lunes, 28 de octubre de 2013

Elecciones y aniversarios

Los tentadores desvíos en este luminoso camino
Los datos confirman los resultados de las PASO. El FPV ganó, pero no tanto. O perdió un poquito desde lo simbólico. Algunos comenzarán a hablar de una transición que no existe y convertirán estos dos años en un infierno. A pesar de la Década Ganada, el kirchnerismo está condenado a remar siempre con corrientes enloquecidas. Claro, nada es fácil cuando se quiere gobernar en serio. Seamos sinceros: muchos de los que ganaron no lo merecían. Bergman, Carrió, Michetti, Del Sel no pueden aportar nada serio en la construcción de nada. Algunos argumentarán con esa célebre frase de que el pueblo nunca se equivoca. Ajá, muy bonito, pero cuando elige como pueblo, como colectivo para el beneficio de todos, no como un manojo de individuos prejuiciosos y manipulados. El pueblo tiene la razón cuando vota por un proyecto, no cuando vota en contra, porque no comprende o no quiere comprender. No hubo derrota, como interpretan algunos, sino una victoria tibia. Inmerecida, por supuesto. Estos años de transformaciones impensadas deberían conseguir un apoyo mucho más rotundo para sofrenar a las bestias que nos quieren ver nuevamente de rodillas.
Cuánto habrá influido el cerco mediático a los candidatos del establishment es difícil de cuantificar. Pero influye. ¿Cuántos se habrán enterado del cuadro descolgado, de los ataques a militantes en algunas ciudades bonaerenses, del video completo del no-chapeo de Cabandié, de las desmentidas constantes a las mentiras prepotentes y gritonas? ¿Cuánto habrá pesado la mala costumbre de insultar, bastardear, ningunear desde las pantallas dominantes? ¿Cuánto habrá convencido el discurso descafeinado de los candidatos complacientes con los intereses de la minoría? ¿Cuánto habrá jugado el deseo de pertenecer en los que nunca pertenecerán?
También hay que pensar que muchos candidatos del oficialismo no eran de lo mejor. En Santa Fe, el ingeniero Jorge Obeid evidenció una tibieza mayor a la del candidato socialista. La verdad, parecía más un opositor. Imposible saber en qué habrá pensado Cristina cuando lo coronó como cabeza de lista aquel 20 de junio en Rosario. No importa. Quizá el ex gobernador traicione y menee su rabo detrás de Reutemann. O tal vez no asuma. Debe haber muchos candidatos así diseminados en las provincias, dispuestos a pensar la identidad ideológica como una caótica ruleta.
Nada de lo que uno pensaba que podía influir positivamente en los resultados influyó. Ni la operación de La Presidenta o el aniversario del fallecimiento de Kirchner conmovieron los números. Tampoco las modificaciones dispuestas para el impuesto a los ingresos ni los nuevos créditos del Pro.Cre.Ar. Los votantes pensaron en el distrito y por eso hubo triunfos locales. Extraño lo de provincia de Buenos Aires, porque ganó un candidato opositor a pesar de la alta imagen positiva del oficialismo. De los dos, tanto Gobernador como Presidenta. En cambio, en la CABA, la cosa fue más coherente porque el votante porteño es adverso al peronismo en cualquiera de sus versiones.
Lo más divertido que nos han dejado estas legislativas es el inicio de la carrera presidencial para 2015. Por ahora, hay tres candidatos. Antes de abordar este más que jugoso punto, urge hacer una aclaración. La idea de la transición que tratan de instalar desde algunos sectores es indiscutiblemente falaz. La transición es el período que precede a un cambio de gobierno y acá no pasa nada de eso. CFK seguirá siendo presidenta con el aval del 54 por ciento de los votos y conserva la mayoría en el Congreso. No hay debilidad política ni nada que se le parezca. Tampoco hay algo que se asemeje a un fin de ciclo. Cuanto mucho, esto puede interpretarse como una señal de alerta si el kirchnerismo quiere continuar más allá de Cristina. Para lograr ese objetivo, deberá seguir construyendo adhesión, pergeñar estrategias y construir alianzas. Y, por supuesto, seguir transformando nuestro país como lo ha hecho hasta ahora.
Volvamos a lo divertido: los tres presidenciables. Macri es el más ansioso. Su compromiso se basa en el hartazgo. Como siempre, imagina que el distrito que le regala los triunfos es la totalidad del país; supone que su asco expresa el de todos los argentinos; jura que es el cambio cuando en realidad, es sólo la restauración; se presenta como plural para esconder su clasismo. Exultante por un triunfo que no es tal, pues sólo alcanzó menos del nueve por ciento a nivel nacional, una cifra insignificante para aspirar a la presidencia. Massa, por su parte, tiene más motivos para soñar con nuestras pesadillas. Con más del 16 por ciento de las voluntades y la posibilidad de sumar al peronismo recalcitrante y algunos mutantes, le sobra material para trazar su camino a La Rosada. Por si esto fuera poco, cuenta con el eficaz –y destructivo- apoyo de los medios dominantes y de la minoría que quiere recuperar el control del país. Más que un representante del pueblo, será un vocero del Poder Fáctico. Quizá por eso, en su discurso triunfal expresó que ahora se ve “obligado” a trasponer las fronteras de la provincia. Y los que obligan lo hacen porque tienen poder. ¿Quién obligará a Massa para ser presidente?
Y el tercer presidenciable es el ex gobernador y ahora diputado, Hermes Binner, que logró un contundente –e inexplicable- triunfo en Santa Fe. Socialista, liberal, conservador, progresista y todo lo que el lector imagine es lo que carga el ex anestesista en su discurso. Puede ser lo que haga falta para preservar las instituciones, aunque el país se incendie. Binner ganó prometiendo lo que nunca hizo durante su gestión ni la de su sucesor. La consigna más absurda –la del país normal- es la que sedujo a los votantes. De continuar con su decisión de acceder a La Rosada deberá construir alianzas con las distintas expresiones del radicalismo. Un dato: en 2015 cumplirá 72 años y aunque se lo ve lozano, quizá no tenga la energía suficiente para gobernar un país como el nuestro. El país normal que promete quizá sea el que ya conocimos en las últimas décadas del siglo pasado, el de un presidente gobernado por los angurrientos y un pueblo sometido al saqueo.
Los tres presidentes a futuro tienen algo en común: un rotundo rechazo al estilo K de hacer política. A tono con la realidad dibujada desde los medios hegemónicos, atacan la confrontación que –según ellos- se origina en el Gobierno Nacional y adornan sus intervenciones con floridas imágenes en donde reina la armonía, el diálogo, el consenso y la tolerancia. Una postal que sólo será posible si el Poder Político se somete al Económico, si las instituciones están al servicio de los poderosos, si el país vuelve a ser el coto de caza de los insaciables. Ese es el país normal que están pergeñando.
Un país con una normalidad diferente al prometido por Kirchner cuando asumió, allá por 2003. Porque cuando Néstor nos propuso un sueño, también habló de un país normal pero en oposición al infierno que se desató en 2001. Lo normal no es un calificativo en sí mismo. La normalidad es caprichosa y depende del sentido común dominante. La normalidad de Kirchner se anteponía a la independencia devaluada que había descubierto De La Rúa. Pero durante muchos años, esa independencia devaluada se convirtió en la normalidad que algunos quieren restaurar. Las palabras no son neutrales y funcionan en un contexto, con la intencionalidad del que las pronuncia. Esas dos normalidades no pueden convivir en un mismo país. Una nos conduce a un pasado doloroso; la otra, al futuro con el que todos soñamos. Dos años nos separan del momento de decidir qué normalidad queremos para nuestro país: la de la pesadilla o la del sueño. Por eso, en todo este tiempo, deberemos estar más despiertos que nunca.

3 comentarios:

  1. Brillante analisis. Siempre leo tus opiniones. Un gran barnis de realidad. Leandro giacomi. Desde Coronel Baigorria Provicia de Cordoba

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  2. Muy bueno tu análisis, es verdad, el gobierno siempre nadando en aguas turbulentas, Ahora con la ley de medios, otro escenario. Pero asustan las cosas que se escuchan, las cosas que la gente piensa. Es muy triste y preocupante.

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    1. Perdón Laura;pero justamente es en lo que no debemos caer,en el "miedo" o la "preocupación" ... Como bien señala Gustavo,si queremos el país del Sueño que Néstor nos propuso y Cristina sigue llevando adelante, a estar bien despiertos "ocupándonos" en defender este Proyecto Nacional y Popular para seguir creciendo !

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