viernes, 4 de octubre de 2013

Los nubarrones del Norte

Comparaciones odiosas, pero imprescindibles
En todo el mundo se cuecen habas, dice un conocido refrán. Con cualquier otra hortaliza también funciona. Porque lo importante no es lo que se cueza, sino que se cueza. Y uno piensa que ciertas cosas pasan sólo acá, pero después se entera de que en otras latitudes pasan cosas parecidas. Entonces, aquellos que crean que las oposiciones apátridas y destituyentes son un invento argentino, le erraron fiero. El dulce de leche, puede ser, pero la oposición que hace cualquier cosa con tal de oponerse parece la constante en muchos parlamentos. El presidente de EEUU, Barack Obama, confesó, exasperado que "desde que los republicanos son mayoría en la Cámara, hay una crisis así cada 3 meses. Sé que ustedes están cansados de esto. Yo también". Este hecho rememora aquel 2010 en que el Gobierno Nacional quedó sin presupuesto por primera vez en la historia porque el pegote de los adversarios -una mayoría circunstancial y polimorfa- quería debilitar la gobernabilidad. Una mayoría opositora no significa el equilibrio del poder, sino todo lo contrario. Más aún cuando las cosas funcionan bien y sólo hace falta alguna que otra corrección.
En el Imperio parece haber una extorsión: los republicanos y su ala derecha –más, todavía- el tea party quieren boicotear el nuevo sistema de salud propuesto por los demócratas. Una oposición que se niega a distribuir. Porque los que menos tienen, en el país de las maravillas, pueden morir de una gripe por no acceder a la mínima atención sin desembolsar fortunas. Desigualdad en su nivel más extremo. Y no digamos que Obama quiere romper las normas del capitalismo salvaje, sino apenas suavizarlo. Ni eso puede. Algunas ciudades importantes se han declarado en default y están al borde de convertirse en pueblos fantasma. "Ustedes escogieron a sus representantes para que les hagan la vida más sencilla, no más dura", se lamentó Obama ante las cámaras. Y pronunció una advertencia con forma de amenaza: "si Washington cae en default, todo el mundo va a tener problemas". A no asustarse: no va a bombardear el resto del mundo por puro resentimiento, sino que, en cierta forma, si caen ellos, caemos todos. Eso sí, cuando los demás caen, a ellos no les pasa nada 
A pesar de esto, no piensan abandonar sus planes conquistadores. El despliegue militar que ocupa gran parte del mundo no se verá afectado por la movida opositora. Con la mitad de lo que gastan en sus bravatas, los ciudadanos norteamericanos vivirían en el paraíso. Y el resto del mundo también, porque no tendría la amenaza constante de este país tan belicoso. A riesgo de no ser preciso, la crisis del país del Norte es una consecuencia del incumplimiento de sus promesas de campaña. A poco de asumir, destinó fondos públicos para auxiliar a las entidades financieras en crisis, algo que prometió no hacer. Pero lo hizo y esa fortuna fue repartida entre los directores de las compañías destinatarias y continuaron en rojo. Tampoco cerró Guantánamo y, a pesar de haber ganado el Premio Nobel de la Paz, siguió desatando conflictos y haciendo justicia a lo cowboy. Y la economía doméstica está cada vez más complicada. No sólo como consecuencia de la mayoría republicana, sino porque la imagen que vende al mundo tiene poco que ver con lo que puertas adentro ocurre.
Quedará para otro apunte desentrañar esos misterios. Por ahora, quedémonos con la idea de la oposición como mayoría. Allá vota poca gente porque las elecciones se efectúan en día laborable y no cualquier ciudadano está dispuesto a sacrificar la paga para ejercer sus derechos. Entonces, sólo votan los acomodados y los que pueden ostentar una tibia conciencia cívica. En cambio, en nuestro país, votan casi todos, incluso los ciudadanitos de 16 que se incorporan por primera vez a la fiesta de la democracia. Allá predominan dos partidos políticos –republicanos y demócratas- que no tienen demasiadas diferencias ideológicas, salvo algunos matices. En Argentina, por más que se hable de bipartidismo, hay una amplia gama que se ofrece al votante, desde partidos centenarios que se adaptan a los nuevos tiempos hasta movimientos que aglutinan fuerzas de todas las especies. Allá la industria bélica en todas sus variantes es la base de la economía y la posesión de armas es casi una obligación. Acá, por suerte, eso es muy mal visto. Allá, por muchos motivos, están con el agua al cuello. En Argentina, por primera vez en mucho tiempo, navegamos cómodos sobre la línea de flotación.
Y no porque los mares estén calmos, precisamente. Los malos vientos amenazan desde todos los rincones y no ven la hora de convertirse en tormenta. Un tibio capitán ya estaría conduciendo este barco de acuerdo a los vericuetos de los insaciables o hubiera entregado el timón al mejor postor. Las metáforas marinas suelen producir mareos, pero resultan muy ilustrativas. Sobre todo cuando el rumbo es firme y en el horizonte se dibuja el luminoso destino.
Cuando las estrellas no nos pueden orientar, fabricamos nuestros propios satélites para facilitar la comunicación. Como el crecimiento de estos años necesita más energía, apostamos al autoabastecimiento aprovechando nuestro potencial y extendemos las redes eléctricas y gasíferas para garantizar el suministro. Como este Estado ofrece algo más que esponja y detergente, retornaron mil científicos para destinar sus conocimientos al desarrollo nacional. Como este proyecto busca incluir a todos, redistribuye a través del trabajo, la educación, la vivienda y la salud. Como necesitamos construir un imaginario colectivo, la producción televisiva y cinematográfica ha crecido como nunca con contenidos más federales y creativos. Como continuar con esta enumeración puede resultar agotador, tanto para el lector como el autor, sólo resta apelar a la síntesis. A pesar del riesgoso efecto que están produciendo las tretas agoreras, estos diez años han sido insólitos. En un sentido más que bueno, por supuesto.
“Esta fue la década del crecimiento –explicó CFK, después de inaugurar nuevas obras y entregar 500 viviendas en San Juan- Ahora tiene que venir la década del desarrollo”. Fiel a su estilo, dictó una frase para un póster con su foto como fondo: “hoy tenemos futuro porque hemos construido durante la última década este presente”. Y no es para menos: el último reporte económico del Banco de Desarrollo para América Latina (CAF) indica que Argentina lidera el promedio de generación de empleo en la región. Lo más importante es que casi el 70 por ciento de los ocupados trabajan en emprendimientos con menos de nueve empleados. Esto significa que las grandes empresas y los oligopolios alimenticios no sólo ocupan poca mano de obra sino que producen distorsiones en los precios para incrementar sus ganancias. Un nuevo escollo para salvar. De acuerdo a este informe, en nuestro país, “se destinan recursos relevantes a programas dirigidos a formar redes y facilitar el encuentro entre individuos con distintas destrezas”, lo que incentiva nuevos emprendimientos.
Un Estado presente para conquistar la equidad tantas veces prometida, aunque para eso deba domesticar a los grandotes que quieren quedarse con todo. Lograr ese objetivo necesita fortaleza y mucho compromiso, tanto en el timonel como en los tripulantes. Y todo seguirá muy bien, salvo que los pasajeros enloquezcan y empiecen a saltar en la cubierta. Un peligro, no sólo por los mareos, sino por el riesgo de dañar el casco.

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