viernes, 12 de septiembre de 2014

En busca de la pobreza perdida



Cuando no tienen nada que decir, los voceros del establishment sacan a relucir el tema de la pobreza. Números aislados, fríos índices y tópicos alarmantes se destacan en grandes titulares, adornados con cuadros muy bien diseñados, como si la cosa verdaderamente les interesara. Los canales hegemónicos buscan pobres hasta debajo de las piedras para despertar lágrimas con sus informes. Y si no encuentran pobres, los contratan. Total, siempre van a toparse con algún sufriente que pose para sus fotografías. Porque de eso se trata: de mostrar una foto y no una película. Porque Ellos no quieren eliminar la pobreza sino liquidar al kirchnerismo, el único proyecto de los últimos treinta años que ha logrado disminuir la desigualdad. Por supuesto, a costa de limar un poco los privilegios de esa minoría hipócrita y destructiva. Y eso es lo que verdaderamente molesta. Claro que todavía quedan excluidos; muchísimos para un país con el potencial del nuestro. Pero si cada paso que se intenta dar para lograr una mejor distribución del ingreso choca con la inusitada resistencia de los angurrientos que no quieren ceder una mínima parte de sus ganancias, tender a la equidad resulta imposible.
Mostrar un pobre es evidenciar el fracaso del recorrido que comenzamos en 2003. Para Ellos, por supuesto. Aunque sus fortunas han crecido como nunca, consideran un verdadero desperdicio las sumas destinadas a la base de la pirámide social. En sus manos, esas cifras consolidarían su poder; en cambio, ahora, sólo asignan derechos. En las prioridades del Gobierno, sólo aportan un modesto bienestar, cuando en sus billeteras permitirían exhibir estatus. Por eso lo llaman gasto, en lugar de considerarlo como inversión. Ellos creen en la mano invisible del mercado y el modelo del derrame, productores de una atroz desigualdad en casi todos los rincones del mundo. No hay que dejarse engañar por estos atisbos de Humanidad. Ellos no se preocupan por la pobreza, sólo la utilizan como ariete, como petardos a los que apelan cada tanto.
Porque en los hechos, son saqueadores, carroñeros, especuladores, evasores y explotadores. Más que buitres, son vampiros. En rigor, da pena comparar a estos monstruos con esos animalitos que cumplen un noble fin en lo poco que nos queda de naturaleza. Pero Ellos imitan el instinto para potenciarlo contra natura y no tienen límites a la hora de responder a su avidez. Por eso se hace necesaria la comparación que insulta a esos inocentes bichitos con tamaña humanización. Si Esopo pobló sus fábulas de animalitos, ¿por qué no podemos nosotros utilizarlos para las metáforas del presente? Más aún cuando somos las presas de estas fieras desbocadas.
Contradicciones a repetición
La votación en la ONU desconcertó un poco a Griesa, pero no conmovió el corazón de los miembros de la oposición, ya no al Gobierno, sino al país en su conjunto. Casi cien diputados votaron en contra de la ley de Pago Soberano, una herramienta que permitirá eludir los exabruptos del magistrado neoyorkino. Ahora el juez dejó todo en manos del Tribunal de Apelaciones, que tiene que resolver sus estropicios. Más allá de que EEUU votó en contra de la iniciativa del G-77 más China –propuesta por nuestro país-, la decisión de la mayoría de los países que expresaron la necesidad de poner freno al despiadado desenfreno del mundillo financiero debió intimidarlo un poco. Al menos, le habrá sugerido que la razón ya no estará más de su lado.
Pero, como los diputados argentinos están aislados del mundo, no se enteran de estas cosas y hacen todo lo posible para mostrarse a favor de los buitres. O en contra de Argentina, que es lo mismo. Mientras emociona escuchar los discursos en la ONU -muchos agradeciendo que nuestra situación haya servido para advertir el peligro-, repugnan los dicterios que nuestros connacionales vomitaron en el Congreso. Unos se fueron y otros aparecieron sólo para posar ante las cámaras televisivas. Unos declamaron encendidos discursos cipayos y otros recitaron colonizadas disculpas. Unos denunciaron que estamos quedando mal con el mundo y otros aconsejaron cumplir con la sentencia, aunque eso signifique entregar el futuro del país a los extorsionadores.
Esto ocurrió el miércoles, pero al día siguiente, siguiendo la agenda mediática, hablaron de la pobreza con una soltura exasperante. Como si una cosa no tuviera que ver con la otra. Si estos fondos especulativos llegan a clavar sus garras en nuestro territorio, entonces sí la pobreza será angustiante, como ya hemos experimentado a principios de este siglo. Y esto lo saben los que votaron en contra, pero actúan como si no lo supieran. Pero no se conforman con eso: afirman sin titubear que lo mejor que podemos hacer es rendirnos a los pies de Griesa y la voracidad de Paul Singer, a sabiendas de que eso sería catastrófico.
Si todavía hay pobres en nuestro país es más por el egoísmo irrenunciable de los que más tienen que por inacción del Gobierno Nacional. Y un poco de pereza de los gobernadores, que viven pendientes de la iniciativa presidencial. Porque en 2003 había casi diez millones de personas por debajo de la línea de pobreza y hoy, menos de 3.800.000. Esto significa una reducción del 60 por ciento, aproximadamente. Pero es bueno insistir: si los que ocupan el decil más alto no fueran tan avarientos, la pobreza sólo sería un mal recuerdo y no el titular de un diario. Pobreza que no es una decisión, epidemia ni fenómeno climático, sino el resultado de la voracidad insaciable de los más privilegiados.
Además, el informe de la UCA que tanta polvareda levantó sólo tuvo en cuenta el nivel de ingresos, una de las variables para abordar el tema. También deberían entrar en el estudio el hacinamiento y el acceso a la salud, educación y los servicios esenciales, como electricidad, agua y cloacas. Y con estas variables, muchos argentinos que aún no han salido de la pobreza desde su nivel de ingresos, sí lo han hecho a partir de la reducción de las necesidades básicas insatisfechas. Por supuesto, no están en una situación ideal, pero con el modelo que Ellos quieren restaurar, sin dudas, estarían peor. En realidad, casi todos lo estaríamos.
Los avances en la reducción de la desigualdad han sido el resultado de la sabia decisión de Néstor Kirchner de abandonar los dictámenes del FMI y de reestructurar la deuda en default. La convicción de crecer sin endeudamiento ha consolidado nuestra soberanía económica. Y como todo crece de abajo arriba, los que menos tienen deben recibir gran parte de los recursos. Lo que quieren Ellos es el modelo del derrame, algo que anula todo crecimiento. Un sistema egoísta que quiere acaparar todo y dejar caer apenas unas gotas. Pero ahora estamos comprendiendo que la mano invisible es una garra perversa, que el exceso de los ricos produce la escasez de los pobres, que las deudas no se pagan cuando se transforman en usura, que hacen falta leyes para reprimir al egoísmo. Mucha información en nuestras manos para construir un nuevo país. Tal vez un nuevo mundo. Y la oposición miró para otro lado.

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