lunes, 26 de marzo de 2018

Un régimen que apesta


Hace un tiempo, un veterano periodista obsecuente comparó a Macri con Nelson Mandela, después, con Perón y ahora con el Che Guevara. O el empresidente no tiene personalidad o Majul traspapeló los parámetros. O ambos son cualquier cosa menos lo que dicen ser. Tal vez, de tanto confundir, los voceros del establishment padecen un extravío crónico. Tanto, que hasta entran en pánico porque el modelo por el que bregaron está provocando una crisis histórica. Ni siquiera les sale la pueril demonización del kirchnerismo, desmontada de un plumazo cuando algunos jueces se acuerdan de las leyes. Si no fuera por la desinformación que orquestan las usinas mediáticas, los amarillos no durarían ni un suspiro o lo que demoren los individuos que confiaron en ellos para descubrir el engaño del que han sido víctimas y reaccionen en consecuencia.
Mientras el Gran Equipo provoca desastres para beneficiarse con el fatal desenlace, las tapas, editoriales y zócalos hegemónicos siguen pataleando contra el gobierno anterior. Y eso que los secuaces de Macri despliegan su oscuridad para protagonizar miles de titulares. Pero, como “la realidad se puede tapar o se puede hacer tapa”, Clarín, TN y todos sus satélites insisten con explotar la credulidad de su público cautivo. Y los mercenarios disfrazados de periodistas –esos que despotricaban contra la militancia de 678- babean su bilis ante las cámaras porque la represalia justiciera que tanto han abonado no llega a buen puerto. Las prisiones ilegales que han aplaudido con frenesí empiezan a abrir sus puertas para que recuperen la libertad los que lucharon por la dignidad del pueblo. Las patrañas que amplificaron para condenar los logros de la Década Ganada se tropiezan con sus torpes patas. Y algunos jueces y fiscales se atreven a contradecir los deseos vengativos del Poder Real representado por el macrismo.
Justo el Día de la Memoria Carlos Zannini y Luis D’Elía salen de las sombras para marchar por las calles junto a miles de gargantas que repudian la amnesia oficial, la domiciliaria para genocidas y las propuestas de reconciliación que cada tanto vomitan. No basta con las frases veganas de la gobernadora Vidal ni los balbuceos de Macri leídos del telepromter para simular compromiso. Difícil olvidar que el Gerente de La Rosada SA prometió terminar con “el curro de los DDHH” y que el año pasado calificó a la Dictadura como “algo terrible que nos pasó”, como si hablara de un terremoto o un tornado. Por más que recite ante los asistentes a la inauguración de la Asamblea Anual del BID “Nunca Más a la violación de los derechos humanos, a la violencia y al terrorismo de Estado”, su padre, él y muchos empresarios se beneficiaron con las políticas de endeudamiento y represión de las Juntas Militares.
Antorchas en el túnel
Los banqueros y financistas deben haber aplaudido la hipócrita frase del Ingeniero sin tener en cuenta que el modelo que ejecuta es el mismo de aquella época, recrudecido pero con mejor maquillaje, sin desaparecidos pero con asesinados, sin torturados pero con muchos excluidos, con represión sincerada, amenazas constantes y persecución permanente. Aunque Mauricio trate de conmover con un fingido Nunca Más, de las 592 causas judiciales por delitos de lesa humanidad, la mitad permanece en instrucción desde hace tres años y las restantes están estancadas. Aunque finja repulsa, postula como procuradora general a Inés Weinberg de Roca, cuyo marido –además de ostentar apellido conquistador- fue funcionario de Onganía y Galtieri, dos dictadores emblemáticos. Aunque haya abandonado la intención de anular el feriado, desmanteló las áreas de DDHH en las dependencias del Estado. Por más que se ponga una máscara de ocasión, no puede disimular la incomodidad con estos temas ni la coincidencia con el ideario de los genocidas.
Además de la hipocresía, los PRO exudan contradicciones. Mientras Cristina, Timerman, Zannini y muchos más están procesados por el inexistente encubrimiento en el memorando con Irán, los verdaderos encubridores del atentado a la AMIA disfrutan de un prolongado juicio que sabe a impunidad. Claudio Bonadío -separado a pedido de Alberto Nisman por encubrir a los encubridores- es el que se encargó de convertir la absurda denuncia del suicidado fiscal en un dictamen rumbo a un insostenible juicio oral. El juez encubridor acusó por encubrimiento a los que propusieron interrogar a los sospechosos con un mecanismo que ya se había utilizado en dos ocasiones. Y los que prometían no perseguir a los que piensan distinto utilizan el martillo de los jueces para abollar disidencias.
Al aire fresco que significan las advertencias de algunos jueces camaristas y de la Corte Suprema sobre la difusión de escuchas ilegales y la distribución arbitraria de encarcelamientos –doctrina Irurzun- se suma la visita de un personaje iluminador: el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa. En todas las entrevistas, Correa exhibió sus convicciones y alertó sobre los duros momentos que vive América Latina por el retorno de las políticas neoliberales. Para eso, el establishment puso en marcha “un nuevo Plan Cóndor contra ex presidentes”, para impulsar “denuncias falsas de corrupción”, destruir su reputación y “dejarlos afuera del juego electoral”.
Esta estrategia de proscripción –aseguró el ecuatoriano- no sería posible “sin la complicidad de los medios de comunicación” que priorizan el lucro por sobre su rol informativo. Y aportó una frase para orientar los pasos: “hemos cambiado el Estado de derecho por el Estado de opinión”, gracias a la docilidad del público cautivo. Para que no queden dudas, sentenció que “una buena prensa es vital para la democracia” pues la que estamos padeciendo de manos de las corporaciones es fatal. Y para que no queden dudas, concluyó que “si hoy no te sometes a los medios, ellos te muestran con más ganas quién es el que manda; eso se llama manipulación”.
Aunque el descontento creciente sea alentador y el hit del verano brote en todos los rincones, aunque la canción anónima de los partisanos Bella Ciao –popularizada por la serie española La casa de papel- se haya transformado en Macri chau y circule por las redes, todavía falta mucho para que retorne la luz de la conciencia colectiva. Mientras queden creyentes en la Pesada Herencia, despreciadores de manifestantes y colonizados televidentes, el camino hacia el país de todos y para todos no está garantizado. Reconocer el error del voto es un paso necesario pero no sirve de nada si siguen alimentado su confusión con las infundadas falacias de las usinas de estiércol, si continúan regalando rating a los propaladores de prejuicios disfrazados de amables comensales, si prefieren potenciar su cautiverio con recicladas denuncias de corrupción. Para encontrar la luz, hay que abandonar la oscuridad. Pero todavía falta un poco para eso. 

2 comentarios:

  1. Estremecedor... Mucho... pero, reconfortante porque alguien reproduce la realidad, y, sin más... Gracias!!!...

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Sin errores ni excesos

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