viernes, 8 de noviembre de 2013

Magdalena y las tribulaciones de una abuela

    Aunque cueste creerlo, algunos periodistas opositores insisten en jugar el papel de perseguidos. No les bastó el penoso rol que desempeñaron en la CIDH. A su regreso, siguieron lloriqueando. Magdalena denunció que la AFIP la visitó como represalia por su denuncia en la OEA. Por supuesto, no es así. Tampoco fueron kirchneristas los que robaron el maletín de Alfredo Leuco. O tal vez sí, pero seguro no fueron enviados por Cristina ni ningún funcionario del Gobierno Nacional. Un poco de seriedad, por favor. Un poco de respeto hacia el público que, impulsado por sus prejuicios, se sigue sumando al desprecio mediático que destinan hacia un proyecto que todavía recibe el apoyo de la mayoría. Y, por último, un poco más de esfuerzo para convertir a los medios en un servicio para la sociedad y no en una competencia para el embrutecimiento de sus integrantes. Que Joaquín Morales Solá confiese que prefiere la cárcel al desprecio público ante los relatores de un organismo que destina su tiempo a investigar atrocidades es una falta de respeto hacia las víctimas en serio. Por supuesto, un coro de ridículos se sumó al lamento y el más vehemente fue el conductor del PPT opositor. El creador de Página/12 y otros medios que han hecho historia agregó un dramático llamado para despabilar a los ciudadanos que, pronto, se quedarán sin los canales y emisoras que alimentan la desinformación e incrementan un odio irracional. Que hagan este circo cuando toma conocimiento público el hallazgo de las listas que demuestran una persecución en serio es una animalada. O quizá, una escenita para desviar la atención de tan importante hallazgo. Como sea, lo peor es creer en todo esto. Y deben ser muchos los que están en este grupo, de acuerdo al bochornoso resultado electoral.
Así es. El Autor de estos Apuntes considera que quienes se dejan llevar por estos exabruptos mediáticos son los que eligieron las opciones más irresponsables y destructivas en las últimas elecciones. Quien confía en las dotes actorales de Carrió, por ejemplo, está avalando un relato insostenible que en nada respeta las instituciones. Quien deposita su voto en los personajes que vociferan ante un micrófono pero nada hacen en sus bancas está contribuyendo al retroceso de nuestra vida democrática. Y también, está avalando la manipulación insultante en la que incurren los voceros del establishment disfrazados de periodistas. Con todo respeto, no votan ni con el bolsillo ni con el cerebro ni con el corazón. Que el lector imagine con qué parte del cuerpo depositan su voto.
Desde los medios hegemónicos se denuncia muchas veces la existencia de un relato kirchnerista como sinónimo de un conjunto mentiroso y amañado. Vale aclarar que todo relato es necesario para otorgar coherencia a esa colección de hechos dispersos y caprichosos que llamamos realidad. En la vida cotidiana ocurren cosas que inevitablemente deben transformarse en relato para adquirir cierto orden y llegar a ser conocidas. Un relato no es falso per se, sino por basarse en hechos inexistentes. Que un grupo de periodistas se sienta perseguido por las hordas del Gobierno Nacional es pura paranoia o, como parece ser, un invento con intenciones de operación política, destinado a un público que le encanta ser engañado para seguir alimentando sus prejuicios.  
Algo diferente puede pensarse del relato orientado por la ideología. Si tomamos un tema como el del incremento de los precios, podemos encontrar varios relatos que intentan explicar el fenómeno y buscarle una solución. Para los exponentes de la ortodoxia económica el relato sobre la inflación contiene emisión monetaria, el crecimiento de la demanda y los aumentos salariales. Una mirada más heterodoxa desecharía esos tópicos y pensaría más en la concentración de la economía en pocas manos y la especulación de los inescrupulosos, que buscan obtener mayores ganancias con menores esfuerzos. Estos dos relatos contrapuestos pugnan en la escena política de nuestro país, aunque el primero busca mimetizarse debido a los estrepitosos fracasos que ha generado en el pasado. Uno es tan válido como el otro y sólo hay que optar por el más conveniente y prometedor.
Los seguidores de estos apuntes saben cuál es la posición de su autor. El incremento de los precios –diminuto pero molesto- se produce por la ambición de los que no se resignan a ganar un poco menos. Como el 80 por ciento de los artículos que consumimos es producido por unas 24 empresas y el 60 por ciento, vendido en grandes cadenas de supermercados, es ahí donde hay que buscar la solución. O se controla el margen de ganancia que tienen esas empresas o se abre el juego para que haya más actores. Las dos opciones incluyen una decidida intervención del Estado, idea que eriza el vello de los ortodoxos.
Esperando a Cristina
Para cerrar este texto se hace necesario volver a Magdalena y su rol de perseguida. Desde el relato del establishment, el régimen K la castiga con la AFIP por denunciar ante la OEA cómo las libertades están cercenadas en nuestro país. A simple vista, es víctima de un sistema que la castiga por pensar distinto en donde más le duele: su bolsillo. O cartera, en este caso. Relato mentiroso por donde se lo mire. Ninguna libertad está cercenada en nuestro país y la AFIP solicitó documentación ante el pedido de una reducción impositiva. Si desea tributar menos, debe demostrar que sus ingresos son menores a los registrados. Como no puede o no quiere exhibir documentación, su reacción es teatral. Magdalena estelariza el episodio de una obra que comienza poco después de las elecciones, con el sorpresivo fallo de la Corte. La resistencia al régimen pasa por desviar la atención de un Monopolio que debe someterse a la legalidad a unos individuos que son perseguidos, insultados, saqueados, agredidos por denunciar el peligro K. Junto a ella, un elenco de figuras destacadas del mundillo periodístico interpreta el rol de víctimas presentes y futuras como forma de hacer propias las heridas sufridas por el Grupo mediático hegemónico.
Todo esto si pensamos el capítulo como una cortina de humo. Bien podría tomárselo de otra manera. Una extorsión, por ejemplo. No de Magdalena como individuo, sino como exponente de una clase acostumbrada a gobernar sin ser molestada. La desarticulación del Grupo Clarín puede ser la antesala de otras desarticulaciones que serán beneficiosas para el futuro. Que un organismo del Estado pretenda cobrar impuestos es otro atropello que los poderosos detestan. Los gritos desaforados de una de las autoras del libro Nunca Más es una muestra de las reacciones del establishment ante la posible profundización de este proyecto. Extorsión y desesperación, porque se imaginan lo que se viene. Los documentos encontrados en el sótano del edificio Cóndor pueden resolver muchos asuntos pendientes desde los tiempos de la dictadura, como la complicidad de los empresarios y su crecimiento patrimonial.
En unos días, Cristina se convertirá nuevamente en Presidenta. El momento del reencuentro es esperado con ansiedad por todos, tanto por los detractores como sus seguidores. Unos, para inspirar sus dicterios; otros, para continuar con este luminoso camino. El fallo de la Corte y los documentos de la dictadura ayudan a recuperar la mística transformadora que perfuma nuestro futuro. Y ellos, agoreros, nostálgicos, mentirosos, conspiradores seguirán haciendo lo que saben hacer para torcer nuestro recorrido. Los demás seguiremos andando, felices y decididos a tener un país mejor.

2 comentarios:

  1. Muy bueno Gustavo ! Claro y contundente. El latiguillo de "No podés criticar al Gob. porque te mandan a la AFIP ",está ya gastado no sólo por Magdalena y el Grupo todo;sino también por la sra de los almuerzos "Otra derechosa recalcitrante" y podríamos continuar la lista. Larrata,ya ni me merece pronunciar su apellido correctamente .El periodependiente de Mafietto ... "Esperando a Cristina" para caminar hacia el Desarrollo !!!

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  2. Felicitaciones Gustavo ! Muy claro y perfectamente fundamentado.

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