miércoles, 1 de septiembre de 2021

Una campaña errática

 

Con tiempo aún para enumerar los logros del Gobierno Nacional, entretenerse con los tropiezos de la oposición y los medios cómplices no es un desperdicio: al contrario, los pinta con profundidad como lo que verdaderamente son. Una pena que un importante porcentaje de la población aún no se haya dado cuenta.

 

Si no fuera por los exabruptos de algunos pre-candidatos, la campaña electoral sería aburridísima. Los que aportan algo de condimento son los postulantes de CABA y provincia de Buenos Aires, que son los que más aparecen en los medios informativos nacionales. Los de otros distritos no figuran ni cuando los balean en un acto público, como el diputado Miguel Arias en Tapebicuá, Corrientes. Lo que más altera el tránsito a las PASO es la manera en que los medios hegemónicos, aunque con menor rating, siguen construyendo una antojadiza agenda. Por supuesto, con la amañada vara con que miden el impacto de los hechos que deciden destacar: si las balas hubieran apenas rozado el cuerpo de un cambiemita, estarían todo el día hablando de eso. La democracia sigue en peligro cuando la información, en lugar de ser un derecho para todos, es un arma de destrucción del entendimiento.

La indignación selectiva continúa inspirando nuevos contrafácticos. Si en lugar de María Eugenia Vidal fuera Victoria Tolosa Paz la compradora de un departamento de 600 mil dólares en Recoleta, después de declarar que sólo tenía medio departamento y medio auto al terminar su gobierno y necesitaba volver a trabajar para poder vivir, ¿cómo sería la reacción de esos periodistas? Dilapidan a la candidata del Frente de Todos por decir que en “el peronismo se garcha” y sonríen satisfechos ante la expansiva economía de la postulante amarilla. Como no fue Tolosa Paz la que diferenció “un porro en Palermo” con uno en la villa sino Vidal, el episodio pasa como si nada. Y por más que eso pase allá, a pocas cuadras del obelisco, repercute acá, a 350 kilómetros, con la estigmatización que destinan desde hace años al kirchnerismo.

Y no sólo los medios contribuyen al bombardeo. La Justicia –es un decir- Federal porteña ordenó reabrir la causa del Vacunatorio Vip, cerrada por la jueza Capuchetti ante la ausencia de normativa que considere eso como delito. Mientras tanto, por las pantallas desfilan los ex funcionarios de La Revolución de la Alegría ostentando impunidad y vomitando críticas. Ellos, que nos endeudaron como nunca, que fugaron millones, que beneficiaron a sus empresas, que aportaron armamento para un golpe de Estado, aparecen como ángeles bajados del paraíso para volver a decirnos “lo que hay que hacer”. Así se confunde hasta el más lúcido.

La frutilla para este postre la pone siempre Macri, el más impune de todos. El más cínico. El más siniestro. Para apoyar a los candidatos santafesinos, el Infame Ingeniero reconoció que “cuando gobernamos muchas cosas no nos salieron, pero aprendimos de nuestros errores”. Por el contrario, les salieron todas sin cometer errores. “Y todo ese aprendizaje, doloroso, lo tenemos que poner ahora para votar, para decir basta al atropello, para recuperar la República”, manifestó el que nombró miembros de la Corte, trasladó jueces y modificó leyes por decreto. “Basta de atropellos y recuperar la República” afirma el que sigue pateando la deuda con el Estado del Correo Argentino gracias a los jueces cómplices.

Por si esto fuera poco para pintar lo perniciosa que es esta oposición, ahora los PRO se ponen a favor del atentado a la soberanía del gobierno chileno. No es una novedad, por supuesto. Ellos hablan de República pero no dudan a la hora de renunciar a la defensa de nuestro territorio. Lo han demostrado siempre. Tampoco son democráticos porque no condenan con firmeza los golpes de Estado perpetrados en nuestra historia. Apenas los consideran como “eso terrible que nos pasó”, como si fuera una de las tantas tormentas con que El Buen Mauricio justificó los desastres de su gobierno.

En verdad, son invotables porque, contra lo que muchos sostienen, Ellos confiesan lo que piensan cada vez que abren la boca, por más maquillada que la tengan. Señalar sus sandeces mediáticas no es una pérdida de tiempo ni una omisión de los pequeños logros de este gobierno, sino señalar a los adversarios como lo que son: peligrosos enemigos.

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