viernes, 29 de abril de 2011

El subeybaja de la no-política


La verdad, hablar de los candidatos presidenciales para las elecciones de octubre es una tarea sumamente difícil, pero no por las complicaciones a la hora de analizar el modelo de país que proponen, sino por el solo hecho de conocer sus caras. Las postulaciones parecen apenas tímidos asomos por una puerta entornada. No terminan de anunciar su candidatura que ya se están bajando. Es como jugar al sube y baja. Presentan su renuncia a lo que todavía no habían anunciado. A cualquier cosa juegan, menos a la política.
Ayer a la mañana, el radical Angel Rozas afirmó que no es posible hacer un acuerdo electoral con Mauricio Macri, pero a las pocas horas, Ricardo Alfonsín –también radical- coqueteaba con la posibilidad de un acuerdo electoral con el Jefe de Gobierno porteño. A su vez, Macri declaró que su candidatura a la presidencia está en stand by, que es como está desde que apareció en la escena de la política. Y Alfonsín, con la coherencia ideológica que lo caracteriza, había dicho hace una semana que Macri era su límite. Pero ahora no, no sé si se entiende. Es un sí pero no. O no pero sí.
Cuando Alfonsín le decía que no a Macri pensaba en un sí a De Narváez. El no a Macri es comprensible: no hay coincidencia ideológica entre el radicalismo y el PRO. Aunque el radicalismo dejó de ser hace mucho tiempo un partido ideológicamente radical –es decir, lo más revolucionario que pueda uno imaginarse- tomó al PRO como límite. Ahora ya no es un límite. Todo es posible con tal de derrotar a Cristina.
Es increíble. La coherencia ideológica y programática que exhibía el radicalismo al rechazar las ideas de Macri se rompe cuando se acercan a De Narváez. ¿Qué diferencias encontraba el radicalismo entre Macri y De Narváez?¿Que lo hacía acercarse a uno y alejarse del otro? Pero pregunto en serio. No es sólo una chicana K.
Cuando Mauricio Macri presentó su propuesta para rejuntar a la oposición en un bloque único con vistas a las elecciones presidenciales, desde este modesto espacio se planteó que eso no es hacer política, sino hacer trampas. Negar las diferencias ideológicas que existen entre los diferentes espacios políticos para sumar porotos no es hacer política, no es construir, sino todo lo contrario.
En apariencia, lo que quieren es convertir las elecciones presidenciales de octubre en un ballotage anticipado para que todo el arco opositor, variopinto desde sus orígenes ideológicos y desde sus intenciones de gobierno, vaya en un solo bloque, porque es la única manera que encuentran para derrotar, para destruir, al actual modelo de país que desde el gobierno se está construyendo. Quieren hacer cualquier cosa menos decir lo que quieren hacer. Dejan de lado la ideología, la manera de ver el mundo y actuar sobre él, sólo para patear el tablero. Por eso la actitud de la oposición es destructiva. La ideología no es un accidente de la política, sino su esencia. Desde ella es que se analiza la realidad y se la modifica. Estos personeros de la nada sólo quieren volver al neoliberalismo noventoso con diferentes matices y poner nuestro país al servicio de la economía de las grandes corporaciones. Estos salvadores con pies de barro se escudan detrás de la no-política, del cinismo del consenso, de la hipocresía del bienestar de “nuestra gente”, de la monstruosidad de la reconciliación nacional para defender intereses que no son los de todos los argentinos. Quieren hacer negocios de la peor especie y es por eso –sólo por eso- que callan sus propuestas. No es que no las tengan. Sólo las callan.

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