miércoles, 22 de septiembre de 2021

Prometer para realizar

 

El gobierno se reordena para responder a las urnas. En dos meses debe mostrar la voluntad de convertir las promesas en realidades. Mientras la oposición se envalentona, el oficialismo necesita aprovechar el nuevo aire que está respirando y resurgir antes de ser cenizas.  

 

Después del desconcierto electoral, el Gobierno Nacional renovó algunas figuras del gabinete para responder a las demandas no atendidas hasta ahora. La tan cuestionada carta de la vicepresidenta se convirtió en una brújula para retomar el camino. Aliviar la situación económica de millones de argentinos y frenar el desenfreno de los precios debe ser el principal objetivo de cada medida. Claro que en dos meses no se puede hacer mucho, pero es necesario mostrar una voluntad que este año estuvo algo opacada. La pregunta del millón es por qué se priorizó el equilibrio fiscal al bienestar de los siempre postergados, más aún si Cristina lo venía advirtiendo desde diciembre de manera pública y en las reuniones mantenidas con el presidente. Después de lamer sus heridas, el Frente gobernante parece tomar nuevo impulso, como si la derrota hubiera actuado como un energizante: como canta Serrat, “bienaventurados los que están en el fondo del pozo, porque de allí en adelante sólo cabe ir mejorando”.

Siempre quedará flotando otra pregunta: ¿hacía falta arriesgar tanto en lugar de asumir el compromiso votado en 2019? ¿Era necesario mostrarse vencido para retomar el camino hacia la equidad? ¿O acaso es una adicción de los proyectos populares eso de renacer de las cenizas para hacer más heroico el triunfo? ¿O será que algunos disfrutan al ver dirigentes y periodistas opositores relamiendo la temporal victoria y reforzando la andanada de sandeces que recitan a diario? Tal vez algunos pensarán que mientras más alto sea el vuelo de los amarillos, más dura será la caída.

Pero detrás de estas especulaciones, hay argentinos de carne y hueso que la pasan mal en serio. Y son millones, no dos o tres. La asistencia a comedores comunitarios supera los diez millones, algo inadmisible en un país productor de alimentos. La comida debería ser accesible para cualquiera y sin embargo, casi es un lujo. Nutrir la mesa todos los días ha dejado de ser un derecho y, de seguir así, se convertirá en un privilegio. El Consejo del Salario decidió elevar el mínimo no imponible que será, a partir de febrero de 33 mil pesos, la mitad de la canasta básica de hoy. Entonces, habrá que pensar que en estos meses el precio de los alimentos no sólo dejará de subir sino que bajará para amoldarse a esa realidad. Se adecua el salario a la canasta o la canasta al salario, de lo contrario, seguiremos estando a merced de los angurrientos.

Y esto está claro desde el principio. En el discurso oficial está siempre presente el compromiso de mejorar la vida de los postergados. Máximo Kirchner nos brindó una frase que se puede convertir en bandera: “los números deben cerrar con la gente adentro”. La Economía no funciona bien si la mayoría no llega ni a mitad de mes, por más equilibrio fiscal que se consiga. Tampoco debemos olvidar que atravesamos una pandemia que aún no ha terminado y que el Gobierno Nacional ha manejado muy bien. Pero eso no alcanzó para garantizar el bienestar. Tampoco lo hará el abandono de muchas restricciones, que apenas mejorará el ánimo social. Aunque ahora los juntistas califiquen como irresponsables las nuevas decisiones –después de marchas anticuarentena, quema de barbijos, denostación de vacunas y protestas por la infectadura- esto solo no va a revertir los resultados.

Tampoco va a sumar mucho la encendida denuncia del presidente en 76° Asamblea de la ONU. Que haya calificado como deudicidio el préstamo “tóxico e irresponsable” del FMI y recuerde que gran parte de esos 57 mil millones de dólares se han fugado puede explicar nuestra crisis de cara al mundo. Pero para adentro no modifica nada. Si los que tomaron ese monstruoso endeudamiento –que equivale a lo desembolsado en pandemia a 85 países- no han tenido consecuencias y se pasean dando cátedra sobre lo bien que han hecho las cosas, la declaración de principios en la ONU más parece una excusa. Si ese préstamo histórico que se tomó de espaldas al Congreso y se dilapidó en especulación es asumido por este Gobierno como una acreencia que nos condiciona el futuro, ¿para qué denunciarlo como deudicidio?

Alberto en campaña prometía no pagar la deuda con el hambre del Pueblo. Su discurso en la ONU hace pública la estafa. Si quiere conquistar el corazón de sus votantes debe transformar sus dichos en acciones que queden para la historia. Si quiere transformar el país debe dejar de esperar el aplauso de los que siempre buscan succionar nuestros derechos.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Mucho más que un cambio de nombres

La carta de Cristina reordenó el tablero. Alberto no pudo hacer otra cosa más que aceptar las críticas. No es momento para parches, sino para enfrentar en serio a los que nos hacen la vida imposible

Después de una semana cargada de operaciones y falacias, la tensión pos PASO empieza a atenuarse en La Rosada. Las nuevas figuras del gabinete prometen entibiar el clima en el frente gobernante, mientras los opositores y la parafernalia mediática aliada arrojan más leña al fuego. Los que aplaudieron la destitución de Dilma Rouseff y afirman que Evo Morales renunció por propia voluntad no dudan en etiquetar la carta de CFK como golpe de Estado. Claro, acostumbrados a la vice Michetti -un adorno humanitario de los cínicos- que Cristina haga valer su lugar con observaciones acertadas parece una "inmoralidad" para el patriarcado. Y como el presidente asegura haber escuchado el mensaje de las urnas, está preparando el relanzamiento de su gobierno de cara a las elecciones de noviembre y también hacia los meses subsiguientes.

Por supuesto, la cuestión de fondo no es el cambio de nombres, sino la profundización de un proyecto que se enuncia mucho, pero se concreta poco. El padecimiento de gran parte de los argentinos no puede esperar. Mientras los números indican una mejora respecto a 2019, los alimentos y los remedios se han vuelto inalcanzables, a tal punto que la frase "el salario le debe ganar a la inflacion" ya es insuficiente para subsanar las carencias. Y también lo serán los incrementos anunciados del mínimo vital y móvil, jubilaciones y asignaciones si no se pone freno a la angurria desmedida de los formadores de precio, que ya están aumentando a cuenta.

El diálogo y los acuerdos resultan inservibles con los grandes depredadores. Ellos son los que alteran nuestra vida porque no aceptan ganar un poco menos, sino todo lo contrario: quieren multiplicar sus ganancias invirtiendo lo mismo. Por eso surgen los "cantos de sirena" de bajar salarios y eliminar indemnizaciones para generar más empleo, una falacia que ni Ellos creen. El derrame invertido y acelerado. El presidente Joe Biden señaló en estos días que, 40 años atrás, el ejecutivo de una empresa ganaba 20 veces más que un empleado y hoy esa diferencia escaló hasta 350. El problema no es sólo de producción y generación de empleos sino la manera de distribuir las ganancias. Una cosa es el crecimiento y otra es el desarrollo.

El año pasado, en medio de las restricciones dispuestas por la pandemia, las grandes empresas ganaron como nunca, no por inversiones sino por el incremento desaforado de precios. Y esto no se resuelve con paritarias, cuyos porcentajes se trasladan directamente a las góndolas. La inflación no es un fenómeno meteorológico sino una accción voluntaria de especulación y estafa. Y el Estado debe abandonar de una vez por todas el rol de comentarista y víctima del latrocinio que padecemos todos. Poner racionalidad es lo más urgente. 

Los precios cuidados, protegidos, cercanos son simulacros de control porque no sabemos en realidad cuánto cuesta producir cada cosa que compramos: los consumidores sólo podemos evaluar si nos alcanza o no para comprarlo. El Estado es el que tiene que elaborar un listado de precios referenciales, no con las pretenciones empresariales sino con los costos reales de cada producto más una tasa razonable de ganancia. Convertir en realidad lo tantas veces prometido: intervenir en la cadena de comercialización para que nadie se quede con la porción más grande de la torta. En lugar de aceptar la derrota de tener una canasta de alimentos a la que pocos salarios llegan, asumir el desafío de domesticar a los que nos hacen la vida imposible. Si el frente gobernante asume este compromiso, las urnas serán más festivas y las propuestas desigualadoras sólo recibirán el vacío que merecen. 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Despertar el entusiasmo

 

El domingo padecimos una mala broma. Estos dos meses serán cruciales para definir un camino. Todo se puede revertir con la convicción de que el futuro debe ser mejor que cualquier pasado.


La sorpresa ya hizo sus estragos y la angustia aún está en pañales. Lo que viene es un desafío que necesita entusiasmo para convertirse en triunfo. Que lo será, seguramente, porque si no, no saldremos nunca del pozo de la desigualdad que empieza a doler en serio. Por derecha, no se sale. Por izquierda, sabemos que sí, pero cuesta dar los primeros pasos. Lo que sí demostraron estas primarias es que el centro no sirve para nada: el dialogo y el consenso nos llevan a perder de a poco, no sólo elecciones, sino también dignidad. No podemos llenar el Congreso de tipos que quieren facilitar los despidos y precarizar aún más el trabajo; de hipócritas que se lamentan de la pobreza a la vez que proponen quita de impuestos a los más ricos; de cínicos que consideran al laburante como obstáculo para la inversión o parásito de las empresas; de peleles que conquistan una banca denostando la política de la que van a vivir. Los que ganen en noviembre deben ser aquellos que están dispuestos no a modificar las reglas de este juego, sino a inventar un juego nuevo que se asemeje a nuestros sueños.

Aunque lo parezca, el resultado del domingo aún no es una derrota definitiva. El baldazo de agua fría no ha terminado de caer sobre nuestras cabezas. La posibilidad de revertir los números puede convertirse en certeza. Y no es la alocada espera de un milagro sino el resultado de una lectura de los datos. La inasistencia a las urnas resulta alta y en estos 60 días se puede despertar la participación. El llamado "voto bronca" se expresó en blanco o con nulidad y no se pintó tanto de amarillo, como algunos afirman. Si las opciones de izquierda conquistaron más votos no fue por bronca, sino por convicción. La derecha más a la derecha es la receptora de esa bronca que quiere romper todo, sin más objetivo que instaurar una ley de la selva que beneficie aún más a los poderosos. La indignación que tanto construye la hegemonía mediática se canaliza en esas expresiones irracionales que, disfrazadas de rebeldía juvenil, arremeten contra los pocos límites que contienen a los depredadores. Los que se dejan tentar por el canto de las sirenas antiestatistas no imaginan que, además de imposible, un país sin Estado sería un infierno. 

Los amarillos no proponen eso, sino algo peor: un Estado que esté al servicio de una minoría para incrementar sus ganancias a costa de succionar a la mayoría; un Estado cómplice de unos pocos que no paran de enriquecerse mientras el resto sólo puede amontonar derrotas; un Estado indiferente a las estafas y condescendiente al saqueo de los que se creen dueños del país. Eso es el PRO y sus aliados, por más que su endulcorado palabrerío incluya libertad, democracia, justicia como sortilegios para solucionar todo. Ellos no pueden ser la solución porque lo que representan siempre ha sido el problema: la timba, la explotación, la fuga planteadas como condiciones para la inversión que, como hemos experimentado muchas veces, nunca llega.

Después de esto cabe preguntarse qué pasó el domingo. ¿Los frentistas decepcionados se convirtieron en juntistas? ¿Estamos ante una pesada broma de los que jugaron a la interna amarilla? ¿Todos los que se abstuvieron votarán en noviembre por el FDT o se repartirán proporcionalmente para no modificar los resultados? ¿Qué significa el incremento de los extremos? ¿Qué debe hacer el oficialismo si quiere conquistar mayoría?

Como no podía ser de otra manera, el presidente y sus candidatos manifestaron la comprensión del mensaje. Ahora presentarán un paquete de medidas para aliviar el bolsillo de los millones que no llegan a cubrir casi nada. Y eso duele porque deberían haberlo hecho antes, en lugar de aspirar a un equilibrio fiscal que  nadie aplaude. La lección está muy clara: para el país que prometen debemos abandonar este juego que ya está muy amañado. El futuro demanda mucho más que ganar una elección. Los parches no solucionan ninguna injusticia. El salario no le tiene que "ganar a la inflación", sino alcanzar para alimentos, servicios, vivienda, vestimenta y esparcimiento. En lugar de una "reforma laboral", hay que proponer una "reforma empresarial" para domesticar en serio a los angurrientos y que pongan los números sobre la mesa todos los meses. 

La discusión no debe correr detrás de la agenda caprichosa de la prensa cómplice de los poderosos. Hay que empezar a elevar la vara con una agenda que los saque de quicio, que se tengan que inmolar en el ridículo, que se expongan a defender lo indefendible. Alberto debe abandonar su papel de hombre común para transformarse en presidente y su tono catedrático para convertirse en un conductor. Si logra esto en dos meses, ya no tendremos que preocuparnos por los resultados electorales, sino por hacer cada vez más feliz a un pueblo que ya ha sufrido demasiado.

sábado, 4 de septiembre de 2021

El dolor de ya no ser

 

Evasor, contrabandista, estafador, mentiroso y malvado. Así y todo, se siente habilitado para hablar de inmoralidad. No de la suya, por supuesto, porque su espejo debe funcionar muy mal. Macri es el extraño caso del salvavidas de plomo que se mantiene a flote para sumergir a todos.

En estos días, el ex empresidente Macri estuvo hablando como nunca, a pesar de que no se postula a nada. Con sus dichos logra una centralidad que no merece y que poco beneficia a los pre-candidatos amarillos. A una semana de las elecciones primarias, el Buen Mauricio despliega una andanada ineludible de bestialidades verbales que deja muy mal parado al espacio no-político que lidera. Como su vara intelectual está muy por debajo de la rodilla, replicar sus declaraciones no es ningún desafío y, aunque nos haga perder tiempo, resulta necesario deconstruir cada una de sus declaraciones para que nadie se confunda.

Como su gobierno fue un desastre indefendible, sorprende que le sobre cara para plantarse ante una cámara a dar cátedra. Y da mucha pena el papel que juegan los peleles que lo entrevistan. Y más aún los televidentes que todavía creen en sus balbuceantes y confusos conceptos. El desprecio es su guía y la irracionalidad, la constante. En lugar de gozar su impunidad en un cómodo retiro, se planta como el faro que no es para embarrar con su bilis la escena política. Su última frase traspasó los límites: “o cambian o se van a tener que ir”. La democracia le incomoda, sobre todo cuando no gana.

En un exceso de impudicia, confesó que “estamos en un país en donde para ganar plata hay que evadir impuestos. Una frase que será tan célebre como la de Luis Barrionuevo en los noventa, “tenemos que dejar de robar por dos años para sacar el país adelante”. De ambas máximas se deduce que los más ricos son evasores y, por tanto, ladrones. No víctimas, sino victimarios del padecimiento de la mayoría. Con esto demuele el verso del emprendedor que amasa fortuna con ingenio y esfuerzo que tantas veces le escuchamos recitar. Para ser multimillonario, hay que ser un estafador como él.

La parafernalia de sandeces no se detiene en este sincericidio. Lejos de cualquier autocrítica, se erige como un estadista. El que convirtió la mal llamada doctrina Irurzum en política de Estado, se queja de “la inmoralidad de habernos encerrado” durante la pandemia. Ante la falta de argumentos, apela a la mentira de “la cuarentena más larga del mundo”. Muchos especulamos sobre cómo estaríamos si hubiera logrado la reelección, tentados por los incorrectos contrafácticos. El Buen Mauricio nos evitó el riesgo: “jamás hubiese hecho este atropello a las libertades” y “vamos viendo”, como síntesis perfecta de su compromiso. El que convirtió el ministerio de Salud en secretaría y dejó vencer millones de vacunas, también criticó el plan de inmunización ponderado a nivel internacional. Decir tantas tonterías sin sustento es, sin dudas, adoctrinar a su público.

Para terminar, en un exceso de subestimación hacia sus seguidores, acusó a CFK de no irse nunca del poder. “Ella siguió controlando desde afuera el poder en mis cuatro años, absolutamente todo”, fabuló el ex mandatario. Una frase para diván. Quizá pese el fracaso de no haber podido destruirla, a pesar de todos los artilugios judiciales que inventaron, de la demonización constante hacia su figura, de los prejuicios que alimentaron con millones de titulares y falsos informes televisivos. Esa frase, además de odio, revela impotencia porque Cristina no necesita estar todos los días ante cámaras amigables para conservar su protagonismo.

Y eso no es poder, sino trascendencia. Por el contrario, ella quedará en la historia como la que osó disputar poder a los que se creen dueños del país. Y eso explica tanto odio por parte de los que no quieren ceder un milímetro. Pero algunos no comprenden esta ecuación y se dejan engañar por los que prometen un futuro mejor con las recetas que siempre nos han hundido. Una pena que consideren inmoral a un gobierno que –con lentitud- nos está sacando del pozo y no a los que nos metieron en él.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Una campaña errática

 

Con tiempo aún para enumerar los logros del Gobierno Nacional, entretenerse con los tropiezos de la oposición y los medios cómplices no es un desperdicio: al contrario, los pinta con profundidad como lo que verdaderamente son. Una pena que un importante porcentaje de la población aún no se haya dado cuenta.

 

Si no fuera por los exabruptos de algunos pre-candidatos, la campaña electoral sería aburridísima. Los que aportan algo de condimento son los postulantes de CABA y provincia de Buenos Aires, que son los que más aparecen en los medios informativos nacionales. Los de otros distritos no figuran ni cuando los balean en un acto público, como el diputado Miguel Arias en Tapebicuá, Corrientes. Lo que más altera el tránsito a las PASO es la manera en que los medios hegemónicos, aunque con menor rating, siguen construyendo una antojadiza agenda. Por supuesto, con la amañada vara con que miden el impacto de los hechos que deciden destacar: si las balas hubieran apenas rozado el cuerpo de un cambiemita, estarían todo el día hablando de eso. La democracia sigue en peligro cuando la información, en lugar de ser un derecho para todos, es un arma de destrucción del entendimiento.

La indignación selectiva continúa inspirando nuevos contrafácticos. Si en lugar de María Eugenia Vidal fuera Victoria Tolosa Paz la compradora de un departamento de 600 mil dólares en Recoleta, después de declarar que sólo tenía medio departamento y medio auto al terminar su gobierno y necesitaba volver a trabajar para poder vivir, ¿cómo sería la reacción de esos periodistas? Dilapidan a la candidata del Frente de Todos por decir que en “el peronismo se garcha” y sonríen satisfechos ante la expansiva economía de la postulante amarilla. Como no fue Tolosa Paz la que diferenció “un porro en Palermo” con uno en la villa sino Vidal, el episodio pasa como si nada. Y por más que eso pase allá, a pocas cuadras del obelisco, repercute acá, a 350 kilómetros, con la estigmatización que destinan desde hace años al kirchnerismo.

Y no sólo los medios contribuyen al bombardeo. La Justicia –es un decir- Federal porteña ordenó reabrir la causa del Vacunatorio Vip, cerrada por la jueza Capuchetti ante la ausencia de normativa que considere eso como delito. Mientras tanto, por las pantallas desfilan los ex funcionarios de La Revolución de la Alegría ostentando impunidad y vomitando críticas. Ellos, que nos endeudaron como nunca, que fugaron millones, que beneficiaron a sus empresas, que aportaron armamento para un golpe de Estado, aparecen como ángeles bajados del paraíso para volver a decirnos “lo que hay que hacer”. Así se confunde hasta el más lúcido.

La frutilla para este postre la pone siempre Macri, el más impune de todos. El más cínico. El más siniestro. Para apoyar a los candidatos santafesinos, el Infame Ingeniero reconoció que “cuando gobernamos muchas cosas no nos salieron, pero aprendimos de nuestros errores”. Por el contrario, les salieron todas sin cometer errores. “Y todo ese aprendizaje, doloroso, lo tenemos que poner ahora para votar, para decir basta al atropello, para recuperar la República”, manifestó el que nombró miembros de la Corte, trasladó jueces y modificó leyes por decreto. “Basta de atropellos y recuperar la República” afirma el que sigue pateando la deuda con el Estado del Correo Argentino gracias a los jueces cómplices.

Por si esto fuera poco para pintar lo perniciosa que es esta oposición, ahora los PRO se ponen a favor del atentado a la soberanía del gobierno chileno. No es una novedad, por supuesto. Ellos hablan de República pero no dudan a la hora de renunciar a la defensa de nuestro territorio. Lo han demostrado siempre. Tampoco son democráticos porque no condenan con firmeza los golpes de Estado perpetrados en nuestra historia. Apenas los consideran como “eso terrible que nos pasó”, como si fuera una de las tantas tormentas con que El Buen Mauricio justificó los desastres de su gobierno.

En verdad, son invotables porque, contra lo que muchos sostienen, Ellos confiesan lo que piensan cada vez que abren la boca, por más maquillada que la tengan. Señalar sus sandeces mediáticas no es una pérdida de tiempo ni una omisión de los pequeños logros de este gobierno, sino señalar a los adversarios como lo que son: peligrosos enemigos.

sábado, 28 de agosto de 2021

Un video funcional

 

Los adoctrinadores todo terreno aprovechan unos minutos de clase grabados por un estudiante para atacar al oficialismo. La educación K en la mira de los que tratan de imponer el modelo de despojo de los amarillos.

 

En estos días, la indignación selectiva apuntó a una profesora que –más enfática de lo que debiera- denostó a Macri ante sus estudiantes. El adoctrinamiento y los malos modos fueron los tópicos que muchos utilizaron para condenar a Laura Radetich por un video que circuló por las redes. Los que hasta hace un par de semanas eran epidemiólogos de café, ahora se convirtieron en expertos pedagogos para pontificar sobre educación. El razonamiento metonímico –la parte por el todo- primó entre los comentaristas mediáticos: un momento alcanza para anular una vida; cinco minutos de un video son suficientes para sentenciar a todos los profesores; un episodio mancha a toda una fuerza política. La Grieta no permite matices.

“Una profesora no debe adoctrinar a sus alumnos”, vociferan los que memorizaron la historia mitrista sin chistar. “El aula no debe ser el lugar para hablar de política”, ordenan los que propalan las principales consignas del sistema hasta en los dibujitos. “Grita el que no tiene razón”, concluyen los que te meten a Javier Milei o Alfredo Casero hasta en la sopa.

El presidente sorprendió a todos los agoreros al decir que "a los alumnos hay que sembrarles dudas y no darle certezas, es formidable que la docente haya tenido el debate que tuvo con el alumno". El aula no es una cápsula aislada de la sociedad. Las mismas pasiones de afuera, se viven adentro. La angelical Jacinta Pichimahuida nos sorprendería con sus métodos de adoctrinamiento si la sustrajéramos del prístino recuerdo de sus distintas versiones. Los que hace unos años devoraron los minutos de clase de Merlí, ahora se muestran lapidarios con una profesora que trata de emularlo.

En realidad, el episodio que le arruinó la vida a Laura Radetich resulta funcional a una oposición que no sabe a qué oponerse. Los Pro, que redujeron el presupuesto educativo, que protestaron por las “universidades públicas por todos lados” y que se las negaron “a los pobres”, que incautaron las notebook, que clausuraron escuelas y no construyeron “mil jardines”  y que etiquetaron la escuela pública como un lugar donde se cae, ahora se indignan porque una profesora explota contra Macri ante los adolescentes. Los juntistas, que no cesan de predicar patrañas y crean slogans fantasiosos para engañar a sus seguidores, se ofuscan porque una docente intenta desmontar las chicanas de un adolecente adoctrinado por los miles de titulares amañados que desfilaron ante sus ojos.

Como docente, siempre busco deconstruir el sentido común, ese amasijo de consignas incoherentes que el poder dominante implanta en su público cautivo minuto a minuto de todas las formas posibles. Una labor extenuante que a veces rinde buenos frutos. Mostrar los datos falsos con que muchos fundamentan sus prejuicios es todo un desafío. Señalar la contradicción de un pobre que justifica la riqueza del que lo empobrece, reclama mucho esfuerzo. Convencer de que muchos tienen de menos porque unos pocos ostentan de más, insume demasiada energía. Pero es necesario, por más escraches en las redes que difundan. Esos que hoy levantan el dedo contra la profesora son los que silencian –y hasta justifican- que un apologista de la dictadura sea director de un Colegio.

¿Cómo reaccionar ante un estudiante indignado por la famosa foto del cumple y no por el endeudamiento de Macri? ¿O que se siente avergonzado por un presidente que no acata el aislamiento decretado por él y no porque el Infame Ingeniero apoyó con municiones el golpe de Estado en Bolivia? ¿Cómo no perder la compostura ante la impunidad con que Macri deambula por los canales desentendiéndose de los desastres ejecutados durante su gobierno? Y lo que es peor, todo a propósito.

El aula es un espacio que brinda herramientas para que un individuo se construya como ciudadano. Conocer, comprender, argumentar, pensar, contrastar son algunos de los verbos involucrados en el acto de educar. Pero, ante la constante manipulación del aparato comunicacional del Poder Fáctico, ante ese monstruo grande que pisa tan fuerte, ante ese adoctrinamiento malsano que deforma el entendimiento del público cautivo, el énfasis desencajado de la profesora parece ser el resultado de la desesperación. De la impotencia que, a veces, nos desborda al comprobar que las mentiras difundidas en sobrecitos de azúcar logran mayor eficacia que las verdades más fundamentadas.

miércoles, 25 de agosto de 2021

El mejor camino al cuarto oscuro

 

Para ser ciudadano hace falta asumir con responsabilidad el acto electoral. Saber lo que pasa y conocer al candidato es el primer paso para una buena elección. La democracia se construye todos los días y para eso hay que comprender cuáles son los problemas y evaluar las soluciones. Defender al patrón es la mejor forma de renunciar a la dignidad.

 

Como en toda campaña electoral, los ciudadanos estamos expectantes a las propuestas de los pre-candidatos para poder decidir nuestro voto. En muchos casos, los spots aportan poco y nada porque son pensados desde los más sofisticados cerebros publicitarios. Las entrevistas televisivas son, en realidad, poco consumidas y apenas trascienden algunos fragmentos que se difunden por las redes. A veces parece que la información pre-electoral sólo sirve para consolidar los núcleos duros y desorientar aún más a los desorientados. Si a esto sumamos que una parte de los electores decide su voto cinco minutos antes de entrar al cuarto oscuro en un irresponsable tatetí, el momento máximo de toda democracia termina vaciándose de contenido.

Como dicen por ahí, a río revuelto ganancia de pescadores, por eso nos encontramos con algunos personajes que lo que más saben hacer es confundir. Repartir chalecos anti-bala, revolucionar el conocimiento o incendiar el Banco Central son formas de revolver el entendimiento de los ciudadanos. Así pescan desprevenidos que consideran que la solución es ésa.

Además, están los que basan su campaña en verdaderas mentiras, como la de la cuarentena más larga del mundo, la falta de vacunas o vienen por la propiedad privada. Y si de mentiras se trata, nadie más emblemático que el ex presidente Macri que, como un mesías, desciende del Olimpo para bendecir a sus candidatos e iluminar al público con sus innumerables máximas. Después de haber explotado durante los cuatro años de su mandato el mote de la Pesada Herencia, ahora se muestra irritado con la difusión de sus malintencionados yerros. Él, que no cesó de exigir autocrítica a los kirchneristas, que reclamó que se hagan cargo de vaya a saber qué, que intima al presidente Fernández que se disculpe 100 mil veces por la fotito del cumple, no pide perdón por nada y habla como si su gobierno hubiese sido el mejor de la historia.

Y no sólo él, sino todos los que beben su bendita orina. En estos días, no les quedó más recurso que hablar del endeudamiento pero como sería perjudicial asumir que quemaron más de 80 mil millones de dólares que debemos pagar entre todos, dibujan comparaciones inverosímiles para convencer de su inocencia. En un exceso de cinismo, afirman que durante La Revolución de la Alegría el endeudamiento fue menor que en el gobierno de Cristina y en el actual de Alberto. En realidad, el segundo mandato de Cristina significó un endeudamiento anual de 700 millones de dólares y desde que asumió Alberto hubo una reducción de seis mil millones de dólares por el canje con los privados. En cambio, Macri tomó deuda a un ritmo de 23000 millones de dólares por año. No hay que ser un experto en matemáticas para notar la diferencia.

Además, hay otros indicadores que muestran la diferencia en algo más cercano que es el bolsillo. Durante 2003-2015, el salario real privado y registrado se incrementó en un 78 por ciento; de 2015 a 2019, cayó un 20 por ciento. ¿Quién dejó realmente la Pesada Herencia? La pandemia sumó deterioro en el poder adquisitivo del salario y más aún la angurria de los formadores de precios que hicieron de la canasta básica un lujo inaccesible. Y los que ganaron como nunca en estos meses alterados por el Covid están a la espera de cualquier aumento salarial para multiplicar los precios. No sea cosa que pierdan algún centavo de sus oscuras y monstruosas ganancias.

La reactivación está empezando. Por eso hay que aprovechar para discutir en serio el reparto de las ganancias que producimos entre todos. Los multimillonarios que lloran como si fueran pordioseros tendrán que mostrar sus libros a la sociedad con el porcentaje de la torta se llevan. Y los que evaden, especulan y contrabandean que, de una vez por todas queden afuera de nuestra vida económica. El crecimiento se produce de abajo hacia arriba y no a la inversa. Eso es lo que hay que proponer como discusión a cualquiera que pretenda sentarse en una banca. Lo demás viene solo.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...