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lunes, 29 de abril de 2013

Peligro amarillo



Advertencia necesaria: los primeros párrafos de este texto se elaboraron a partir de los segundos iniciales de la conferencia de prensa que el Jefe de Gobierno brindó el viernes a las 19:26. El autor de estos apuntes observó varias veces ese fragmento, con serios riesgos para su salud mental.

La siniestra incomprensión del Ingeniero
Para uno que lo ve desde lejos, la gestión de Mauricio Macri al frente de la CABA provoca un alivio bastante egoísta. Un alivio que deviene de la falta de maquillaje con que se exhibe este fiel exponente de una oligarquía destructiva. Ya no busca engañar, sino consolidar el núcleo más duro de sus seguidores, los que alientan desde los foros on line su retrógrado accionar. Esos que seguramente celebraron la represión sanguinaria que los efectivos de la Policía Metropolitana desplegaron en el hospital neuropsiquiátrico Borda. Y él, el Jefe de Gobierno que ordenó destruir lo que estaba protegido por la Justicia, expuso ante las cámaras su rostro más cínico, las mentiras más insostenibles, la irreflexión más perversa. Así comenzó la conferencia de prensa este siniestro personaje que los porteños se han regalado y que pretenden endosar al resto del país: “la verdad que no se puede entender”. Su rostro cincelado con el rictus de un prócer mediocre; el ceño severo y rígido, con una mezcla de enojo y preocupación; indignado con el destino que descarga su furia para opacar una luminosa gestión.
¿Qué es lo que no se puede entender? ¿Que la ciudad no es una maqueta para que juegue con sus amiguitos? ¿Que enfermeros, pacientes, legisladores y trabajadores de prensa hagan tantos melindres por unas cuantas balas de goma en sus cuerpos? ¿Que algunos se resistan a sus caprichos comerciales? ¿Que el marketing y la impunidad que lo han mantenido inmaculado se está terminando? ¿Que nada puede camuflar su inconmensurable bestialidad? ¿Que el diálogo que tanto proclama es una de sus tantas hipocresías, porque lo único que exige es obediencia? ¿Que representa a la derecha más recalcitrante que se quiere imponer a la fuerza para someter lo público a sus antojos? ¿Qué es lo que no puede entender el Jefe de Gobierno porteño?
Y que no lo entienda parece la promesa de continuar con su accionar prepotente. Después de afirmar su incomprensión, asume la defensa de sus desvalidos esbirros. “Me da mucha tristeza que tengamos un policía intentando salvar un ojo”, afirma, como si fuera un chiste. “Otro policía intentando recuperarse de una conmoción cerebral”, continúa con su repudiable enumeración. Lo que no se entiende es que policías con cascos, escudos, bastones y armas de fuego hayan salido tan lastimados ante un grupo de trabajadores desarmados. O son inútiles o se pegaron entre ellos. Eso sí, nada dijo de los 50 heridos que dejó la arremetida. Y, como el personaje de una tragedia griega, clama a los cielos: “la verdad que no se entiende por qué nos pasa esto”. Lo que quizá no pueda comprender es que un grupo de personas defienda herramientas y obras de los pacientes del Borda, que fueron destruidas e incineradas por las fuerzas de ocupación amarillas. No puede comprender que alguien se preocupe por tan poca cosa. Tal vez no entienda que el valor de muchos de esos objetos no es sólo monetario; que lo que él considera basura, para otros puede ser arte, por más locos que estén. O tal vez por eso.
Y después, arremete con uno de sus latiguillos más insustanciales y reiterativos: “no se entiende por qué este nivel de agresión”. Oportuno aclarar que esta frase ni siquiera amaga con ser autocrítica. Para su patricia concepción de la vida, que un regimiento de la Metropolitana invada los terrenos de un hospital neuropsiquátrico para destruir un taller protegido como patrimonio, a pesar de la prohibición judicial, no es agresión. Sus órdenes violentas no constituyen agresión. La agresión, para él, es que no le obedezcan.  No sólo eludió la autocrítica, sino que justificó la represión. “No podemos ceder ante los violentos”, amenazó. Como siempre, asumió el rol de una víctima de las miserias humanas: “vamos a seguir trabajando, intentando dialogar, proponer y pedimos que baje este nivel de violencia". Por supuesto, un experto en hermenéutica podría interpretar esta frase como “seguiremos arrasando lo público, dictando órdenes, imponiendo nuestros intereses y exigimos absoluta sumisión”, o algo por el estilo.
Tipo peligroso, si los hay. Un colonizador desalmado, visiblemente cebado, que se cree omnipotente y que arrasa todo a su paso. Un ambicioso que no tiene límites. Un cacerolero con poder. Hábil para destruir, impotente para construir. Como advierte que nunca podrá conquistar la presidencia, trata de explotar al máximo el coto de caza que los habitantes de la CABA le obsequiaron. Jamás podrá salir de la fortaleza que se supo construir. Demasiado clasista para representar a cuarenta millones. Demasiado patrón para ser presidente. Demasiado individuo para pertenecer a un colectivo. Demasiado bruto para disimular su brutalidad.
Después de todo esto, no puede salir ileso. Ni él ni los funcionarios responsables de semejante atrocidad. "Lo peor es que las autoridades políticas lo justificaron –comentó La Presidenta desde su cuenta en Twitter- Desbordes policiales o de las fuerzas de seguridad hay en todas partes del mundo. El gran tema es qué hace después el responsable político cuando esto sucede". La interpelación al ministro de Seguridad Guillermo Montenegro dejó en claro lo que hace un responsable –es un decir- político: gambetea. A pesar de que los legisladores porteños de la oposición relataron la lamentable experiencia de ser atropellados por esas fuerzas de choque y argumentaron con bases sólidas los pedidos de renuncia del funcionario, nada de esto pasó. “Mi designación fue hecha por el jefe de Gobierno –afirmó el ex juez federal- y ni él me ha pedido la renuncia, ni yo considero que sea necesario renunciar”. Mejor, mientras más alto vuelen, más dura será la caída.
Por ahora, la Justicia porteña dictaminó que la demolición del taller vulneró una medida judicial vigente y además, impuso una multa de 20 mil pesos para Macri y sus funcionarios. También habrá denuncias penales que provendrán desde distintos sectores damnificados por “grave incumplimiento de los deberes de funcionario público y desobediencia a un fallo judicial”. Los sindicatos involucrados convocaron para el martes una medida de fuerza en protesta por la represión y la prepotencia. Los legisladores porteños, por su parte, se reunirán en estos días para “pedir juicio político contra el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chain, Montenegro, Giménez y Macri” porque “había una medida cautelar que impedía hacer lo que hicieron”. Si hay Justicia en la CABA, este arsenal de medidas hará blanco en su impoluta imagen y producirá la interrupción de su tétrico camino.
Mientras todo esto ocurre en la ciudad de la furia, una encuesta de la consultora Equis, de Artemio López, echa un manto de optimismo ante tanta desazón. De acuerdo a una consulta realizada entre el 20 y 24 de abril en la región metropolitana, más del 53 por ciento de los habitantes tiene una evaluación positiva de la gestión del Gobierno Nacional, mientras sólo el 24 por ciento mantiene una mirada negativa. En un hipotético escenario electoral, La Presidenta se impondría con el 51 por ciento de los votos, 40 puntos por encima de Binner, que rasguña los 12 puntos. Y nuestro personaje oscuro, aunque se vista de amarillo, se arrastra a duras penas a un escuálido 10 por ciento de intención de voto. Un final feliz después de tanto odio, atropello y destrucción. El Godzilla porteño no conquista multitudes: apenas a un puñado de individuos enceguecidos por los libelos que degluten a diario. Entonces, queridos lectores, tenemos un futuro que promete.

2 comentarios:

  1. Muy bueno el análisis. Quisiera objetar el concepto de "fiel exponente de una oligarquía destructiva": Macri es tan plebeyo como Juan Pérez (ni siquiera carga con el doble apellido, rasgo nobiliario de nuestra burguesía terrateniente). Por el contrario, a diferencia de la clase parasitaria rentística de la Argentina, el jefe de gobierno porteño es un hábil innovador ya que la demolición del Estado es proporcional a la creación de empresas subsidiarias. Su mentalidad es clara: "donde hay un derecho hay un negocio". Por otra parte, en el aspecto político, me preocupa que se condene con mayor dureza desde las redes sociales que desde los mismos representantes del kirchnerismo capitalino.

    ¿Por qué Cabandié quiere ir por Chaín? ¿y los responsables políticos, entonces, quedarán en la impunidad de siempe? ¿dónde estaban cuando la represión? ¿por qué no acompañan las movilizaciones contra el modelo macrista? Abrazo.

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    1. En primer lugar, aunque Macri no pertenece a la oligarquía primigenia,se acomodó en ella de prepo, como los estancieros. Son más patricios que las familias de doble apellido
      Segundo, muchos legisladores llegaron tarde porque el operativo fue hecho en secreto a la madrugada y recién sobre las ocho y pico se enteraron todos.
      Tercero, van subiendo en responsabilidad. Montenegro, Chaín, Rodriguez Larreta, Vidal y Macri.

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