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miércoles, 20 de febrero de 2013

Faros contra personajes sombríos

    El triunfo de Rafael Correa en Ecuador confirma el rumbo común de varios países de la región y fortalece este proceso que busca desterrar el neoliberalismo para siempre. También muestra quiénes son los adversarios que aspiran a convertirse en enemigos. Enemigos porque, lejos de proponer un camino diferente para construir un país mejor, conspiran para aplicar un programa económico que dejaría en la exclusión a gran parte de los ciudadanos. Enemigos porque insisten en anteponer sus mezquinos intereses a cualquier objetivo comunitario, sobre todo aquél que apunta a convertir la exclusión en una sombra del pasado. Confabulaciones, mentiras, amenazas y demás estratagemas conducentes a producir algún sacudón en la escena política para obligar a los mandatarios a que obedezcan sus órdenes. Eso es lo que Ellos llaman consenso. Los carroñeros vernáculos atacan desde distintos flancos, con la ilusión de acorralar al Gobierno Nacional y comenzar a debilitarlo. Lejos de proponer una manera para mejorar las cosas, buscan empeorarlas, porque de los escenarios agitados es de donde obtienen mayores ganancias. Ya están tan en evidencia que no significa un desafío denunciar sus inmundicias. Eso sí: resulta muy divertido, aunque un poco doloroso.
El Presidente ecuatoriano arrasó en los comicios del domingo y no sólo obtuvo una nueva reelección, sino también dio cátedra. Con casi el 57 por ciento de los votos, dedicó el triunfo a los seguidores de la “patria chica” ecuatoriana y la “patria grande” americana. Guillermo Lasso, el banquero que se convirtió en opositor, quedó lejos con el 25 por ciento de los sufragios. En su discurso de aceptación de la derrota, Lasso prometió a quienes no lo votaron que “seguirá respetándolos”. Menos mal, todos tranquilos. “A esta revolución no la para nadie –señaló Correa- Estamos construyendo la patria chica, Ecuador, y la patria grande, nuestra América. Esta victoria es de ustedes, ¡que viva la patria!”.
La conferencia de prensa que brindó después de los comicios se convirtió en un compendio de los motivos de la victoria. “Aquí ya no mandan la partidocracia, ni la bancocracia, ni los medios de comunicación, ni el Fondo Monetario Internacional”, anunció varias veces, desatando el entusiasmo del público. Para Correa, el desafío para los próximos años será “hacer irreversible el cambio” en la lucha contra la pobreza. Y aquí viene lo más contundente. Cuando le preguntaron si tendería puentes hacia la oposición, el Mandatario explicó que no hablaría con una dirigencia “impresentable”, como Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa. “¿Qué se puede debatir con ellos? Son los demagogos, los que no presentaron ninguna propuesta y han sido los grandes derrotados”, afirmó.
Pero no han sido los únicos. “Otras de las grandes derrotadas es la prensa mercantilista, que conspiró y desinformó”, especificó Correa. Y, por las dudas, explicó: “una de las cosas que hay que arreglar es una prensa que quiere juzgar, y no lo vamos a permitir. Con la prensa honesta no tenemos ningún problema. Vamos a luchar por una ley de Comunicación que logre aprobar la asamblea”. Una endemia peligrosa en la región, la de la prensa independiente. Independiente de toda construcción colectiva, solidaridad o sentido de futuro. Sólo dependiente de intereses destructivos, de angurria insaciable y que destilan veneno, angustia, desánimo a través de sus titulares malintencionados.
Aunque no utilizó esos términos, la prensa canalla y la oposición impresentable son los enemigos de cualquier patria. Denunciarlos no es perseguirlos, sino crear conciencia. Señalarlos es dejarlos solos con sus aliados y seguidores, para que no se mezclen con los buenos ciudadanos. Y lo importante: dejar en claro cuáles son las estrategias oscuras a las que apelan para provocar el caos, no porque sean los genios del mal que suelen verse en los comics, sino seres de carne y hueso –es un decir- que sólo piensan en desbordar sus arcas, a costa de empobrecer al resto.
En estas tierras, el acuerdo celebrado entre el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno y diferentes asociaciones de comercios minoristas ha sido denostado desde sus primeros pasos. Como visionarios esclarecidos que no son, anuncian el fracaso de esas medidas que intentan controlar la inexplicable inflación que se produce mes a mes. Una primera observación: si un acuerdo fracasa es porque una de las partes no cumplió. Algo que no dicen, porque para ellos la inflación es una especie de flagelo disparado por inasibles dioses y no producto de la avaricia de los que no tienen límites al incrementar sus ganancias. En lugar de celebrar un acontecimiento que busca aliviar una situación, apuestan a generar miedo y desconfianza en la población, no como advertencia, sino convocando a nuestros peores fantasmas. 
Como refuerzo de todo esto, despliegan nefastas estrategias para que, en el futuro todo se vaya por la alcantarilla. Las amenazas de los estancieros constituyen una primera pata. Sin el poder de convocatoria infausta de 2008, ahora tratan de amedrentar al Ejecutivo negándose a comercializar los granos y sumarse a cualquier protesta que se produzca por ahí. El diputado Facundo Moyano, que ostenta algo más de coherencia en la familia, aunque no para hacer derroche, les echó insecticida. Claro, ellos no tienen nada que hacer junto con los trabajadores, a los que explotan con vileza en sus campos.
Lo que más irrita son sus constantes lloriqueos. A pesar de que, de acuerdo a sus propios informes, durante 2012 pudieron invertir un 27 por ciento más que en 2011, alcanzando la suma de 236 millones de pesos. Para los productores sojeros, la rentabilidad bruta de los propietarios de la zona núcleo se ubica entre el 130 y el 200 por ciento y los arrendatarios ronda el 50 por ciento. En una zona no núcleo como Santiago del Estero, la ganancia se sitúa en 48 por ciento para los propietarios y un 30 para los arrendatarios. Tanto lloran que ahora amenazan. “Hay que ir a un cese de comercialización de lo que más se siente en este país, que es la soja –prepoteó Eduardo Buzzi- Desde el momento en que haya decenas de barcos parados en el Río de la Plata porque no pueden venir a cargar soja, ahí van a tener que convocar y venir a discutir de otra manera”.
Desde Coninagro, Carlos Garetto se diferenció de los demás integrantes de esa mesa desenlazada. “En la gran escala, la producción de soja sigue siendo rentable –explicó- debido a que los precios internacionales compensan los costos y ofrecen mayor seguridad de cosecha”. Para el titular de esa entidad rural la propuesta de no comercializar “es insostenible en el tiempo, porque los compromisos fiscales, financieros y comerciales por los compromisos que tienen que cumplir los productores” que no tienen “tanta espalda” como los que impulsan la medida. Por supuesto, el objetivo de la movida de los estancieros es generar algún impacto financiero que reste algunos votos al Gobierno Nacional.
La opereta de los Moyano en Maxiconsumo se encuadra en estos intentos. Esgrimir la cifra salarial para succionar trabajadores, aunque no cumplan tareas propias de transporte, resulta incomprensible. Pero la escena más patética de esta pantomima es que sea el macrismo, de la mano de la Subsecretaría de Trabajo porteña, que nada tiene que ver en un conflicto de alcance nacional, el que ponga paños fríos. Tan armado que más que drama, parece parodia. El episodio se presenta como una injusticia más del Gobierno Nacional, a tal punto de llamar traidor al Ministro de Trabajo, Carlos Tomada, uno de los más comprometidos de la historia. Y lo peor, la intención de mostrar al Jefe de Gobierno como el gran solucionador. Una película tan absurda que tiene como objeto conducir al fracaso todo acuerdo en la comercialización de productos básicos.
   Pero sólo los prejuiciosos y desinformados creen en esta historieta. Sólo los manipulados llegan a conclusiones adversas. Cada paso que dan los deja en evidencia. Conspiradores que merecen la soledad de los villanos. Y el fracaso también pues, de triunfar, este colectivo que tanto costó alcanzar padecerá las consecuencias de semejante distracción, como ha ocurrido tantas veces. El triunfo de Ellos será el fracaso de todos. No merecemos volver a probar semejante veneno, porque nos cuesta mucho sobreponernos de sus efectos. Y no vale la pena siquiera intentarlo.

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