lunes, 25 de mayo de 2015

Más Patria para soñar



Desde la asunción de Néstor Kirchner, cada fecha patria se convierte en una fiesta popular. Mucha calle, música, euforia y alegría. Mucho “populismo”, mascullarán los agoreros desde un rincón y no es para menos, si Ellos aborrecen la felicidad de los pueblos. Populismo y demagogia, dictaminan apenas ven una sonrisa, porque sienten que con ella sus privilegios disminuyen. Mientras millones poblaron las calles para escuchar uno de los últimos discursos de Cristina como presidenta, unos pocos desesperan. Y tanto, que emergen de las sombras para marcar las pautas del futuro, que no es más que dejarles hacer lo que hacen desde hace años: practicar el vampirismo con nuestros recursos para aspirar al primer premio a la acumulación.
En nuestra memoria no podríamos encontrar festejos como éstos. Los que superamos el medio siglo sólo recordamos la solemnidad de los desfiles militares, más como demostración de fuerza que de alegría por tener una patria en construcción. Los soldados marchaban ante los asistentes más como fuerzas de ocupación que de liberación. Con la vuelta a la democracia, los desfiles perdieron su lugar, como es lógico suponer. Al principio, hubo intentos por reciclarlos pero no con mucho éxito. Después, el Infame Riojano aportó su granito de arena para hacernos olvidar de cualquier sentimiento patrio. Y tanta arena aportó que casi terminamos hundidos. El nuevo siglo nos encontró tan des-patriados que De la Rúa conmemoraba estas fechas en la soledad de su despacho, rodeado de algunos extras.
Por supuesto, estas fiestas callejeras tienen sentido cuando hay algo para festejar. Si la realidad fuera tan desastrosa como la cuentan los medios dominantes, ni con sobornos se lograría este clima. Ahí está la diferencia con la demagogia: el demagogo organiza estos acontecimientos para ocultar el dolor del pueblo al que oprime. La demagogia de Videla gritando los goles del Mundial ’78 o de Galtieri en el balcón, anunciando la ocupación de Malvinas. Menem prometiendo la “Revolución productiva y el salariazo”, los vuelos por la estratósfera o su famoso “estamos mal, pero vamos bien”. Eso es populismo. Cuando la mayoría padece el despojo, cualquier fiesta es simulacro. Hoy, por supuesto, no hay nada de eso porque el bienestar creciente es de todos los días y el encuentro con el otro es como un grito colectivo por el triunfo de haber conquistado tantos derechos.
No hay marcha atrás
Sin dudas, éste es un año crucial. Las elecciones presidenciales de octubre están presentes todos los días. Números que tratan de desalentarnos, deseos que se entretejen, alimañas que nos acechan. Mentiras que nos angustian y definiciones que nos inspiran. El cambio o la continuidad como sendero que se bifurca: por un tramo se vuelve al peor pasado; por el otro, se marcha hacia el mejor futuro. Dos píldoras: el veneno o las vitaminas. Dos banderas: la de remate o la celeste y blanca. Dos países: el sometido a la angurria de unos pocos o el independiente al servicio de todos. No es difícil elegir por cuál camino continuar; sólo basta poner nombre a las opciones.
Mientras la mayoría estaba de fiesta con nuestra fecha fundante, el Foro de Convergencia Empresarial, que nuclea a los principales grupos económicos que operan en nuestro país, anunció sus deseos de restauración neoliberal. Si antes imponían su avidez desde las sombras, ahora necesitan dar la cara para suplicar el triunfo de sus voceros políticos. Como han dejado de ser invisibles, su poder ya no es imbatible. En noviembre de 2013 conformaron este foro como un ámbito de diálogo, aunque, en verdad, es una usina de imposiciones.
Como si explotaran nuestra amnesia, en diez páginas sintetizaron el mejor programa de gobierno en su exclusivo beneficio. No el de la Patria, por supuesto, sino en el propio. Como siempre, el problema es el Estado, no sólo su tamaño sino también su rol: pequeño, débil y obediente, que garantice la saturación de sus arcas. En su documento lo explicitan, como hace años lo anunció Martínez de Hoz y en los noventa Cavallo: "le cabe al Estado establecer reglas de juego claras y hacer cumplir las leyes, pero más allá de este marco, su injerencia en el ámbito propio de la actividad privada, interviniendo arbitrariamente en la toma de decisiones empresarias lesiona gravemente la economía y obstaculiza el desarrollo económico y social".
Caraduras. Con todas las letras. Como si Ellos no tuvieran nada que ver con nuestros fracasos, nuestras crisis y nuestras deudas. Como si Ellos no se hubieran enriquecido con nuestros muertos cuando las FFAA estaban a su servicio. Hipócritas, como si no fueran los artífices del vaciamiento y la entrega de décadas anteriores. Cínicos, porque no ven la hora de volver a hincarnos los colmillos, aunque en estos años han ganado como nunca. Terroríficos, porque prefieren hacer fortuna a fuerza de impartir miseria en lugar de reinvertir lo que ganan en la producción y redistribución del ingreso. Suicidas, porque si no fuera por la intervención del Estado, el consumo no existiría.
Ellos reclaman libertad para hacer lo que quieran. Sin embargo, ya lo están haciendo. Las cuentas no declaradas en Suiza son una muestra de esa nociva libertad porque son producto de la más brutal evasión. Y hay más: con esa reclamada libertad, nos están estafando desde hace años con los precios. El Sindicato de Empleados de Comercio de Rosario realizó un relevamiento en las principales cadenas de supermercado y detectó remarcaciones inconcebibles, merecedoras de durísimas sanciones, sino la clausura. Mientras en EEUU y otros paraísos liberales la tasa promedio es del 8 por ciento, el estudio descubrió una tasa de ganancia de hasta el 240 por ciento entre el precio de costo y el de venta.
Una vez más, queda demostrado su descontrol, que la sociedad no necesita más libertad de mercado, sino todo lo contrario. Que cuando ellos están muy libres, a nosotros nos toca la opresión. No, ya no nos engañan más. Los miles que poblaron la Plaza desde distintos puntos del país no quieren volver a ese pasado nefasto. El futuro que soñamos no es el del libertinaje especulativo de unos pocos. Ese país ha quedado muy atrás y sólo unos pocos quieren convertirlo en realidad. Nosotros, los muchos, queremos un país verdaderamente libre y en él, esas sanguijuelas no tienen lugar.

1 comentario:

  1. "Populismo" la palabran que usan los neoliberales para despretigiaiar este al gobierno. El gobierno , el kirchnerismo es popular, nacional y popular. No queremos la libertad de mercado ni soluciones fáciles de los economistas liberales, ya la conocimos. Un abrazo Gustavo!.

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