sábado, 31 de julio de 2021

Durmiendo con los enemigos

 

El peligro no terminó, aunque algunos no se han dado cuenta. Los que obstaculizan todo se pelean entre sí para ocultar sus propuestas destructivas. Si pensaran en serio en el bienestar de todos, pedirían disculpas por las molestias ocasionadas y colgarían los guantes para siempre.

 

La variante Delta aparece para revitalizar la pandemia, que parecía controlada con los planes de vacunación. Por su alta contagiosidad, algunos países europeos ya están retornando a las restricciones y a los toques de queda para evitar lo más posible la circulación. En nuestro país, a pesar de que más de 31 millones de personas han recibido al menos una dosis, los contagios amenazan con crecer, sobre todo por la insistencia de algunos distritos de volver a una peligrosa normalidad. Y también por unos cuantos sujetos que se creen invulnerables por repudiar al populismo que cercena sus libertades por aplicar controles sanitarios en defensa de la comunidad. Sin dudas, éste es el resultado de la irresponsabilidad discursiva de una oposición desquiciada y maliciosa y de los des-comunicadores que amplifican sus sandeces. A esto se suma un oficialismo que aún cree que podrá convencer a los detractores irracionales con argumentos bien fundados.

A falta de propuestas, los pre-candidatos del abanico derechoso esgrimen metáforas dolorosas que dibujan un escenario similar a la dictadura. Desde negar el número de desaparecidos hasta equiparar el seguimiento de los viajeros con los falcon verdes. En algunas provincias –como Mendoza o Santa Fe- se está diseñando un sistema de incentivos para los vacunados, lo que inspira a algunos individuos a denunciar la discriminación que practican a diario con sus vecinos y a plantarse como constitucionalistas de la primera hora después de celebrar las inconstitucionalidades de La Revolución de la Alegría con el “sí, se puede”. Desinformados como nunca, cuestionan las vacunas y hasta proclaman que no formarán parte del experimento, ignorando la validación científica de cada una de ellas. En realidad, el único experimento del que son víctimas es el de cuántas tonterías pueden asimilar antes de convertirse en monstruosos zapallos.

En un clima de belicosidad –por ahora, verbal- el no tan variopinto abanico opositor agita la bandera blanca para no ser blancos del fuego amigo. “No podemos actuar como buitres entre nosotros”, confesó la inefable Patricia Bullrich. Con los demás, sí, le faltó decir. Por eso, los diseñadores de los versos del PRO sostienen que "Argentina necesita transformaciones profundas, de fondo y a largo plazo” y para eso “no hay otro camino que la moderación y la apertura al diálogo sincero y frontal”. Algo que no practican nunca, vale aclarar, porque sus exponentes sólo recitan frases de posters, fábulas inverosímiles y denostaciones viscerales. Si se acusan entre sí de mitómanos, hipócritas, sembradores de desconfianza, malversadores de lo público y oportunistas, ¿qué destinarán para los pre-candidatos oficialistas?

Como tienen la parafernalia mediática a su favor, cualquier pavada que exponen se convierte en tendencia y, por más negativa que sea, termina sumando a su no-propuesta. Cualquier cosa con tal de defender los intereses de esa minoría mezquina que apeló al Estado que tanto desprecian para solicitar los ATP y poder así fugar y repartir utilidades entre los accionistas. Todo vale a la hora de avalar a los que especulan con el precio de los alimentos y a los que exportan productos sin declarar. No les importa si los salarios no alcanzan para la canasta básica si sus verdaderos representados siguen acumulando fortunas en paraísos fiscales. Mientras se indignan por el número de pobres, militan la baja de impuestos para los empresarios que no paran de ganar.

Como demostró el Infame Ingeniero en su paso por La Rosada, el modelo que defienden es el de la desigualdad creciente y como nunca lo pueden blanquear –Ellos no blanquean nada- apelan a frases edulcoradas y bien ensayadas, a banalidades camufladas de eximia profundidad, a legalidades que no están dispuestos a respetar, a falsedades que denuncian en otros. La piel de oveja ya no les alcanza para ocultar el lomo depredador que en realidad tienen.

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