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miércoles, 7 de octubre de 2015

Promesas sobre el bidet



Las promesas de campaña no pueden pensarse dentro de la dupla verdad-mentira porque involucra el futuro. Que sean realizables o no es otra cuestión. Un candidato puede prometer la belleza o la inmortalidad –o ambas, si está muy desesperado- a sabiendas de que pocos se sentirán tentados a creerle. Pero cuando están basadas en un diagnóstico equivocado, resultan engañosas. En uno de los spots, Mauricio Macri enumera lo que no hará en caso de acceder a La Rosada. No perseguirá al que piensa distinto ni mentirá con la inflación ni el INDEC son los más incoherentes. Otro de los tópicos es más peligroso: no hablará tanto y escuchará más. La glacial mirada celeste del candidato hace más espeluznante al corto, aunque distrae del fondo de su enunciado con dulces toques de ingenuidad. El destinatario debe creer que los problemas planteados existen y que el postulante-producto no cometerá esos atropellos. Además de pueril, el público necesita ser cómplice de las mentiras mediáticas que han permitido elaborar ese errado diagnóstico. Ese spot sólo puede cautivar o convencer al público cacerolero que lleva en sus bolsillos las miles de fantasías que han alimentado sus prejuicios a través de titulares falaces y editoriales amañados.
  En realidad, todo está mal en lo que le dicta el telepronter. Sobre todo cuando dice que no “buscará eternizarse en el poder”, estupidez denunciada hasta el hartazgo por los voceros del establishment. Que busquen una sola línea en donde CFK mencione la necesidad de una reforma constitucional que permita la elección indefinida. En vano, no la encontrarán. Al contrario, ni cuando logró esa apabullante victoria con el 54 por ciento de los votos consideró esa posibilidad. Sólo habló de una reforma, no para eternizarse en el poder, sino para corregir el funcionamiento institucional y plasmar algunas de las transformaciones de estos años. Y, para que no queden dudas, aclaró que ese tema no entraría en debate para poder facilitarla. Pero en el discurso publicitario todo cabe, hasta lo falso.
Por supuesto, en nuestro país nadie persigue al que piensa distinto, pero es otra de las tonterías instaladas por los medios. Si para Ellos perseguir es contestar o desmentir, entonces lo que desean no es más que el asentimiento sumiso. Así, la libertad de expresión que buscan es la del discurso único, la de una voz hegemónica que dicta las medidas y dibuja los hechos ante el silencio del resto. Flor de democracia tendríamos con esta ecuación. Esto se relaciona con los conflictos que genera cada Cadena Nacional, sin la cual nos enteraríamos de nada. Eso de hablar menos y escuchar más, que parece un estimulante mantra para nuestra vida cotidiana, en términos políticos significa obedecer los dictados del Poder Económico. ‘Escuchar’, para Ellos es convertirse en gerente o mayordomo de los Más Grandotes y saben que Cristina escucha, pero no obedece. Eso dice Macri que va a hacer cuando sea presidente: escuchará y obedecerá. ¿A quiénes? Responder esto es lo terrorífico.
Complicidad en el retrete
Otra cosa que no hará Macri en el riesgoso caso de llegar a La Rosada será mentir con la inflación o el INDEC. Sin embargo, ya lo hace. Señalar la inflación como principal problema es, de por sí, manipular, desmoralizar, angustiar al oyente, cuando en realidad nunca ha sido tan relevante, salvo casos puntuales. En todo caso, si es un asunto preocupante no es tanto por el índice sino por lo que significa el abuso constante en los precios que adornan caprichosamente los productos como apropiación indebida del ingreso. Pero Macri no habla de eso. Para muchos como él, la inflación es un castigo divino o una inoperancia gubernamental y no un saqueo de los grandes empresarios. El número importa más que las causas. Para él, por supuesto.
Y si el número es importante, hay que considerar que las estadísticas no mienten. En todo caso, estarán equivocadas por un mal procedimiento pero no son mentirosas. La mentira es intencional, vale recordar: es un procedimiento del humano que dice lo contrario de lo que sabe que la cosa es. Mentir es decir ‘blanco’ cuando uno sabe que es negro. Sus diputados mienten con el índice Congreso, por ejemplo, que difunden mes a mes. Ellos no realizan un estudio estadístico sino un promedio de resultados de las consultoras privadas. Y encima, lo dibujan para que siempre apunte al alza.
En ese spot  menciona algunas cosas que no hará, pero se olvida de otras que sí se preocupará por hacer. Sobre todo de una, que surge de un episodio reciente: hará todo lo posible para encubrir a los cómplices civiles de la dictadura. Ésa es la grieta para ellos, la posibilidad de que muchos miembros del establishment sean cuestionados por su oscuro pasado. Hace unos días, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que crea la Comisión Bicameral de Identificación de las Complicidades Económicas y Financieras durante la dictadura. Amplia mayoría y ningún voto en contra. Pero los PRO se abstuvieron con motivos tontuelos y explicaciones vergonzantes.
Ahora que el Senado se encargará de su tratamiento, se ha convertido en blanco de la presiones del siempre vigoroso Poder Económico. Primero fue la UIA, de la mano de sus poderosas nuevas autoridades. Después fue la Cámara Argentina de Comercio y la AEA, la asociación de los empresarios dominantes. Y finalmente se sumó la pata intelectual del neoliberalismo, IDEA, que denunció como inconstitucional la iniciativa del proyecto porque “le otorga a una Comisión Bicameral del Congreso facultades y funciones jurisdiccionales reservadas exclusivamente al Poder Judicial de la Nación". En criollo, prefieren que las causas iniciadas y por venir se llenen de telarañas en los laberintos tribunalicios antes que diputados y senadores revelen públicamente sus entretelones.
Mientras sus emisarios camuflados como candidatos hablan de la libertad de expresión y del pensar distinto, los miembros del Círculo Rojo buscan el silencio sobre aquellos hechos en los que están muy embarrados. La impunidad la tienen más o menos asegurada con unos cuantos jueces acólitos. Lo que más temen es que se difunda a los cuatro vientos cuánto nos deben con sus chanchullos; lo que más los debilita es que descubramos que la deuda que estamos pagando con tanto sacrificio es el resultado de sus tropelías; lo que más los asusta es que alguna vez exijamos que nos devuelvan todo lo que nos han extirpado desde 1976 y que descansa en abultadas cuentas en el extranjero. Eso, por supuesto, está entre las cosas que no hará Macri, aunque no aparezca en ningún spot.

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