miércoles, 2 de noviembre de 2011

Opinión y responsabilidad

Si bien resulta pintoresca, contundente, efectiva y sintética, ya no se puede sostener como afirmación seria la célebre frase de Perón “la única verdad es la realidad”. En primer lugar, resulta innecesario y redundante el uso del adjetivo ‘única’ porque cuando se utiliza el término ‘verdad’ se está hablando de algo absoluto, universal y por lo tanto, único. Hay verdad a secas, sin verdades más verdaderas que otras. Cuando se acepta La Verdad, se está comprando un combo indiscutible, donde las subjetividades quedan afuera. Algo diferente ocurre con ‘realidad’, que es una versión más aceptada y menos dogmática que ‘verdad’. Aunque ‘verdad’ y ‘realidad’ como conceptos filosóficos están en crisis desde hace mucho tiempo, es indudable que son términos contrapuestos. Hasta los positivistas han llegado a la conclusión de que la ‘objetividad’ –otra versión del concepto ‘verdad’- se construye por convención, por acuerdo entre científicos.
La realidad, entonces, debe ser entendida como una construcción producto de la subjetividad que aporta sentido y coherencia a los hechos que ocurren a nuestro alrededor. En nuestro mundo cotidiano estamos en contacto con hechos y ese contacto a veces es directo –experiencia personal- y en la mayoría de los casos, mediados por relatos que nos acercan hechos lejanos, como las noticias, lo que alguien nos cuenta o lo que leemos en algún libro. El sujeto construye la realidad a partir de la observación personal y de los múltiples relatos que recibe. A partir de esos datos, el sujeto realiza una interpretación, una lectura, una correspondencia entre hechos cercanos o no. Pero la subjetividad no es arbitraria ni caprichosa. La construcción subjetiva del mundo es un trabajo y exige responsabilidad. Un trabajo de observación, de recopilación de datos, de búsqueda de información. Adherir a una verdad dogmática es mucho más sencillo porque la persona no tiene que esforzarse sino que acomoda su vida a un combo que dura por siempre. En cambio, la realidad, como construcción subjetiva y tal vez simbólica, es cambiante, dinámica y diversa.
Los medios de comunicación aportan de manera permanente una selección de relatos basados en hechos ocurridos en diferentes lugares del globo, incluido “acá a la vuelta de casa”. Esa selección es conocida como agenda informativa, que para los editores de un diario es el conjunto de hechos que constituyen la realidad de ese día. Los lectores que leen ese diario acceden a una versión de la realidad que puede o no tener elementos en común con la presentada en otros diarios. Junto con esa selección de hechos están las interpretaciones de esos hechos, que son las columnas de opinión. Entonces, la realidad se construye de dos maneras en los diarios: con las noticias, que relatan hechos en forma objetiva y con las columnas de opinión que son una evidente muestra de la subjetividad del que la firma. Que la noticia sea un relato en forma objetiva no quiere decir que el sujeto no ponga en juego su punto de vista. El contenido de la noticia es subjetivo y el formato es objetivo. Entonces es una subjetividad disfrazada de objetividad. Pero que la noticia sea subjetiva no quiere decir que pueda presentar un hecho que no ocurrió porque eso sería mentir. Que la noticia sea subjetiva no quiere decir que sea mentirosa. Por eso, toda subjetividad debe ser responsable y no traspasar los límites de la ética.
Pero también en las opiniones debe reinar la responsabilidad. Que una columna sea el producto intelectual de un periodista no significa que deba decir cualquier cosa. A lo largo de este año electoral hemos podido apreciar un manejo muy irresponsable de la opinión de algunos encumbrados exponentes de la profesión, que más parecían alucinaciones o expresiones de deseos que análisis de hechos o situaciones.
El doctor Mariano Grondona expresó en su programa del domingo 23 su preocupación por la fuga de dólares y reclamó a la Presidenta recién re electa que tomara medidas al respecto. A lo largo de la semana siguiente, el Gobierno Nacional anunció decretos cuyo fin principal era responder a ese reclamo (y no porque CFK tome como gurú a don Mariano). En el programa del domingo 30 de octubre el Doctor se encargó de cuestionar todas las medidas porque, según él, limitaban la libertad de comercialización y significaban un abuso de autoridad y cosas por el estilo. Un opinador no puede ser tan ciclotímico, por más que tenga chiquicientos años. La realidad que construye Grondona tiene como objetivo no ordenar y dar sentido a los hechos sino todo lo contrario. Aún insiste en sus columnas con el viejo truco de comparar el gobierno de Cristina con un régimen nazi o cosas peores. Eso no es una muestra de responsabilidad porque produce inquietud y aversión en sus espectadores, a través de analogías caprichosas que no pueden ser confirmadas en los hechos.
En otro nivel –muy bajo intelectualmente y más aún en representación- están los dichos de la doctora Elisa Carrió, cuya responsabilidad ha sido ampliamente premiada en las elecciones del domingo 23 con un generoso 1,8 por ciento. Ese hecho –el resultado- no sólo no la llamó a la reflexión sino que recrudeció su relación alienada con la realidad del país. Esa resistencia al régimen de Cristina que anunció después de las elecciones, ampliamente aprovechado para humoradas de todo tipo, también apunta a presentar al Gobierno como autoritario. Pero no conforme con eso, la diputada responsabilizó a los once millones de votantes por lo que ocurrirá en el futuro: “hoy, el 53 por ciento del pueblo, junto con la nueva presidente [sic] son los únicos responsables del destino de la Nación”. Para que quede claro, no por lo bueno que pueda pasar sino por lo malo que –según ella- se viene.
Con estas declaraciones, la doctora Carrió no sólo está despidiéndose de manera definitiva de la política sino que está negando los principios básicos de la vida democrática. Y para reforzar esta idea, realizó una sugestiva declaración a un periodista de canal 13, su único contacto con la prensa: “Dios les da a los pueblos lo que quieren y no lo que necesitan”. Existen muchas maneras de analizar esta expresión subjetiva disfrazada de dogma, pero sería destinar demasiado espacio a semejante exponente de la no-política. Para la soberbia posición que toma la doctora Carrió después de la aplastante definición en las urnas, hasta Dios se equivoca en estas cuestiones de la política. Para pensarlo: una persona que se define católica y niega la sabiduría de Dios porque no salió ella como elegida; se ha dedicado a la política como legisladora durante gran parte de su vida y no acata las normas esenciales de la vida democrática; deslegitima los resultados electorales llamando ‘régimen’ al gobierno democráticamente elegido. Tal vez sea cierta esa frase que circula por allí, adecuada para los dos casos analizados: el ridículo es un viaje de ida, no te subas.

1 comentario:

  1. Sin duda, Profe, este largo camino, recto, que hemos decidido emprender 11 Millones (¡11 MILLONES!, ¡¿Cuando se van a callar?!)de argentinos (que si calculamos que detrás de cada votante hay al menos tres menores llevaría la cifra a más de treinta), parece más largo y doloroso de lo que uno pensaba. Deberemos armarnos de paciencia hasta que nefastos personajes como Grondona y Carrió se callen, quizás solo la naturaleza con su sabio proceso de selección natural nos libre de ellos.
    Por otro lado: ¿Carrió piensa que Dios nos debería haber otorgado la gracia de su victoria?. Si así fuera me pasaría al ateísmo inmediatamente. Ese 1.8%, como usted dice, fue un premio excecivo a su carrera. También deberemos soportar que un premio nobel como Esquivel llame "Clientelismo Político" al humanitario asistencialismo que presta el gobierno nacional. Así que, soldados de Cristina, paciencia y tolerancia, inteligencia y oídos sordoa a la necedad, son (y deben ser) nuestras únicas armas. Amen.

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