jueves, 30 de agosto de 2012

Nada por aquí, mucho por allá


Mientras el jefe de gobierno porteño continúa enfurruñado porque hay docentes que lo parodian y jóvenes interesados en la discusión política, el kirchnerismo –como siempre- va más allá de todo para proponer que los jóvenes puedan votar a partir de los 16 años. Ante esto, el viejaje saca a relucir apolillados y deslucidos argumentos sobre la pertinencia del voto adolescente. Pero detrás de estas ideas vetustas se esconde el temor a una juventud politizada, de un colegio en ebullición, de un sentido común que se va de las manos. Para colmo, el 0800 fue severamente acotado por la justicia porteña y pierde su espíritu fascistoide. Que quede en claro: si en este espacio la figura de Macri tiene un protagonismo inmerecido es porque aparece como las antípodas del modelo llevado adelante por el Gobierno Nacional. La destrucción vs la construcción. Además, porque el muñecote del PRO pretende convertirse en presidente de la Nación, transformando su sueño personal en la pesadilla de millones. Si su accionar sólo se limitara a la CABA sin aspiraciones a más, Apuntes Discontinuos lo ignoraría por completo.
En estos días el ministro de Educación porteño Esteban Bullrich tuvo que presentarse ante la jueza Elena Liberatori para justificar el 0800 pergeñado para limitar la discusión política en las escuelas estatales. La Magistrada porteña restringió el uso de esa línea delatora en la medida en que implique “persecución política a jóvenes y niños” y acotó las denuncias a “conductas penales tipificadas en el Código Penal”. Por lo tanto, ese número sólo podrá servir para denunciar delitos penados, en los que el Ministro de Educación deberá promover las denuncias judiciales correspondientes “hasta tanto exista un protocolo de funcionamiento y utilización de la información obtenida por ese medio”. Además, ese servicio comenzará a tener un costo para la administración de Macri, que puede alcanzar cifras exorbitantes para un objetivo tan pobre.
En tanto la derecha patricia protege su arcaico pero vulnerable sentido común, algunos legisladores del oficialismo nacional están prestos a proponer una baja en la edad en la que se puede ejercer el voto. El senador Aníbal Fernández defendió su proyecto del voto a partir de los 16 años de manera optativa porque ahora “la juventud madura más rápido” que 80 años atrás. Por si no queda clara la comparación, bien vale un esquema: el PRO se asusta porque ve fantasmas por todos lados; fantasmas que Macri no entiende pero teme; son fantasmas desconocidos que para los no-PRO son simplemente ideas de un país mejor; ideas que a ninguno de los integrantes de ese espacio no-político se les puede ocurrir; porque para la gente PRO, lo que no piensan ellos es ideología de la más deplorable; hasta una historieta los saca de quicio; no escucharlos ni obedecerlos es autoritario; cuestionarlos, también; mirar a Macri a los ojos es considerado franca rebelión; también realizar una imitación-parodia que no tenga como objetivo adorar su exasperante superficialidad.
En un mundo más luminoso, La Presidenta destacó que “esta Argentina es un país de libertad” y defendió el “derecho que tienen los estudiantes de hablar de política en la calle, en las universidades, en la escuela, en el trabajo y donde quieran”. En la ciudad entrerriana de Concordia, justamente, CFK cuestionó a aquéllos que “se dicen liberales y tienen prácticas similares a las que tenía el stalinismo, que fomentaba la denuncia contra el otro” por pensar distinto. Con una clara referencia a los caprichos del alcalde play boy –o viceversa- Cristina afirmó que “nadie ha sido tan criticada, injuriada, parodiada y burlada como yo y el ex presidente Néstor Kirchner. No me importa que me parodien, que hablen mal, que se disfracen, que me injurien; en definitiva, son apenas caricaturas de una Argentina que definitivamente se fue”. Claro, nadie fue despedido ni censurado por imitar a La Primera Mandataria como los docentes porteños por hacer lo propio con el alcalde y su ministro.
Cuando se tienen ideas, cuando se tiene una decisión firme, cuando se avanza en una dirección irrenunciable, no hay críticas ni burlas que afecten. Las sátiras ofenden sólo cuando dan en el blanco. En el caso del Gobierno Nacional, los principales cuestionamientos se originan porque, como recordó en el discurso en Concordia, “nos atrevimos a cambiar una cultura hegemónica que decía que nadie podía aguantar ser gobierno sin tener el apoyo de ciertas corporaciones”. En un tramo muy fuerte, La Presidenta llamó a quienes “no piensan como nosotros a pensar en la patria, no en el partido ni en el gobierno de turno, porque cuando se piensa primero en la patria, es mucho más difícil equivocarse”.
Claro, eso explica que la gestión PRO sea un error permanente y su alcalde esté más empeñado en generar problemas que en solucionar los existentes. O en tomar decisiones que forman parte de una escenografía atroz. Mientras el Congreso Nacional discute el Nuevo Código Civil, después de haber expropiado CVS, el Presidente de YPF anuncia nuevas inversiones para exploración y La Presidenta lanza el proyecto del Polo Audiovisual, entre muchísimas otras medidas, Macri tardó ocho meses en hacerse cargo del Subte. En tanto Cristina recibe al premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, Mauricio se prepara para recibir a su gurú, el impresentable chanta del Arte de Vivir. Hay mucha alevosía en tanta estupidez.  
En estos días, algunas encuestadoras difundieron sus números. Aunque los adornen con los dibujos más espeluznantes, CFK sigue liderando el ranking de imagen positiva e intención de voto. Lejos, con apenas un 18 por ciento, Macri ocupa un segundo lugar. No es tiempo de hablar de elecciones pero sí de modelos. El proyecto transformador iniciado con timidez numérica pero con contundencia espiritual en mayo de 2003 continúa alcanzando logros impensables. Aunque todavía queda mucho por hacer, el Gobierno Nacional lleva la iniciativa del transitar hacia un país distinto. El modelo PRO –si es que existe algo que pueda llamarse así- sólo se preocupa por retroceder. El estilo que gobierna la CABA y que fue avalado por más del sesenta de los votos el año pasado es un revoltijo de uñas y dientes. El partido no-político que quiere reemplazar el modelo K sólo es un muestrario de división y desánimo. Y de destrucción, porque sólo piensa en defender un reducto de pensamiento oscuro, de resentimiento malsano, de individualismo extremo que no sugiere en absoluto la construcción de una patria.

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