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viernes, 4 de julio de 2014

Un mundial contra el Imperio

       El ataque de los buitres provoca una sensación extraña en nuestros espíritus. Por un lado, el sabor de una injusticia que nos amenaza con volver a un pasado humillante. Por el otro, el entusiasmo de responder con heroísmo a tamaño desafío. Mucho enojo, mucha emoción y mucho arrebato. A todo esto se agrega la certeza de que tenemos la razón porque nos acompañan los pueblos por medio de sus representantes. Esta batalla tiene como contendientes a unos tipos infames con los intereses más destructivos del capitalismo, por un lado y del otro, el resto del mundo, los que queremos vivir con una modesta dignidad. Prepotencia vs Democracia. En el medio, además de los dos Estados americanos que se lavan las manos en las aguas de un descolorido republicanismo, están los siervos que no tienen más guía que la ambición y más patria que el dinero.
Angustia. Dolor. Enojo. Impotencia. Todo esto provoca el embate de los buitres. Pero además, invita al coraje porque, de esta contienda salimos marchando con la frente bien alta o terminamos hundidos en el barro infecto que ya hemos conocido tantas veces. En medio de tantos sentimientos encontrados, la memoria nos brinda unos versos de Amparo Ochoa, “La maldición de Malinche”. Una canción llena de arrepentimientos y a la vez de promesas. Después de recibir a los conquistadores como dioses, “…se nos quedó el maleficio / de brindar al extranjero / nuestra fe, nuestra cultura / nuestro pan, nuestro dinero…”.  El Autor de estos Apuntes invita a los lectores a escuchar esta canción muy apropiada para estos tiempos de vuelos carroñeros. Tal vez puedan identificar a ciertos personajes que operan para favorecer a los enemigos de toda dignidad: “hipócrita que te muestras / humilde ante el extranjero / pero te vuelves soberbio / con tus hermanos del pueblo”. Sin dudas, debería convertirse en el himno de los pueblos que se quieren liberar del saqueo para siempre.
Esta batalla es tan crucial que promete ser histórica. Por eso hay que seguirla hasta el final. El mundo no será el mismo después de este capítulo. Y será luminoso si lo escribimos entre todos. Si lo escriben ellos, ya sabemos lo tenebroso que será. Mucha oscuridad han vertido en estas tierras, mucha sangre nos han succionado, mucho dolor han provocado. Pero a sus lúgubres intentonas respondemos con valor, guiados por la esperanza de una vida mejor. De las sombras que ellos difunden, nosotros esgrimimos luz. Ahora tenemos un nuevo símbolo que puede servir como ejemplo: tiene media sanción en Diputados el proyecto para declarar como Emblema Nacional el pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo. Mientras ellos emplean picos afilados y garras despiadadas, nosotros blandimos un indiscutible signo de paz que proviene del peor horror que pueda imaginarse.
Un ataque en estéreo
Mientras esquivamos las embestidas de los plumíferos, las huestes locales mordisquean los tobillos. Una vergüenza: cuando nuestro país está atravesando un serio conflicto internacional, el juez Lijo sigue alimentando a la oposición mediática y política con el procesamiento a Boudou, decidido a las once de la noche de un viernes de asueto administrativo. Si esto no es un intento de debilitar al Gobierno Nacional, hemos cambiado de dimensión y nadie se ha enterado. Envalentonados por el martillo independiente de toda noción de justicia, los representantes de la contra arremetieron con el juicio político al Vicepresidente. Y, como debía ser, fracasaron. Si ya está procesado, que los diputados se dediquen a eso sería redundante. Pero igual mostraron los dientes –hasta los postizos- para exhibirse ante el establishment como postulantes confiables.
Y a esto se le suman los mensajes difusos que han pronunciado sobre el conflicto provocado por los buitres, que ellos, por mero servilismo y para no despertar el Enojo Imperial, les llaman holdouts. Sin pudor, hablan de pagar, negociar, obedecer, sin pensar en las consecuencias que eso tendría para nuestro futuro. El canciller Héctor Timerman, por el contrario, ofreció otra posibilidad: “si hoy en día quieren entrar al canje pueden hacerlo. Está abierto, pero los fondos buitre no quieren lo que tienen los demás, quieren más”. Y para que no queden dudas, aclaró, ante los demás embajadores de la OEA: “nosotros no vamos a aceptar una extorsión, no vamos a aceptar medidas contra el pueblo argentino. Vamos a negociar y no nos vamos a suicidar”.
Aunque aburra, debemos prestar atención a algunos de los que pretenden ocupar la presidencia a partir del próximo año. Uno de ellos es el mejor y el peor al mismo tiempo. Mauricio Macri es promisorio para la minoría patricia, pero nefasto para el resto. Después de decir que es más grave “quedarse con la máquina que fabrica billetes” que “hacer una red de escuchas”, renunció a cualquier principio soberano. Nadie duda del sentido de su célebre frase: “yo hubiera resuelto el tema”. Total, después podrá deslindarse de toda responsabilidad echando culpas a diestra y siniestra. “Hay que negociar y cerrar el tema porque si no caemos en default, que es lo peor que nos puede pasar”, dijo un exponente de las tantas familias que se han enriquecido a costa de nuestro endeudamiento. Y no hay dudas de cómo negociaría y cerraría el tema. Para terminar con tanta zoncera, reprochó al kirchnerismo “llevar las cosas siempre al borde del abismo”.
Este es el caso más extremo de entreguismo sin disimulo, pero están los más peligrosos, los que se escudan en generalidades para evitar una posición más clara. En esta contienda, como se ha dicho en muchas oportunidades, no hay lugar para medias tintas. Ellos –los buitres y sus aliados- o nosotros. Y cualquiera que dude provocará una fisura que, en breve, nos hará quebrar para siempre. Cuando los enemigos externos nos acosan, las minúsculas rencillas internas deberían guardarse en el congelador. Pero no, los mezquinos exponentes de la oposición están tan ansiosos por ocupar el sillón presidencial que dan golpes a ciegas para destronar el kirchnerismo. Tan enceguecidos, que no advierten que, si perdemos esta batalla, ya no tendremos país para gobernar.

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