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viernes, 23 de noviembre de 2012

Algunos buitres contra la Soberanía


El paro nacional del martes quedó como un intento ineficaz para golpear al Gobierno Nacional. Como un cacerolazo chiquito pero con cacerolas enormes. Que muchos no trabajaron ese día es casi indiscutible. Eso sí, más por cortes, bloqueos, aprietes y amenazas que por otra cosa. Sólo alcanzó para un par de titulares insidiosos y algunos alucinados análisis. El 20N fue un agónico eco del 8N con pretensiones de perturbar el 7D. Algunos se lamentan por la división que el kirchnerismo ha provocado en la sociedad. División que –según dicen- se manifiesta en la familia, amigos y grupos de trabajo. Quizá eso que llaman ‘división’ no sea más que la resistencia de una minoría a acatar la voluntad de la mayoría. Entonces, más que fractura, habría sedición. Otros también se lamentan por la violencia verbal que abunda en estos tiempos, a tal punto que un célebre personaje de la política vernácula repite hasta el hartazgo que “hay que bajar el nivel de agresividad”. Y los que se quejan son los que más utilizan terminología de alto impacto para referirse a La Presidenta y su equipo. En fin, hermosos tiempos estamos viviendo. Los que más alientan estas tontuelas y melodramáticas endechas son los que no han tenido ningún reparo en someter al país a sus peores crisis. Por el contrario, gozaron de enormes ganancias –que en algún momento deberían devolver, al menos en parte- con el sufrimiento de casi todo el pueblo. Y, en lugar de intentar un severo autocontrol de sus angurrias destructivas, emprenden un feroz bombardeo para someternos nuevamente.
La incontinencia terminológica del diputado Carlos Kunkel resulta siempre divertida. Con la condición de que haya predisposición al buen humor y no se recurra a los golpes. "En política no hay lugar para boludos –explicó el legislador- salvo que tengan mucha plata, como Macri, y lo banquen las corporaciones". No es cuestión de apelar al ojo por ojo, pero de Cristina han dicho cosas peores –y encima, sin fundamento-, barriendo todo un espectro que parte desde las especulaciones sobre su salud psíquica a los extremismos ideológicos, pasando por patologías consumistas y demás defectos de su carácter. Hasta llegaron a insinuar un affaire con Boudou y una relación erótica con el Poder. Y se enojan porque Kunkel tomó como ejemplo al Jefe de Gobierno porteño para teorizar sobre política. Para cerrar el episodio, el diputado K apeló a una salida más graciosa: "le dije boludo a Macri de onda".
Y onda es lo que le sobra a la gente del PRO. Como parte del ala joven del kirchnerismo es conocida como La Cámpora, la muchachada amarilla eligió a Solano Lima para identificarse, como si el vicepresidente electo en el 73 fuese antagonista del presidente Cámpora. Una especie de Cobos vs Cristina pero con tonos setentosos. Como saben más de marketing que de política y de historia, metieron la pata. Y en un exceso de humaradas, el 8N proyectaron sobre una de las paredes del obelisco una caricatura que mostraba la ejecución por ahorcamiento de Cristina, Boudou, Nilda Garré y Aníbal Fernández y la firma inconfundible de esa agrupación, la Solano Lima. Los chistes vip son así, saben a humillación, a ninguneo, a destitución, a racismo. Pero a Munira Amura, la viuda de Solano Lima, no le resultó divertido que el nombre de su marido esté asociado con esa derecha apolillada. “Un dirigente justicialista y un patriota con 50 años de vida política no participaría nunca con el sector que está usando su nombre”, afirmó un poco indignada. Aunque no apeló a las caracterizaciones políticas de Kunkel, Amura explicó que “si Solano Lima estuviese vivo, estaría acompañando a la Presidenta y comprometido con la juventud como lo hizo en los años ’70”. Como si no fuera suficiente tanto polvo para morder, aseguró que “él estaría encantado con Máximo y contento con todos y cada uno de los jóvenes que participan en la vida política y acompañan este proyecto”. Y para cerrar con el perfil del ex vicepresidente, Munira Amura destacó que era “un patriota que trabajó siempre en función de los intereses de la patria y los trabajadores populares”. Algo que nada tiene que ver con las fuerzas amarillas. ¿Quedó claro?
Lo que no está claro es cómo va a terminar el picoteo de los buitres. Elliot, NML Capital, Dart, Aurelius, AC Paster y Blue Angel son sus nombres. En febrero comenzaron a presionar desde el juzgado de Nueva York, con Thomas Griesa como ariete, para cobrar sus bonos por fuera de los canjes de deuda de 2005 y 2010. Argentina los discrimina, dicen y exigen un trato igualitario. Si así fuese, aceptarían cobrar lo mismo que cobrarán los tenedores que sí aceptaron una renegociación, no la totalidad más los intereses. Para el ministro de Economía, Hernán Lorenzino estamos “presenciando un caso de colonialismo judicial: alguien en un juzgado de un país importante toma definiciones que van por encima de leyes e instituciones, no sólo de la Argentina, sino de otros países; algo que el sistema financiero internacional no debería aceptar”. Tanto enojo no es en vano: Griesa aconseja que Argentina abone a estos especuladores unos 1330 millones de dólares, en efectivo y en un solo pago. El ministro explicó que el Estado enviará a la Cámara de Apelación neoyorquina un “pedido de revisión”, porque la actitud de Griesa “vulnera la soberanía argentina en muchos aspectos, así como también la de agentes internacionales de pago”.
En estos días, algunas voces criollas sugirieron la posibilidad de que se pague en esos términos a los carroñeros mimetizados como financistas. Esto desalentaría en el futuro cualquier acuerdo entre deudores y acreedores, porque deja como bobos a los que negociaron una quita en los intereses. “No creemos que sea una solución justa, como dice Griesa, pagarles a esos fondos buitre y menos hacerlo a costa de quienes con su esfuerzo hicieron todo para que la Argentina esté hoy en condiciones de cumplir con sus deudas a los acreedores, que aceptaron una quita inédita y plazo muy largos de pago”, enfatizó Lorenzino. Además, estos especuladores saben que lo que pretenden es imposible –y Griesa también- pero insisten para que Argentina entre en default técnico, lo que les permitiría cobrar cuantiosas sumas de dinero por parte de las aseguradoras. Que quede claro: no quieren cobrar, sino desestabilizar.
Para demostrar que los argentinos no estamos tan divididos, buena parte de los exponentes de la oposición consideraron excesiva la recomendación del Juez Imperial. El ex candidato presidencial, Ricardo Alfonsín, calificó el fallo como “lamentable” y anticipó que “puede tener implicancias muy negativas no sólo para la Argentina sino para cualquier país que se encuentre en situación de grave emergencia económica o financiera”. “En casos como éstos están en juego derechos y principios que pueden entrar en contradicción. Griesa ha ponderado mal las jerarquías existentes”, denunció Alfonsín. Para el diputado Alfonso Prat Gay, “el fallo es sorprendente y durísimo y es de imposible cumplimiento”. Federico Pinedo, diputado amarillo, publicitó un proyecto de ley para incorporar a los buitres en el último acuerdo y recomendó a los funcionarios argentinos “que dejen de usar violencia verbal efectista, porque las consecuencias las terminan pagando los argentinos. El fallo de Griesa es, de alguna manera, respuesta a bravuconadas de funcionarios argentinos”. Claro, nada dice de las atribuciones que se toma Griesa, que se originan en los acuerdos de deuda firmados a mediados de los noventa, años dorados para la derecha nostálgica.
“Rechazo este fallo del juez Griesa, que es lesivo a la República Argentina –se exaltó el socialista Rubén Giustiniani– El Congreso de la Nación debe reafirmar la voluntad soberana en el sentido del canje de la deuda como lo realizó en su momento sin aceptar las presiones de los fondos buitre”. Hasta Victoria Donda, de Libres del Sur, consideró vulnerada nuestra soberanía: “les ofrecimos dos veces el canje de deuda y no entraron, especulando con un fallo de estas características, con una deuda inflada. Es un fallo profundamente injusto”. Tanto despliegue verbal en defensa de los intereses nacionales, realmente emociona. Ante los injustos ataques que vienen del exterior, primero están los colores. Eso sí, duele un poco que Moyano y su ballet haya elegido el día de la Soberanía para realizar una muestra mezquina de su deteriorado poder. Pero un poco, nada más. Mucho hay para celebrar y mucho para construir, porque este nuevo país recién empieza.

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