viernes, 7 de octubre de 2011

Un responso para el pequeño Cobos

Aunque los reclamos de Binner y las maneras extrañas de ejercer la justicia en el caso del incendio de las formaciones ferroviarias de mayo sean temas tentadores para abordar en este espacio, el autor de estos apuntes mirará para otro lado. Pero antes de dirigir la mirada hacia ese otro lado, resulta llamativa la desesperación con que el gobernador de la invencible Santa Fe, el ex anestesista Hermes Binner, convoca con urgencia al diálogo con el Gobierno Nacional. Claro, es vocero de la preocupación por la baja de los precios internacionales de la soja y si en 2008, cuando la Presidenta parecía estar en caída, hablaba de la necesidad de consenso -la obediencia de los derrotados- ahora apela a la necesidad de diálogo, como futuro derrotado que es. Los vencedores convocan al consenso y los derrotados, al diálogo.
Y algo de eso habrá en este apunte. En aquellos años de la rebelión sojera una figura surgió de las sombras del oficialismo para erigirse como luminaria opositora. El vicepresidente Julio César Cleto Cobos, elegido por el voto popular para ser intermediario entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, para acompañar en la gestión de la Presidenta, se transformó en el escorpión dentro de la zapatilla. Primero desde sus palabras y después con su voto, traicionó la voluntad del pueblo y a su compañera de fórmula. En aquellos tiempos se apelaba a la idea del disenso para justificar lo que lisa y llanamente fue una traición. De la noche a la mañana, el insignificante Cleto se transformó en líder de la oposición, no del disenso. Admirado por su valentía, recibía los “hurra” de la oligarquía destituyente y de la clase media con ilusiones de más. Con cacharros de teflón importados coreaban su nombre. De traidor, se convirtió en héroe. La peor manera de ser héroe. Su heroísmo y su traición se produjeron en un mismo acto. Su mediocridad se hacía evidente en cada una de sus palabras. Pero fue un héroe por su voto “no positivo”. Héroe y cobarde. Ni siquiera se animó a votar como correspondía, con un voto negativo. De tan mediocre que es, llegó a confesar que fueron sus hijas las que lo impulsaron a votar así. Si lo manejan unas niñas en algo tan importante, ¿qué harían con él los poderes concentrados de la economía, los terratenientes, la oligarquía gorila, el capital financiero?
Los medios entonces hegemónicos lo coronaron como líder de la oposición. Muchos recordarán la imagen de Hugo Biolcatti y su regodeo ante la posibilidad de tenerlo como presidente después de la “segura renuncia” de la presidenta, en una emisión del programa de otro desestabilizador como Mariano Grondona. Dada su pequeñez, Cobos fue un héroe descartable. Los mismos que lo entronaron, que lo construyeron como figura opositora se encargaron de sepultarlo, de olvidarlo. El traidor fue traicionado. El castigo ideal para un traidor.
Su mezquindad y pequeñez lo engrandecieron por un tiempo. Era el traidor y el héroe. Aunque parezca mentira, la traición se convirtió en un valor, casi en ejemplo. A pesar de que no estaba para disentir sino para acompañar un modelo, lo suyo fue construido como un acto patriótico. Y él se lo creyó. Ovacionado como nunca, el pequeño ingeniero se imaginó que el presente lo coronaba de futuro. Hoy no le queda siquiera un pasado honroso. Dejó de ser héroe hasta para los beneficiados por su despreciable voto “no positivo”. La “cletocracia” fue efímera. En ese momento pensó sellar su futuro de gloria, se veía como nuevo presidente, soñaba con estatuas y avenidas. Pero no. También fue traicionado por su incapacidad. Como mediocre ingeniero, no pudo construir nada, ni siquiera una maqueta de su despacho en el Senado.
Si su voto hubiera sido verdaderamente heroico, si en lugar de obedecer el mandato de los “amos” hubiera escuchado el clamor popular, el popular en serio, no el de las cacerolas destituyentes, hoy tendría algunas posibilidades de continuar su vida política. No por capacidad, que se entienda, pero al menos podría esconder sus limitaciones con aquella valentía oportuna, la que correspondía en ese entonces. No merecería un monumento, pero sí un caluroso aplauso de despedida y agradecimiento por haber ahorrado a los argentinos tantas angustias y amagues de retroceso. Pero, para algunos es mejor una tibia caricia en el lomo que el cariño perpetuo y caluroso del pueblo. Que quede esto como un esbozo de moraleja: los pueblos nunca olvidan a los que los dañaron y siempre recuerdan a los que jamás se apartaron de su lado. En el medio quedan infinidad de bichos cuya errática trayectoria está condenada al olvido colectivo.
Aunque nadie se acuerde de él, todavía preside la Cámara de Senadores, humillado, ignorado. El rencor de los oficialistas y la desconfianza de los opositores lo condenan a una soledad intolerable. Ya no es nadie. No puede ostentar siquiera la categoría de un secretario. Desde aquel voto “no positivo”, que se parodia hasta el cansancio en la calle,  se ha convertido en un intruso, un usurpador, un saboteador. En un “okupa”, aunque la “K” no le corresponda. Si tuviera un poco de dignidad, debería haber renunciado. Pero permanecerá aferrado hasta el final, vaya uno a saber por qué. A algunos de los otros opositores por lo menos les queda el consuelo del camino al ocaso dando una perdida batalla en las elecciones presidenciales. El pequeño Cleto no podrá aspirar ni a presidente de una vecinal. La voluntad popular y la potencia de una gestión terminaron de sepultarlo. Como un insignificante incidente en la historia, sólo le queda esperar el tiempo que resta hasta el fin de su mandato. Aunque apenas son dos meses y unos días, al pobre ingeniero le parecerán eternos. Probablemente, salga por la puerta de servicio y entonces sí, que en paz descanse.

1 comentario:

  1. Una publicacion de oro, Profe. Para ponerla en un marquito y leerla de tanto en tanto cuando uno pierde la memoria. La imágen de la "Sojacracia" y la clase media que quiere "cagar mas alto que lo que les da el culo" con las cacerolas de teflón chinas es inmejorable. Pero a Cobos no hay que olvidarlo, no merece ni el olvido. La historia lo dede recordar como el hijo de puta que fue, que es y que será, como a Judas, o como a tantos radicales traidores golpeando la puerta de los cuarteles tantas veces. O como a tantos peronistas organizando saqueos otras tantas. No son ni radicales ni peronistas esos hijos de puta, son demonios disfrazados de humanos. Cobos allanó el camino para la renuncia de Cristina pero se la dimos por el culo, y así, con el culo roto, se tendrá que ir, humillado, sepultado, con su moral podrida, pero nunca olvidado, siempre será recordado como un traidor Bien, pero bien, hijo de puta.

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