viernes, 24 de abril de 2015

Bromas de mal gusto



El extraño caso de los votos escamoteados en Santa Fe se ha convertido en un escándalo nacional. Difícil olvidar las promesas de Hermes Binner –líder en retirada de la fuerza gobernante de esa provincia- sobre el país normal y la transparencia. Menos mal que se bajó de la campaña a la presidencia cuando empezó a declinar su intención de votos sino, por este episodio, ya sería inexistente. Algo diferente a lo que ocurre con el FPV que, además de los logros transformadores que acumula en estos doce años de gobierno, deberá sumar el éxito obtenido con el Bonar 2024. Y la gira de Cristina por Rusia contribuye a desterrar para siempre el absurdo mito agorero del aislamiento del mundo.
En realidad, en las PASO santafesinas no hubo acciones fraudulentas, tan sólo una seguidilla de incidentes y torpezas. Imponderables extendidos, como la ausencia generalizada de las autoridades de mesa, por lo que tuvieron que ocupar ese inestimable lugar desprevenidos e inexpertos votantes. “Se hace camino al andar”, cantaba Antonio Machado, aunque las improvisaciones, en estos casos, no son tan bienvenidas. Torpezas de los inexpertos que confeccionaron mal el telegrama con los resultados, que confundieron columnas, que pusieron ceros donde había cifras más sustanciosas. Torpezas de los expertos que volcaron como totalidad la parcialidad recibida. A esta insólita cadena de desastres se sumó la premura de los ansiosos por festejar una contundente victoria que hasta ahora no es tal. Una cadena de calamidades que se sumará a los opacos antecedentes socialistas de la Invencible provincia.
 Más allá de todo esto, el proceso electoral en la bota deja un sabor ácido en los corazones. Algunos pensábamos que no se repetiría esa parodia política de 2011, cuando por unos minutos, Santa Fe tuvo a Miguel Del Sel como gobernador; que los votantes no volverían a bromear de manera tan macabra con las cosas importantes; que la buena onda, la sencillez y la honestidad no son suficientes para gobernar una provincia; que los furcios del candidato revelaban oscuros pensamientos. Pero a pesar de tener cuatro años para evaluar la decisión, otra vez el ex Midachi se dio el gusto de soñar que su impronta farandulera se instalaría en la Casa Gris y de agitar su cuerpo en un escenario junto a un cauto Macri y un desconcentrado Reutemann. Esa foto debería alcanzar para descartarlo.
Pero cuestionar al votante no es pertinente. O sí, pero no tanto. ¿Acaso los que eligieron a otros candidatos tenían en claro el porqué de su opción? La mayoría debe haber votado más por simpatías que por convicciones. O por antipatía, que es más o menos lo mismo, aunque más desagradable. En las semanas previas a la elección, no se percibía el clima. Los medios de comunicación locales no dieron espacio a los debates porque, en gran parte, son subsidiarios de los humores porteños. Algo que debe pasar en todas las provincias que viven pendientes de lo que pasa alrededor del obelisco y que conocen más a los candidatos a la jefatura de la CABA que los postulantes a los cargos distritales. Un desafío para desterrar el colonialismo unitario y profundizar la construcción de una verdadera cultura federal.
La búsqueda del origen
 No es exagerado decir que, a pesar del agua que ha pasado bajo el puente, la mirada de una minoría trata de imponerse a todos los habitantes del país. La realidad que se cuenta desde los medios dominantes malogra el ánimo de un número considerable de argentinos. Lo muy malo se inventa, lo apenas malo se exagera y lo bueno se tergiversa. No todo, por supuesto. Sólo aquello que tenga relación con Cristina y sus secuaces. Porque de la gerencia amarilla, por las dudas, no dicen nada de nada. Si contaran sobre las falencias, estropicios y andanzas de los funcionarios PRO, Mauricio Macri no tendría una imagen positiva tan inmerecida.
Pero, a pesar del estiércol que arrojan a diario sobre las mentes criollas, CFK será la primera ocupante de la Casa Rosada en terminar su mandato con una valoración considerable. Debería ser mayor, por supuesto, pero los prejuicios de una porción de ciudadanos se alimenta con las infamias mediáticas y el resultado es el cacerolero, un indignado perpetuo siempre dispuesto a regalar su vocinglera colaboración. Un militante exaltado por la negatividad que consume a diario, construida por los medios a los que se somete. Su rostro irritado y contraído es impermeable a los argumentos porque sólo está preparado para estar en contra, aunque no entienda bien por qué.
Durante todos estos años, una tropilla de periodistas, fabularios y analistas despliegan su profesionalismo e imaginación para convencer a ese público que padecemos el peor gobierno de nuestra historia en el peor país del mundo; que nadie nos quiere, que estamos aislados del mundo y que no tenemos crédito en ningún lado; que estamos peor que nunca en manos de una pandilla de corruptos; que a pocos pasos nos espera una crisis terminal por culpa del gasto público; que la inflación galopante que succiona nuestros bolsillos sólo puede detenerse con las recetas que nos condujeron a la ruina; que nos gobierna una dictadura que cercena la libertad de expresión; que la inseguridad es más grave que la de un país bombardeado; que todo es un desastre gracias a Cristina y si no estuviera ella estaríamos en el paraíso. Y, por supuesto, ese público cree en todo esto.
Estos individuos desdeñan a los impresentables militantes de La Cámpora porque se movilizan por un choripán. Ellos, en cambio, al ser más civilizados se alimentan con titulares televisivos. Si desde las pantallas afirman a cada rato que todo está muy mal, debe ser así. No van invertir tantas horas de TV, toneladas de tinta y montones de kilohercios para propagar falsedades. La suspicacia parece inteligencia cuando se combina con los prejuicios. Si los poderosos están disconformes, habrá que creerles, pues por algo llegaron a donde están.
Entonces, si desde esas usinas dicen todo esto será porque nada bueno se puede esperar de los kirchneristas, aunque hayan rescatado a nuestro país del pantano en que nos hundieron los que hoy se postulan como salvadores. Habrá que creer que nadie nos presta un centavo, a pesar del éxito del Bonar 2025 y de los créditos recibidos del BID y el Banco Mundial. Habrá que aceptar que nuestro país está aislado del mundo, aunque formemos parte de organismos regionales, multilaterales y globales; aunque nuestro comercio exterior se relacione con casi todos los continentes; a pesar de que seamos socios comerciales de gigantes como China, Rusia y Brasil. Habrá que aceptar lo del fin de ciclo que se acerca, aunque el proyecto nos enamore cada vez más y nos invite a soñar nuevos sueños. O serán Ellos, los que se acurrucan del lado más oscuro de la grieta, quienes deberán reconocer, de una vez por todas, que han estado siempre equivocados.

3 comentarios:

  1. Gustavo: no es casualidad que le vaya bien a Del Sel. Acumula a su anterior base electoral, la porción gorila del socialismo (o sea, todo el socialismo) que se dio cuenta que los socialistas son una mentira y un desastre de gestión. Y a la presi no la quieren mucho, tampoco.

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    1. Y, sí. Además, hay algunos que todavía piensan que la mejor manera de gobernar es desde afuera de la política. Algo inconcebible. En fin, confusiones heredadas de lo peor de los noventa.

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  2. Todavia hay gente que vota al que cree que va a ganar solo porque cree que va a ganar.No se si fui clara.

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