cambio y peligra la nutrición intelectual de Macri, la vice Michetti y algunos otros miembros del Gran Equipo. Aunque la inflación de 2018 fue la más alta desde 1991, el Mandatario que saluda al vacío no pide disculpas por haber prometido “bajarla en dos minutos” ni por asegurar que “es una muestra de la incapacidad para gobernar”. El discurso de Macri estuvo inspirado por la peor de las soberbias y el mejor de los cinismos. Los que aplaudieron son cómplices de esto.
Todes en contra de todo
Cada vez se nota más que lo que denuncian en los otros, Ellos lo tienen de sobra. Corruptos, mafiosos, autoritarios y dañinos. El plural no sólo abarca a los habitantes circunstanciales de La Rosada SA, sino también a la comparsa mediática, financiera y judicial. Todo está expuesto y no lo percibe quien no quiere. Las cuentas off shore, los conflictos de intereses, el lavado de dinero con las campañas, la transferencia de recursos públicos a los más ricos, la connivencia de muchos jueces y fiscales indignarían a cualquier ciudadano. Sin embargo, aún quedan muchos domesticados por las pantallas que se abrazan a las explicaciones más pueriles y absurdas para sostener sus insostenibles prejuicios. Y bastantes indiferentes, que son los que no están ni de un lado ni del otro, se enorgullecen de no entender de política y deciden su voto segundos antes de emitirlo. En fin, lo predecible en una sociedad dominada por la vocinglería manipuladora de los medios hegemónicos.
Porque además de un juez, un fiscal y un falso abogado, la trama extorsiva incluye a un destacado periodista afín al establishment. Daniel Santoro, insigne investigador de falacias, utilizaba sus columnas como amenazas para las víctimas y espiaba a algunos “compañeros” de trabajo. De inmediato, muchos colegas elaboraron y firmaron una solicitada de defensa corporativa de algo que es indefendible: la mentira como herramienta política y alteración de la voluntad democrática. Estos profesionales no emergen para proteger al periodista Santoro, sino para sostener un sistema putrefacto de deformación de la realidad.
Una deformación todo terreno que no sólo está en manos de periodistas y analistas de la cadena de medios oficialistas, sino también de animadores y conductores de radio y TV. El alicaído Marcelo Tinelli –que siempre aprovechó su rating para jugar en política- sentenció que “Macri y Cristina son las dos caras de una misma moneda”. Tal vez sea así desde uno de los extremos más revolucionarios del arco ideológico; si la moneda representa al capitalismo, la primera cara es atroz y la segunda, más amigable. Pero nadie imagina a un Tinelli anticapitalista: una frase hecha para sintetizar el presente en boca de un exitoso pescador que sólo quiere revolver el río para incrementar sus ganancias. Una zoncera más de un mediático para profundizar la confusión de los encandilados.
Ante tanto desconcierto, el paro de mujeres del viernes pasado superó las reivindicaciones propias del feminismo y aporta mucha luz para el futuro. Si bien incluyó los reclamos por la IVE, la violencia de género, los feminicidios, el abuso, la trata y la igualdad de derechos, incorporó en su documento un rechazo enérgico a las políticas de Macri. Y no sólo al individuo Macri, sino a todo lo que representa: sumisión al Imperio, desigualación de la sociedad, renuncia a la soberanía, privatización de los bienes públicos y pisoteo de las instituciones. El colectivo que encabezó un nuevo paro -a pesar de las amenazas de descuentos salariales- equiparó el patriarcado con el sistema. El sentido de la manifestación se sintetiza en una de sus frases más fuertes: “somos la clase contra la que va el capitalismo en el mundo, el neoliberalismo en nuestra región y el macrismo en nuestro país, mediante el avance de la derecha y el imperialismo en toda nuestra América Latina”.
Y las marchas que se hicieron en todo el país no fueron protagonizadas sólo por mujeres: la diversidad se hizo presente conformando un Todes que hará historia. Las flores, los bombones y el “Feliz día” superficial fueron desplazados por una lucha de clase: trabajadores contra vampiros. No sólo contra el machismo, sino contra el sistema que encuentra en todas las desigualdades su razón de existir. Que las crea y las disfruta. Contra eso y contra todo lo que estamos padeciendo desde hace más de tres años.

jueves, 28 de febrero de 2019

La desesperación de los chetos

Cubrir las lagunas informativas que dejan los medios hegemónicos es una tarea ciclópea. No sólo por los hechos que relegan a las páginas menos leídas o directamente no publican, sino por el tratamiento artero que destinan a las trapisondas de la mafia gobernante. Lo que no tergiversan, lo ignoran. Entonces, además de difusor de lo oculto, uno debe adoptar el rol de traductor. Y eso sin incluir a los canales y radios que machacan boberías para seguir entorpeciendo el entendimiento del público cautivo. La síntesis en un sobrecito de azúcar es más fácil de consumir que una explicación fundamentada de un par de páginas.
Pero el intento vale la pena, sobre todo porque está en riesgo el presente y mucho más el futuro. El trabajador que increpó al empresidente Macri con la frase “hagan algo” es, además de un personaje que invadió una nueva puesta en escena, un emblema de la incomprensión ciudadana, porque esto es lo que están haciendo. Si estamos padeciendo esta crisis multidimensional es porque así lo quiso el Gran Equipo. No en vano repiten el latiguillo de “los últimos setenta años”; no fue un exabrupto la frase de González Fraga “les hicieron creer que con sus sueldos medios…”; no es otra muestra de la brutalidad de la vice Michetti cuando dijo que “los jubilados se llevan la mayor parte de la torta”. Los PRO vinieron a restaurar la república oligárquica de principios del siglo XX: un país con privilegios para una minoría y sin derechos para la mayoría.
No es un accidente que la alimentación, los servicios, la salud, la educación, el esparcimiento, las vacaciones se conviertan en un lujo: ése es el plan; el objetivo es que unos pocos tengan de sobra y los demás vivan de sobras. Ni siquiera el rebusque de un kiosco dejan en manos de la mayoría: en estos tres años ya cerraron 28 mil en todo el país. Y las causas son todas las medidas tomadas desde el 10 de diciembre de 2015. No hay accidentes ni tormentas sino la intención de lograr esto y mucho más, si es que consiguen la reelección.
El que todavía espera algo bueno por este camino que recuerde que lo que más molesta a la oligarquía gobernante son los salarios dignos, las vacaciones pagas, el consumo popular, la jubilación, el aguinaldo. Todos los derechos conquistados por los trabajadores son un forúnculo para los más ricos porque creen que todo les pertenece. Los demás sólo somos merecedores de limosnas. Y son tan crueles que gozan de hacernos pelear entre nosotros, como los administradores del Hospital Posadas, que dejan en manos de los trabajadores la decisión de quiénes deben ser despedidos. Quien no comprenda lo que significa esto, que lea la obra Tute Cabrero de Roberto Cossa, donde verá con arte una situación similar.
Lo que necesitan callar
Pero de estas cosas no hablan los medios hegemónicos. Y mucho menos en estos términos. La inflación, el desempleo y la pobreza son fenómenos climáticos y no consecuencia de la devaluación, los tarifazos y la apertura bestial del comercio exterior. La caída en diciembre del 8,7 por ciento de las ventas en supermercados por cantidad de productos –con un anual del 3- no significa nada alarmante para los apologistas del Cambio. La actividad económica en su conjunto reflejó –de acuerdo a los números oficiales- una caída de 2,6 por ciento y dejó un saldo de casi 200 mil desempleados, un número que nos remonta a la monstruosa crisis con que inauguramos este siglo. Pero lejos de señalar que todo esto es resultado del accionar amarillo, aplauden cuando El Tipo afirma que “no hay que vivir de prestado”, después de endeudar el país como nunca, perdonarse deudas y deber al Estado más de 4000 millones de pesos de impuestos. A medida que la crisis carcome el optimismo, las tapas de los diarios insisten en hablar del gobierno anterior, después de tres años desde su finalización.
Claro que, después del caso D’Alessio, gran parte de las telenovelas en continuado de la Corrupción K pueden desmoronarse. Por eso no hablan del tema o tratan de despegarse lo más posible del pintoresco falso abogado, espía y agente de la DEA. El incontenible personaje, en su afán de convencer al empresario Pedro Etchebest de su importancia, reveló detalles que debería haber guardado hasta el último suspiro. No sólo involucró a Carlos Stornelli en su acción extorsiva, sino que atribuyó al juez Claudio Bonadío la autoría de los famosos Cuadernos Quemados. Los cuadernos Gloria ya no son de Centeno, sino de Mister Nadie, el apodo que tomó el impresentable magistrado al registrarse en el Hotel Four Seasons.
Algún distraído puede pensar que todo esto es una operación de prensa, pero esas tretas provienen de los grandes medios y no de una página web como El Cohete a la Luna. Además, hay audios, videos, fotografías y mensajes de WhatsApp entre D’Alessio, Stornelli y el periodista falaz de Clarín, Daniel Santoro, también involucrado en varias extorsiones, entre otros personajes del Cambio.
Mientras la hegemonía discursiva trata de quitar gravedad al escándalo, el submundo oficialista procura desarmarla como sea. Si no, no hubieran entrado a la casa de uno de los hijos del empresario extorsionado para robar documentación; el juez Julián Ercolini no estaría insistiendo para que Alejo Ramos Padilla le entregue la causa para arrojarla al papelero; Carrió no estaría acusando al juez de Dolores de ser kirchnerista, de La Cámpora o iraní-venezolano entrenado en Cuba; los periodistas que presentaban a D’Alessio como un genio de la investigación no escatiman esfuerzos para sacudírselo de encima. Y por si todo esto fuera poco, el Consejo de la Magistratura, un Tribunal de Disciplina que sólo castiga jueces que no obedecen a los caprichos judiciales de la dupla Magneto-Macri, quita polvo y telarañas a fojas absurdas para cargarse a otro desobediente, uno más entre tantos.
Claro que este episodio es gravísimo y la única solución es empezar a poner la lupa en Comodoro Py, sobre todo en sus principales estrellas: Claudio Bonadío, Julián Ercolini, Guillermo Marijuán, Carlos Stornelli y muchos más de los que se sumaron a la persecución política disfrazada de justicia durante muchos años. Esos que gastaron fortunas públicas para interpretar las parodias que escribían desde las oficinas de Clarín. Esos que inventaron causas para convertir en delito la búsqueda de un país más justo. Esos que archivan sin dudar las causas que salpican a los miembros del establishment y convierten la ley en una barrera de protección de los corruptos siempre impunes. Esos que deberían proteger a los que son amenazados por los poderosos, se convierten en una amenaza para los débiles.
Destronar esto es prioritario; pero ya, no dentro de un año. Esta es la oportunidad para desmoronar el andamiaje que aceitó el camino para este desmadre que estamos padeciendo: el Poder Real con la Suma del Poder Público. Todos, en una verdadera asociación ilícita, desde el lado oscuro de La Grieta manejan nuestro futuro para hacerlo más infeliz. Que no nos entretengan en la calle protestando sólo contra los tarifazos: es el gobierno entero el que tiene que caer. Y después de esta experiencia, de verdad, Nunca Más.

lunes, 25 de febrero de 2019

Un discurso engañoso


En estos días, tres periodistas desbocados tropezaron con sus incoherencias. Primero, Jorge Lanata y Nicolás Wiñazki, junto a los medios en donde vomitan sus fabulaciones, fueron condenados a pagar 600 mil pesos por involucrar a Norberto Yauhar en un caso de narcotráfico. Poca plata para tanto daño y cinco años es mucho tiempo para castigar una mentira tan evidente. La Justicia debería actuar con más rapidez para evitar que la falsedad se convierta en norma y altere la vida democrática, como ocurrió con Aníbal Fernández, imputado mediáticamente en un triple homicidio. El otro caso es el de Mercedes Ninci y sus monstruosidades tuiteras sobre la muerte de Natacha Jaitt. Los administradores de Twitter cancelaron su cuenta con una rapidez ejemplar. Que nadie apele a la libertad de expresión en estos casos, porque las injurias y calumnias no deberían tener espacio en la comunicación pública.
Cuando la opinión se construye a partir de los caprichos imaginativos de periodistas hegemónicos, no hay democracia que aguante. Además, la vara de la verdad termina casi en el piso. Estos tres comunicadores –y muchos más- son víctimas no inocentes de la impunidad de los dueños de los medios en los que trabajan. Clarín y La Nación se han ganado el lugar de inventores de hechos sin pagar consecuencias, algo que habrá que resolver en un futuro inmediato. En el afán de actuar en política con la pátina de independencia y objetividad, han intoxicado a la parte de la sociedad que aún confía en ellos; con sus difusoras multimediales legitiman cualquier cosa, por más absurda que sea.
Y así habilitan a los demás medios para competir con la menor responsabilidad posible. La foto trucada de CFK muerta que publicó la revista Noticias es, además de una nefasta expresión de deseos, una muestra de pésimo gusto para alimentar al público odiador. Si no existe una ley que ponga límites a estas atrocidades, deberán ser los lectores los que empiecen a rechazarlas, por el bien de la convivencia y de sus propios espíritus. 
El discurso oficial está lleno de estas cosas; lejos de la promesa de “unir a los argentinos” los amarillos tratan de atomizarnos; en lugar de reparar la grieta, no paran de ensancharla; en vez de buscar una sociedad en armonía, alimentan el encono entre los conciudadanos. Los PRO exudan clase por todos sus poros, hasta cuando pretenden hacerse los buenos visitando a los Cachos y las Marías en los timbreos ensayados con pretensiones de espontaneidad.
Lo peor en un dibujo
El simulacro es lo esencial y la demagogia al palo: decir lo contrario de lo que se hace, ponderar resultados inexistentes, alentar el optimismo aunque nada auspicioso se asome en el horizonte, hipocresía sin pudor y cinismo como emblema. Después de fingir empatía con los que desprecian, difunden una despreciable ilustración para promover una rebaja impositiva: el sueño eterno de la oligarquía rentística y parasitaria.
El dibujo ya es conocido y ha circulado en las redes, con críticas demoledoras y parodias certeras creadas por los usuarios. Siete rubies elegantes se esfuerzan para sostener a una multitud de morochos: una imagen que se sintetiza con la cacerolera frase “con mis impuestos mantengo a un montón de vagos”. Claro que muchos de los que la repiten a toda hora –la evidencia de un lugar común- se identifican con el grupo al que jamás pertenecerán. Los blancos son una élite, no gente del montón y su vestimenta no es propia de empleados, trabajadores ni comerciantes: son ejecutivos, operadores de la city, empresarios improductivos.
  La imagen coloca una minoría generosa y solidaria como cimiento del resto, aunque la intención sea fundamentar la pulsión egoísta de los más ricos. Los que integran la parte de arriba no son pobres, como muchos interpretaron, sino gente común, vestida con sencillez y con expresiones sin rostro que no denotan padecimiento alguno. Así se ven los menos, como piedra basal de la sociedad, como víctimas de un sistema “desordenado”.  En realidad, esos que engrosaron el inusitado caudal electoral de Cambiemos están en el grupo de arriba, aunque los educaron para despreciar a sus iguales e identificarse con lo que no son.
El original esquema propuesto no representa ninguna realidad. Cualquier abstracción sobre las sociedades utiliza una pirámide –más o menos empinada- para sugerir la desigualdad y son las mayorías las que generan las riquezas que disfruta la minoría. La equidad se alcanza con redistribución y la igualdad con una revolución.
Pero así son los amarillos porque vinieron a dar vuelta todo para empeorar las cosas: para hacer de los valores una herramienta de dominación; para convertir la dignidad en mercancía de lujo; para hacer de las instituciones tugurios para sus pillajes; para transformar la Justicia en guardia pretoriana. Cada día está más claro quiénes son, qué representan y a qué vinieron. Casi todos somos estorbos para sus planes. El gran problema es que todavía quedan giles que van a tardar mucho en avivarse.

jueves, 21 de febrero de 2019

El cotejo del siglo


No es cualquier año electoral, sino uno especial. En las urnas se enfrentarán un modelo muy dañino con muchas promesas de empeoramiento contra un proyecto que pretende recuperar algo de lo arrebatado por el Cambio. Continuidad hacia el desastre o una interrupción de la decadencia. Algo de eso hay, porque el nerviosismo reina en las filas amarillas. Encima, el radicalismo se está abriendo, por fin, de tanta barbarie. Tarde se agrieta una alianza que nunca debería haber existido y los que la gestaron deben quedar manchados para siempre por haber facilitado que Macri se convierta en presidente. El año empieza a pura represión y revancha, como si la violencia fuera lo único que puede salvar a la patota gobernante de una estrepitosa caída.
De las peores experiencias siempre se saca alguna buena enseñanza. Que votar a los ricos no enriquece al conjunto, sino todo lo contrario. Que no es con honestidad cómo han amasado su fortuna. Y que no se caracterizan por su generosidad, precisamente. Y si, además de ricos son malvados, votar por ellos es de suicidas. Después de estos años en el recurrente infierno, cualquier sociedad aprende a no volver a quemarse. Según las encuestas, menos la nuestra. Que el Gerente de la Rosada SA mantenga su intención de voto en torno a los 30 puntos es un indicio de eso. Mucho para unos tipos que coparon el gobierno para hacer negocios y poner el país a los pies del Imperio.
Ese porcentaje está compuesto por los beneficiarios, esos que están bien parados ante cualquier catástrofe y por los que se la pasan viendo programas de chimentos y van a las urnas con desinformación supina. Los primeros jamás han tenido una necesidad porque les sobra todo; los segundos consideran que el deterioro que experimentan es el castigo por haber gozado de cierta holgura o un sacrificio patriótico para estar mejor.
El que no olfatea la catástrofe en puerta es porque no quiere. Si hasta Coca-Cola está en problemas. La caída del consumo supera los 7 puntos interanuales y eso lo padece tanto el que vende como el que compra. En primer lugar, ese número es un promedio porque los sectores medios y bajos deben restringir sus gastos mucho más. En segundo lugar, afecta a alimentos y bebidas, lo que demuestra que muchos conciudadanos deben renunciar a lo esencial. Claro, no es lo mismo abstenerse de la carne o la leche que de un viaje a Miami. Antonio Toledo, titular de una cadena de supermercados marplatense, debe formar parte del segundo grupo. Alarmado, el supermercadista advierte que “esto no da para más; no sé si llegaremos a mayo o junio”, pero, a pesar de esto, volvería a votar por Macri. Un suicida.
Una receta sencilla
Si no miramos a los que nos rodean, de ésta no salimos. Si vivimos mirando nuestro ombligo, terminaremos con la columna doblegada. Si nos la pasamos aceptando los argumentos de los colonizadores, acabaremos colonizados. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne –que duró más de lo que pensábamos- está feliz con el superávit primario. Esto quiere decir que en enero se gastó menos de lo que ingresó al Tesoro. El famoso déficit cero que tienen los neoliberales como meta esencial. “El sendero hacia el equilibrio de las cuentas fiscales se está transitando de manera ordenada y sostenida”, aseguró el funcionario.
Un desprevenido podrá considerar esto como una buena noticia. Un orden algo extraño que deja un tendal de excluidos. Un orden que se lleva la tercera parte de nuestros ingresos en servicios. Un orden que limita la vida de los ciudadanos, que deben hacer malabares para llegar a fin de mes, que no saben cuánto podrán destinar a la comida ni cuándo perderán su empleo. Un equilibrio que desequilibra la vida de la mayoría. Un equilibrio con una inflación que roza el 50 por ciento, que alienta la especulación y la fuga de capitales, que sólo distribuye miseria, que sólo nos endeuda por décadas. Un equilibrio que deja a millones por debajo de la línea de pobreza.
Un equilibro logrado con palos para los descontentos. ¿De qué sirve el déficit cero si reprimen a los productores de verduras por querer vender más barato o a los trabajadores gráficos que reparten cuadernos? ¿De qué sirve el equilibrio fiscal si apalean a los fotógrafos que cubren una protesta? ¿Alguno creerá que Bernardino Ávila golpeó con su cámara a un policía? ¿O creerá que tomar la imagen de la anciana recogiendo berenjenas es una provocación K?
El desafío para estas elecciones es superar los versos que vomita el oficialismo desde sus 300 cloacas mediáticas. El reto es empezar a rechazar las caprichosas propuestas que presentan los amarillos para conquistar distraídos, como la extinción de dominio o la baja en la edad de punibilidad. La solución no pasa por fusilar a un motochorro o encarcelar a un opositor. La salida está en lo que más molesta a la minoría gobernante: repartir con más equidad lo que producimos entre todos. Si nos convencen de lo contrario, estamos verdaderamente fritos.

lunes, 18 de febrero de 2019

Destrucción: la herencia del futuro


La realidad del país duele tanto que las lágrimas son incontenibles, más aún ante la indiferencia que uno advierte en gran parte de los conciudadanos. No sólo indiferencia: a veces, hasta hay aplausos. Una anciana recogiendo berenjenas ante un cordón de policías es una foto de época. La desesperación por conseguir comida en un país que tiene de sobra; la injusticia de recibir gas pimienta en la cara por vender más barato. Otra foto de época es la censura que afecta a las voces opositoras. A C5N, acosado por los jueces militantes, se suman los obstáculos para ver videos en Netflix, You Tube y otras plataformas. Mientras tanto, el Estafador Con Banda Presidencial afirma que nunca hubo tanta pluralidad de voces como ahora.
El empresidente dice muchas cosas y todas son inconsistentes. Como que la inflación está bajando cuando en realidad sube; que todo va a ir bien, aunque los analistas aseguran que no hay lugar para el optimismo; que éste es el camino, aunque sin aclarar hacia dónde; que antes vivíamos endeudados y ahora no; que antes no había infraestructura y ahora sí; que antes había cadenas nacionales que interrumpían telenovelas y ahora hay 300 medios que ocultan las trapisondas del Gran Equipo con una única telenovela. Idioteces para idiotas dispuestos a creer idioteces. Hasta los periodistas ultramacristas se burlan en radio Mitre del discurso oficial y dejan en ridículo a sus votantes, a los que convencen sin propuestas y con mentiras. Jorge Lanata y algunos de su equipo consideraron que Macri puede obtener muchos votos con sólo decir “Cristina no vuelve”  y el elector responde “te voy a votar pese a todo”. Ni ellos respetan al público odiador que construyeron.
Ahora que estalló un escándalo promisorio, en el lado oscuro de la Grieta reina la desesperación. Espadas y plumas salen a defender al indefendible Stornelli porque si cae él, muchos más comprobarán la contundencia de la Ley de Gravedad. Si no esgrimen las escuchas obtenidas en la cárcel por el hijo del fiscal, tratan de mostrar a D’Alessio como un loco peligroso. Un loco avalado durante mucho tiempo por los medios hegemónicos y muy cercano al Mundo PRO; dueño de una mansión en Saint Thomas, un departamento en Puerto Madero, una propiedad en Chaco, diez autos lujosos, dos motos de alta cilindrada, un yate, 50 relojes muy caros, armas y tecnología para espionaje. Una fortuna considerable que no debió obtener sólo con sus columnas en Clarín o sus participaciones en América TV.
Tan promisorio es este hecho que la No Causa de los Cuadernos Quemados puede desmoronarse como un castillo de naipes. Tan desesperados están que no saben qué hacer para arrebatarle el expediente al juez Alejo Ramos Padilla, al que la diputada Paula Oliveto, mano derecha de Carrió, acusa de “ser un confeso kirchnerista”. Tanto desespera este episodio que hasta amenazan a Matías Etchebest, uno de los hijos del empresario extorsionado.
Los invotables
Todo el andamiaje del Cambio puede desmoronarse cuando empieza a asomar la verdad. Sólo unos pocos sostienen el verso de que a Nisman lo mataron, después de que un coro de falsarios cantó esa canción durante tres años. ¿Tendrán alguna vez algo parecido a un castigo, no sólo los periodistas cómplices, sino Patricia Bullrich, Elisa Carrió, Laura Alonso y hasta los no-peritos de Gendarmería y el juez que basa el juicio en su absurdo informe? No es poca cosa que una mentira tan evidente reciba el castigo que merece.
Cuando la mentira llega a un tribunal hay un problema muy serio en la Justicia. Por problemas de salud de uno de los jueces -dicen- se posterga para mayo lo que muchos sueñan desde hace un tiempo: CFK sentada en el banquillo. Otra foto que causará impacto; lástima que el Tribunal Oral 2 tendrá serios problemas para demostrar la acusación. Como Lázaro Báez obtuvo 51 de 81 obras viales en Santa Cruz, sospechan que hubo desvío de fondos, coimas o retornos. El inconveniente es que el informe de Vialidad Nacional, comandado por Javier Iguacel, no encontró irregularidades en la ejecución de las obras. Además, para el juicio no podrán presentar la evaluación de 51 obras sino de 5; en realidad, sólo de una: la repavimentación de la Ruta 3 en el tramo de la circunvalación de Caleta Olivia. Pero hay más: entre 2003 y 2015 en esa provincia se hicieron 111 obras públicas de todo tipo, a pesar de la patraña oficial de que no se hizo nada. Y todo fue aprobado por el Congreso Nacional, con un presupuesto inicial de 20966 millones de pesos, de los que sólo se pagaron 12915. Sin embargo, la imputación por defraudación al Estado incluye la descabellada cifra de 46000 millones de pesos. Ah, y otra cosa que dificultará a los acusadores es que licitaciones, adjudicaciones, control y certificación de las obras estuvieron a cargo de la Administración General de Vialidad Provincial. Una puesta en escena para la gilada.
Mientras tanto, el amargo circo amarillo sigue andando. Lejos quedaron las esperanzas de un buen segundo semestre y el embuste del crecimiento invisible. Lo único que pueden prometer es que este año no habrá reformas laborales ni previsionales. Sólo seguirán los recortes que horadan la vida de casi todos. Los jubilados se quedarán sin el mísero reembolso del IVA en las compras con débito. Hasta las pensiones por discapacidad están en la mira de la guadaña ordenada por el FMI.
En lo único en que son expertos es en la represión, que es lo que más disfrutan, además de rifar el patrimonio de todos. La ministra de in-Seguridad, Patricia Bullrich, después de quedar descolocada con sus consejos a Uruguay, inicia su campaña militando el proyecto para castigar a les pibes que el modelo margina. En lugar de dignidad, reparten palos y rejas. Como no han logrado nada –salvo acelerar la hecatombe- la escoria punitivista es lo mejor que pueden exhibir.
Lo malo es que nos estamos acostumbrando a estas pésimas noticias. El país que están construyendo es tan invivible como invotable. La continuidad sólo está en oscuros corazones o en conciencias vacías. Resistir ya no es un buen plan. No hay que esperar ser cenizas para poder renacer ni aguardar la destrucción para reconstruir. Los enemigos están a la vista: sólo hay que acordar la manera de combatirlos y neutralizarlos para siempre.

jueves, 14 de febrero de 2019

Estamos mal pero vamos bien


¿En manos de quiénes estamos?, se preguntan cada vez más argentinos; una porción menguante sigue confiando en vaya a saber qué, a pesar del deterioro creciente; sólo unos pocos, los mismos de siempre, están satisfechos con el camino de injusticias que propone el Cambio. La codicia inspira a estos últimos; la conciencia, el olfato y la angustia a los primeros. Los del medio son oscilantes, desentendidos, desinformados, in-conscientes; tanto, que están dispuestos a dar una segunda oportunidad, de abrazarse a las excusas y esperar que, ahora sí, las promesas pendientes se cumplan; hasta son capaces de creer que todo se armó desde la cárcel, no sólo las denuncias contra Stornelli sino también la crisis prefabricada que estamos padeciendo.
En verdad, hay que hacer mucho esfuerzo para seguir confiando en los pretextos y las expectativas que emanan desde el oficialismo todo terreno; hay que subestimarse mucho para creer todo al pie de la letra y convertirlo en dogma cotidiano; hay que ser un militante de la decadencia para considerar la continuidad de Macri en el Sillón de Rivadavia; hay que ser cualquier cosa, menos un ciudadano comprometido. Escuchar la salmodia des-humanizada del empresidente ya es un reto para la dignidad y la inteligencia, no por lo complejo, sino por lo idiotizante.
Para creer que, como declaró, “hoy estamos mejor posicionados hacia el futuro de lo que estábamos en 2015”, hace falta mucha desinformación o estar incluido en el ‘nosotros’ presidencial. Asumir que hasta su asunción vivíamos por encima de nuestras posibilidades significa renunciar a nuestros derechos para potenciar privilegios de pocos con el dinero de todos. Pero aplaudir como logro de su gestión que no hay más “cadenas nacionales que invaden la vida de los argentinos” requiere una necedad extrema.
Avergüenza todo, no sólo lo que dice Macri o cualquiera de sus funcionarios funcionales a la mafia gobernante, sino también la deformación de la realidad que defecan los medios oficialistas. Después se vanagloria de la ausencia de las cadenas nacionales, cuando más de 300 usinas de estiércol blindan, intoxican y confunden a los colonizados. ¡Cuántos habrá que el lunes suspiraron aliviados al pensar que las denuncias contra el fiscal Stornelli se pergeñaron desde la cárcel o que ahora Marcelo D’alessio tiene problemas psiquiátricos! Aunque la ficción sea inverosímil, siempre es mejor abrazarse a un absurdo que reconocerse como engañado.
Consejos para charlas cotidianas
Si algunos aceptan que desde la cárcel, los reos K obligaron a D’Alessio y Stornelli a extorsionar a Echebest, pueden creer cualquier cosa. Total, no vieron las fotos ni los videos ni escucharon un solo audio. Tampoco les importa que al juez Luis Rodríguez le hagan un proceso por un chisme y a Stornelli, con tantas pruebas, ni siquiera consideren en sacarlo de la inventada causa de los No Cuadernos Quemados. Ni duden siquiera de sus prejuicios aunque el propio fiscal Stornelli admita que Cristina no está ni mencionada en las ficciones de Centeno.  
Los distraídos no buscan ninguna verdad, sino la mentira que más se acomode a sus prejuicios. Macri afirma que éste es el camino y que estamos mejor que antes, a pesar de que los únicos ganadores de este modelo de despojo son el sector financiero y su banda de especuladores que ganan fortunas con el esfuerzo de casi todos. Macri asegura que éste es el camino aunque la industria esté con casi un 60 por ciento de su capacidad ociosa, cierren comercios y fábricas y las economías regionales estén al borde de la extinción. Macri garantiza que algún día estaremos mejor, a pesar de la pobreza que crece día a día. Si Macri se lamenta porque las cosas no salieron bien, habrá que creer que fue por fenómenos climáticos y no por sus propias decisiones. Todo está bien, aunque cada vez haya más asistencia a los comedores comunitarios e inauguren cárceles en lugar de escuelas.
El país va viento en popa, aunque los ricos sean cada vez más ricos. En realidad, para la mafia gobernante, ése es el objetivo. Mientras algunos nos enojamos porque La Rosada SA alquile un vetusto satélite europeo en lugar de uno propio –el Arsat 3, suspendido en su construcción- para no perder la posición geoespacial, otros piensan que Macri es un mesías. El país está más ordenado mientras algunos nos preocupamos por un magnate inglés que se apropia de un lago y amenaza de muerte a todo el que se acerque. Nuestra economía está más sólida aunque la deuda tomada por esta gentuza nos empeñe por cien años y ponga en riesgo nuestros recursos naturales.
En tiempos de campaña, sociólogos y politólogos aconsejan cómo convencer a los que aún confían en el Cambio a pesar de las evidencias. Que hay que evitar ciertos términos despectivos como globertos, globoludos, cabeza de termo, colonizados y otros más que surgen del ingenio popular. Que uno no debe plantarse ante el confundido como si fuera un esclarecido y escuchar más que explicar. Que no hay que hacer hincapié en los engaños de campaña, en el fraude amarillo ni en las mentiras de los medios hegemónicos. Que uno debe deconstruir el discurso oficial con paciencia y humildad. Que no hay que enojarse con los empeñados en no entender. Que no debemos hablarles como si fueran niños. Que necesitamos una paciencia zen. Que, aunque la historia reciente nos dé la razón, no hay que desenrollar papiros y hablar más del presente. Eso sí, aunque pongamos todo esto en charlas cotidianas es posible que sigan siendo globoludos, globertos, cabeza de termo y colonizados. Si nada de esto funciona, sólo podemos desear que pierdan el documento cinco minutos antes de entrar al cuarto oscuro.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...