lunes, 3 de febrero de 2020

Chau animalitos


Para algunos, retornar a los billetes con figuras ilustres es un cambio de época. Los adoradores de animalitos en vías de extinción se quedarán con las ganas hasta el retorno de algún gobierno superficial que los imponga en lugar de personas. No sólo superficial, sino también hipócrita porque la extinción es producto de la sobre explotación de la tierra, la deforestación, la sojización y los agrotóxicos de los que avalan gobiernos como ésos. Poner animalitos es el primer paso para desidiologizar a la población y colonizar su conciencia. Por eso es saludable construir nuestra memoria en los billetes con los próceres habituales y también con los no habituales. Junto a San Martín, Belgrano o Dorrego podrán estar Spinetta, Mercedes Sosa, Tato Bores, María Elena Walsh, Atahualpa Yupanki o René Favaloro que aportaron talento, compromiso y belleza en todas sus variantes.
La experiencia neoliberal hasta en eso fue fallida: esa cruzada pseudo ecológica se convirtió en burla, no sólo por las poco cuidadas ilustraciones sino también por la efímera duración del valor que representaban. Pero ya fue: pronto esos billetes absurdos quedarán para la peor parte de la historia; para el anecdotario del ridículo. No fue lo más dañino que hicieron los cambiemitas al frente del país. Además de deteriorar la vida cotidiana de millones, ostentaron una maldad nunca antes vista en democracia; un desinterés por el patrimonio de todos, como revela Juan José Ganduglia en una entrevista publicada por Letra P: durante el gobierno de Cristina se había hecho un proyecto de recuperación arquitectónica, arqueológica, museológica y patrimonial, “hasta que llegó Mauricio Macri y hubo un abandono terrible. Yo igual ya tenía el antecedente de que a Macri no le interesaba el patrimonio para nada”. Y sí, los PRO son tan brutos que tumbaron una escalera histórica que debía preservarse y hasta colgaban los sacos en una escultura de Pérez Celis.
Cada día aparece una muestra más de la barbarie de los Gerentes que usurparon La Rosada, ricachones nada domesticados y muy acostumbrados a romper lo que no entienden o no pueden poseer. O lo que no necesitan, como el gigantesco natatorio construido por la Tupac Amaru en Alto Comedero que destruyeron con saña o las cien mil netbook que no distribuyeron por malsana dejadez y ahora no sirven más; o las vacunas en la aduana o en los depósitos de algún ministerio; como los libros destinados a los alumnos de las escuelas públicas que decidieron no entregar o los documentos de la causa AMIA, que escondieron en un sótano húmedo. Sin dudas, hicieron lo que había que hacer: reprimieron, empobrecieron, persiguieron, endeudaron, regalaron, blanquearon, fugaron y a pesar de todo esto, muchos los siguen avalando y hasta los volverían a votar. Uno no sabe si tildarlos de necios, cómplices o masoquistas. O tan malvados como los vándalos amarillos.
Strip tease del horror
Idiotizados por titulares engañosos o falaces. Enceguecidos por el odio de una clase a la que no pertenecen. Extraviados por conceptos que ni entienden. Repetidores de ideas que ni piensan. ¡Cuántos habrán expresado antes de votar por Macri el falso apotegma “los ricos no necesitan robar”, sin considerar que los muy ricos han amasado fortunas con la explotación, la evasión y la especulación, formas elegantes de robo! Indignados por la corrupción K que aún no ha sido demostrada en los tribunales que ni se inmutan por el latrocinio M, cuyas pruebas están a la vista. Mientras tuvieron que sobornar a Alejandro Vanderbroele con un millón y medio de pesos para condenar a Boudou, el ex secretario del ministerio de la Producción y Trabajo, Rodrigo Sbarra –que había olvidado diez mil dólares en un cajón- tuvo un crecimiento patrimonial monstruoso –de un millón de pesos a treinta- pero la chorra sigue siendo Cristina.
Las causas contra los K están plagadas de irregularidades: cuadernos quemados, prisiones sin condena, testigos adornados o amenazados, pruebas falsas, peritajes amañados, espionaje y escuchas ilegales y jueces dispuestos a llevarse la justicia por delante con tal de complacer al establishment. Tan desprolijos son los procesos que terminarán en juicios nulos y allí estará la prensa dominante para instalar en los cautivos la idea de la impunidad.  
En realidad, el más impune de todos es Macri, contrabandista perdonado, evasor confeso, estafador compulsivo, fugador serial. ¿Qué dirán los caceroleros anti K cuando el Ingeniero empiece su gira por Comodoro Py antes de asumir el objetado cargo en la FIFA? ¿Estarán al tanto de las tres causas que podrían complicar su futuro? ¿Dirán que es persecución política que Macri sea indagado por la maniobra de los peajes, con la que su empresa ganó 500 millones de dólares y una prórroga dudosa de la concesión de las autopistas? ¿Creerán que el Buen Mauricio es una “víctima de la dictadura K” cuando deba dar cuenta del pase de manos de los parques eólicos a la empresa española Isolux –en crisis y deudora del Banco Nación- con el que ganó 48 millones de dólares? ¿Dudarán de la Justicia cuando el ex empresidente se siente en el banquillo por la estafa que Socma –la empresa familiar- ejerció contra el Estado con el Correo Argentino 18 años atrás?
Pero hay un público tan cautivo que de estas cosas ni se entera o trata de ignorarlas: han sido educados por la tele para odiar al populismo y para obedecer a sus explotadores. Tan educados que durante años han denostado a los que obtuvieron sus jubilaciones con moratoria de aportes como si eso fuera una ilegalidad y habrán aplaudido cuando el Farsante las degradó a pensiones. Ahora que el ministerio de Desarrollo Productivo y la AFIP anunciaron una moratoria fiscal para monotributistas y pymes con una quita de 42 por ciento de intereses, condonación de multas y planes de pago hasta diez años, ¿pensarán que son menos empresarios por acogerse a este beneficio? Por supuesto que no: sólo alzan su voz cuando los beneficios alcanzan a los más vulnerados; desprecian más a los que están un par de escalones más abajo que a los que los pisotean desde las alturas.
En fin, hay que seguir batallando para reconstruir una conciencia colectiva que perdure más allá de las elecciones y que ayude a reconocer quiénes son los enemigos de nuestra dignidad, aunque se presenten maquillados, sonrientes, rodeados de globos y bailoteando canciones festivas. Aprender que cuando aparecen como mansos corderos, más feroz es el lobo que se esconde debajo del disfraz.

viernes, 31 de enero de 2020

Nada de amnistía


Mientras los cambiemitas sigan recurriendo a la falaz Pesada Herencia que recibieron en 2015, no queda más remedio que hablar del desastre real que ellos dejaron hace apenas dos meses. Y más aún si, para posicionarse como oposición se constituyen como un destituyente obstáculo para la reconstrucción de casi todo. Lo que no rompieron, lo abandonaron. Lo que no pudieron fugar, trataron de esconderlo. Las promesas, casi todas incumplidas. En los despachos de ministerios y secretarías, los nuevos funcionarios descubren el despojo del paso de una plaga de langostas. Y si no fueron insectos, habrá sido la tormenta tan advertida por el principal estafador de estos cuatro años: el Infame Ingeniero que con muchos engaños y obsecuente prensa, llegó a ser presidente de los argentinos, el peor de los últimos, sin ánimos de exagerar, sino todo lo contrario.
Tanto los integrantes del Gran Equipo como los que los avalaron durante estos cuatro años –y lo siguen haciendo- más que autocrítica, deberían hacer un mea culpa, porque gran parte de lo que hicieron fue adrede. Y demoledor. Casi todas las decisiones fueron tomadas para vulnerar derechos, succionar recursos públicos o extorsionar a los opositores. Pero lo peor es que decían que todo era por nuestro bien. Esto y mucho más, motiva que uno destine tiempo a hablar del pasado reciente para garantizar que en el futuro, tipejos así no pasen ni cerca de la Casa Rosada.
 Encima, nos tenemos que hacer cargo del endeudamiento histórico que Macri tomó sin pasar por el Congreso y que sólo ha servido para complacer a los timberos del mundo financiero. Que nadie pague las consecuencias, como ha ocurrido muchas veces, es una invitación para que carroñeros como éstos logren engañar una vez más al electorado y lo vuelvan a hacer. El nuevo equipo económico podrá negociar la extensión de los plazos y quita de intereses, pero entre todos terminaremos pagando sumas siderales que no han servido para mejorar la vida de la mayoría. Hay que insistir con esto: la deuda tomada por Macri y su Gran Equipo en los últimos cuatro años es, en gran parte, ilegítima y deben ser ellos los encargados de asumir el compromiso, junto a todos los que han ganado fortunas con esta trampa letal para los pueblos.
Evaluaciones del daño
Para recomponer el descalabro dejado por estos vándalos VIP habrá que batallar mucho, sobre todo con aquellos que se acostumbraron al descontrol que Macri alentó con la vil excusa del Libre Mercado. Las tarifas de los combustibles y la energía deberán retrotraerse hasta significar el mismo porcentaje en los ingresos que antes del aluvión amarillo. Lo mismo que los medicamentos, que en estos cuatro años han aumentado más de 400 por ciento, muy por encima de la inflación. Los formadores de precios de la canasta básica se han cebado tanto, que el retorno de los Precios Cuidados no terminará con su angurria. Desarmar la trama de sociedades off shore que han facilitado la evasión y el lavado demandará un esfuerzo enorme para el nuevo Inspector General de Justicia, Ricardo Nissen.
Pero lo más difícil es deconstruir el entramado de patrañas que logró seducir al 40 por ciento. La imagen del Buen Mauricio agachado tocando el pavimento, las veces que ha dicho “hacemos lo que hay que hacer” o la enumeración de obras nunca realizadas, entre otras obscenas tretas, deben haber calado en la memoria de los incautos. El caso de la construcción de rutas y autopistas debería bastar para convencer a los crédulos. Guillermo Dietrich y Javier Iguacel –ministro de Transporte y titular de Vialidad Nacional, respectivamente- han mentido descaradamente desde el primero al último día de gestión. Y Macri también, por supuesto. De los 2800 km de autopistas prometidos, sólo se concretaron 365, apenas un 13 por ciento; de los 4000 km de rutas, nada más que seis, un 0,15 por ciento de lo anunciado; y de los 13000 km de reparación y pavimentación, el porcentaje trepa al 61 por ciento, algo más cerca del total pero igual de vergonzante.
Además de números, la usina PRO también instaló conceptos en su público. Trabajo en equipo, diálogo, consenso, honestidad y transparencia son algunos de los más declamados y los menos cumplidos. Pero el más hipócrita es el de Justicia Independiente. Ya se sabía que esto era una farsa desde el mismo momento en que Macri nombró a dos miembros de la Corte Suprema por decreto. Y después continuó con el atropello de la prisión preventiva para disfrazar la persecución a los opositores. Con tribunales funcionando a las órdenes de los principales medios, la Justicia Independiente no es más que la obediencia a los poderes fácticos. El audio que publicó esta semana El Cohete a la Luna, en donde el presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Jujuy reconoce que los procesos a Milagro Sala no tienen más fundamento que el encono de Gerardo Morales y Pedro Blaquié, debería bastar para reclamar con énfasis una profunda reforma judicial.
Esta reciente experiencia neoliberal deberá ser la última. Nuestra vida no puede estar oscilando entre la derecha destructiva y la centro izquierda reparadora. La alternancia política es la mejor excusa que utiliza el Círculo Rojo para absorber recursos y engrosar sus arcas a costa de las penurias de la mayoría. Alguna vez tendremos que entender que los ricos no son nuestros aliados sino nuestros explotadores y no se puede conciliar con ellos. Eso, más que magia, sería la trampa más peligrosa en la que podríamos volver a caer.

martes, 28 de enero de 2020

Un pez con mucha boca


El Buen Mauricio interrumpe sus vacaciones para recalentar el ambiente y echar un poco de luz a sus seguidores. También, para demostrar –una vez más- que ha sido el peor presidente desde la vuelta a la democracia, además del más cínico. No sólo él, por supuesto, sino también el hato de vándalos que calificó como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Simultáneamente, la exhibición de sí mismo evidencia la calaña de los que aún lo aplauden y, ya que estamos, la desvergüenza de los que callan los latrocinios, traiciones y desastres que caracterizaron su gestión. Nada distinto se puede esperar en un escenario donde el guion lo escriben los medios hegemónicos para beneplácito del Poder Real, cada vez más expuesto después del fracaso del que creía su mejor candidato.
Aunque parezca mentira, ahora Macri simula hacer autocrítica. Y de la peor manera, como siempre: explotando el desinformado entendimiento de los que lo escuchan. Que el tipo que endeudó al país por cien años y que se vanagloriaba de ello venga a confesar que él estaba en contra resulta creíble sólo para zopencos. Que él, patrón y caprichoso, asegure que sus asesores no escuchaban sus opiniones, es por demás inverosímil. Que después de tanto reiterar el verso del “trabajo en equipo”, el que lo comandaba no tenía mando. Que el que llevó adelante una política para enriquecer a los especuladores cuestione el accionar de los mercados es la exteriorización de su hipocresía. Que él, que es un endeudador serial diga que “no se puede tomar deuda eternamente”, es una burla inadmisible. Que él, que generó pobreza, devaluación, desempleo afirme que tenía “sobre su cabeza a los 44 millones de argentinos”, cuando sus políticas cayeron como garrote sobre la cabeza de la mayoría, es una falsedad por demás repudiable.
Además de falso, hipócrita y cínico, el Ingeniero es siniestro. Con recordar su reacción después del resultado de las elecciones primarias basta y sobra para verificar esta afirmación. Después de 50 días de descanso –más para nosotros que para él- intentó mostrarse reflexivo sobre la victoria de les Fernández: “nos dejó esa situación amarga de no poder continuar”. ¿Con qué, con la destrucción del país; con la propagación de la miseria; con el camino al subdesarrollo y la dependencia? ¿Qué quería continuar este sátrapa? Encima, se planta ante sus seguidores como un héroe víctima de los caprichos de los dioses, con toda su ignorancia a cuestas. Como si fuera portador de una intelectualidad luminosa, el infame ex presidente –y da mucho placer decirlo con énfasis- pretende seguir jugando a la política y, con optimismo incomprensible, prometió que “no nos van a llevar puestos como en 2001”. En realidad –pocos se pueden confundir en esto- fueron “los mercados” los que se llevaron puesto al país y no es difícil dilucidar de qué lado estaba Macri en ese entonces.
El agujerazo sin fin
La nueva estrategia de Macri es usar un nuevo maquillaje para exculparse del país que ha dejado. Un maquillaje que sólo es efectivo para aquellos que desean creer en su efectividad, como su nuevo cargo en la FIFA, cuestionado por todos los que están ligados al fútbol. Este embaucador pasa de la presidencia del país a la de una fundación destinada a "contribuir a la promoción de un cambio social positivo y de recaudar fondos para la rehabilitación y reconstrucción de infraestructuras deportivas dañadas o destruidas alrededor del mundo". Menos mal que es ‘alrededor’ y no ‘en’ el mundo, sino estaríamos condenados a una pronta extinción. Lo del ‘cambio social positivo’ está dentro del catálogo de conceptos vacíos propio del establishment, pero poner a Macri a recaudar fondos es no conocer al personaje.
Con sólo echar un vistazo a algunos hechos que se están revelando en estos días basta para comprender que nada que venga de él puede ser positivo ni honesto. Aunque intente desprenderse de lo realizado por sus funcionarios y asesores, él los eligió, los elogió y hasta posó en muchas fotos con ellos. Por eso, el préstamo que el Banco Nación le otorgó a la empresa Vincentín, contra todo lo dispuesto por el organismo no es sólo responsabilidad de Javier González Fraga. El Buen Mauricio, además de consentir, debe haber ordenado esa generosa suma, de la que una minúscula parte retornó como aportes de campaña. Este episodio debe terminar con la estatización de la empresa sin poner un centavo y con un severo castigo para estos dos estafadores.
Todos, desde ministros hasta subsecretarios han operado en estos cuatro años para vaciar las arcas del Estado y transferir recursos a los más ricos con decretos, leyes votadas con engaños, sobornos y presión y con sobres ocultos en cajones secretos. El Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses no se utilizó para mejorar la vida de los jubilados ni la estabilidad del sistema de reparto, sino para devolver a las empresas las acciones de las AFJP. Los incrementos de las tarifas de los servicios públicos no se decidieron para mejorar la producción y distribución de la energía, sino para llenar los bolsillos de los amigotes del ex presidente. Y los que desde los barrios cerrados protestaban en contra de los subsidios y las tarifas baratas, terminaron convirtiéndose en enganchados VIP. Los directivos de Vialidad Nacional nombrados por Macri que fueron desafectados el 1 de enero, hurtaron varios bienes del organismo, como discos rígidos, computadoras, teléfonos y autos.
La Revolución de la Alegría nos enseñó de la manera más didáctica que en el mundo capitalista los principales ladrones son los más ricos. No sólo los principales, sino los peores, porque no roban para comer, como puede hacer un pobre, sino para seguir acumulando y escalar el podio de las revistas financieras. Y lo más cínico es que pontifican sobre los valores, después de dejar a su paso millones de damnificados producto de su incontenible avaricia.

jueves, 23 de enero de 2020

El crimen y su más allá


El asesinato de Fernando Baéz Sosa en Villa Gesell por parte de los diez rugbiers no sólo puede servir para acrecentar el rating de los programas veraniegos: también puede inspirar una metáfora sobre lo que anda mal en nuestra sociedad. Claro que no a la manera de los que dicen que todos somos culpables o que hay un incremento de la violencia, sino en otro sentido. Menos hay que atender a los que afirman que el rugby no tiene nada que ver, porque son los que concluyen que “a los negros hay que matarlos a todos” ante el robo de una billetera. El hecho en sí se reduce al ensañamiento alevoso contra el otro, la muerte lenta y desigual, la proximidad del fin de una vida a fuerza de golpes desenfrenados. La tortura seguida de muerte, podría agregar, tan determinante en nuestra historia. Diez individuos contra uno: abuso de poder, desde donde se lo mire. Los agresores contra un indefenso, como el punto de partida para construir esta metáfora.
A veces parece que toda violencia se reduce a eso. Cuando digo ‘toda violencia’ me refiero precisamente a eso: a todas las situaciones de violencia que se producen en nuestro entorno. En todas, hay un individuo –o muchos- que encarnan un poder, temporal o permanente y ejerce violencia contra el más débil. En casos como éste, nadie puede negar su carácter violento, aunque traten de atenuar la responsabilidad de los ejecutores con elevadas dosis de alcohol o estimulantes. O el rugby. Si todos los practicantes de ese deporte, borrachos y drogados, salieran a las calles a matar a golpes a los demás, la extinción de la especie humana estaría a la vuelta de la esquina. Ni el deporte ni los consumos generan la violencia, aunque puedan contribuir. Los violentos son, sin vueltas, individuos que ven en la violencia su razón de ser, hagan lo que hagan y sean lo que sean.
La violencia está en los golpes, que se pueden presentar con diferentes formatos: los más evidentes son las patadas, los puñetazos y otras maneras de golpear, literalmente, al otro; pero también es un golpe al indefenso la arbitrariedad de los precios, el despido injustificado, la mentira mediática o las operaciones judiciales; formas no reconocidas de violencia, pero tan violentas como las otras. Y en todas está el abuso de poder, la dominación del otro y, si hay resistencia, su aniquilación. El capitalismo y su versión más bestial, el neoliberalismo, es violento y todos los que lo sostienen también lo son. Toda sociedad sumida en el sistema dominante está expuesta a todas sus formas violentas ejecutada por corporaciones, fuerzas de seguridad y hasta jugadores de rugby.
La oscuridad y la luz
El hecho en sí es atroz y nadie puede salir a justificarlo. La interpretación se torna confusa porque no es la primera vez que rugbiers producen escenas tan deleznables. Las características de ese deporte apresuran las conclusiones: como otros, habilita que la destrucción del adversario se convierta en el objetivo principal. Aunque parezca mentira, la inasible Cecilia Pando puede arrojar un poco de luz sobre el tema, para después pasar a otra cosa. "Para los que hablan tonterías, ¡¡¡el rugby no forma asesinos!!!", escribió en las redes el personaje que vive sólo para hacer apología del terrorismo de Estado y defender a sus oscuros pergeñadores. Y para que nadie tenga dudas de cómo se posiciona del lado de la oscuridad, agregó "todos mis hijos juegan al rugby y trabajan muchos valores en equipo", como si eso fuera garantía de algo viniendo de una férrea aliada al macrismo, que destruyó el país pontificando sobre los valores y trabajando en equipo.
Siempre hay que prestar atención a estas “luminarias” para reafirmar el lado en el que uno se planta. El Estado también se posiciona para establecer un antes y un después del hecho: Cromañón fue una catástrofe parte aguas, el maltrato hacia las mujeres obligó a elaborar la tipificación de violencia de género y las consecuencias de los abortos clandestinos están conduciendo a la legalización de la IVE, como algunos ejemplos emblemáticos. La última dictadura se convirtió en el Nunca Más, una expresión que reaparece ante cada situación límite. Así, el intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera decidió prohibir el consumo de alcohol en la vía pública, algo que no es una solución, pero simula serlo.
Pero los desubicados siempre encuentran lugares para desubicarse, como los que realizan esas sorprendentes guerras de botellas en las playas. Aunque se prohíba el alcohol, las botellas o el rugby siempre habrá individuos desaforados que exhiben la peor faceta de sí mismos. Los explotadores, los especuladores, los evasores son como rugbiers de la economía. Los expoliadores de derechos, los endeudadores, los conspiradores, los apátridas lo son de la política. No hace falta lucubrar mucho para concluir que los que más daño provocan son los más privilegiados, los más avarientos, los más ociosos. Ni tampoco para intuir qué medidas debería tomar un Estado que pretenda proteger a los ciudadanos de los violentos que sólo existen para abusar de su poder.

lunes, 20 de enero de 2020

La desvergüenza de los destructores


Atrás quedó el falso apotegma de que “en enero no pasa nada” y que los medios tienen que exprimir sus seseras para poder presentar noticias. En enero pasa de todo y más aún cuando los tilingos están de vacaciones y tiran corderos desde un helicóptero o se matan a golpes en la costa atlántica. Y los que no pueden vacacionar, se juntan en una plaza para volver a ser Nisman, en lugar de ser ellos mismos. El verano es intenso y no sólo por el calor: la reconstrucción del país después de los infaustos años de macrismo no se puede tomar descanso, como tampoco debe hacerlo la necesaria desmentida de las patrañas hegemónicas. Trabajo arduo el de la descolonización de las conciencias que quedaron enredadas en los titulares engañosos de la mafia mediática y las arremetidas de los espadachines judiciales.
Un trabajo muy complejo eso de no quedar como un apologista acrítico cuando hay que lidiar contra ataques discursivos nada arteros destinados a crédulos desbordados de odio. Mientras el gobierno apenas supera el mes, unos pocos ya piden su renuncia o se aferran a los lemas que instalan seudo periodistas resentidos por haber perdido el poder de idiotización que ostentaron durante más de cuatro años. Por eso, en las calles algunos hablan de ajuste, impuestazo o robo a los jubilados. Tanta es la confusión que los cordobeses se quejan de las reformas del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, aunque no les afecte en nada. La democracia debería erradicar la monstruosa manipulación informativa para conformar una ciudadanía plena. De lo contrario, la confusión convierte a los pobladores en un séquito incoherente de los poderosos: una pléyade de individuos rabiosos dispuestos a poblar las calles para preservar los privilegios de unos pocos.
El año empieza con dos desafíos titánicos: el primero es convencer de que en los cuatro años del macrismo se destruyó por pura ambición y maldad lo mucho que se había construido en los años anteriores, sin caer en la tentación de recurrir al tontuelo mote de Pesada Herencia que tanto explotaron los farsantes amarillos; si una mayoría creciente vislumbra que nada puede defenderse de lo realizado por los Gerentes de la Rosada SA más lejos estaremos de la posibilidad de que estos destructores neoliberales vuelvan camuflados en el futuro. El segundo desafío es ponderar las iniciativas reparadoras de la nueva gestión, exigir lo necesario, señalar lo contradictorio y denunciar lo oscuro sin ser tildado de chupamedias o tirapiedras ni ser de los que se vanaglorian por no estar ni de un lado ni del otro para terminar pegoteado con el peor. Una estrategia discursiva que logre todo esto garantizará la construcción de un país donde sus riquezas no sean disfrutadas sólo por un puñado de avarientos sino por todos los que habiten en él.
Telenovela interminable
Mientras los nuevos gobernantes tratan de restaurar lo destruido, los destructores siguen destruyendo. Como no pueden destacar un logro, los ex funcionarios de la Revolución de la Alegría tratan de arrojar todo el estiércol posible para mantener a sus sexagenarios fans. Como buenos cínicos, siguen denunciando actos de corrupción que no han podido demostrar en cuatro años de poder absoluto sobre una minoría judicial, cuando ellos han sido y son los verdaderos corruptos. Como la verdad no está de su lado, explotan la voz embrutecedora de los medios cómplices para imponer sus mentiras. Embaucadores de alta cuna, afirman que sentaron las bases para que el país crezca, una manera elegante de decir que nos han llevado hasta el fondo del pozo. Difamadores seriales, acusan de autoritarios a los actuales gobernantes y funcionarios, después de haber estado pisoteando leyes e instituciones que obstaculizaban sus maléficos planes. Hipócritas sin límites, denuncian persecuciones, censura y autoritarismo, proyectando lo que ellos han sido cuando coparon el gobierno.
Falaces incorregibles, ahora vuelven con Lodenisman para seguir alterando el orden democrático que jamás respetan. Y convocan muchedumbres selectas e indignadas para pasar papelones en público, tratando de explicar lo que no entienden, exhibiendo con orgullo su más absoluta ignorancia, ostentando desinformación en lugar de compromiso ciudadano. La indemostrable hipótesis del asesinato del Fiscal es el ejemplo de la manipulación perfecta, de la imposición de patrañas más allá de los hechos, el dominio de la falsedad sobre cualquier intento de veracidad.
Por más que simulen exigir la verdad, jamás aceptarán nada que discrepe con la fábula en la que creen: que a Nisman lo mató Cristina a través de asesinos que cometieron un magnicidio en un departamento cerrado por dentro, sin ser registrados por las cámaras de seguridad ni dejar huellas en el baño regado de sangre y el cuerpo trabando la puerta. ¿En qué universo es posible que algo así haya ocurrido? En el de los odiadores manipulados que no se interesan por los datos sino por las pamplinas que justifiquen su odio. Ni siquiera se perturban cuando uno les recuerda que el expediente de la causa que pronto irá a juicio oral desmiente todo lo que afirman los que dicen ser Nisman: que nadie provocó su muerte más que él mismo, que la bala entró por delante y no por detrás de la oreja, que no encontraron huellas de nadie extraño a su círculo íntimo. Y lo más importante es que nadie está imputado por homicidio: Diego Lagomarsino está acusado de ser partícipe necesario por prestar su arma a pedido del Fiscal y los custodios, por abandono de persona. La causa es tan insostenible que todo se tambalea por un documental de Netflix.
Así, uno puede pensar sin error que son idiotas que confían en los farsantes que eligen como dirigentes. En personajes impresentables como Patricia Bullrich, Laura Alonso, Elisa Carrió, Mauro Wolf y un puñado más que a pesar de las conclusiones de los peritos de la Corte, se apoyan en el absurdo informe de los inexpertos de Gendarmería. Estos mascarones de carnaval dan entidad a la denuncia del Fiscal que fue rechazada por cinco jueces antes de caer en las a-jurídicas zarpas de Bonadío. Estos fabuleros a conciencia dicen: "nadie que se crea dueño de una verdad se suicida”. Entonces, cuando se demuestre que lo del magnicidio es mentira, ¿se suicidarán como Nisman? ¿Las noticias hablarán del suicidio de todos los periodistas que vienen mintiendo desde hace tanto tiempo?
Nadie quiere más suicidios ni que se explote uno para imponer la no-política como normalidad democrática. Pero tampoco es deseable que las mentiras se tomen como verdad ni se conviertan en procesos judiciales absurdos. Nadie pide que se suiciden pero, al menos, que paguen las consecuencias de haber llevado tan lejos un lamentable episodio que se debería haber esclarecido en pocos días. Nadie quiere más suicidios, sino que digan claramente qué país proponen, porque el que han dejado después de cuatro años de mal gobierno es la peor de las pesadillas.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Memoria necesaria


Mientras los antropófagos que nos gobernaron durante cuatro años sigan enumerando logros inexistentes y cuestionando las medidas que toma el nuevo gobierno para solucionar los problemas que fabricaron, será inevitable recordar la Pesada Herencia de verdad que deja Macri. En lo económico, social, político, jurídico, simbólico el daño es un retroceso de varias décadas. Encima quedará en los medios un grupo de periodistas resentidos porque perderán los multimillonarios sobornos con que la gestión amarilla endulzó la opinión pública. Por eso, muchos de ellos destilan veneno en sus programas y columnas como si del paraíso hubiéramos pasado al infierno en un abrir y cerrar de ojos y desorientan al público cautivo con desinformación y patrañas como han hecho siempre.
La lista es nutrida y los nombres que aparecen en ella podrían servir como anti ejemplos para los profesionales del futuro. Y que esto no se tome como un cercenamiento a la libertad de opinión, sino como una valoración de ella: la opinión basada en información veraz y con el objetivo de construir una sociedad mejor. Penoso que tipos como Leuco, Majul, Morales Solá y tantos otros ocupen lugares destacados sólo para sembrar discordia y malograr la vida de millones. Porque eso significa ponderar los cuatro años de la Revolución de la Alegría: aplaudir un proceso de deterioro que sirvió nada más que para enriquecer a unos pocos. Lo que hacen esos manipuladores profesionales es reorientar el voto ciudadano hacia un modelo destructivo que seguirá siendo competitivo mientras no se lo condene como merece.
El video que se viralizó de la entrevista que Luis Majul realizó a Alberto Fernández el pasado domingo debería avergonzar a más de uno que lo sigue sosteniendo como periodista destacado. Mentira, ignorancia y mala intención abundan en “profesionales” como él. Y eso es dañino: nada bueno se puede construir así. La mejor manera de elevar el nivel comunicacional de la sociedad es dejarlos solos, mascullando en soledad su fracaso por ser tan serviles al Poder Fáctico.
Esto no es broma, porque gracias a tipos como éstos tuvimos a un presidente como Macri. Que muchos aún crean que fue de lo mejor, también es gracias a estos destructores del entendimiento. Y que el Ingeniero pueda decir, sin ponerse colorado, que durante su gobierno “se creció mucho”, a pesar de que los datos expresan todo lo contrario; aunque el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz asegure que el país que deja Macri es “el peor de todos los mundos posibles”. Como el blindaje hacia el ex empresidente continúa intacto, se puede dar el lujo de parafrasear una frase kirchnerista, “el amor supera al odio”, cuando su carrera política se ha basado en contagiar su desprecio de clase. Nadie debe salir impune después de hacer tanto daño y vanagloriarse de ello.
Condena imprescindible
Los primeros pasos del nuevo gobierno sugieren un camino diferente. Al menos, hay un giro en la manera de distribuir el ingreso: nada revolucionario, por supuesto, sino apenas dejar de succionar a los que quedaron secos después de la sangría amarilla. "Todos sentían que estábamos en un colectivo frente a un precipicio, manejado por alguien que pisaba el acelerador –graficó Alberto Fernández ante Majul- Ahora en el colectivo hay alguien que puso el freno, dio la vuelta y todos sienten que el precipicio se aleja". Ese ‘todos’ es un exceso de la metáfora, porque hay unos cuantos que votaron para seguir hacia el precipicio. Hasta hay algunos que incrementan sus fortunas cuando los demás se despeñan al abismo.
Las señales son claras: la recomposición de los ingresos de los más vulnerados vía recursos y congelamientos tarifarios sugiere una tregua a la sangría. Eso que desde el oficialismo llaman Pacto Social implica un cese en la succión desaforada de los más ricos. Ahora hace falta una explicación permanente de cada medida para erradicar el exterminio en cuotas que comenzó en diciembre de 2015. Frenar el exterminio, no terminar con los exterminadores. La impronta desigualadora de los cambiemitas seguirá intacta, por más que en los próximos cuatro años la mejoría sea evidente. Hay que educar mucho a nuestros pares para que comprendan que el modelo neoliberal nunca conduce a buen puerto. Y mucho más para que dejen de asustarse cada vez que las fieras del Círculo Rojo lanzan sus protestas. Al contrario, si aúllan, gruñen o rascan el suelo con sus zarpas, más tranquilos debemos estar, porque es la más clara muestra de que vamos por el buen camino. Mientras más furiosos estén, mejor será el resultado para la mayoría.
Algunos considerarán exagerado el uso del término exterminio, pero nadie puede hacer tanto daño sin que ése sea su objetivo. Hambrear, desocupar, precarizar, reprimir y balear son maneras de concretar la extinción del más debilitado. Ni hablar de la reducción de las partidas para vacunas, que terminan enfermando; o del cese de la distribución gratuita de medicamentos o el descontrol en el aumento en sus precios. Incrementar la inflación aunque se prometió lo contrario es desamparar a casi todos. Dejar todo en manos del Mercado es avanzar hacia el darwinismo social, a la supervivencia no del más apto sino del más poderoso, aunque sea apenas un heredero que no llegaría a nada por sus propios medios.
Que una pendenciera de carnaval como Patricia Bullrich haya ocupado el ministerio de Seguridad es una demostración desfachatada de esa intencionalidad. El aliento etílico a la ejecución de ladronzuelos desarmados y en retirada; la defensa a ultranza de los efectivos que asesinaron a Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y muchos más; el premio de otorgar el Complejo Turístico de Chapadmalal para que los gendarmes se entrenen; todo esto y más concluyen en lo mismo: en el país que pergeñaron sobraban varios millones y desde el primer día pusieron todo para lograr ese objetivo.
De haber conseguido la reelección, hubieran avanzado por ese tortuoso camino hacia el paraíso al que llegan muy pocos. Si ése es el precipicio del que habla el Presidente, debería ser menos metafórico, más enérgico al denunciar las verdaderas intenciones del plan que Macri y sus secuaces ejecutaron en estos cuatro años de pesadilla. Una verdadera asociación ilícita con un insólito consenso electoral, sólo explicable por el extravío de algunas conciencias que prefieren basarse más en prejuicios que en certezas.
La batalla que tenemos por delante no es sólo por más plata en los bolsillos, sino por comprender por qué nos los vaciaron. Una disputa conceptual, ideológica, discursiva, jurídica. Convencer de que el modelo de Macri no es democrático porque desiguala, despoja, empobrece y no por errores en su aplicación sino porque ésos son su fines. No es apenas un pensar diferente coincidir con algo así, sino avalar un plan delincuencial con la pátina de elecciones amañadas por la mala información de los votantes. La batalla por venir es cultural para romper la colonización que algunos padecen desde hace mucho tiempo. Sólo el triunfo en esta contienda garantiza el tránsito hacia un país más justo.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Imágenes de la demolición


A dos semanas de asumido el nuevo gobierno, la confusión discursiva es atroz. Por la calle uno vuelve a escuchar en boca de algunos transeúntes las interpretaciones más amañadas, además de fabulosos absurdos presentados como hechos. No es para menos: los medios dominantes vuelven a ser opositores y son capaces de publicar cualquier cosa para demostrar que lo son. Los apologistas de la destrucción macrista son ahora denostadores de la reconstrucción y los saqueadores que coparon La Rosada durante cuatro años fingen ser defensores de los que fueron saqueados. Diputados y Senadores cambiemitas argumentan en contra de lo que sea como si el modelo amarillo nos hubiera llevado al paraíso. Encima, cualquier aclaración que uno quiera hacer en una discusión cotidiana sólo recibe desdén, indiferencia y en muchos casos, hasta gestos de asco. En estos catorce días, una parte del 40 por ciento no hace más que anticipar que en los próximos años protestarán por todo, hasta por las mejoras que empezarán a experimentar en su vida cotidiana.
Ahora muchos se horrorizan por los datos pero omiten indignarse con los que los generaron. No es por una epidemia que el 80 por ciento de los trabajadores no llegue a cubrir la canasta básica. No es por un mandato divino que el decil más pobre de la población reciba apenas el 1,3 por ciento de los ingresos mientras el más rico absorbe más del 33. Este es, sin dudas, el resultado de las políticas ejecutadas por el Buen Mauricio y su Gran Equipo. Y no es que se equivocaron, pasaron cosas, hubo sequías y tormentas o cualquier excusa que vomiten estos cínicos: así lo quisieron, aunque ahora se rasguen las vestiduras por el estado de las cosas. Mientras se conduelen por los pobres que fabricaron, están pergeñando una rebelión ante cualquier medida que trate de atenuar el dramático cuadro del presente.
Para revertir la profunda brecha entre ricos y pobres, primero hay que admitir lo intolerable de esta situación. Inadmisible que mientras unos vivan empachados, muchos no puedan ni comer. Más aún si tenemos en cuenta la relación de causalidad que existe en esa brecha: la riqueza de los más ricos produce la pobreza de los más pobres. Así las cosas, los primeros tienen que ceder una parte de sus privilegiadas ganancias por todas las vías posibles: tributando más, especulando menos, rebajando precios, pagando mejores salarios, invirtiendo en serio. Y todo esto sin berrear como desaforados porque tienen que renunciar a una mínima parte de los millones que están habituados a ganar. Pensar que será fácil lograr esto es un exceso de ingenuidad: los que están acostumbrados a especular, expoliar, explotar y evadir no van a dejar de hacerlo por propia voluntad y en silencio; por algo son ricos, porque son egoístas y angurrientos. Y que muestren sus colmillos para defender el botín, aunque nos enoje, resulta previsible. Lo que más desconcierta es que algunas de las víctimas de este afán desigualador sean las que salgan a respaldar a los desigualadores. Ese es el mayor logro de la confusión discursiva: la empatía de los que tienen poco y nada con los que se quieren quedar con todo.
Dentelladas de la bestia
Entre las fotos de hoy hay otro 40 por ciento: el número de la pobreza que Macri prometió llevar a cero con medidas que ni por casualidad podrían conducir a ese objetivo. Esta es la Pesada Herencia en serio que recibe el gobierno de Les Fernández, entre muchos otros números que tratan de sintetizar las tragedias que viven millones de argentinos. Todo esto mientras los sátrapas salientes aseguran que han dejado sentadas las bases para crecer. Claro, como cantaba Joan Manuel Serrat: “bienaventurados los que están en el fondo del pozo, porque de allí en adelante sólo cabe ir mejorando”. Nos hundieron, nos endeudaron, nos enfrentaron y ahora dicen que fue por nuestro bien.
Como jugando de manera cruel con sus víctimas, los amarillos claman en defensa del haber de los jubilados, después de que han perdido entre el 15 y el 30 por ciento contra la inflación gracias a la fórmula de actualización defecada por Ellos. Tanta crueldad hay en el pensar de estos ladinos que hasta han demonizado a los jubilados por moratoria. En la jerga hegemónica, son los jubilados sin aportes, estigma que ha prendido en buena parte de los colonizados. Una moratoria exige un pago, como muchos empresarios que acceden a algo así y no dejan de ser empresarios por hacerlo. Y si estos jubilados no lograron completar sus aportes fue porque perdieron el empleo formal o porque fueron estafados por sus empleadores. Una explicación necesaria, aunque sea mucho más extensa que la etiqueta que pegotea la hegemonía discursiva en su afán de ensanchar la Grieta.
La confusión tiene como objetivo generar descontento y desesperanza. También indignación, que es el alimento imprescindible para montar cacerolazos que desgasten al nuevo gobierno. Aunque desde las usinas del Pensar Único hablen de diálogo y consenso, lo que exigen es la temerosa obediencia al Poder Económico. El Círculo Rojo no acepta que limen sus privilegios para derramar derechos y observa con recelo cómo, tímidamente, el actual oficialismo tantea el terreno con suba de retenciones, incremento de impuestos y una lupa puesta sobre los gastos. Ya suenan los tambores de guerra de los agrogarcas, que sólo producen para exportar y siempre se están lamentando de lo pobres que son, aunque acumulan fortunas con cada cosecha. Los grandotes, porque los medianos y pequeños, que son los que más contribuyen al mercado interno, están dando la bienvenida a la equidad tributaria.
Lo que viene es complicado: deconstruir el discurso ahora opositor y aclarar conceptos tergiversados nos convertirán en fanáticos apologistas. Tanto tiempo habrá que destinar a des-confundir a nuestros pares que no nos quedará espacio para la crítica orientadora de transformaciones más profundas. Tanto esfuerzo tendremos que hacer para desmentir hechos inventados que no nos quedarán fuerzas para hablar sobre hechos certeros. Cuánto tendremos que desgastar nuestra voz para contrarrestar la vocinglería amplificada de los medios dominantes. Mucho de todo, seguro. Y valdrá la pena si logramos que unas cuantas orejas nos escuchen en serio.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...