jueves, 29 de marzo de 2018

Milagros de Pascua


Ante la menor disidencia, los paladines del diálogo y el consenso revolean una falsa denuncia, jubilan a la fuerza, orquestan un juicio político, diseñan titulares mafiosos o esgrimen el legendario bastón tonfa, relanzado como una novedad. Cualquier cosa menos mejorar la vida de la mayoría. Hasta un vendedor de sándwiches de salame terminó saqueado y esposado por efectivos policiales y eso que el ideario amarillo alienta el emprendedurismo. Menos mal que, gracias a tanta violencia, el joven conquistó la fama y su negocio puede volverse próspero. Pero no todas las víctimas tienen la misma suerte. Sobre todo los que no sobreviven a la prepotencia de los que parecen más enemigos que representantes temporales de la voluntad de la ciudadanía.
Una voluntad –vale recordar- mancillada por falsas promesas de campaña y mucha manipulación mediática. No sólo de los medios tradicionales, sino a través de mecanismos no muy transparentes en las redes sociales con los famosos trolls, operadores rentados disfrazados de usuarios que se dedican a desviar el entendimiento con noticias falsas. Estas tretas oscuras resultarían inefectivas si no explotaran los prejuicios de un público siempre dispuesto a indignarse con cualquier falacia que los confirmen. Individuos capaces de golpear a una pareja homosexual por tomarse de las manos o al sospechoso de un robo que no se ha producido; de condenar a los mapuches por querer recuperar tierras ancestrales usurpadas por multimillonarios extranjeros; de despreciar a bolivianos, paraguayos o brasileros que vienen a nuestro país a encontrar un mejor destino.
Y esto se agrava con el uso electoral de los datos privados sin el consentimiento de los titulares de las cuentas. Gustos, afinidades, anécdotas, fobias y poses fueron vendidas por Facebook para que algunos políticos internacionales puedan conquistar las preferencias electorales. Uno de los popes de esta estratagema es Jim Messina, que después de robar información, asesoró a Theresa May, Enrique Peña Nieto, Matteo Renzi, Mariano Rajoy y, por supuesto, a Mauricio Macri. Así, el candidato sabe a qué fibra íntima de sus posibles votantes apuntar para conquistarlos, aunque eso no se transforme en medidas concretas. Por eso los infames exponentes del Cambio se mostraron tan tiernos durante la campaña. Si hubieran anunciado que pretendían profundizar la desigualdad que estaba disminuyendo, los resultados habrían sido otros.
Con el perfil de los cibernautas en sus manos pueden acceder al nivel informativo e intelectual de los destinatarios de sus nefandas consignas y a las respuestas que despiertan sus patrañas para amoldar odiadores a su antojo. Así, se atreven a anunciar con bombos y platillos que ha bajado la pobreza, aunque no hayan movido un dedo para lograrlo.
Sorpresas que no sorprenden
En verdad, para creer lo que dicen los PRO hay que ser un necio o tan perverso como ellos. O las dos cosas, para lograr que Macri siga ostentando una inmerecida imagen positiva superior al 40 por ciento. A pocas horas de que el Observatorio Social de la UCA –el faro del oficialismo cuando era oposición- advirtió un crecimiento de la pobreza, el Gerente de La Rosada SA festejó sin bailecito pero similar parafernalia, que en 2017 bajó al 25,7 por ciento la cantidad de personas con ingresos insuficientes. Y lo más sorprendente de todo es que la indigencia afecta apenas al 4,8 por ciento de los argentinos. Si esto fuera cierto, habría que ponerse feliz y abandonar la búsqueda de la quinta pata al gato, la hiena o el animal que sea.
Pero estos exponentes de la fauna vernácula tienen más patas que un arácnido; por eso es muy fácil encontrarlas. La trampa está a la vista, porque para arribar a estos datos toman como referencia una canasta básica total de tan sólo 5130 pesos. Si Guillermo Moreno tuvo que transitar durante años los tribunales por las cifras del INDEC para después quedar sobreseído, a estos tránsfugas deberían condenarlos a varias cuarentenas hasta que dejen de mentir tanto. Una canasta básica que, hace unos días, el civilizado INDEC de Todesca ubicó este año en 17537 pesos para no ser pobre y en 6987 para no ser indigente. Si la canasta básica medida por el mismo organismo pasó de 5130 pesos a 17537 en pocos meses, estamos ante una inflación galopante y no de entre el 2 y el 3 por ciento que se anticipa o del 15 anual que el Gran Equipo quiere imponer. Hasta ellos se confunden en la invisible Macrilandia.
Además, cualquiera con media falange de frente puede intuir que la pobreza no puede bajar en una economía con inflación, tarifazos, depresión del mercado interno y una ola de despidos que no cesa. Salvo en un país ubicado en una dimensión donde la magia sea realidad. Alguno se puede ilusionar con las cifras turísticas del fin de semana largo, pero esas escapadas son posibles para los que aún no han sido alcanzados por el brutal ajuste amarillo.
Si es posible bajar tres puntos de pobreza en seis meses mientras los comedores comunitarios aumentan su concurrencia, también se puede respetar la independencia judicial amenazando a los jueces que fallan contra los deseos del establishment, consolidar la República malversando leyes a fuerza de decretos y no perseguir al que piensa distinto controlando con carpetazos a los exponentes de la oposición. También se puede atraer inversiones a una economía que sólo crece en la timba mientras la mayoría de los funcionarios guarda su dinero afuera. “Sí, se puede” construir un país más justo derramando injusticias. Con el Cambio, todo es posible, mientras el discurso oficial siga entorpeciendo el entendimiento de la ciudadanía con obscenas mentiras engalanadas con cintas de dudosa veracidad.

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