sábado, 26 de noviembre de 2011

Tiempos de recuperación y compromiso

Para quienes trabajamos en la educación, la sensación de que el ciclo lectivo se estira como un chicle es una constante sobre las últimas semanas de clase. Y esto no es por vagancia, como vomitan algunos: es un agotamiento que va más allá del cansancio. La pretensión de extender el período de clases y anticipar cada vez más el comienzo puede ser contraproducente para la calidad educativa que se quiere brindar. La cantidad no garantiza calidad. Pero eso es para discutir. Lo que uno nota en los últimos veinte años es un abandono de la educación. No en el sentido estricto de las instituciones educativas. Al contrario, en estos ocho años se ha hecho mucho por la educación, como ningún otro gobierno ha hecho desde la recuperación de la vida democrática. Lo más importante pasa por la inclusión de sectores que ni soñaban con una educación formal. Pero la escuela pública se ha convertido en el único ámbito de la sociedad en donde niños y adolescentes se educan, con todo lo que esto significa. Las demás instituciones –sobre todo la familia y los medios de comunicación- parece que se han apartado de esa tarea y a veces, hasta llegan a patear en contra. En estos días la Presidenta ha brindado dos discursos clave para comprender que la reconstrucción del país no es tarea de una sola persona o de un equipo –por más sólido y capaz que sea- sino que el conjunto de la sociedad debe contribuir en la tarea de llevar adelante las transformaciones materiales y simbólicas que se han realizado hasta ahora.
CFK está convocando a la comunidad a asumir el compromiso de consolidar el camino que se ha iniciado en 2003. Los discursos en la UIA y en la inauguración de nuevas instalaciones de Aerolíneas Argentinas en aeroparque tienen ese sentido. No es por debilidad, agotamiento o decepción que Cristina afirma que sola no puede. Esa es una fantasía de los que sienten que están siendo cada vez menos hegemónicos. Una presidenta débil es el sueño soñado por muchos. Pero no: ningún mandatario es débil después de haber tenido un respaldo popular como el del 23 de octubre. Esos discursos de nuestra presidenta apuntan a romper toda forma de personalismo, demagogia o paternalismo. No es una reina, sino una representante. Los representantes absorben la fuerza de los representados. Sin éstos, la representación se debilita. El “sola no puedo” no es una muestra de debilidad, sino una convocatoria al compromiso ciudadano que construya la unidad necesaria para la consolidación del proyecto de país que está llevando adelante.
La asistencia masiva a los actos es la visualización permanente del apoyo del que ella es la principal destinataria. Pero el compromiso permanente de todos los actores sociales es la muestra cotidiana de ese apoyo, la solidez del camino que se está recorriendo para alcanzar el país con el que soñamos. Las renuncias a los subsidios de agua, luz y gas constituyen la materialidad de ese compromiso. Que muchos ciudadanos reconozcan que están en condiciones de abonar la tarifa de esos servicios al precio que corresponde es una señal de solidez de la sociedad. Es la decisión de que esos subsidios se destinen a sectores que verdaderamente los necesitan. Pero sobre todo, es la confianza que se ha ganado un Estado presente en la vida cotidiana de los argentinos; un Estado que está del lado de los ciudadanos –sobre todo los más vulnerables- y no contra ellos; un Estado que es de todos y para todos.
Este llamado a la actitud responsable de todos los sectores de la sociedad se transforma en una señal pedagógica por parte de la presidenta. Todos los ciudadanos somos responsables de lo que hemos logrado y de todo lo que falta lograr. Esa es la lección. Si bien las palabras dirigidas el jueves en aeroparque tenían como destinatarios a un grupo de trabajadores de Aerolíneas Argentinas que desde hace algunas semanas parecen estar boicoteando el crecimiento de la ahora empresa estatal, pueden extenderse a todos los que no han comprendido el cambio de paradigma que desde hace ocho años se está produciendo en nuestro país. La línea de bandera se está recuperando gracias a la gestión estatal después de años de despiadado saqueo y destrucción. Una de las críticas malintencionadas se basa en la edad de quienes son sus gerentes, Mariano Recalde y Axel Kicillof, entre otros. “¿Desde cuándo ser joven es un pecado?” preguntó La Presidenta. ¿No fueron personas de edad avanzada quienes destruyeron la empresa, además de la economía del país?¿O eran adolescentes Menem, Cavallo, de la Rúa, Marsans y todos sus secuaces? Para algunos que gruñen desde las sombras, los jóvenes sólo son funcionales a sus objetivos de destrucción si se emborrachan y pelean en las calles. Los jóvenes que se comprometen con un proyecto constructivo no sirven a los intereses de los cipayos de siempre.
Y para eso también se está fortaleciendo la educación, para formar a los que tomarán la posta dirigencial, a los trabajadores del futuro. Las instituciones educativas estuvieron durante mucho tiempo en un laberinto interminable porque no sabían para qué formaban a los jóvenes. Ahora hay un objetivo, ahora hay futuro: trabajo, investigación, conducción, representación. Pero sobre todo, los jóvenes se forman para gestionar en plena vitalidad, no después de los sesenta años. Y los que no son tan jóvenes debemos abocarnos a la tarea de formar, de educar, desde todos los sectores posibles, no sólo desde las instituciones educativas. La escuela tampoco puede sola. Necesita de todos, todos los días.

1 comentario:

  1. La educación, principio fundamental de la sociedad, está gráficamente ausente desde hace veinte años, es cierto, pero si los jóvenes se desvían y pueden hacer lo que hacen es por la falta de control estatal en sus diversos estamentos. ¿Para que está la policía, la Gum, la dirección de tránsito?. Durante los 90 TODOS nos sumergimos en la joda y dejamos a los pibes "a la que te criaste", es cierto, pero ¿no deberíamos exigir alguna acción del estado para minimamente corregir e impedir excesos?. Me canso de escuchar a la gente hechándole la culpa a Cristina de la inseguridad. ¡SEÑORA, LAS SEGURIDAD ES RESPONSABILIDAD PROVINCIAL!. ¿O QUIERE QUE LA PRESIDENTA INTERVENGA MILITARMENTE LA PROVINCIA?. La gente está en bolas y a los gritos, sea por contrera, sea por brutos. ¡Vamos por la educación para todos!.

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