miércoles, 20 de abril de 2011

Sobre la violencia de género

Desde hace un tiempo se ha puesto sobre el tapete el problema de la violencia de género, que se ha cobrado muchas víctimas por desatención o desconocimiento por parte de los actores principales de este drama. Muchos coinciden en afirmar que la cultura del machismo que domina nuestra sociedad es la causante de estos episodios. Tengo mis dudas, porque la violencia es violencia siempre. Dañar al otro es violento sin importar el género. Pero tomar los casos de muertes brutales de mujeres en manos de sus parejas, maridos o ex es un buen principio para extirpar las actitudes violentas de nuestra sociedad.
Si bien se han eliminado restricciones importantes y se han tomado medidas trascendentes para incorporar a las mujeres en cargos dirigenciales (vamos, tenemos una presidenta… ¡y qué presidenta!) todavía se mantienen algunos conceptos que subyacen en el discurso dominante. Estamos presenciando una batalla cultural y para eso hay que apelar a todas las armas a nuestro alcance y transformar todo lo que se pueda para eliminar la discriminación de género.
Una vidriera en donde podemos ver la persistencia de la imagen machista hacia la mujer es la televisión, que es el espejo que debemos transformar si queremos producir cambios notables en la sociedad. La explotación del cuerpo de la mujer es algo evidente sobre lo que se ha dicho y escrito mucho. Basta seguir las críticas que se publican año a año sobre los programejos de Marcelo Tinelli, quien puede dar cátedra sobre el tema. También sobre los camarógrafos babosos que recorren las playas durante el verano se ha hablado mucho.
La publicidad también es un espacio en el que se explota el cuerpo femenino para vender cualquier cosa, desde una rifa hasta un yogurt.
Pero hay otras publicidades que son un poco más sutiles al señalar las pautas culturales machistas respecto a la mujer. No hay una sola publicidad de detergente, por ejemplo, que muestre a un varón lavando platos, cuando en la realidad hay muchos que, por distintas circunstancias, lo hacen. En el imaginario publicitario sólo las mujeres lavan platos. Sin necesidad de dar ejemplos, todos los productos para la limpieza del hogar están destinados a las mujeres, reafirmando el rol de ama de casa que le ha sido asignado, además de cuidar a los chicos y también trabajar fuera del hogar. En esas escenas de las publicidades, el varón, el “hombre de la casa”, es el que disfruta de la sabia decisión femenina por el producto elegido; es el que aprecia el brillo de los pisos, de los platos, el perfume que ha quedado en el hogar súper limpio. Los chicos también juegan un rol importante en esta construcción de la imagen de la mujer sierva. Si aparece la madre con un nene, es el nene el que toma el lugar del “hombrecito de la casa” y disfruta de su mamá hacendosa. Si la madre está con su hija, la nena ocupa un rol de aprendiz de las tareas domésticas, en un temprano aprendizaje de su destino.
El extremo de esta construcción machista está en los productos de la marca Mister Músculo, donde la mujer no sólo desempeña las tareas del hogar sino que necesita el asesoramiento de un varón súper héroe hasta para cambiar la pastilla de un inodoro. Además de sierva, torpe.
Por supuesto, el escriba autor de este texto sabe que los cambios culturales son lentos pero es importante trabajarlos, discutirlos y denunciar los abusos y las exquisiteces del discurso dominante que pretende que todo siga igual.

1 comentario:

  1. Cuando hablamos de violencia de género siempre nos referimos a las mujeres, aunque deberíamos pensar que también los varones sufrimos violencia de género de manera simbólica, en el lenguaje, cuando se establece la cuestión patriarcal que todos debemos atacar (pautas que se transmiten desde la escuela) donde se establecen de antemano roles que se presentan como incuestionables. Es necesario replantearnos los conceptos de identidad de género y rol de género, como una construcción subjetiva, propia e íntima, donde lo masculino no tenga ver en exclusivamente con los varones, ni lo femenino con las mujeres. ¡Bendita seas teoría queer!

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