sábado, 28 de agosto de 2021

Un video funcional

 

Los adoctrinadores todo terreno aprovechan unos minutos de clase grabados por un estudiante para atacar al oficialismo. La educación K en la mira de los que tratan de imponer el modelo de despojo de los amarillos.

 

En estos días, la indignación selectiva apuntó a una profesora que –más enfática de lo que debiera- denostó a Macri ante sus estudiantes. El adoctrinamiento y los malos modos fueron los tópicos que muchos utilizaron para condenar a Laura Radetich por un video que circuló por las redes. Los que hasta hace un par de semanas eran epidemiólogos de café, ahora se convirtieron en expertos pedagogos para pontificar sobre educación. El razonamiento metonímico –la parte por el todo- primó entre los comentaristas mediáticos: un momento alcanza para anular una vida; cinco minutos de un video son suficientes para sentenciar a todos los profesores; un episodio mancha a toda una fuerza política. La Grieta no permite matices.

“Una profesora no debe adoctrinar a sus alumnos”, vociferan los que memorizaron la historia mitrista sin chistar. “El aula no debe ser el lugar para hablar de política”, ordenan los que propalan las principales consignas del sistema hasta en los dibujitos. “Grita el que no tiene razón”, concluyen los que te meten a Javier Milei o Alfredo Casero hasta en la sopa.

El presidente sorprendió a todos los agoreros al decir que "a los alumnos hay que sembrarles dudas y no darle certezas, es formidable que la docente haya tenido el debate que tuvo con el alumno". El aula no es una cápsula aislada de la sociedad. Las mismas pasiones de afuera, se viven adentro. La angelical Jacinta Pichimahuida nos sorprendería con sus métodos de adoctrinamiento si la sustrajéramos del prístino recuerdo de sus distintas versiones. Los que hace unos años devoraron los minutos de clase de Merlí, ahora se muestran lapidarios con una profesora que trata de emularlo.

En realidad, el episodio que le arruinó la vida a Laura Radetich resulta funcional a una oposición que no sabe a qué oponerse. Los Pro, que redujeron el presupuesto educativo, que protestaron por las “universidades públicas por todos lados” y que se las negaron “a los pobres”, que incautaron las notebook, que clausuraron escuelas y no construyeron “mil jardines”  y que etiquetaron la escuela pública como un lugar donde se cae, ahora se indignan porque una profesora explota contra Macri ante los adolescentes. Los juntistas, que no cesan de predicar patrañas y crean slogans fantasiosos para engañar a sus seguidores, se ofuscan porque una docente intenta desmontar las chicanas de un adolecente adoctrinado por los miles de titulares amañados que desfilaron ante sus ojos.

Como docente, siempre busco deconstruir el sentido común, ese amasijo de consignas incoherentes que el poder dominante implanta en su público cautivo minuto a minuto de todas las formas posibles. Una labor extenuante que a veces rinde buenos frutos. Mostrar los datos falsos con que muchos fundamentan sus prejuicios es todo un desafío. Señalar la contradicción de un pobre que justifica la riqueza del que lo empobrece, reclama mucho esfuerzo. Convencer de que muchos tienen de menos porque unos pocos ostentan de más, insume demasiada energía. Pero es necesario, por más escraches en las redes que difundan. Esos que hoy levantan el dedo contra la profesora son los que silencian –y hasta justifican- que un apologista de la dictadura sea director de un Colegio.

¿Cómo reaccionar ante un estudiante indignado por la famosa foto del cumple y no por el endeudamiento de Macri? ¿O que se siente avergonzado por un presidente que no acata el aislamiento decretado por él y no porque el Infame Ingeniero apoyó con municiones el golpe de Estado en Bolivia? ¿Cómo no perder la compostura ante la impunidad con que Macri deambula por los canales desentendiéndose de los desastres ejecutados durante su gobierno? Y lo que es peor, todo a propósito.

El aula es un espacio que brinda herramientas para que un individuo se construya como ciudadano. Conocer, comprender, argumentar, pensar, contrastar son algunos de los verbos involucrados en el acto de educar. Pero, ante la constante manipulación del aparato comunicacional del Poder Fáctico, ante ese monstruo grande que pisa tan fuerte, ante ese adoctrinamiento malsano que deforma el entendimiento del público cautivo, el énfasis desencajado de la profesora parece ser el resultado de la desesperación. De la impotencia que, a veces, nos desborda al comprobar que las mentiras difundidas en sobrecitos de azúcar logran mayor eficacia que las verdades más fundamentadas.

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