sábado, 10 de julio de 2021

Amarillo golpista

 

Una denuncia internacional que pinta a los PRO como verdaderamente son: antidemocráticos y antipopulares. Si después de esto siguen estando en carrera es porque una parte del pueblo argentino necesita muchas lecciones de historia. 

El jueves por la noche, se conoció la denuncia del canciller boliviano Rogelio Mayta sobre el envío de armas y gendarmes del gobierno de Macri para apoyar el golpe de Estado ocurrido el 10 de noviembre de 2019. La opinión del Buen Mauricio en ese entonces es conocida: Evo Morales había ganado las elecciones gracias al fraude denunciado por la OEA –desmentido seis meses después por el mismo organismo- y Jeanine Áñez era la presidenta de facto que llegaba para reordenar la institucionalidad del país. Hasta le exigió al presidente electo Alberto Fernández que sea racional y apoye el golpe, en lugar de ayudar a Evo a salir de Bolivia por riesgo de asesinato. Ya es atroz que un presidente elegido por voto popular –por más Macri que sea- argumente a favor de una interrupción constitucional, pero peor aún es que envíe pertrechos bélicos para reprimir la resistencia. Un episodio más –el más grave- que se suma al oscuro capítulo de la Revolución de la Alegría.

Hasta ahora, los indicios son tres: la nota de agradecimiento firmada por el comandante general de la Fuerza Aérea Boliviana, Jorge Terceros Lara, presentada por el canciller Mayta como inicio de la denuncia contra Macri y su pandilla; segundo, la verificación de la salida del Hércules C-130 el 12 de noviembre de 2019 hacia La Paz registrado en actas que “transportaba gendarmes y cargamento no identificado”; y, por último, el ingreso digital de la nota firmada por el comandante Lara en la embajada argentina en Bolivia. Nada de esto podría haberse realizado sin conocimiento de los cuatro sospechados: el ministro de Defensa, Oscar Aguad, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el ex canciller, Jorge Faurie y, por supuesto, el propio Mauricio Macri, que ya estaba en retirada. Además, el procedimiento legal para la transferencia de este tipo de cargamento requiere un tiempo mayor al que insumió esta respuesta inmediata de dos días. Y en secreto, porque estos bandoleros con traje sabían que esto era ilegal.

Por eso los involucrados lo niegan. La indefendible Bullrich sostuvo que el envío de gendarmes y material anti motines fue “colaboración humanitaria” para que la embajada argentina pueda resistir “el asedio de los manifestantes”. Oscar Aguad aseguró que “nuestro gobierno colaboró con el de Evo Morales”, cuando los dichos oficiales de aquel entonces muestran todo lo contrario. El ex canciller Faurie afirmó que esto “podría haber ocurrido sin conocimiento de la cancillería”. Y el cínico mayor, el Infame Ingeniero sólo tuiteó “seamos libres”. Ninguna de estas patrañas los dejarán impunes: tanto si decidieron enviar ayuda a los golpistas en absoluto secreto como si este mortal despacho ocurrió con el desconocimiento de las autoridades que debían evitarlo. Como siempre, están muy sucios.

Los demás cambiemitas guardaron silencio. Los medios cómplices tratan de minimizar los daños. Los seguidores y votantes de esta derecha mortífera sólo hacen marchas para defender a los agrogarcas o quemar barbijos “cancerígenos” y jeringas gigantes. Una dolorosa duda queda flotando en este escenario: si condenan la contribución represiva o la aplauden en un silencio vergonzante. Los fervientes defensores de la República y la Democracia, como ya hemos experimentado, terminan siendo todo lo contrario.

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