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lunes, 8 de julio de 2013

Bronces del mañana



Y los villanos de hoy
Sin lugar a dudas, los héroes siempre han sido necesarios. Tanto los del pasado como los del presente. Con sus acciones heroicas, los héroes no sólo contribuyen a la solución de un conflicto sino que marcan un camino. Aunque la empresa termine en fracaso, su participación quedará en el recuerdo como un invaluable aporte, casi una entrega. La literatura, el cine y la historia guardan un listado que tiende al infinito. Pero el presente también tiene lo suyo. Porque mientras existan villanos, el mundo precisa personajes que enfrenten la villanía. Mientras haya en el mundo individuos dispuestos a lo que sea con tal de satisfacer sus más mezquinos intereses, habrá paladines que esgriman ideales colectivos para ponerles un freno. Pero para dotar a la imagen un poco de realidad, dejemos de lado antifaces, capas y espadas. Ni hablar de súper poderes, difíciles de adquirir en los últimos tiempos. La fuerza del héroe proviene de su convicción, pero se consolida y agiganta cuando se conjuga con las multitudes.
Generalmente, los héroes se reconocen a la distancia, mucho tiempo después de haber abandonado la escena. En el caso del comandante Andresito, casi dos siglos han pasado desde su desaparición y un documental viene a rescatarlo del olvido. Andrés Guacurarí nació a fines de 1778 en Santo Tomé o San Borja, ligado indiscutiblemente a las raíces guaraníes del litoral. De la mano de Artigas, luchó para defender el territorio misionero de las fuerzas portuguesas y fue un impulsor de los principios federalistas que por aquel entonces surgían como ordenamiento de nuestra patria en pañales. La historia oficial en decadencia lo excluyó de libros, pedestales y homenajes. Ahora que hasta nuestro pasado requiere una reconstrucción, reaparece junto a otros gigantes anónimos que entregaron todo para garantizar un futuro.
Cristóbal Colón nunca debió considerarse como héroe, al menos en estas tierras. Sin embargo, calles, teatros, plazas y ciudades ostentan su nombre. El traslado de una escultura en su honor provocó una absurda polémica algunas semanas atrás. Con sinceridad, resulta contradictorio que en la Casa Rosada, el centro del poder político de todo el país, se venere la estatua del conquistador. No es un héroe nacional, sino todo lo contrario. Que en su lugar se instale el recuerdo de Juana Azurduy parece mucho más coherente con la concepción de la Historia que estamos escribiendo. "Me gustaría que más argentinos levantaran la voz para defender a nuestros próceres –solicitó CFK, en Bariloche, antes de partir hacia Bolivia- Miren cómo nos tratan afuera". "Queremos trasladar el monumento de Cristóbal Colón y queremos poner ahí a la Juana Azurduy, a esa heroína de la independencia –explicó- y no es una decisión caprichosa; creemos que en la Casa Rosada, que es la casa de todos los argentinos, tienen que estar los que lucharon y dieron su vida por la independencia".
¿Tendrá su monumento el ex agente Edward Snowden dentro de algunos años? En el País del Norte, seguro que no. En el resto del mundo, se verá. Por ahora, parece ser un emblema para los países que se oponen a la prepotencia imperial. Por él, algunos países abandonaron todo principio diplomático para congraciarse una vez más con los peligrosos caprichos de Estados Unidos. Y dejaron que el presidente boliviano Evo Morales se pierda en los cielos europeos con destino incierto. Tal vez sin pensarlo, los mandatarios de Francia, Portugal, Italia y España actuaron como villanos para construir el escenario propicio para los héroes contemporáneos. Esos personajes tan presentes desplegaron su potencia heroica en Cochabamba para defender la soberanía latinoamericana.
No pensó en estas cosas el topo Snowden cuando denunció la red de espionaje estadounidense extendida a todos los habitantes del planeta. "Yo, Edward Snowden, les escribo para solicitar asilo dado el riesgo que existe de que sea juzgado por Estados Unidos y sus agentes debido a mi decisión de hacer públicas las graves violaciones de la Constitución y de algunos tratados de Naciones Unidas perpetradas por el gobierno de EEUU", comienza el texto dirigido a las autoridades nicaragüenses. "Como resultado de mis opiniones políticas y mi deseo de ejercer mi derecho a la libertad de expresión -a través del cual he demostrado que el gobierno de EEUU intercepta la mayoría de las comunicaciones mundiales- este gobierno anunció públicamente una investigación criminal contra mi persona". No es la primera vez ni será la última que la imagen de ese país se desploma por la contradicción en que incurren sus dirigentes con tanto accionar hegemónico. Pocos creen en los principios que tratan de imponer al Mundo a fuerza de muerte y destrucción. Quizá por eso, sus héroes sólo perviven en el celuloide.
Otros no llegarán ni a eso. Si los involucrados en la comercialización del trigo pensaron que especular los conduciría al bronce, no comprenden demasiado el espíritu de estos tiempos. Tampoco el polémico Licenciado Guillermo Moreno fantasea con homenajes futuros, aunque su lucha esté centrada en poner límites a la angurria de los villanos corporativos. La ausencia del trigo sirvió para que algunos vivos ganen un poco más y, a la vez, para inspirar algunos titulares y análisis políticos con intenciones agoreras. Ausencia que en realidad era escamoteo para forzar un falaz juego de oferta y demanda. Una vez que el Gobierno detectó la maniobra y la hizo pública, el trigo se vendió a mil pesos menos que la semana anterior. Ahora se espera que el precio de la harina baje para que los panaderos puedan trabajar con más calma. Un dato para el futuro: lo que se cosechó alcanza para abastecer el mercado local hasta la próxima temporada.
Tampoco será recordado como héroe el camionero Hugo Moyano, que aniquiló una trayectoria de lucha contra el neoliberalismo para asociarse con sus nostálgicos personeros. Usuario de un GPS averiado, conduce, enloquecido, por una autopista sinuosa que lo conducirá hacia el olvido. Pronto, será un mal recuerdo. Por ahora, sólo una piedra en el zapato. O una llaguita que molesta un poco. No llega a provocar dolor, porque se ha convertido en una parodia de lo que fue. Si antes defendía derechos, ahora reclama privilegios. Su paro-feriado-puente tiene un objetivo mezquino: la clara intención de formar parte de una campaña electoral en la que no encuentra nada para proponer. Cada vez más alejado de cualquier fin colectivo, aseguró que la medida de fuerza es “contra la presidenta Cristina Fernández, no contra los trabajadores”. Si piensa que “la bronca” de los perjudicados que “no puedan cargar combustible o sacar dinero del cajero” se dirigirá contra la Primera Mandataria, está confundido.
Cristina no es una heroína, aunque tiene pasta para serlo. Difícil adivinar qué lugar le asignará la historia, aunque se puede suponer que no será un rol secundario. Mientras tanto, ocupa un espacio muy importante en el corazón de la mayoría de los argentinos. Y en el mejor lado, por supuesto. Claro, con su gestión hemos recuperado parte del botín que nos rapiñaron en otros tiempos. Aunque los villanos conspiren, mientan, difamen, nuestro querido país está cada vez más lejos del feudo que gobernaron. Los héroes de ayer, de hoy y de mañana marcharán siempre a nuestro lado.

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