sábado, 28 de enero de 2012

La fuerza de una agenda

      El paisaje playero es cambiante. Un camino hacia el mar se modifica en un ida y vuelta. Uno cierra los ojos unos minutos y al abrirlos la geografía ha cambiado. El boom de la construcción ha llegado a la playa y las carpas, parasoles, sombrillas, bolsos, bolsones, canastos, sillitas, reposeras, conservadoras se convierten en fuerzas de ocupación de cualquier espacio libre, hasta del que uno ha dejado entre mano y mano. El playero coloniza con cierta prepotencia simpática. ¿Se habrá basado en una experiencia de este tipo David Cameron al decir que los argentinos somos ‘colonialistas’? A la escalada militarista por parte del Reino Unido, nuestro país puede responder con una invasión a las islas con tres mil bañistas bien entrenados que la ocupen en su totalidad con sus pertrechos de playa. Tal vez los soldados ingleses respondan con disparos de protector solar. Y entonces, nuestra arma letal: nutridas huestes de vendedores ambulantes que harán las delicias de los kelpers. Un sueño, pero podría resultar. Todo esto mientras el equipo de CFK continúa con su estrategia diplomática, que está dando buenos resultados de acuerdo a los apoyos recibidos por la causa Malvinas.
Como Cristina es muy ‘malvinera’, en el Discurso del Reencuentro no pudo dejar de hacer alusión al tema. La Presidenta evitó cualquier tipo de exabrupto pero se refirió a la soberanía de las islas desde el punto de vista simbólico, político y económico. Y demostró que Argentina quiere discutir la soberanía sobre las islas con la ley internacional en la mano, dejando de lado el belicismo, la retórica y la trampa. Si todavía existe el reproche por la guerra de la que en breve se cumplirán treinta años, ella se encargó de dejar sentado su punto de vista. En abril de 1982, la locura –para no ser tan crudo- de la guerra “fue una decisión de la dictadura, no del pueblo” y tuvo como objetivo ocultar los crímenes atroces que estaba cometiendo el gobierno de facto en nuestro país. La actitud de Argentina es diferente a la de aquel momento porque la situación es diferente.
A tal punto que en este tema no hay oposición posible porque la soberanía sobre las Islas Malvinas es una herida que gotea desde 1833, cuando los habitantes argentinos fueron desalojados por las fuerzas de ocupación inglesas. Por eso se convierte en un símbolo. Nos sentimos exiliados de esas islas, de tan entrañables que son. Nada de autodeterminación. No corresponde. Desde 1983, cuando el Parlamento Británico sancionó la ley llamada “British Nationality Falklands Islands Acts”, los habitantes de Malvinas son ciudadanos británicos. No son una nación invadida. En todo caso, ciudadanos de una nación invasora. Pero los Kelpers también tienen derechos en la cotidianeidad de las islas. Muchas generaciones. Son tan nativos como los cuarenta millones. Aunque eso no les da derecho a constituirse como un país aparte, por más que insistan con su banderita.
Por eso es importante sentarse a dialogar, como lo viene proponiendo Argentina desde el retorno a la democracia y con mayor contundencia, en los últimos años. Además, haber logrado el apoyo conjunto de América Latina y extender la causa a toda la región es dar un golpe político muy fuerte. Frente a esto, los diplomáticos del reino salen a decir incoherencias, porque no tienen argumentos y se ven acorralados. Si hasta sus primos piden que se sienten a dialogar. El canciller británico William Haguen señaló que Argentina “debe detener sus intentos de intimidación de la población civil de las islas” si se desea progresar en la negociación, para pasar “a otra etapa, que no consistiría en la discusión sobre soberanía sino acerca de los medios para trabajar juntos por el interés común en el Atlántico Sur”. Brillante: de usurpados pasaríamos a ser colaboradores de la colonia. O cómplices de los colonizadores, lo que sería peor que nuestra situación actual. Y el ministro de Defensa, Gerald Howarth, quien acusó de belicoso a nuestro país, explicó en la Cámara de los Comunes que “las preocupaciones de defensa están extendidas por todo el país, en particular a la luz de la belicosidad argentina”. Además, aclaró que nuestro país no tiene “ni la capacidad ni la intención de repetir la locura de 1982 y que la fuerza disuasoria en las islas está a la altura de lo requerido”. Para que quede claro, no es que no tengamos la intención porque nos falta capacidad, sino que nos falta capacidad porque no tenemos la intención.
La Cámara de Senadores interrumpió su descanso estival para repudiar en conjunto la actitud provocativa del Reino Unido. “La Unión Cívica Radical respalda a la Presidenta de la Nación y al canciller Timerman –declaró el senador Gerardo Morales- Se trata de un tema en el que no puede haber fisuras por diferencias partidarias”. El socialista Rubén Giustiniani entiende que “las declaraciones del primer ministro británico David Cameron fueron definitivamente un exabrupto como consecuencia de la historia”. En la sesión estaba presente el canciller Héctor Timerman, invitado por el bloque de senadores oficialistas, lo que causó sorpresa en el resto de los legisladores, aunque no malestar. El funcionario explicó que en 1965 la Asamblea de las Naciones Unidas “reconoció que el diferendo entre la Argentina y el Reino Unido era una manifestación de un problema colonial y que la única forma de afrontarlo debía ser la negociación directa”. Para reforzar la preocupación manifestada por CFK en el Discurso del Reencuentro, Timerman recordó que la ONU estableció que mientras se mantenga el conflicto no debe introducirse en la zona ningún elemento que altere la situación anterior al inicio de la guerra. “Gran Bretaña desobedeció esta recomendación y se aprestó a utilizar, explotar y beneficiarse con los recursos naturales renovables y no renovables que existen en el territorio ocupado”, lo que “implica un severo riesgo ambiental” porque un accidente podría desencadenar un “caos ecológico” para toda la región. Además, es saqueo de recursos ajenos. Piratería, sin más vueltas.
Cuando la Presidenta hizo referencia al momento en que se le dio a conocer el falso positivo, contó que el cirujano Pedro Saco, después de mostrarse perplejo le manifestó que estos casos constituyen sólo el 2 por ciento. “Soy científico –explicó el médico- y no puedo afirmar que esto sea un milagro”. “Deje que lo digo yo” dice la Presidenta que le respondió. Estadística y milagro. Ambas cosas se conjugan en esta breve anécdota que Cristina compartió el último miércoles. Ella tiene la capacidad de convertir las estadísticas en milagro, y también a la inversa. Con Malvinas puede pasar algo parecido. Que un ‘no’ se transforme en un ‘sí’. Un triunfo diplomático sobre la ‘piratesca’ posición de la Corona –la estadística, mínima- significaría un milagro para el espíritu nacional. La victoria en la recuperación de la soberanía sobre las islas.
Y la Presidenta también anunció una profunda medida de soberanía: ordenará la apertura del “Informe Rattenbach”. Este documento fue elaborado por la Comisión de Análisis y Evaluación de Responsabilidades por el Conflicto del Atlántico Sur, presidida por el teniente Benjamín Rattenbach y creada el 2 de diciembre de 1982 por un decreto de la última junta militar. El 16 de septiembre de 1983, la comisión entregó un informe de 890 puntos con diez anexos, cuyo contenido bastaba para “hacer fusilar a los responsables”, que se archivó como reservado y nunca se hizo público. Conocer la verdad en este tema también es una cuestión de soberanía. Después de veinte días de licencia médica, la Presidenta retomó sus funciones con la férrea intención de ser ella quien marque la agenda. A sólo unos días, gana por puntos.

1 comentario:

  1. Gana por puntos y por NOut, como se le antoje. Es única, irrepetible y tan argentina como el dulce de leche. Pero que no se engolosine con los piratas, son peligrosos y traicioneros. Y en eso llevan siglos de experiencia.

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