lunes, 5 de septiembre de 2016

La gran ensalada argentina



En estos tiempos amarillos, todo está trastocado. La normalidad macrista altera los conceptos y desorienta las conciencias. Mientras un funcionario fundamenta su experticia en “El rincón del vago”, la ministra de Seguridad alienta la justicia por mano propia. Mientras el ministro de Hacienda considera que un desempleado debería sentirse feliz por contribuir al cambio con su infortunio, demonizan a un propio para después salir a defenderlo, en una auto-operación incomprensible. Tan confusa es esta revolución que la alegría parece tristeza y algunos opositores, oficialistas. Tanto que hasta los chinos se confunden de foto en los folletos de la Cumbre del G-20. No es para menos, si los que antes hacían campaña por el PRO ahora no paran de cuestionar sus medidas. Hasta Miguel Ángel Broda augura que vamos camino al desastre y desmiente la cantinela de la pesada herencia. Hasta el diario El País, de España, que otrora fotocopiaba los titulares anti K de Clarín, ahora sentencia que “Macri está poniendo a prueba la paciencia de los argentinos”. Y sí, tanto desconcierto vulnera la paciencia más resistente y la nuestra no parece ser de esa clase.
En medio de tanto barullo fáctico, los actores de este culebrón no saben dónde situarse. La itinerante Margarita Stolbizer estacionó su progresismo en el Frente Renovador, una especie de sala de maquillaje para los que no les da la cara para ser oficialistas ni les alcanza el cuero para ser opositores. Como una heroína decimonónica, pasea su humanidad por tribunales y estudios televisivos en pos de una transparencia supra mundana. El único problema es que su foto-fóbica mirada sólo dirige sus sospechas hacia el kirchnerismo y no a la fuerza gobernante, donde encontraría casos más sólidos. Su contribución a la causa republicana se sintetiza en su último libro, en el que pone toda la carne en el asador y se inmola para destruir a Cristina.
Su contenido debe ser tan trascendente que entregó, de manera ceremoniosa, un ejemplar al empresidente antes de su partida a China, para que alimente su veneno durante el largo trayecto. La elección del título del libro es lo que desconcierta: “Yo acuso”, afanado sin pudor de un testimonio del heroísmo de Emile Zola, que denunciaba al presidente de entonces una injusticia cometida por el propio oficialismo al condenar por traición a un inocente. En el libelo de Stolbizer se trastoca todo porque ella forma parte del sistema que quiere poner tras las rejas a alguien a quien no le han encontrado culpabilidad en nada de lo que la acusan. Así es el cambio, tan cambiante que ahuyenta su comprensión.
Promesas que no fueron
Extraña confusión la de los chinos en la cumbre del G-20. ¿Cómo van a poner la foto de Franco como si fuera el presidente? Un error muy sospechoso; comprensible si compartieran nombre de pila, como suele ocurrir en las familias ilustres. O una venganza muy pueril, por todo lo que Macri ha denostado la alianza estratégica con China durante los últimos años. Hasta el swap de monedas que terminó usando para financiar la fuga de divisas fue blanco de sus diatribas. El pez por la boca muere, decían los abuelos y, en este caso, el castigo fue una cara equivocada. La sorpresa que se habrán llevado los asistentes cuando el que veían hablar como presidente de los argentinos tenía un aspecto diferente al que aparecía en los folletos. El fraude PRO trasciende las fronteras.
Más sorpresa habrá sido escuchar la tontería del aislamiento del mundo en la cumbre de un organismo del que Argentina participa desde hace años. Puertas adentro puede haber funcionado para indignar a los incautos, pero ante personajes que han tratado con nuestro país sobre múltiples asuntos no es más que un absurdo. En una mini-cumbre con empresarios, el Ocupante Temporal de La Rosada declaró que “Argentina empezó una nueva etapa porque dejamos atrás una década de aislamiento”. Entre la confusión de la foto y esta brillante apreciación, los miembros del auditorio debieron creen que nuestro país se sitúa en una galaxia muy lejana.
 Y mientras Macri trataba de vender las bondades del Cambio, los miembros de la Cumbre recibían las noticias sobre la Marcha Federal, una contundente manifestación contra esas bondades. Explicar a un observador extranjero la actualidad argentina sin alterar su equilibrio emocional es trabajo para nigromantes. Una masiva movilización opositora desde todos los puntos del país para rechazar las medidas tomadas en los primeros meses de un gobierno que ganó con el 51 por ciento de los votos ya es difícil de comprender. Si a eso agregamos que para las voces oficiales la organización estuvo a cargo de la minoritaria fuerza política que perdió las elecciones, nuestro oyente ya está listo para el diván. Añadir que la imagen positiva de la ex presidenta trepa en proporción a la demonización obsesiva de los medios dominantes sería condenarlo al chaleco de fuerza. De pura maldad, uno podría aportar que la imagen positiva de Macri está en picada desde hace meses y que hoy pende de un cuarenta por ciento menguante. Así, nuestro oyente internacional se lanzaría por la primera ventana que encuentre.
Ante este enloquecedor panorama, la lluvia de dólares no se hará realidad aunque el empresidente suplique por inversiones y cuando vengan, las concesiones para tentarlas habrán sido tantas que no producirán ningún beneficio para nuestro país. De todas formas, aunque Obama felicite a Macri, los potenciales inversores no soltarán un centavo hasta después de las elecciones legislativas. Y para nosotros, pensar en las elecciones es un lujo que no nos podemos dar porque hay muchos derechos que son amenazados ahora. Porque el túnel en el que nos metieron no nos conduce al lugar a donde queremos llegar. Porque en lugar de combatir la pobreza están multiplicando a los pobres, en lugar de defender nuestros intereses nos están poniendo una bandera de remate, en lugar de proteger a los más indefensos gestionan para incrementar el poder de los poderosos.
La Argentina del cambio es una pesadilla recurrente que desconcertaría a Freud. A pesar de que todos los números son preocupantes, los miembros del Gran Equipo se muestran exitosos y optimistas. Y los que no se someten al purgatorio inevitable, son tildados de intolerantes y destituyentes. Una locura: los que apoyan el golpe de Estado en Brasil pontifican sobre democracia. Si la vida en Argentina está tumultuosa no es por abundancia de subversivos, sino porque las encantadoras máscaras de la campaña ya dejan de ocultar el verdadero rostro del cambio. La única promesa que se está convirtiendo en realidad es la de unir a los argentinos: cada vez somos más los que resistimos la ceocracia gobernante. Eso es todo un logro.

2 comentarios:

  1. Eso de "los que no les da la cara para ser oficialistas ni les alcanza el cuero para ser opositores" me recuerda aquello de "Ni oficialistas ni opositres sino todo lo contrario"
    Respecto de la foto confundida, me llamó mucho la atención habida cuenta que Franco Macri ha sido un asiduo visitante de las altas esferas gubernamentales chinas y ha sido un pionero en abrir mercados allá.

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  2. Estos tipos actúan como improvisados aunque responden a un plan de entrega elaborado fuera de nuestras fronteras. Las corporaciones están gobernando al mundo y los presidentes son apenas piezas desechables. Javier Hernández

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