lunes, 2 de agosto de 2021

Por los caminos de Santiago

 

Difícil elegir qué es lo peor del macrismo: su desaforado engendro económico, su incontenible pulsión angurrienta, su desprecio a lo popular, su impronta anti-democrática, su impunidad que parece eterna. O quizá el macrismo sea lo peor en todo, hasta los sarcasmos que no cesan de esputar y la insistencia de permanecer para seguir haciendo daño.

El día de la Pachamama, mientras tomábamos la recetada caña con ruda, muchos recordamos el cuarto aniversario de la desaparición de Santiago Maldonado. En aquellos días, los medios apologistas del macrismo trataron de minimizar el drama y, como siempre, despistar la opinión pública hasta el ridículo. “Hay un barrio de Gualeguaychú donde todos se parecen a Santiago”, vomitaba la impunidad de Clarín bajo la volanta “La desaparición del artesano”. Una vergüenza periodística que hizo escuela y contagió a comunicadores, exponentes de la derecha y hasta una buena porción del público cautivo. En aquellos tiempos, Santiago estaba en todas partes, menos en el lugar donde lo buscaron tantas veces: a orillas del río Chubut, donde lo instalaron 78 días después para sentenciar que “se ahogó solo”. Ahora, la infame Patricia Bullrich trepa a una tranquera y muy burlona celebra que “la verdad triunfó sobre el relato kirchnerista”. Una provocación más de este personaje que se cree más allá de la Justicia, que sabe que cualquier estupidez que diga será validada por un Poder comunicacional más vociferador que veraz, que cree que ni en sus peores pesadillas se verá revolcada por el barro que merece.

Pero aún no está todo dicho. Nada está dicho, aunque desde la derecha más rancia digan lo contrario. “Por suerte, se supo la verdad”, suspira la ex funcionaria y actual petardista. O petardista desde siempre, que supo concluir que Nisman, en la soledad de su baño fue asesinado y Santiago, rodeado de gendarmes, murió solo. Paradojas de los siervos del Poder Real. Bullrich se abraza a una verdad construida a martillazos. No le importa que el secretario privado de Macri, Darío Nieto haya anotado en su celular que el nuevo juez Gustavo Lleral “era propio” y que recibiría la visita del operador judicial PRO Juan Bautista Mahiques. Esa verdad tampoco incluye la salvedad de que las órdenes de Gendarmería eran desalojar la ruta y no invadir el Pu Lof de Cushamen y disparar sin límites a los aterrados mapuches. Ni la presencia de Pablo Noceti, segundo del ministerio de Seguridad, en el operativo. Ni que jamás le tomaron testimonio al payador chileno Nicasio Luna, el último que vio con vida a Santiago mientras cruzaba el río bajo las balas de los uniformados. Tampoco declararon los gendarmes que participaron de la invasión ilegal, porque el sistema de impunidad amarillo no lo permite.

El juez Gustavo Lleral no ha investigado nada; sólo ha puesto las versiones del oficialismo de entonces para salvar a todos los que ocasionaron la muerte de Santiago. Una desaparición seguida de muerte, aunque los jueces macristas Mariano Borinsky –visita habitual de Olivos- y Javier Carbajo lo nieguen. El actual ministerio de Seguridad, a cargo de Sabina Frederic, presentó una denuncia en Comodoro Py por el operativo atroz de Gendarmería, después de realizar una investigación interna. Pero nada avanza: el relato amarillo sigue siendo avalado por la Corte Suprema de Justicia que tiene congelada la continuidad de la investigación. La causa está frenada y por eso los nefastos juntistas festejan. Ellos congelan todo para seguir gozando de la impunidad por todas sus tropelías. Mientras tanto, Santiago sigue doliendo en el corazón de muchos argentinos convencidos de la injusticia que provocó su muerte.

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