viernes, 22 de abril de 2011

El modelo de Vargas Llosa

Hace unos meses se desató el escándalo, más fogoneado por los buitres mediáticos que por los protagonistas de carne y hueso. No creo que sea necesario hacer una crónica de las intenciones de Horacio González, pero una buena síntesis tal vez valga la pena. El director de la Biblioteca Nacional envió una carta a las autoridades de la Cámara del Libro para solicitar que revean la decisión de invitar a Mario Vargas Llosa para dictar la conferencia inaugural de la 37ª Feria del Libro. Ese espacio siempre ha sido ocupado por algún intelectual argentino y resultaba llamativo que este año no se hiciera así. A partir de allí todo pasó. Censura, veto, prohibición y toda una artillería de estupideces histéricas que se utilizaron para configurar un escenario de autoritarismo en nuestro país. En fin, la intervención de la Presidenta, considero que innecesaria, obligó a Horacio González a bajar un poco el tono de la discusión.
Después de muchos fogoneos y expectativas, ayer habló Mario en la Feria del Libro y casi nada de lo que se esperaba pasó. No hubo militantes kirchneristas desbocados insultando al Marqués ni tampoco hordas anti K pidiendo la cabeza de Cristina como trofeo de guerra. Pasó lo que tenía que pasar.
Desde su llegada a Buenos Aires, el escritor ex peruano y ahora inundado de noble sangre española por el título de marqués otorgado por el Rey de España se reunió con algunos exponentes de la oposición en lugares paquetes, recibió honores por parte del Gobierno de la Ciudad, asistió al programa “A dos voces” y ayer habló en la Feria.
Según algunos medios periodísticos tanto en su conferencia como en la entrevista pública posterior a cargo del periodista José Fernández Díaz, Vargas Llosa puso paños fríos. En la transmisión en vivo de TN se lo vio muy relajado, muy conciliador, lejos de aquél que pregonaba en muchos medios extranjeros “el desastre que estaba viviendo Argentina”, “cuando pienso en Argentina me dan ganas de llorar”, “¿cómo ha podido subdesarrollarse tanto?” y otras delicadezas por el estilo.
En la entrevista pública, ante una asistencia de doscientas personas en La sala Jorge Luis Borges y otro tanto que seguía el diálogo en pantallas estratégicamente colocadas en toda la feria, Vargas Llosa deslizó algunas contenidas y sutiles críticas a la actualidad argentina. Un botón, como muestra. “A principios del siglo XX Argentina era un país del Primer Mundo –aseguró en un tono casi tierno– cuando tres cuartas partes de Europa eran todavía el Tercer Mundo. Llegó a tener un sistema educativo tan avanzado que fue un modelo para el mundo. Casi llegó a acabar con el analfabetismo. Era una realidad que maravillaba al resto del mundo a principios del siglo XX. ¿Qué pasó para que este país que había dado esos pasos tan absolutamente extraordinarios de progreso y que hoy debería tener el mismo nivel de vida de Suecia, de Suiza? Por qué Argentina está en estado de crisis permanente, porque hay esa crispación política".  
No hay que ser un historiador muy brillante para comprender de qué Argentina habla Vargas Llosa en ese sutil análisis. El país de principios de siglo XX era el granero del primer mundo, un país de exclusión absoluta, de las riquezas con olor a bosta, de los estancieros que viajaban por el primer mundo como si fueran reyes, mientras los que producían esas riquezas vivían casi como esclavos. En esos primeros años del siglo XX había un alto nivel de analfabetismo entre los que trabajaban en el campo, en las pocas fábricas que existían o en los montes donde se explotaba el quebracho, donde los trabajadores morían como moscas por formas de trabajo cercanas a la esclavitud. Claro, los que viajaban por Europa tenían un alto nivel de alfabetización, hasta en inglés y francés.
¿Y qué pasó? se pregunta Vargas Llosa. Pasaron dictaduras y gobiernos constitucionales condicionados por los poderosos, presidentes serviles, cómplices del saqueo a las riquezas naturales en beneficio de unos pocos. Pasó el odio hacia un gobierno que a mitad del siglo XX produjo transformaciones impensables en beneficio de la clase trabajadora. Y vinieron más dictaduras, más odio, muerte y más saqueo. Y después volvió una democracia condicionada por los grupos concentrados y poderosos de la economía y unos diez años de un gobierno servil y cómplice, y después un presidente que prometió cambiar las reglas del juego, pero resultó tan inútil que el país estalló con la peor crisis económica de la que se tenga memoria. Todo eso pasó, señor Vargas Llosa, marqués y premio Nobel. Y desde 2003 las cosas están mejorando. Comparar los primeros años del siglo XX con los primeros años de este siglo y afirmar que aquello era mejor que esto lo define completamente, por más sonrisa que dibuje en su envejecida máscara.





1 comentario:

  1. El país de Vargas Llosa es el de la forestal donde había pocos analfabetos porque la tasa de mortalidad infantil era de un 60%.

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