sábado, 21 de agosto de 2021

Piedras, carpinchos y videos

 Los carpinchos afean el paisaje de los chetos, mientras los PRO disfrazados de juntistas no saben por qué protestar. Macri sigue alucinando sobre los inexistentes logros de su gobierno y el oficialismo hace lo imposible para seguir gobernando.

Nada más peligroso que una oposición desorientada. O peor, orientada sólo a entorpecer. El lunes pasado organizaron La Marcha de las Piedras para responsabilizar al gobierno nacional por los muertos de coronavirus. El oficialismo decidió recoger las piedras con los nombres de las víctimas para construir un memorial, pero dos diputados y dos pre-candidatos exigieron –vía justicia cómplice, por supuesto- su devolución. Nada les viene bien y responden con el gataflorismo al que nos tienen tan acostumbrados. Y como el episodio de la foto y los videos de cumpleaños ya se convirtió en historia, acusan a los carpinchos de incomodar a los acomodados de Nordelta. Por si esto fuera poco, Macri se metió en campaña, no tanto para aportar ideas sino para convencer a su núcleo duro de que es un incomprendido y un perseguido político.

La movida contra los carpinchos se convierte en una metáfora perfecta para ilustrar el resultado de la voracidad inmobiliaria y la búsqueda de exclusividad de un grupo de individuos. El avance sobre humedales y áreas protegidas más el desmonte destinado a la urbanización provoca que la fauna natural no encuentre lugar donde vivir. Lo más ridículo es que los invasores humanos se sienten invadidos por los habitantes autóctonos. Un puñado de privilegiados se cree autorizado para exterminar lo que le molesta: los excluidos de un sistema económico que urge revertir. Incendios, sequías y pérdida de especies naturales sólo para llenar las arcas de los angurrientos. La culpa, por supuesto, no la tienen los carpinchos sino los que piensan que todo está a su disposición. La fuerza del conquistador anula toda razón y avanza hasta la destrucción para imponerse ante cualquier resistencia, aunque sea la de los carpinchos.

Aunque Macri no hable de carpinchos, es un fiel exponente de esa minoría. Siempre dispuesto a falsear la realidad, a imponer una mirada caprichosa para sacar tajada, a despreciar a todo lo que se interponga en su camino. Ahora que lo aceptaron en la campaña, se acomoda en las sillas mediáticas más amigables para desplegar su inconsistencia sin pudor. Muy suelto de cuerpo afirma que en su gobierno ningún periodista ni juez se sintió presionado, aunque sabemos que ocurrió todo lo contrario. Y en el colmo de la impudicia declamó que “la educación mejoraba, el narcotráfico se terminó en los barrios y había obras por todos lados”. Patrañas para ser creídas sólo por los consumidores de patrañas. Como esa de que el Gobierno, con la excusa de la pandemia, cercena “nuestras libertades y nos encierra en una cuarentena eterna”. De hablar en serio, nada. Ni él ni sus partidarios.

Mientras tanto, las encuestas muestran que los amarillos tienen imagen negativa hasta en sus feudos. El Frente de Todos empieza a sacar ventaja en muchos distritos. Los números empiezan a mostrarse más auspiciosos. Según un informe de la UIA, la industria subió en junio casi un 25 por ciento respecto a junio del año pasado y un 12,8 comparado con el mismo mes de 2019. A eso se suma que la actividad económica creció un 2,5 por ciento desde el mes anterior, debido al abandono de las restricciones. Las inversiones extranjeras mostraron un crecimiento del 138 por ciento en el primer trimestre de este año respecto al año pasado. Cifras positivas que aún no se reflejan en el poder adquisitivo del salario que no alcanza siquiera a cubrir la canasta de alimentos.

Pero de estas cosas no hablan los juntistas porque la experiencia de su gobierno dejó saldos muy negativos, a pesar de las fábulas que recita el Infame Ingeniero. Ellos sólo se preocupan por agitar los fantasmas del autoritarismo inexistente y tienen un único objetivo: desterrar de la política argentina a los K, que son tan indeseables como los carpinchos en los paquetes jardines de Nordelta.

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