miércoles, 12 de diciembre de 2012

Al compás del tamboril


Si los ladridos caceroleros merecieron varios Apuntes, cuántos más inspirará la fiesta del domingo. Pero, por mera modestia, este ignoto profesor de provincias intentará contener su entusiasmo. Gracias a la extensión al infinito de la medida cautelar que protege de manera indignante al Grupo Clarín, la celebración por los 29 años del retorno a la democracia cobró un nuevo sentido. Quizá señala un límite, para empezar, pero el mensaje de esas multitudes en la calle expresa mucho más. Un pasado, un presente y un futuro se conjugaron en la tarde del domingo y los que no lo comprendan quedarán encerrados en los locales partidarios y los estudios de TV. Como en verdad ocurrió. Una galería de fenómenos opositores fue lo máximo que pudieron ofrecer para conmemorar el Día de la Democracia y los Derechos Humanos. Como se niegan a reconocer que se están equivocando, se arrinconaron en el comité radical para mascullar su cada vez más notorio fracaso. No alcanzan a vislumbrar que, del lado de las fieras, no llegarán a ningún lado. Mejor, así molestan menos en la reconstrucción que la mayoría de los ciudadanos está llevando adelante. Mientras tanto, siga, siga, siga el baile…
Sólo lágrimas y lamentos pudieron ofrecer a los medios, generalidades sobre la nada, berrinches y caprichos. Muchos pucheros para esta época del año. Cualquier excusa es buena para intentar alguna alquimia electoral que los rescate del profundo pozo en el que se han zambullido. Eso sí, en soledad. Sin multitudes ni cánticos de alegría. Las cacerolas no armonizan con este tipo de celebraciones. Por eso, como buenos líderes, no convocaron a nadie. Para ellos, la democracia se funda en la soledad del individuo. Las masas pueden resultar perturbadoras para una construcción política “en serio”. Más que un festejo, parecía un velorio, aunque para la foto grupal simularon alguna que otra sonrisa estreñida. Más que un conjunto de políticos de la oposición que están buscando algún hueco para retornar a la vida real, parecía una desgastada y vetusta foto de tiempos afortunadamente idos. Una naturaleza tan muerta, que ya comienza a destilar cierto hedor.
Pero insisten y allá ellos. Mauricio Macri, Hermes Binner, Julio Cobos, Ricardo Alfonsín, Mario Barletta y algunos más del elenco estable pusieron pecho al ridículo y trataron de entonar el Himno de cara al futuro. En ese contexto, la solemne y vibrante melodía de Blas Parera sonó como una marcha fúnebre. El día anterior, en la Plaza, hasta daban ganas de bailarlo. Pero con esas voces estranguladas por las corbatas, los versos de López y Planes debían parecer un canto de rendición y sometimiento. Y, temerosos de quedar fuera de juego para siempre, procuraron sumar todos los esfuerzos posibles en contra de la re-re que nadie ha propuesto oficialmente. Su mayor obsesión es destronar a Cristina. Esa es la primigenia coincidencia, lo único que pueden exhibir como proyecto, lo que más los hace balbucear. Y lo que desata sus peores pesadillas, ya que estamos.
Un museo de cera con ideas resecas o un tren fantasma aterrador, algo así. “Podemos tener diferencias respecto de cómo se logran los objetivos –recitó Macri, sin equivocarse- pero todos compartimos las mismas buenas intenciones”. Como el retorno al modelo neoliberal y la sumisión del país a sus torpezas, complicidades y angurrias, por ejemplo. Y en pos de esas hermosas intenciones, Hermes Binner posó para la foto junto al que, hasta hace muy poco, consideraba su límite. El límite del ex gobernador de Santa Fe es él mismo, aunque todavía no se ha dado cuenta. Eso sí, todos firmaron un florido documento, “Compromiso Republicano”, en el que se comprometen –redundancia que vale la pena- a “observar la Constitución Nacional” y a “defender el equilibrio de poderes”. De ser así, deberían exigir al Grupo Clarín que acate el mandato de una ley votada de acuerdo a las normas constitucionales e incluir en ese equilibrio por el que tanto se rasgan las vestiduras al Poder Económico, que es el que más ha producido desequilibrios en toda la historia.
 También expresan en ese folleto estar a favor de “la defensa de los derechos humanos”, aunque uno de los firmantes, Alfonso Prat Gay, haya declarado que “el momento de democracia exige convocar a una solución definitiva, justa y reconciliadora con todos los argentinos”. Cuando algunos hablan de reconciliación, un inevitable escalofrío sacude la piel. El hospitalario Mario Barletta celebró que los presentes deseen “una democracia completa y no ésta, que no lo es”. La completa, ¿vendrá con fritas? ¿Acaso será incompleta porque no tienen posibilidades, siquiera, de tomar unos mates sentados en un escalón del podio? Y después, las naderías: “hay que pelear día a día por las instituciones de la democracia. Debemos hacer posible la igualdad de oportunidades, una educación para todos y de calidad, el acceso a un trabajo digno y la lucha contra la exclusión social y la pobreza”. Debe haber olvidado que en su auditorio había algunos exponentes de PRO, que para nada comparten esos objetivos tan altruistas.
Pero el que más se lució fue el ex anestesista Hermes Binner. “No debemos conformarnos con que la democracia sea un acto que se hace cada dos años, y lo ha demostrado el 13S, el 8N y el 20N, porque la gente quiere participar”. En esas fechas protestonas, lo que más se pedía era la renuncia o la muerte de la yegua, algo que, en este contexto, está muy lejos de ser democrático. Pero no conforme con eso, recrudeció su endeblez intelectual al decir que el acto del domingo en Plaza de Mayo fue “sectario, porque la recuperación de la democracia no pertenece a un partido, sino a todos los argentinos”. Sin dudas, no tenía a mano un diccionario o le fallaba el GPS. Las sectas son minoritarias y, por lo general, evitan la luz del día o los espacios abiertos. Para el que se cobijó en un lugar cerrado con poco público, los sectarios son los que conformaron esa multitud que desbordó las calles con su alegría durante toda la tarde del domingo.
“Si no se respetan las leyes, ¿de qué democracia estamos hablando?”, se preguntó Cristina durante el discurso que dirigió a los asistentes. En una oportuna Cadena Nacional, ofreció uno de los discursos más luminosos de su segundo mandato. “Es necesario que la independencia de la Justicia no sea sólo del poder político, sino también del poder económico de las corporaciones. Quiero una democracia plena y profunda, comprometida y sin privilegios”. Y para desterrar el clima de desconcierto que sembró la nueva cautelar de la justicia de Clarín, CFK explicó que las convicciones “nos hicieron fuertes, nos llevaron a que estas mujeres tuvieran justicia –y señaló a las Madres y Abuelas presentes¿Cómo no vamos a esperar nosotros unos días o unos meses si ellas esperaron tantos años para tener justicia y saber la verdad? Ellas son el ejemplo”.
“Lo que demuestra esta plaza –sostuvo el presidente de la AFSCA, Martín Sabatella- es que hay un pueblo enamorado del momento histórico que estamos viviendo. De este país de grandes transformaciones, de una Argentina que se puso de pie. Estamos celebrando un año más de democracia al calor de un proyecto nacional, popular y democrático que ensancha esa democracia, la amplia y la llena de compromiso social”. Una lección para los que se acurrucaron entre cuatro paredes: la democracia se construye con el pueblo, que debe ser la fuente y el destino de todas las decisiones de cualquier gobierno que se piense democrático.
Y para cerrar, un poco más de CFK: “Lo que es imprescindible para tener, no 29 años de democracia sino 200 o 300, es la unidad popular. Sepan que no es que vengan por este gobierno ni por esta presidenta: vienen por las conquistas sociales”. Y una frase para las célebres del futuro: “yo tengo toda la fuerza que me dan ustedes. Yo no aflojo si ustedes no aflojan”. Mientras los solitarios de la oposición se infectan con los sones de los cacharreros, La Presidenta se nutre con los cánticos de la muchedumbre. Un acertijo final: la democracia, ¿representa a un solidario colectivo jubiloso o a un manojo de individuos irritados?

2 comentarios:

  1. Gustavo, muy interesante el artículo...como siempre...es un placer leerte.
    Solo (si se me permite) agregar unas reflexiones propias... con respecto a una de las frases de Binner (empleado desde hace unos meses del grupo C, y staff permanente ya de los programas de TN)... "...la democracia no pertenece a un partido, sino a todos los argentinos"... es cierto; nadie nunca dijo lo contrario, ni tampoco se convocó a los militantes de una agrupación política sino a TODOS los que sienten que la DEMOCRACIA es una conquista político-social que nos corresponde a TODOS (Por eso la plaza estaba llena).
    También quería agregar que para todos los nombrados de la oposición en la nota, que muy difícilmente lleguen a lograr en alguna futura elección algún cargo mayor que Senador/Diputado/Legislador, que es muy fácil hablar desde los supuestos/ideales y desde una silla/sillón cómodo de sus casas/canales de televisión oponiéndose a todo e idealizando sobre lo que sería optimo, pero enfrentarse a la realidad y gestionar es otra cosa muy distinta y compleja...posiblemente ellos nunca puedan tener el privilegio de hacerlo...a lo mejor es lo que buscan, porque al que no hace nunca nadie podrá juzgarlo… ah…ni tampoco quedarán en la HISTORIA.
    De paso, ya que tiene ganas de hablar… que pasó con el comisario-narco de Santa Fe del que Hermes no hablo más?

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    1. Lo que más molesta de estos tipos es la hipocresía. Hablan de reconciliación cuando deberían decir indulto e impunidad; hablan de división cuando quieren decir defensa de privilegios; hablan de autoritarismo porque no tienen la manija; denuncian clientelismo porque no quieren redistribución. Son cínicos y saben cómo serlo. Por eso son peligrosos. Pueden engañar y confundir a una porción no muy esclarecida, esos oscilantes que pueden participar de una marcha por los derechos humanos y al otro día cacerolear. Hay que estar atentos

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