lunes, 1 de julio de 2013

Sin lugar para los tibios



Un puñado de emociones
Desde hace un tiempo, el autor de estos apuntes impulsa la erradicación de un adjetivo bastante perjudicial. Y se usa mucho, no tanto para calificar lo existente sino para señalar lo imposible. La Presidenta lo usó el sábado, en la presentación de los candidatos del FPV de todo el país. “No somos perfectos, no somos los mejores, tenemos también errores y equivocaciones”, aclaró en una parte de su discurso. De ‘perfecto’ y sus derivados, estamos hablando, de un adjetivo inventado para garantizar nuestra frustración. No tenemos experiencia de lo perfecto porque no sabemos qué es. Un calificativo ligado a lo absoluto, a la divinidad que creó seres imperfectos destinados sólo a la imperfección. Sólo un perverso puede haber inventado una palabra así. Por más que lo intentemos, nuestras obras jamás serán perfectas, aunque se aproximen bastante. ¿Por qué seguir utilizando un vocablo que tiene como principal objetivo desmerecer todo lo que hacemos? ¿Para qué seguir socavando la autoestima?
Claro que lo perfecto no es sólo lo impecable, sino también lo acabado. Un proyecto de país jamás será perfecto porque está en permanente construcción. Y esto sin contar con los ataques, traiciones y demás delicias con que los angurrientos intentan engrosar sus arcas. Acciones que sin dudas provocan retrocesos notorios y dejan ruinas a su paso. En 2001 vimos eso y dos años después comenzó la recuperación que todavía estamos transitando. Un anticipo para los ansiosos: jamás tendremos un país perfecto; sólo podemos aspirar a un país mejor. Y quien logre dar algunos pasos en ese sentido se convierte en una garantía. Porque la cosa no pasa por la perfección –algo imposible, como ya se ha dicho- sino por el compromiso. "Quienes tienen la responsabilidad de gobernar un país eligen todos los días. Eligen si van a favorecer a los más vulnerables o a los más poderosos", aclaró CFK el sábado en el micro estadio de Argentinos. Y por la sinceridad: "nosotros no nos disfrazamos de nada, nunca. Y no porque no nos gusten los disfraces. A mí me encantan, pero para el carnaval. Para la política no. En política nos gusta dar la cara y decir lo que pensamos", explicó, una vez más, La Presidenta.
Tal vez cierta idea de la corrección inspire la utilización del vocablo ‘perfecto’. Nadie en su sano juicio podrá afirmar que su vida desborda de perfección. En todo caso, el ‘nadie es perfecto’ caracteriza a todos los seres humanos, hasta los que han alcanzado la excelencia en sus obras. Además, siempre hay algún criticón dispuesto a encontrar algún defectito. Entonces, para abandonar definitivamente tal idea, podemos acordar que si nos comparamos con Dios –al menos con la idea que tienen de Él tanto creyentes como ateos- siempre corremos con desventaja. Si no se decide a perfeccionar nuestros actos y menos aún hacer las cosas por nosotros, parece más saludable renunciar a todo intento competitivo. Ya los mitos nos advierten sobre las consecuencias que pueden acarrear los desafíos a la divinidad, como el episodio de la Torre de Babel, por ejemplo.
Lejos de las ingenierías fabulosas, tenemos en nuestras manos un país en construcción. Y el recuerdo de un modelo que nos dejó empantanados en la derrota. Un modelo que muchos intentan reinstaurar, aunque sin decirlo abiertamente. Ningún candidato va a prometer la ruina. Por el contrario, todos aseguran que sus propuestas garantizan el bienestar. Y si no, mala suerte, ‘nadie es perfecto’, se escudará el cínico candidato. Quizá haya una manera de distinguir entre las buenas plataformas y las que no lo son tanto. Mientras más generalidades o más imprecisiones contengan, más penosos serán sus resultados. Porque lo que el ciudadano vota es un plan, un camino acorde con los objetivos. Una meta sin recorrido parece algo incompleto. Una trayectoria sin meta puede ser cosa de locos. Y aunque parezca mentira, algunos proponen como meta lo que debe ser el punto de partida.
El sábado, La Presidenta sintetizó en una frase una fórmula que incluye origen, tránsito y destino.  "Somos un país, una Nación, con 40 millones de argentinos, con 40 millones de sueños. Y sólo un proyecto que tenga una idea rectora de Nación, un ideal de país que tenga en su historia, en su pueblo y en su geografía profunda los basamentos de su accionar político, es el único que puede garantizar la movilidad social ascendente", exclamó ante el exultante público. Con estas palabras, no está delineando una utopía inalcanzable. A diez años de gestión K, ya no se pueden ocultar los avances. Y no hemos llegado hasta aquí por puro azar. Una historia plagada de episodios dramáticos ha inspirado esta década amigable. Por contraste, se entiende. De repetir las apolilladas recetas que algunos siguen ofreciendo, no hubiéramos salido de ninguna pesadilla. De los malos sueños se escapa con sólo despertar.
Y parando la oreja. Un país normal no puede tomarse como meta ni como recorrido. Hace mucho tiempo, la esclavitud era normal. Hace no tanto, en nuestro país era normal un Estado garante y cómplice del enriquecimiento de una minoría selecta. Unos años atrás, la normalidad sugería la pobreza y la exclusión como única manera de gobernar. Gobernar era sinónimo de obedecer las sombrías órdenes del Poder Fáctico. Gobernar significaba satisfacer las angurrias de los personeros del establishment. Gobernar era exigir nuevos sacrificios a los sacrificados perpetuos. La normalidad es tan ambigua y subjetiva, que parece un concepto individual; hasta caprichoso. Lo normal resulta tan arbitrario que puede llegar a ser un peligro. Más aún cuando la normalidad es definida por una minoría.
En contra de lo afirmado por algunos analistas políticos, CFK no presentó a sus candidatos. Y eso lo dejó muy en claro en su discurso.  "Los hombres y mujeres de las distintas provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que hoy están aquí son los candidatos del proyecto nacional y popular que transforma el país y al cual tengo el orgullo de conducir. No son los candidatos de Cristina. Que nadie se confunda". Más allá de lo que sea en realidad el armado de las listas y las tensiones enormes que ese trabajo genere, la diferencia está en la selección de los nombres. Tal vez los nombres no interesen tanto como la integración a un colectivo.
Los agoreros no alcanzan –o se niegan- a entenderlo, por eso atacan a los individuos, pensando que así desconciertan al conjunto. “Pero la memoria del pueblo es más importante que cualquier título periodístico”, definió Cristina. Aunque apuesten al desánimo, al descrédito, los hechos los dejan descolocados. “Cuando pasó lo de la Fragata Libertad decidieron iniciar una colecta –recordó CFK– Hoy Ghana les hace pagar ocho millones de dólares a los fondos buitre. Miren si les hubiéramos hecho caso”. Desde hace un tiempo, hablan de diálogo y consenso; acusan de soberbia a La Presidenta; aconsejan; presionan; amenazan. Con la prédica negadora sólo logran convencer a un hatajo de individuos irritados y prejuiciosos. La Primera Mandataria apostó a un desafío, el de “ganar otra década para recuperar 50 años de atraso”. Un atraso, vale reiterar, provocado por aplicar modelos importados, cuyo fin no era precisamente el beneficio de la mayoría. Como siempre, las palabras de Cristina despiertan pasión, tanto a favor como en contra. Y como ella lo sabe, sentenció: “lo importante es elegir de qué lado estás”. Y un agregado para el final: los que aseguran no estar en ninguno de los dos lados, en realidad, están tan atornillados que no se dan cuenta que las sombras están a punto de devorarlos.

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias a vos y a todos los que leen y comentan en este espacio. Abrazo enorme.

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  2. Como siempre, de excelencia Gustavo!

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  3. MUY BUENA SINTESIS Y COMPLETA. NO PODRIA AGREGAR NADA Y APOYO TODA Y CADA UNA DE TUS EXPRESIONES. ESTAS SON LAS DIFERENCIAS EN CADA UNA DE TUS PALABRAS SE NOTA LA ALEGRIA QUE BROTA DE TU ALMA AL ESCRIBIR ESTAS PALABRAS. A CADA UNO DE NOSOTROS NOS PASA LO MISMO. AGRADEZCO A DIOS QUE ME HAYA PERMITIDO VIVIR ESTOS MOMENTOS CUANDO UNO PENSABA QUE YA ESTABA TODO PERDIDO. MUCHAS GRACIAS GUSTAVO. UN FUERTE ABRAZO.

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    1. Estimado Juan: algo así pasa. Las palabras no surgen desde la intelectualidad, sino desde otro lado que emociona. Por eso tenemos que cuidar y profundizar este camino. Abrazo a todos

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