jueves, 8 de septiembre de 2016

La alevosía del cambio



Hasta a un optimista incurable le cuesta encontrar el lado bueno de esta Argentina amarilla. Aprietes, amenazas y venganzas condimentan el ajuste que padece la mayoría, mientras una minoría goza las incontables sumas transferidas en estos meses. Si el Estado hubiera invertido en desarrollo esas cifras siderales no habría necesidad de ajustes y los aprietes, amenazas y venganzas quedarían como estertores extemporáneos. Y Macri no tendría que andar suplicando por inversiones en el foro de los países más desarrollados, un espacio más adecuado para los negocios que para la caridad. Tan penoso es el panorama que aunque el Gerente de La Rosada jure que ha hecho la tarea de normalizar el país, la ebullición que subyace en los titulares de los medios oficialistas se percibe desde todos los rincones del planeta. Y si cuesta encontrar un rincón en algo esférico, más cuesta creer en la transparencia que la ceocracia gobernante promete cada dos segundos y medio. ¿Quién va a confiar en el futuro del país si el Gran Equipo –que prometió unirnos- tiene más divisiones que un manual de Matemática?
Ni transparencia ni unión. Ni Pobreza Cero ni desarrollo. No porque no han podido, sino porque nada de esto estaba en los planes. La Revolución de la Alegría no incluye a todos los argentinos y por eso son pocos sus apologistas. Si bien en las calles no se aprecia la tristeza de manera generalizada, los rostros cotidianos tienen congelada una expresión de metida de pata. Los contenedores son visitados con más frecuencia, no tanto como depósitos de desechos sino como un arcón con objetos salvadores. Los locales vacíos opacan las caminatas y los negocios que quedan tienen a sus encargados simulando actividad para que el tedio no los desmorone. Los que aún alcanzan a consumir más allá de lo imprescindible son atendidos casi desde la vereda por vendedores con síndrome de abstinencia de clientes. Las fotos del presente tienen escenas del pasado, con más piquetes, filas de postulantes en los pocos lugares que ofrecen trabajo, caras amargas en las compras diarias, esparcimiento en retirada y sueldos que insisten en agotarse antes de fin de mes.
Mientras muchos están preocupados por el fantasma del desempleo, Macri sigue denostando a los trabajadores y, como los peores presidentes de nuestra historia, exige más sacrificio y esfuerzo para sacar el país del pozo en que nos metió. Quien siga creyendo que el empresidente gobierna para todos y que lo que padecemos es culpa de la pesada herencia tiene una distorsión incorregible en su percepción o es uno de los beneficiados. Quien siga indignándose con las creativas acusaciones de la corrupción K y justifique o ignore los inocultables casos del presente no busca transparencia, sino proscripción. De todos los Ocupantes Ocasionales de La Rosada, el único no involucrado en algo turbio debe ser Balcarce, el perro que encontró su fatídico destino como mascota del PRO.
Salida de emergencia
Los estafadores del cambio conquistaron el 51 por ciento en el balotaje, lograron mantener cierto consenso en los primeros meses y pudieron torcer la desventaja parlamentaria para algunas leyes clave a fuerza de presiones, pero la ilusión conquistadora está llegando a su fin. El Congreso parece comenzar a recuperar su autonomía: el proyecto de Primer Empleo fue rechazado de plano en las comisiones de Diputados porque tiene un tufillo a precarización laboral. Si quieren mejorar la competitividad a fuerza de horadar los derechos de los trabajadores se van a encontrar con un colectivo dispuesto a frenar cualquier iniciativa. Y no serán palos en la rueda, sino defensa de la dignidad. Aunque el senador Federico Pinedo denuncie intentos destituyentes, esta vez no podrán avanzar con sus impulsos de abaratar el salario.
En estos meses, en el reparto de la torta que cocinamos entre todos ya hemos retrocedido unos cuantos puntos y la capacidad de compra del salario registra una caída de casi el ocho por ciento, la merma más importante de los últimos trece años. Cuando la mayoría pierde, sólo unos pocos ganan. Hasta Ellos reconocen que estamos atravesando una situación difícil producto de sus experimentos des-igualadores. Después de negar durante meses el problema del desempleo, ahora aceptan números que no pueden ocultarse. Si el Banco Central informa que hay en el país 500 mil cuentas sueldo menos es porque se ha perdido una cantidad similar de puestos laborales.
Y ante números que se resisten a brindar una esperanza, los funcionarios amarillos nos llenan de regaños por lo que no es nuestra culpa y nos someten a una austeridad que no practican. Y predican sobre una meritocracia que no aplican: Oscar Aguad está al frente del ministerio de Comunicación y, además de cobrar más de 240 mil pesos, se sorprende porque se pueden enviar radiografías por mail. Por si esto fuera poco, instalaron en la Oficina Anticorrupción a Laura Alonso, una ferviente militante del PRO cuya única función es hablar mal del gobierno anterior, justificar las andanzas off shore de Macri y guardar un obsceno silencio sobre las sospechas que caen sobre la vicepresidenta. De la incompatibilidad de casi todos los funcionarios por tener intereses en el área que gestionan sólo tartamudea algunas excusas ante los medios cómplices. Tanto desenfreno nos gobierna que hasta Cormillot aparece involucrado en chanchullos inadmisibles.
Eso sí, con el fin de entretener a su público -siempre sediento de sangre- buscan alguna víctima para arrojar sobre la arena del circo. La favorita es Cristina, la mujer más odiada por las fieras gobernantes y sus seguidores, a la que tratan de endosar las más curiosas acusaciones para despellejarla desde todos los micrófonos acólitos y extinguirla para siempre en los tribunales. Como no pueden demostrar ningún delito económico, extravagantes magistrados excavan apolillados cajones para desempolvar la absurda acusación de Nisman. Un coro de autómatas firma solicitadas en contra de Daniel Rafecas, el juez que la desechó de plano por inexistencia de delito. Parece mentira: hasta en eso fallan. Los que venían a respetar las instituciones son los que quieren tenerlas a su servicio, aunque deban violentar su esencia. Los que se llenaban la boca al hablar de una justicia independiente, son los que pugnan por volverla dependiente de sus caprichos. Los que condenaban perseguir al que piensa distinto son los que impulsan la proscripción del kirchnerismo.
El cambio es una estafa de tal magnitud que su ilegitimidad es evidente. Más temprano que tarde, deberán demostrar la intención de cumplir con sus promesas de campaña, puesto que no pueden explicar cómo con sus medidas destructivas podrán hacerlas realidad. El escalón del que venimos es muy alto y no nos van a empujar tan fácilmente. El túnel ya nos asfixia y la luz ni se asoma: si no nos sacan cuanto antes, tendremos que fabricar nuestra propia salida.

4 comentarios:

  1. al final del gran magnanimo and beutiful tunel ma que proscripción KK lo que terminaron proscribiendo son los negocios pero tal como dice uste: de clientes!!!

    dejo un cantito:
    Son una consultora la puta que lo pario son una consultora la puta que lo pariu!!!

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  2. Claro que tenemos que salir por nuestra cuenta, una vez que se despierten los engatusados por los globos y los dirigentes se pongan los pantalones largos. Si no los frenamos pronto, nos destruyen para siempre. Un apunte muy valiente. Felicitaciones. Juan Carlos Ramires

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  3. Es necesario construir la unidad para la salida de esta pauperizacion forzada. Pero en ese camino, debe evitarse la argaMASSA del engaño: no hay lugar para un per*nism* de comodín, descafeinado. Esa es la baraja que prepara el Poder.

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  4. Impecable exposición. De quienes me anteceden en comentarios suscribo "apunte valiente" y "debe evitarse la argamassa.. Es la baraja que prepara el Poder". Comentario valiente. Criterioso. Sin descalificar ni insultar. Basado en hecho reales. Felicitaciones!!!!

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