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viernes, 1 de agosto de 2014

El default de los pavos atómicos



Muchos argentinos nos preguntamos para qué el juez Thomas Griesa convoca a otra audiencia, si para lamentarse o para burlarse. Para disculparse por sus injustas, caprichosas y dolosas decisiones, nunca. Total, el objetivo ya está cumplido: los que especulan con las malas noticias ya ganaron muchísimo en pocas horas. Y los buitres, después de cobrar los seguros contra riesgos de default, tal vez tengan una mejor disposición para escuchar las propuestas del equipo económico argentino. Que nadie se ilusione: hasta que no caduque la famosa cláusula RUFO no se podrá ofrecer nada mejor de lo que establece nuestra ley. Y después, estas fieras tampoco merecen que abramos con generosidad nuestras billeteras. Por dignidad, el nuevo canje no debe ser mucho mejor que el anterior. En estos meses que nos quedan hasta fin de año, el Gobierno deberá diseñar una estructura de pagos para eludir los picotazos y después, en lugar de ordenar, nos estarán suplicando para que les tiremos unos mangos.
Por lo menos, eso es lo que se deduce de las últimas declaraciones de Capitanich y Kicillof y, sobre todo, de La Presidenta. Y está bien que así sea. A la prepotencia angurrienta de estos especuladores, el oficialismo responde con razones y argumentos. Algo que desespera al establishment vernáculo que, como siempre, opina lo contrario. Para estos operadores buitreros, la actitud soberbia, ideológica, belicosa de los funcionarios ha provocado este desastroso default y lo que deben hacer las autoridades es implorar por una solución, aunque sea sometiendo el futuro del país a los embates carroñeros. Para los voceros de los avarientos, Cristina y Kicillof tienen la culpa de la situación caótica en que está nuestro país.
Y bueno, allá ellos. Que crean lo que quieran y que engañen al público como mejor consigan. Que oculten y tergiversen la información como se les antoje. Que titulen “fracaso del gobierno” y no terquedad de los avarientos, como debería ser. Que sigan convocando a los gestores de nuestros peores desastres para que analicen el inexistente escenario y pontifiquen sobre cómo se debería salir de este enredo. Que sigan operando para posicionar a sus candidatos y malversando la poca credibilidad que les queda. Que continúen pisoteando la memoria colectiva hablando de un default de mentiritas y anunciando catástrofes que nunca llegan. Pero después que no se quejen si quedan solitos mascullando incoherencias por los rincones.
Si para ellos, Patricia Bullrich es una voz autorizada para hablar de esta situación que lo sigan creyendo, por más que sea la funcionaria de la Alianza que llevó adelante el vergonzoso ajuste que extirpó el 13 por ciento de salarios y jubilaciones para profundizar la sangría. Entusiasmada, la diputada de no se sabe ya qué partido, graznó: “¿se derrumbó otro hito del relato? La mejor negociación de la deuda de la historia terminó en default”. Por más que el uno por ciento de los tenedores de títulos públicos esté litigando, el canje de 2005 y 2010 sigue siendo exitoso porque se ha adherido más del 92 por ciento de los acreedores. Y hubieran cobrado la cuota correspondiente de no ser por la obsecuencia del juez Griesa que aconsejó la usurpación del dinero de los bonistas.
Pero, envalentonada, consideró que “este default lleva el sello de la ineptitud kirchnerista para manejar cuestiones de Estado. El Gobierno quedó expuesto por no negociar, por mostrarse pedante y autoritario frente a los demás”. Ineptitud, pendatería y autoritarismo. El lugar común de maldecir a un gobierno que todavía mantiene un alto nivel de adhesión y acumula muchos logros en su haber. Pero, en cierta forma, Patricia Bullrich, sigue siendo un faro intelectual, al menos para pensar lo contrario. Además de luces, le falta autocrítica. El gobierno del que formó parte nos condujo a la crisis de 2001, una de las peores de nuestra historia y provocó un default de verdad. ¿Qué valor puede tener lo que diga alguien que no ha producido más que desolación en su gestión de gobierno? Y lo que estamos pagando es eso que la Alianza nos dejó.
Lo crudo y lo quemado: discurso vs cuentitos
Lejos de la sumisión que exigen estos personajes, el Gobierno se ha puesto, una vez más, de nuestra parte. El ministro de Economía, Axel Kicillof, ha sido uno de los protagonistas más activos de las negociaciones con Griesa, el mediador inclinado y los representantes de los buitres, a cuello descubierto y sin corbata, pero con mucha valentía y convicción. Y contra todo lo que recitan hasta el hartazgo los opositores a ultranza, nuestro país negoció al ofrecer la apertura del canje, asegurando ganancias de casi el 300 por ciento para los litigantes. Si esto es así, no es por capricho, sino porque la Ley lo dispone. Nuestra ley es más importante que la interpretación capciosa de un magistrado en retirada, avalada por la Justicia Imperial. Y no sólo nuestra ley es más importante, sino nuestro futuro. Por eso emociona y tranquiliza que Kicillof, CFK, Capitanich y todos los exponentes del oficialismo afirmen que no aceptarán nada que comprometa la soberanía.    
Pero lo que más desespera a la oposición es el relato. Este término aparece como si todo –absolutamente todo- lo que asevera cualquier funcionario identificado con la K formara parte de un cuentito alejado de hechos reales. Sin embargo, eso que llaman ‘relato’ es la justificación de todas las acciones que nos han hecho vivir la mejor década de nuestra historia reciente. Y sin exagerar. Ese relato que inserta cada paso en un recorrido, que explica cada decisión con sus causas y consecuencias, que privilegia el conjunto sobre las particularidades. Con la síntesis de Kicillof -“decir que entramos en default es una pavada atómica”- estos personeros del pasado, detractores del presente y destructores del futuro se habrán escandalizado. Afirmar que una sentencia de las calificadoras de riesgo es una pavada atómica debe parecerles una blasfemia.
 Entonces, insistamos con la herejía de desatender los dictámenes del Poder Fáctico y sigamos haciendo todo lo contrario de lo que su lógica diagnostica. Si ellos dicen que hay que acatar, seamos desacatados. Si exigen obediencia, seamos desobedientes. Si aconsejan bajar el gasto público, dediquémonos a la prodigalidad. Porque esas recetas nos han llevado a la ruina y, a pesar de eso, siguen insistiendo con la salmodia neoliberal.
En nuestro primer día de default, no pasó nada. Claro, para el espectador de TN y sus satélites los salarios bajaron, la inflación se multiplicó, el dólar ilegal saltó como una langosta, la desocupación subió por el ascensor hasta la azotea. En la vida real, nada de eso ocurrió. Al contrario, La Presidenta anunció por Cadena Nacional el aumento del 17,21 por ciento de las jubilaciones, lo que significa una suba del 2054 por ciento desde 2003. Tan mal no nos ha ido con el relato K. Y esto es sólo una foto: la peli es más intensa.
Además de esta buena noticia, Cristina deschavó la movida de los bancos. Y uno que se había ilusionado con un gesto patriótico de los que tanto daño hicieron y tanto dinero han ganado a nuestra costa. Mejor, otra careta que se desmorona, otro dato para no confundirnos. Pero también emocionó, como nos tiene acostumbrados. Ante los militantes, después del discurso oficial, CFK confesó: “algunos dicen que cuando hablo con ustedes me cambia la cara. Pero, aunque no se vea, cuando estoy con ustedes me cambia el corazón”. Mientras estos conmovedores momentos se suceden, hay unos tipos que cuentan los días que faltan para el fin de su mandato y gastan su ingenio en cuentas regresivas en lugar de invertirlo en propuestas concretas. Pero propuestas en serio, no el recitado de esas frases lindas que ocultan las más nefastas intenciones. Esos son cuentitos y debemos comenzar a desecharlos.

1 comentario:

  1. Muy buen análisis, debemos comprender sin lugar a dudas que existen dos Argentinas, la que queremos la mayoría a la que tildan de populista y la otra: la que integran un grupo de especuladores que no tienen ningún problema en hacer alianza con grupos financieros internacionales con tal de ganar más sin importarles para nada la situación social del Pueblo Argentino.

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