jueves, 5 de septiembre de 2019

De atractividades y reperfilamientos


Ahora que las papas queman, Sandleris dice que los que compran dólares son pocos: lo mismo que argumentaban los funcionarios del gobierno anterior para justificar los controles de cambio. Que los PRO "digan si son kirchneristas", si no, no entendemos nada. Todo es muy confuso. No paran de afirmar que éste es el camino y que lo que logramos en estos años es maravilloso, pero disparan las alarmas y preparan los botes; ponderan el trabajo en equipo pero se están desgranando cada vez más; auguran que la pobreza descenderá cuando se estabilice el dólar, mientras los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Ni el nobel de Economía Paul Krugman la tiene clara: está “llorando por Argentina y tratando de entender el desastre. En el lenguaje de los Amarillos, vamos por un túnel oscuro en un barco averiado a la deriva escalando el Aconcagua. ¡Qué difícil es disfrutar de esta Revolución de la Alegría!
No es para menos, porque mientras el fiscal Stornelli goza de su rebeldía cada vez más solo, en lugar de Pobreza Cero, tendemos a las reservas cero. Estos sí se están robando todo. Desde que Macri y su Gran Equipo firmaron el acuerdo con el FMI, de cada diez dólares, ocho se han fugado. Y, como el director del Central, Guido Sandleris aclaró que son muy pocos, podríamos identificarlos para que sean ésos los que devuelvan los 36 mil millones de dólares que se llevaron, en lugar de los que no vimos ni uno. Mientras el policía de la patada altera las pruebas para fabricar la mala suerte que diagnosticó Patricia Bullrich, la inflación, que Macri prometió bajar en dos minutos, va a superar el 50 por ciento. Desde diciembre de 2015, la duplicaron, aunque el ministro Lacunza afirma que está bajando. Por lo que parece, descendieron de la nave madre sin traductor.
Todo se empobrece: sobre todo la discusión política. Las miles de metáforas que utilizan los cambiemitas para disfrazar el latrocinio es una muestra de eso: el río, el barco, el túnel, la tormenta y demás escenarios oscuros sustraídos de la literatura. En una señal más de la crueldad de este modelo, el hasta ahora inmune Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, no conforme con protagonizar una exitosa canción y después de intoxicar con pizza a los chicos de una escuela, disfraza su egoísmo con una cínica etiqueta: llama “reemplazos” a los recortes presupuestarios en la magra vianda de nuestros estudiantes, bajando calidad y valores nutritivos. Para Ellos está bien que los chicos coman porquerías para incrementar las ganancias de unos pocos, pero si alguien menciona el retorno de la Junta Nacional de Granos o propone una reforma agraria, entonces pierden la capacidad para el lenguaje metafórico.
El camino de lo imposible
Y si no encuentran metáforas, nada mejor que los juegos de palabras que no dicen nada aunque parezcan decirlo todo. Después de “Sí, se puede”, apta para grito de liberación como para carta de suicidio, “Haciendo lo que hay que hacer” es una de las mayores genialidades de la inventiva PRO. “Lo que hay que hacer” ¿para qué? Para todo “lo maravilloso que estamos logrando juntos”. Y si uno pregunta qué tiene de maravilloso el incremento de la pobreza, la pérdida de reservas o la caída del empleo, ellos dirán que lo maravilloso es que lo hagamos juntos, en equipo, porque éste es el camino, el más difícil porque no hay que tomar atajos ni apelar a soluciones mágicas. Más magia es pensar que con la caída de la actividad generalizada vamos a crecer y que con precarización laboral y previsional la vida de todos será mejor.
Al contrario: en estos tres años y medio de fomentar la bicicleta financiera los bancos obtuvieron más del doble de ganancias que durante los doce años de kirchnerismo. De enero de 2016 a junio de 2019 las ganancias especulativas acumulan más de 424 mil millones de pesos contra menos de 200 mil de 2003 a 2015. Y esa ganancia extraordinaria es lo que cercena nuestro bienestar, lo que tenemos de menos en la vida cotidiana, lo que provoca que muchos no puedan ni comer.
Además de saquearnos como nunca y dejarnos una herencia pesadísima, se burlan de la manera más impiadosa. Como el secretario de Cultura, Pablo Avelluto que considera la Emergencia Alimentaria un eslogan de campaña. “Parece que en la Argentina -declaró el insensible funcionario- medio país se estuviera muriendo de hambre y eso es mentira”. No, la mitad no, 'apenas un tercio'. Con que sea uno, en un país con la capacidad para alimentar a más de 300 millones de personas, debería preocuparnos. Él mismo lo dice: que el hambre es "un fracaso no sólo de este Gobierno, sino de la Argentina”. Más que un fracaso, es un éxito de los insaciables que son capaces de propalar miseria para incrementar sus fortunas. Y para evidenciar la incomprensión y el cinismo de este sobrealimentado funcionario, explicó que “el Gobierno está haciendo esfuerzos por aliviar la situación de los más vulnerables". ¿Qué esfuerzos? ¿De qué manera la timba financiera contribuye a disminuir el hambre? ¿Acaso los hambreados deberán trasladarse a algún paraíso fiscal para conseguir un plato de comida?
Avelluto afirma que el hambre es culpa del país y no de la desigual distribución de sus riquezas. Alguno aclarará que todos somos responsables y otro recordará que cuando la culpa es de todos, termina siendo de nadie. Si unos pocos acaparan casi todo es porque hay una aceptación de que las cosas sean así. No de todos, pero sí de muchos: de esos que ven a los pobres como una causa y no una consecuencia; que siguen pensando que los ricos no roban y que los empresarios son buenos administradores del Estado; que abrazan los argumentos del patrón y por eso se sienten contagiados de estatus; que creen que la vida es puro sacrificio y cualquier disfrute, un pecado; que se escandalizan cuando alguien propone limar los privilegios de los miembros del Círculo Rojo pero aplauden hasta despellejarse con la reforma laboral, aunque terminen siendo sus víctimas.
El desafío no es sólo ganar una elección, sino convencer a los oscilantes. De nada servirá apartarnos por un tiempo de este tortuoso camino para retomarlo cuando las cosas nos vayan mejor. De nada sirve un nuevo gobierno que prometa más alivio que transformación. De nada sirve si no avanzamos contra todo lo que hoy nos parece imposible.

1 comentario:

  1. La verdad, Gustavo, se quedó corto,"las papas queman", pero no de ahora, en diciembre del 2015 arrancó esta desgracia y ahora nos toca asistir a la agonía, no precisamente de los millones y millones a salvo en las guaridas, sino de un engendro político, delincuencial, inviable y, claro, muy costoso para los que no tuvimos la precaución de nacer herederos y millonarios.
    El universo de frases de postercito, además de hartantes hoy quizás sean útiles porque son la muestra más accesible sobre cómo se tomó a tantos por idiotas (hay palabras peores y mäs exactas pero; tratemos de ser educados) y ahora retumban como chocantes, fallutas y vacías, un éxito más en la penosa historia de la porquería.
    Hablando de porquerías, ¿vió que reemplazan la lluvia de inversiones con la lluvia de basuras?, un problema para los desconfiados como nosotros, mire si estas bellas personas van a traer residuos que hagan mal a la salud, exageramos, claro... pero bueno, todo sea por el clima de negocios, que huela horriblemente mal, detallito.
    No sea injusto, es cierto éso que dicen, “el Gobierno está haciendo esfuerzos por aliviar la situación de los más vulnerables", usted tiene una interpretación capciosa, si lo lógico es que extinguiendo los vulnerables, en el más allá van a estar muy aliviados y, mejor, calladitos y menos demandantes, éso, más baratos, tenemos que ser más agradecidos.
    Si la realidad cotidiana no convenció a los "oscilantes" es que no oscilan y tratar de convencerlos de algo es tiempo perdido y no valen la pena, que disfruten la porquería auto infligida y si te ví, no me acuerdo. Es muy probable que no haya que tener demasiadas expectativas con un nuevo gobierno, lo central es que se termine el desgobierno amarillo pero lo que dejan es tierra arrasada y generosamente minada y ni hablar del "ejército de reserva" mediático que ya, ahora, está trabajando para condicionar y arruinar lo que venga...

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