miércoles, 9 de julio de 2014

El pajarraco que picotea nuestra mente

Nunca van a encontrar sus propios límites. Ya no. Los periodistas del grupo Clarín no tienen escrúpulos a la hora de engañar a su público, de alimentar el odio, de incrementar los prejuicios. Y tampoco les importa triturar el prestigio que han conseguido en esta profesión. Ni pisotear la tan mentada libertad de expresión, la que ellos mancillan con cada una de sus invenciones con formato periodístico. Pero lo más grave del caso no es lo que publican, sino la incidencia que tiene en la agenda informativa. Aunque muchas veces se ha demostrado la falsedad de sus titulares, la ausencia de fuentes, lo errado de sus lucubraciones, todavía quedan periodistas no ligados directamente al Grupo que basan sus opiniones en esas fantasías destituyentes.
¿Cuántos habrán mordido el anzuelo de las investigaciones del Gobierno Nacional a los tuiteros que apoyan a Campagnoli? ¿Qué pensarán hoy esos periodistas del interior que elaboraron ardientes editoriales en defensa de las libertades republicanas? ¿Cómo pueden seguir confiando tan religiosamente en un medio informativo que ha mentido tantas veces? Porque no estamos hablando de la versión de un hecho o el sentido al que apunta una opinión, sino de una obscena farsa. Un cuento que reconstruye el hecho con tanta saña, que lo convierte en un amasijo falsario, como casi siempre. Los tuiteros no manifestaban su apoyo al fiscal Campagnoli, sino que difundieron datos personales y amenazaron de muerte a su reemplazante, Cristina Caamaño y su familia. Hay una diferencia enorme entre una opinión y una amenaza y más aún cuando no proviene de inocentes y manipulados anónimos, sino de colaboradores del sospechado funcionario.
Tan poco anónimos son los usuarios de esa red social, que su abogada, Daniela Portino González, es la esposa de Ignacio Irigaray, ex colaborador y actual defensor de Campagnoli. Hay una trama tan siniestra en este caso, una relación tan enredada en los personajes, que hasta sugiere tintes mafiosos. Tanta trascendencia parece tener Campagnoli para los opositores, que nos olvidamos que apenas es un fiscal distrital y no un funcionario de incidencia nacional. “Todos somos Campagnoli”, rezaba el lema que exhibían algunos individuos que manifestaban a su favor. Y en la cola de un súper de Rosario puede verse a algún comprador indignado por la injusta persecución que Cristina y sus secuaces están emprendiendo contra él.
Una aclaración que parece necesaria: este Apunte no tiene como objetivo hacer una apología de Lázaro Báez. Más aún: ningún kirchnerista lamentará si este empresario debe dar con sus huesos en la cárcel. Tampoco Elaskar o Fariña son sustanciales para la reconstrucción de nuestro país. La mayoría de los ciudadanos está empeñada en defender este proyecto para hacer realidad el Sueño Histórico de un País, esa patria en la que todos sus habitantes gocen de derechos, dignidad, bienestar, una nación con equidad y justicia. Una república sin privilegiados, explotados ni excluidos. Un territorio en el que no tengan espacio los entregadores de la soberanía ni los que se enriquecen a costa de nuestro esfuerzo, sean representantes, funcionarios o empresarios. Y los que conspiran, confabulan, sabotean deben ser apartados de este camino sin miramientos, porque son obstáculos en nuestra marcha.
Un final con intenciones emotivas
En el Día de la Independencia, siempre hay lugar para nuevas reflexiones. La primera, la más obvia: la independencia no se reduce a una exaltada declamación, sino que es una construcción permanente. Cada uno de nuestros actos cotidianos, pensamientos, opiniones, elecciones debe apuntar a eso. De lo contrario, nos quedaremos a mitad de camino. Esto no significa que todos debamos pensar lo mismo, pero cuando el objetivo es tan elevado, las diferencias son mínimas.
Este ejercicio nos permitirá distinguir a los personajes que operan para vulnerar la voluntad popular y retornar a aquellos tiempos en que padecíamos en serio una realidad insoportable. Quien tenga más de 30 años comprenderá de lo que estamos hablando. Y los que tengan menos, se empaparán de esa Conciencia Colectiva. Porque lo que estamos viviendo no es la pesadilla que muchos intentan mostrar por todos sus medios. Nada supera el horror de la dictadura, ni el acoso financiero de los primeros años de la democracia, ni la vergonzosa entrega del neoliberalismo noventoso, ni el calamitoso fracaso de la Alianza. Sin dudas, éstos han sido los mejores diez años de nuestra historia reciente. Y si no estamos mejor, es responsabilidad absoluta de los angurrientos que impiden una mayor distribución del ingreso y sus aliados mediáticos y políticos, que, por torpeza, cobardía o connivencia avalan ese retrógrado accionar.
Por si alguno aún no se ha enterado, los exponentes del establishment no están preocupados por nuestro bienestar. Les interesa medio pepino lo que nos pase, mientras ellos puedan llenar sus arcas con pala mecánica. Y, a pesar de que en todo este tiempo se han enriquecido como nunca, intentan destronar al kirchnerismo por mera pulsión destructiva. Porque, como buenos patricios, creen ser dueños del país y, por pertenencia de clase, sus auténticos gobernantes.
Los medios hegemónicos son los voceros indiscutibles de ese sector que tanto daño nos ha hecho, aunque se disfracen de objetivos e independientes. Si mienten, no es porque se equivocan, sino porque tienen la malsana intención de hacerlo, porque saben que con cada mentira pueden horadar un poco más la legitimidad del Gobierno Nacional. ¿O acaso no les llama la atención que los únicos que hacen mal las cosas son los funcionarios elegidos por Cristina? ¿O no les resulta sorprendente que la culpa de todo lo que ocurre sea del kirchnerismo? ¿O no advierten que el desastroso escenario que pintan desde sus páginas no se condice con lo que nos rodea?
Desde hace un tiempo han encontrado dos temas con los que golpear: el jury a Campagnoli y la no-causa de Boudou. Los atropellos republicanos y un supuesto caso de corrupción han desplazado a la inflación y la inseguridad de los temas principales. Corrupción que sólo se queda en patéticas e insostenibles denuncias dominicales que alimentan la agenda de la semana. Atropellos republicanos que nada más existen en las mentes paranoides que accionan los teclados. Ya no quedan dudas de que no quieren construir un país mejor, sino apropiarse de él. Para conquistar la plena independencia sólo nos falta librar nuestras conciencias de esas usinas de estiércol y de los que se escudan detrás de ellas.
Por eso, no hay que dejarse engañar. El país está en construcción y de la mejor manera. Nunca más debemos permitir el retorno de los destructores. Y para insuflarnos un poco más de ánimo, los muchachos de la Selección vencieron a Holanda, no para salir campeones del mundo, sino para vengar la humillación sufrida por nuestros hermanos brasileros. También para expresar el orgullo que sentimos por estar recuperando el país. Y si nos llevamos la Copa, la misión estará completa y si no, ha sido muy bueno el intento. En lo que no debemos flaquear es en la defensa de los intereses de todos, de la soberanía, de la independencia que, día a día, estamos conquistando.

4 comentarios:

  1. Se empieza a materializar una pesadilla del grupo... Como mínimo, Cristina recibirá en la Casa Rosada a los Sub-Campeones. Como mínimo. Hay otra posibilidad. ¡Muejejejeje!

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    1. Sip. Se va meter sus titulares agoreros en lo más inmundo de sus respectivos cuerpos. Sobre todo Lanata, que dijo "Argentina es una mierda". No hay que olvidar eso.

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  2. Excelente,como Siempre Gustavo ! Adhiero a lo q dice Antonio,cuántas pesadillas para el Grupo,verdad (?) No olvidemos también q China kiere sumar a Argentina al Brics ! En fin,deberán empezar a meterse sus Operetas,y Deformaciones de la información,Bien en la GRIETA !!!

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  3. Y no sólo Argentina se suma al BRICS, sino México y Australia. Pronto se llamara BRICSAMA

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