viernes, 26 de septiembre de 2014

Otra vez en la cueva de los buitres



Qué difícil es vencer la tentación de imaginar lo que dirían en la ONU ciertos postulantes a la presidencia vernácula. Seguramente, desgastarían sus lenguas, no por el tiempo empleado en pronunciar su discurso, sino por lamer el suelo del Imperio. De más está decir que Macri y Binner resultarían soporíferos, además de obsecuentes. Y los circunloquios, metáforas y aforismos de Massa confundirían a cualquiera. De ocupar Scioli ese lugar, tampoco dejaría huella memorable en ese atril. No es por nada, pero extrañaremos mucho a Cristina. No sólo por ser una buena oradora, sino por la audacia de plantear los principales problemas por los que atraviesa el Mundo en la usina donde se generan. Que Obama declare que su país busca la paz es una hipocresía que no cree ni él. Pero que ese organismo desoiga los clamores de poner freno a la barbarie es ceguera o cobardía. Para pacificar el planeta hace falta atenuar el poder de las naciones belicosas.
No es la primera vez que un presidente argumenta en ese ámbito la necesidad de reformular el Consejo de Seguridad. Pero todos los años, CFK insiste en su caducidad, porque parte de sus miembros son los que crean todos los conflictos. ¿Qué seguridad puede garantizar el país que pergeña todas las guerras para multiplicar las ganancias de la corporación bélica? ¿Qué paz buscan los que inventan enemigos para dominar las regiones prometedoras de grandes negocios? ¿Por qué una minoría tiene la potestad para conducir al resto a la aniquilación?
Nada se puede transformar si no hay voluntad de cambiar. Un paso importante es la decisión de regular los mercados, establecer normas que mitiguen la capacidad de daño de los fondos especulativos en la reestructuración de las deudas soberanas. El 9 de septiembre se demostró que 124 naciones quieren modificar las reglas de juego para que la economía global no quede expuesta a la angurria de una minoría. En este tema, nuestro país es un caso testigo: el uno por ciento de los acreedores y un juez municipal tienen en vilo a un país. Una desproporción que quedará para la historia. Quizá sea la primera vez que un país otrora sometido resista con fortaleza la injusticia imperial. El inadmisible fallo del juez Griesa ha recibido críticas hasta de los aduladores, aunque pese a eso, insistan en su cumplimiento.
De tan embrollado episodio nadie puede anticipar el final. Sin embargo, parece que esta vez van a perder. Si Argentina ha pagado casi 190 mil millones de dólares en todos estos años, cumpliendo con los cronogramas acordados, queda demostrada la voluntad pagadora de una deuda fraudulenta. Y encima, con la ley de pago soberano, se pone a disposición de los acreedores que no entraron al canje, las sumas que les corresponderían de aceptar la propuesta. Paul Singer incluido. Para evitar mayores escándalos, el soberbio magistrado debería reconocer su error, dejar de obedecer a los abogados buitreriles y hacer una interpretación racional de la cláusula pari pasu. Y las instancias superiores de la justicia norteamericana deberían sugerir la anulación de esa descabellada sentencia. Si es que escuchan la racional y legítima voz de la mayoría.
Pero siguen sin oír
Mientras la conspirativa prensa argentina se burla por el escaso auditorio que escuchó a La Presidenta, el Consejo de DDHH de la ONU aprueba una resolución que condena la especulación financiera y "ordena una investigación sobre sus actividades y las consecuencias de sus acciones en todo el mundo". Para preparar el clima, Clarín y La Nación brindaron otra vez sus páginas a la difusión de una insultante y mentirosa solicitada de los buitres. En ella, el grupo de tareas contra Argentina afirma que “el desprecio de la presidenta Cristina Kirchner por los tribunales estadounidenses y la negativa de la Argentina a pagar sus deudas o negociar con los acreedores, ha provocado críticas internacionales”. Cabe preguntar quiénes son los que critican si la posición de la mayoría de los países del mundo coincide con la nuestra. Y también es necesario destacar que una cosa es la libertad de expresión y otra, la traición a la Patria. Porque eso están haciendo todos los medios que ofrecen espacio a las presiones de estas minorías destructivas.
“En tiempos de buitres económicos y halcones de la guerra necesitamos más palomas de la paz para construir un mundo más seguro –reclamó Cristina el miércoles- necesitamos más respeto al derecho internacional, necesitamos más igualdad de tratamiento entre los que estamos aquí sentados”. Una verdadera democracia global donde todos contribuyan a construir un mundo más justo, más estable, más solidario, menos suicida. Y para desesperar a los agoreros y apologistas del neoliberalismo, presentó un sintético relato de la década ganada, como un consejo hacia todos los países que están padeciendo el menú de los buitres. “Con un modelo de desarrollo y crecimiento, pudimos generar millones de puestos de trabajo y nos hizo reducir la pobreza y la indigencia”, destacó la Primera Mandataria. Según el FMI, el crecimiento económico de Argentina entre 2004 y 2011 se ubica en el tercer puesto mundial por la inclusión y el desarrollo humano. Y todo esto, respondiendo a las acreencias de manera acorde a nuestras posibilidades y sin renunciar a la autonomía soberana.
Pero los buitres no cejan con el aluvión de picotazos. Con la complicidad de los bicharracos locales, por supuesto. En eso, tampoco CFK se fue al mazo. Por el contrario, denunció que los carroñeros “amenazan y hostigan con acciones sobre la economía de nuestro país, provocando rumores, infamias y calumnias desde lo personal hasta lo económico y financiero”. De más está decir que fue más allá y los denunció como auténticos terroristas: “actúan como verdaderos desestabilizadores de la economía, casi una suerte de terrorismo económico y financiero”. Ponerse de su lado es una infamia. Lamer sus suelas, una burla para la Humanidad.
Entonces, no es descabellado proponer acciones más severas para estos personeros y sus cómplices, que amplifican su voracidad destructiva por todos los medios a su alcance. Las cosas están muy claras, por lo que no hay posibilidad de confusión. No estamos hablando de honestos ahorristas estafados por un Estado, sino de verdaderos estafadores que se quieren llevar puesto al mundo para acumular fortunas alucinantes. Por ellos se hacen las guerras, para satisfacer las infinitas ansias de multiplicar el capital de unos pocos. Algo está cambiando en el planeta y no hay que desoír estos nuevos vientos sureños.

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