viernes, 27 de septiembre de 2013

Confusiones electorales



Agradecidos vs mal nacidos
El fin de semana pasado apareció el espécimen político más extraño del que se pueda dar cuenta en nuestro país. Decir político es demasiado, aunque fue por dos veces gobernador de Santa Fe y permanece atornillado a una banca de senador sin producir demasiado. En realidad, es más empresario que parlamentario. Parco, escueto y sigiloso, cuando Reutemann irrumpe en la escena provoca un poco de oleaje. Nadie sabe por qué, pero muchos reverencian su figura como si fuera una deidad. Detrás de él no hay política, sino rosca y de la peor especie. Siempre surge desde las sombras en momentos electorales y sólo para producir daño. Y algunos se acicalan las pestañas para destinar una caidita de ojos. La sinuosa Roxana Latorre ya se lo imagina como vice de Massa. El candidato a diputado Jorge Obeid le dedicó algunas sonrisitas. ¿Qué le ven a un personaje tan insípido? ¿Qué le encuentran de atractivo a alguien tan siniestro? Sin embargo, con su media sonrisa indescifrable baja y sube pulgares como un emperador de la Antigua Roma. Mantiene intacto un prestigio inexplicable y muchos bailan a su silencioso ritmo. Su encuentro con el intendente de Tigre y los destituyentes angurrientos del campo agitó fantasmas que creíamos desterrados.
Para los kirchneristas santafesinos cuesta digerir a Obeid como candidato. Más aún cuando manifiesta tan poco, como si estuviera cavilando dónde alinearse en el futuro. Y esto hace que muchos tengan dudas. No será la primera vez ni la última que alguien conquista una banca por un partido y una vez asumido, se pasa al opuesto. El drenaje ocurrido en el oficialismo durante los oscuros tiempos de la Rebelión de los Estancieros es una experiencia lastimosa que debería llamar a la reflexión. Y una pregunta cabe a esta altura del apunte: ¿a quién pertenece una banca conquistada, al partido o al candidato? ¿No sería más sano que si un diputado deja de tener coincidencias con la agrupación, renuncie a la banca? Eso permitiría que la identificación partidaria sea más un compromiso que una simple especulación.
Pero las mutaciones pueden ser contagiosas y en momentos tan cruciales como los que vivimos, amenaza con convertirse en epidemia. Algunos tratan de minimizar la importancia de las elecciones que se vienen, incluso los que simpatizan con el proyecto de país en curso. Sin embargo, que los candidatos de La Presidenta obtengan números más significativos en octubre puede facilitar el tránsito hacia 2015 y, seguramente, la continuidad de este camino. La reconstrucción no ha terminado y el derrumbe de las PASO puede provocar su interrupción. Y eso sería un retroceso enorme. Si en agosto el kirchnerismo hubiera conquistado un 40 por ciento a nivel nacional, muchos ninguneos, amenazas y humillaciones no se hubieran producido. Los Supremos habrían apurado el  fallo sobre la LSCA de manera favorable, en lugar de retener la pelota para patearla hacia el lado del triunfador. Y los especuladores del campo no esconderían sus productos para forzar una devaluación. Y Reutemann no habría asomado el hocico de su madriguera. Como expresó un incalificable periodista rosarino en un canal porteño: el aroma a cadáver hace excitar a los carroñeros. Y muchos votantes facilitaron que estos personajes siniestros se envalentonen.
Mauricio Macri, fiel a su inconsistencia intelectual, calificó al Gobierno Nacional como el “más autoritario de los últimos cincuenta años”. Una estupidez que ni él cree pero le permite posicionarse como el más opositor de los opositores. Y ganar unos centímetros de fama. No es necesario aclarar que en medio siglo hubo gobiernos autoritarios en serio. Basta mencionar la última dictadura para desmoronar la sandez verbal del Alcalde Amarillo. En estos casos, la subjetividad produce una distorsión conceptual. La opinión corrompe el concepto. Uno puede observar una taza y decir si le gusta o no, si le parece linda o fea. Lo que no puede afirmar es que sea un plato. No vale la aclaración “bueno, para mí es un plato”, porque la convención lingüística define ese objeto como taza. En el caso concreto del dudoso ingeniero, denuncia como autoritario un gobierno que no lo es. Y a partir de ahí, nada de lo que diga puede tomarse en serio, sobre todo porque se considera como un extraterrestre que viene a salvar la tierra de una catástrofe inevitable.
Otro salvador del apocalipsis es Sergio Massa que, como su par de la CABA, aspira a interrumpir la recuperación del país con la restauración conservadora afirmando, paradójicamente, que es portador de lo nuevo. El intendente de Tigre, creador del monstruoso Frente Renovador, salió a cuestionar cosas que antes ponderaba. Medidas de inclusión que, cuando no era anti-K, beneficiaron al territorio que comanda. Indudable que cada vez más se muestra como es. Si continúa liderando las preferencias es porque el electorado bonaerense se ha dejado convencer por alguien que de un plumazo borraría las conquistas logradas en estos años. Egoísta sería quien con su netbook en las manos, impida con su voto que otro la consiga. Ingrato quien dé la espalda al modelo que permitió alcanzar un poco de bienestar.
Y en este punto, un argentino del mal llamado interior necesita manifestar su enojo. No es exagerado afirmar que el 60 por ciento de los recursos se destinan a contentar al 40 por ciento de la población que se amontona en la provincia de Buenos Aires. Un porcentaje similar de las inauguraciones, obras, iniciativas se destinan al mismo territorio. A pesar de eso, los candidatos opositores al kirchnerismo, en conjunto, conquistan a gran parte del electorado. ¿Qué les pasa? ¿Encima que reciben una porción mayor de los recursos votan en contra? No parecen merecedores de tantas atenciones. Quizá por esto los números hayan sido escuetos también en gran parte del país. La idea con un poco más de claridad: por concentrar los esfuerzos en un solo territorio, han descuidado un poco al resto. Y esto no quiere decir que no se hayan hecho cosas en las provincias, pero la desproporción duele. Y duele también tanta ingratitud. Porque además de recibir mucho, con su voto exigen más. Y con el riesgo de perder todo.
Para mejorar los números, CFK ha decidido conceder entrevistas para que sea su palabra la que llegue, sin intermediarios ni manipuladores, a quienes deben escucharla. Los ciudadanos son los que votan. Los individuos eligen la claudicación y el sometimiento. Tanto Néstor como Cristina han sido los presidentes más federales desde el retorno a la democracia, pero a veces se han dejado tentar por la tracción unitaria. Que La Presidenta empiece a recorrer más las provincias puede garantizar una recuperación numérica. Como decía algún abuelo, es de bien nacido ser agradecido. Entonces, los ingratos pueden ser considerados, sin dudas, como mal nacidos. Que los bonaerenses hagan lo que quieran, aunque después todos debamos pagar las consecuencias.

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