Páginas vistas en total

lunes, 20 de mayo de 2013

La bestia que no debió morir



Nada se terminó, sino todo lo contrario
Que Videla haya dejado este mundo sin una pizca de arrepentimiento, sin aportar un dato, sin bajar sus brazos genocidas confirma y refuerza todas las condenas que recibió y las que estaban en espera. En su caso, más que muerte, fue una fuga. Por eso, no debemos confiar en la existencia del infierno. Si hubiera un lugar así, muchos mejorarían su accionar en la Tierra. Ante la duda, los castigos tienen que ser bien terrenales. Entonces, hay que apurar los juicios pendientes, tanto de militares como de civiles, para que nadie se escape en complicidad con la Muerte. Ya lo ha hecho José Alfredo Martínez de Hoz, el padre de la criatura económica que debió aplicarse a fuerza de sangre. Muchos de los que llenaron sus arcas con semejante plan de exterminio tienen sus juicios congelados por jueces temerosos o consustanciados con aquellos años oscuros. Cómplices, en algunos casos. No es venganza exigir que cuanto antes tengan una condena. Los años pasan y es necesario garantizar unos años de cárcel para esos siniestros personajes, antes de que la Muerte los libere del repudio de casi toda la sociedad.
Aunque cueste entenderlo, hay un “casi” que resulta doloroso. Esto sin tener en cuenta a los que en las escenas cotidianas pontifican, como al pasar, “acá tienen que volver los militares para poner orden” o la más exitosa “con los milicos estábamos mejor”. De tan inconsistentes, individualistas y desinformadas, ni merecen respuesta. Otros, en cambio, intentan ser más sutiles, aunque no lo logran. La diputada del PRO, Laura Alonso, escribió en su cuenta de twitter: “son igualmente monstruos los que celebraron la muerte de Kirchner como los que hoy celebran la de Videla. Representan una Argentina sin valores. Qué decadencia moral. Cuando nos miremos en unos años, nos espantaremos de nosotros mismos”. No esperó unos años para mirarse, sino algunos minutos y aclaró, para oscurecer: “Videla fue un dictador genocida y Kirchner fue un presidente electo democráticamente y corrupto. No son comparables”. Todo sirve a estos personajes para alimentar sus infructuosas campañas no-políticas.
Quien ya no contiene su impudicia opinativa es Jorge Lanata. En su provocativa nota publicada en Clarín ya desde el título revela sus intenciones: “Videla murió, pero no se acabó la cultura autoritaria”. Amañando los hechos, desde un diario que creció gracias a la dictadura, se pregunta: “¿son tan distintos los militares que se pensaban anteriores a la Nación que el grupo que sostiene el monopolio de lo nacional y popular?”. Desde la negación de las diferencias hasta la utilización de ‘monopolio’, esta frase –y todo el texto- está atravesado por una intención malsana, sumamente confusa y hasta manipuladora.
Pero quien brinda la posibilidad de hacer un análisis mucho más profundo es el líder del PRO, Mauricio Macri. Como siempre, oportunista y superficial, tiene frases de pósters para cada ocasión. Dejando en suspenso la hipocresía y el cinismo que siempre ostenta, el Procesado Alcalde Amarillo escribió un tuit que significa mucho más de lo que dice. “Videla nos recuerda lo que nunca más queremos en la Argentina”, difundió, como esperando el aplauso. Si el genocida nos recuerda eso, entonces, Macri no debería seguir reivindicando como mejor gestión municipal la que llevó adelante Osvaldo Cacciatore, militar aeronáutico puesto por la dictadura entre 1976 y 1982. O al menos, devolver los montos con que se benefició la empresa familiar que él presidía, gracias a su amistad con el intendente de facto. En todo caso, especificar qué es lo que nunca más queremos en nuestro país. Porque Videla es sólo el personaje emergente de ese período como estereotipo del mal. Pensar a Videla como el villano absoluto de historieta de superhéroes porta una liviandad peligrosa. Los tiempos de la dictadura no son nefastos sólo por sus métodos, sino también por sus objetivos. El dictador fue un instrumento de un plan pergeñado por un sector minoritario.
La dictadura es mucho más que Videla: la oligarquía terrateniente, el gran capital transnacional y los especuladores financieros escribieron el guión y oficiaron de titiriteros para ser los beneficiarios del gran despojo nacional. Los militares aplicaron su experticia para aniquilar toda resistencia a ese engendro económico y social que se basaba en la desindustrialización, la especulación, el endeudamiento externo y fuga de capitales. Todo para enriquecer a una minoría patricia que todavía goza de buena salud. Un período económico que arrancó con devaluación de un 80 por ciento, liberación de los precios, congelamiento de los salarios, suspensión del derecho a huelga y mucha represión y muerte. Las consecuencias de un gobierno autoritario en serio: la participación del salario en el PBI se redujo del 43 al 25 por ciento y la desocupación galopó hacia cifras siderales. Todo esto condimentado con toneladas de corrupción. Y como además de saquear, torturar y desaparecer, sabían multiplicar, la deuda externa se sextuplicó gracias a la estatización de las obligaciones privadas, que terminó en las bóvedas de muchos de los empresarios –y sus mercenarios y siervos- que hoy se esfuerzan en calificar al actual gobierno como una dictadura.
Algunos quieren considerar la muerte de Videla como el fin de una etapa. Nada más lejos. No estamos siquiera a mitad de camino de esa lucha por la reparación de tanto daño. Aún queda conocer el destino de gran parte de los ciudadanos que aún están desaparecidos. También falta recuperar cerca de 400 nietos, enredados aún en las sombras del Plan Sistemático de Robo de Bebés. Y muchos por condenar, demasiado que devolver. Así es que, los que se ilusionan que con el genocida fenecido se acaba el tema, terminarán defraudados.  
De acuerdo a un estudio realizado por el Centro de Estudios de Opinión Pública, CEOP, el 77 por ciento de los encuestados está de acuerdo con la anulación de los indultos y el juicio a todos los responsables y beneficiarios de la dictadura. Este trabajo conducido por Roberto Bacman tuvo como objetivo examinar la mirada que los argentinos tienen sobre estos diez años de Proyecto K. El muestreo se realizó en la última semana sobre más de mil casos distribuidos en todo el territorio nacional a través de consultas telefónicas. Entre los aspectos más valorados por los consultados se encuentran la reactivación de la economía y el nuevo papel que cumple el Estado. La AUH, la estatización de más de la mitad de YPF, la recuperación de los fondos de pensión y de Aerolíneas Argentinas tienen una aceptación cercana al 70 por ciento. Y mientras los medios con hegemonía en franca disminución mascullan su impotencia, las medidas más criticadas son las que más aprobación encuentran. El Fútbol para Todos cuenta con un respaldo del 88 por ciento mientras que la LSCA le sigue con el 67 por ciento.
Más allá de estas conclusiones numéricas, ésta ha sido verdaderamente una década ganada. Y si alguien duda, puede prestar atención a este final. En una de las últimas entrevistas que concedió, Videla realizó una lectura del actual Gobierno que, como de quién viene, se convierte en una de las más fuertes ponderaciones: “nuestro peor momento llegó con los Kirchner”. Y si éste es el peor momento para Ellos, sin dudas, es el mejor para todos nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada