jueves, 5 de agosto de 2021

Juntos para la maldad

 

La oposición apela a cualquier cosa pasa seguir en carrera y alimentar los prejuicios de sus odiadores votantes. Con cada operación, se muestran como son y demuestran lo que no son. Nada de propuestas y mucho desprecio a pedido de un público cada vez más reducido.  

Los dicterios de los diputados Mauro Wolf y Fernando Iglesias contra Florencia Peña muestran lo que aportan los PRO para la vida política argentina. Este penoso episodio es mucho más que una treta de distracción o una forma de marcar agenda. Incluso, va más allá de la violencia de género que, sin dudas, ejercieron verbalmente estos personajes. En esta escena se concentra todo lo que son los juntistas. Y aquí entran casi todos, porque apenas fueron un par los que cuestionaron los dichos de estos despectivos tipejos. Eso sí, aunque son bestiales hay que reconocerles cierta habilidad. Si nos centramos en discutir el tema en sí, estamos dejando de lado asuntos mucho más cruciales para entrar en su oscuro juego. Si lo dejamos pasar, pueden decir y hacer cosas peores con el riesgo de contagiar a un puñado de odiadores. Si se los castiga –como muchos están exigiendo- les servimos en bandeja la posibilidad de victimizarse y conquistar unos porotos más del público cautivo. Por eso la anti-política es tan nociva para la vida democrática: porque permite a sus practicantes ocultar sus propuestas y patear el tablero en su propio beneficio.

Todo lo que recitan es para esconder lo que piensan hacer desde sus bancas. De ahí que todos voceen generalidades sobre la Libertad, la República, la Justicia. La pre-candidata rosarina Carolina Losada lo exhibe claramente en su afiche: “si Cristina queda atrás, ganamos todos”. ¿Qué significa que Cristina quede atrás? ¿Atrás de qué? ¿Quiénes son ‘todos’? Ese ‘todos’, por supuesto, no abarca a todos los argentinos, sino al puñado que siempre gana, aunque Cristina esté adelante. Cuando nombran a Cristina no están diciendo nada concreto: simplemente están explotando la demonización que han construido desde La Rebelión de los Estancieros. Cuando Martín Tetaz escupe en el partido de enfrente hay un Führer que dice quién va y quién no, sabe que está afirmando una tontería y su entrevistador también lo sabe. Cuando denuestan a Cristina apuntan más allá de la persona: disparan a un proyecto de país más inclusivo, más distributivo, más justo.

Cristina –para Ellos- es un emblema del populismo que desprecian y no pueden desterrar con argumentos. Tampoco con hechos, después del latrocinio de la Revolución de la Alegría. Y menos aún con promesas, porque las han incumplido todas. Cristina es un disparador del odio que se expresa en los adjetivos, las comparaciones, las acusaciones, las falacias. Un odio desmedido que no les produce otra cosa que impotencia porque, con todos los medios hegemónicos a favor para justificar sus sandeces, un grupete de jueces y fiscales que cajonean sus trapisondas y un puñado de especuladores y estafadores que sacuden la Economía a su favor, no pueden desterrarla, no logran borrarla del amor colectivo. Y así frustrados se convierten en monstruos que vociferan barbaridades. Capaces de trocar las restricciones sanitarias en una estadía en la base yanqui de Guantánamo, las vacunas en veneno y una reunión de actores en Olivos en una truculenta orgía.

Aunque intenten equipararlo, la visita de jueces y fiscales a Macri para diseñar el plan de persecución judicial es de una gravedad institucional sin atenuantes y no porque hayan tenido sexo con el entonces presidente. Que un grupo de actores y productores se reúnan con Alberto para encontrar soluciones para el sector no puede transformarse en escándalo, salvo con la putrefacta inventiva de los amarillos, que arrojan estiércol porque no tienen nada mejor que aportar. Y hasta la más angelical de todas, María Eugenia Vidal está sumergida en el mismo lodo. La ex gobernadora aseguró estar orgullosa de toda la lista que me acompaña. Con errores, con aciertos, compartimos los mismos valores”, aunque sean negar la soberanía en Malvinas, cuestionar el número de desaparecidos o denunciar “escándalo sexual” donde saben que no lo hubo. Así son todos los juntistas y para que no queden dudas, se equivocan mucho porque comparten los mismos valores.

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