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viernes, 11 de julio de 2014

Una final en todo terreno



El autor de estos apuntes está convencido de que fueron sus cábalas las que resultaron efectivas para el heroico triunfo del miércoles. Hay como 40 millones que afirman algo similar pero, sin dudas, están equivocados. De cualquier modo, el lugar que alcanzó la Selección alimenta ya la pesadilla de los agoreros. Mientras la prensa carroñera pergeña la manera de arrojar estiércol, seguiremos festejando por un tiempo tamaña gloria. Porque ahora sí tiene sentido celebrar una victoria en el Mundial, no como en aquellos tiempos en que el fútbol servía como estrategia de distracción, cuando sólo nos ofrecían el circo pero restringían los panes. Si en estos días todos anduvimos tarareando –hasta en soledad- la famosa canción “Brasil, decime que se siente…” no es sólo por bromear con nuestros vecinos, sino como festejo por los escalones que estamos trepando. Los colores de la camiseta no son los de un club, sino los de un país que se está levantando de sus ruinas.
Ahora habrá que pensar las cábalas para el domingo y de paso, destinar algunas para nuestro partido con los buitres. Porque esos sí que son más peligrosos que la selección alemana y sus goles producen más angustias. Encima, tienen un grupo de tareas –ATFA- para golpear contra nuestro país. Como si fueran marines intelectuales –es un decir- llegaron dos de sus integrantes, publicaron una solicitada mal traducida en diarios afines y se reunieron con periodistas adoradores de los que se oponen al gobierno, aunque sean lobistas extranjeros que quieren succionar la riqueza argentina. Clarín, La Nación y El Cronista fueron los diarios que dieron cabida a la mentirosa solicitada de estos sicarios económicos. Algún inocente pensará que es por el dinero que representa una publicación de esas características. No, lo importante es sumarse a la campaña para presionar al Gobierno Nacional y llevar al fracaso este proyecto de recuperación en curso. Ahora no quedan dudas de que esos medios son enemigos de los intereses de todos.
Robert Shapiro y Nancy Soderberg son los operadores rentados por Paul Singer, uno de los litigantes y llegaron a nuestro país para ordenar a las filas locales. La consultora Gunner & Asociados organizó un almuerzo de prensa en un paquete hotel capitalino y ofreció a los pichones criollos manjares deslumbrantes, como faisán, caviar ruso, guarniciones con nombres ostentosos y champaña Don Perignon, la favorita de James Bond. El objetivo de los manipuladores foráneos fue bajar líneas argumentales para que sean reproducidos por los manipuladores vernáculos. Los periodistas de Clarín, La Nación, El Cronista, Infobae asistieron gustosos al festín y se codearon con los representantes de los que quieren poner de rodillas a nuestro país. Como debe ser, en las puertas del Palacio Duhau Park Hyatt se reunieron militantes de organizaciones sociales y políticas con carteles donde podía leerse “Patria o buitres” y “Fuera buitres de Argentina”. Algo auspicioso: ningún político de la oposición asistió al encuentro –dentro o fuera del hotel- ni presentó proyecto para declarar ilustres a los oscuros visitantes. Algo alarmante: tampoco se pronunciaron ante esta invasión ideológica. En realidad, están preocupados por mordisquear las pantorrillas de Boudou y eso no los deja pensar en otra cosa.
El partido que se viene
El problema no es que vengan, sino lo que quieren. Desde hace un tiempo, están presionando desde medios de comunicación internacionales para que Argentina se someta a la angurria de los especuladores que compraron bonos en 2008, tres años después de que el gobierno de Néstor Kirchner haya llegado a un acuerdo con los tenedores de deuda. Para que quede claro, los fondos buitre no nos prestaron nada sino que adquirieron deuda en default por 48 millones de dólares y ahora reclaman casi 1500. En 2010, cuando CFK y el Congreso reabrieron el canje, se sumaron más bonistas de buena fe, pero ellos no. En ningún momento aceptaron las condiciones de negociación y a pesar de eso cacarean a los cuatro vientos que el gobierno argentino no quiere negociar. Ellos no buscan negociar, sino presionar para que nuestro país se someta a sus pulsiones avarientas.
Para acomodar mejor las piezas, hay que sacar del tablero el tan amable término ‘negociar’ y sus derivadas. Nuestro país ya negoció en 2005 con los bonistas en default y de allí surgió una ley aprobada por el Congreso. La posición argentina está condicionada al cumplimiento de esa ley y a evitar que la reestructuración de la deuda se desmorone y desmadre la economía local. No existe mucho margen para negociar sin traicionar a los que se sumaron de buena fe al canje. Los buitres tienen como única ley su destructiva avidez y su legitimidad está basada en la prepotencia. Negociar, para ellos, es ordenar lo que debemos hacer, por más que de eso resulte un descalabro financiero. Por eso la palabra ‘negociar’ incomoda el análisis.
Como no tienen derecho ni razón, sus descabelladas demandas no deben tener cabida. Sólo son una minoría que, con sus exigencias angurrientas, afectarán, sin dudas, a la mayoría. Sus gritos desencajados no deberían tener eco y menos en nuestro país. Quienes brinden espacio a sus insostenibles y caprichosos argumentos sin cuestionarlos, deberían ser considerados traidores, porque están amplificando la voz del enemigo.
Por más que sea un juez el que nos quiera condenar a la ruina, tenemos que resistir esta arbitrariedad que pisotea nuestra soberanía. Y si ellos especulan, nosotros tendremos que seguir su ejemplo. Evaluar, por ejemplo, qué sería más perjudicial, si obedecer las órdenes imperiales o ignorarlas en beneficio de nuestra dignidad. Y subsistencia, porque ya sabemos lo que nos pasa cuando caen semejantes garras sobre nuestra vida. Nada puede ser peor que lo que nos ha ocurrido en los tiempos del sometimiento a los carroñeros. Además, esta causa no sólo es nuestra. Muchas naciones soberanas han manifestado su apoyo y considerado un despropósito el fallo de Griesa.
Para reafirmar este camino, debemos patear el tablero porque el juego está amañado. El nuevo siglo nos exige seguir arruinando las vacaciones de este magistrado en retirada para desterrar a estas voraces fieras. En el mundo que se viene las reglas del juego deben surgir del Poder Político y no del Económico, porque son las mayorías las que deben beneficiarse. La desigualdad es el resultado de la avaricia de unos pocos. Entonces, para alcanzar la equidad, de una vez por todas deben empezar a perder. Y éste es el momento.
Si nos ponemos firmes, ganamos por goleada. Ya lo estamos demostrando con la campaña de la Selección en el Mundial. Los muchachos parecen gigantes cuando hay 40 millones detrás, coreando el Himno y agitando las banderas. Si esa demostración de fortaleza traspasa las fronteras de este apasionante deporte, no habrá buitre que se anime a darnos un picotazo ni juez que se atreva a golpear su martillo para dictaminar nuestra extinción.

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