lunes, 27 de octubre de 2014

Lo que un pingüino nos legó



En un nuevo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, vale la pena superar la nostalgia para convertir su recuerdo en fortaleza. Uno puede revisar sus discursos, sus medidas, sus decisiones y siempre llega a la misma conclusión: el listado es extenso y altamente positivo. Si no hubiera sido por él, hoy estaríamos chapoteando en el barro, sometidos a los caprichos de los angurrientos de siempre. A veces, hasta las rodillas y otras hasta el cuello, pero nunca fuera del barro. Como siempre hemos estado cuando los grandes grupos económicos pretenden gobernar el destino del país en su exclusivo beneficio. En dictadura o en democracia, casi siempre han comandado la economía doméstica para poner nuestros bienes al servicio de sus arcas. Lo que decidió Kirchner fue gobernar desde La Rosada, una manera metafórica de instaurar la política como representación de la mayoría. La política no pensada como una troupe de sumisos sirvientes, sino como un grupo de representantes dispuestos a defender los intereses de todos. El sueño que propuso -el país creciente, equitativo y soberano- no está a la vuelta de la esquina: ya lo estamos saboreando y sería lamentable extraviar el camino por escuchar los cantos de unas siniestras sirenas.
Quizá gracias a Néstor ahora sabemos que, en lugar de bellos seres con voces encantadoras, las sirenas criollas también son monstruos rapaces y enceguecidos, como en el mito homérico. Gracias a ese exótico presidente patagónico, no hay disfraz que nos engañe. Ya no sirve la máscara del prestigio y la sabiduría con que en otros tiempos nos han embelesado. Ya no temblamos cuando vomitan algún vaticinio fatídico. Ya no nos asustamos cuando pegan un par de gritos. Ahora sabemos que la meta sólo se puede alcanzar cuando los representantes obedecen el mandato de las urnas y no las órdenes que las fieras rugen desde sus madrigueras.
La nueva edición del coloquio de IDEA, en Mar del Plata, tuvo algo de eso, condimentado con mentiras, dicterios, difamaciones y mucha avaricia por parte de los empresarios más poderosos del país. Uno de los destacados exponentes, el constitucionalista Daniel Sabsay, se hizo merecedor del Premio Revelación Estrella de Mar, por su aplaudido y festejado stand-up, un monólogo picante que, con un par de canciones de Sinatra, podría convertirse en éxito en algún hotel de Las Vegas.
Lo que más trascendió fue que haya puesto en duda el título universitario de CFK, algo que otros habían hecho apenas asumió su primer mandato. Esto demuestra que no tienen demasiados recursos para destronar al kirchnerismo. Como la recurrencia al gobierno autoritario y demás sandeces que repiten los que no saben ya cómo oponerse. Con el descontrol propio del que no tiene razón –casi sacado- esputó: "basta de un matrimonio presidencial. Ahora nos quieren poner al hijo presidencial y no lo podemos permitir". Primero: nunca hubo matrimonio presidencial y menos aún, después de la muerte de Néstor. Segundo: en un país republicano y democrático, ni él ni ninguno de los asistentes al coloquio tienen atribuciones para poner o sacar presidentes. Por lo tanto, si Máximo quiere candidatearse no hace falta que ellos lo permitan. Como constitucionalista, debería saberlo.
El camuflaje de los enemigos
Tanta farsa tenía como objetivo ocultar lo más importante: el modelo de país que pretenden imponer los que todavía se creen sus dueños. Sabsay propuso, de cara al futuro, "hacer un acuerdo de políticas públicas, cumplir con la ley, terminar con la impunidad y restablecer la libertad de expresión". Esto, traducido al lenguaje cotidiano significa aplicar un ajuste, deskirchnerizar la sociedad y derogar la LSCA, algo que les duele como un forúnculo. Después, como quien no quiere la cosa, sugirió “poner coto al capitalismo de amigos”. También, gracias a Kirchner, aprendimos el verdadero sentido de esa expresión: el capitalismo debe ser sólo de ellos.
Nada más irritante que el llanto del que está repleto. En el Coloquio de IDEA, todos los expositores derramaron lágrimas sobre los micrófonos, como si estuvieran en la indigencia. Los lamentos por la pérdida de rentabilidad, los controles cambiarios y las regulaciones parecían más propios de una telenovela que de un foro protagonizado por los más acaudalados. Sin embargo, detrás del escenario, la realidad los contradice. Las automotrices, los bancos, las empresas de servicios y las extractivas muestran un crecimiento récord en sus operaciones. FIAT Argentina, cuyo titular, Cristiano Rattazzi, es el más quejumbroso, alcanzó el segundo mejor registro histórico en sus ventas. Ford terminará exportando más que el año pasado. Los bancos acumulan una ganancia del 110 por ciento por encima de la de 2013. Una recorrida por los diferentes sectores de la Gran Economía puede despertar repugnancia porque casi todos lloriquean a pesar de haber ganado como nunca.
Entonces, ¿qué más quieren? La respuesta es sencilla: quieren gobernar. Y no para que a todos nos vaya mejor, algo que la historia reciente pone en evidencia, sino porque no soportan perder la potestad de tomar las decisiones. El país es de ellos y están acostumbrados a romperlo cuando se les antoja. Lo que les molesta es que desde hace once años no pueden jugar como antaño: destruyendo todo con la seguridad de que siempre habrá alguien que venga a reparar. Ahora que estamos aprendiendo a construir, no podemos dejar que vuelvan los demoledores.
En estos días, surgió la palabra enemigo pronunciada por los agoreros con un dramatismo conmovedor. Quince años atrás, esto nos hubiera preocupado. Pero nuestro conocimiento sobre las cosas ha crecido tanto que ahora nos causa risa.  Porque muchos que se disfrazan de adversarios, en realidad son enemigos. Y lo han sido siempre. Quienes auspiciaron los golpes y se han beneficiado con ellos, son los principales. Los que se niegan a devolver las divisas robadas, los que tienen todo y quieren mucho más a nuestra costa, los que han pisoteado nuestros derechos para eternizar sus privilegios, los que se burlan de nuestra dignidad conquistada, los saltimbanquis, monigotes y mayordomos que pugnan por la restauración y los nostálgicos empeñados en impulsar un retroceso. Todos estos son enemigos porque se niegan a acatar la voluntad del pueblo. Son enemigos porque quieren succionar nuestra sangre, como ya lo han hecho en muchas ocasiones. Son enemigos porque se muestran como ángeles salvadores cuando en realidad son demonios destructivos y despreciables. Si les molesta que los nombremos como enemigos, que dejen de comportarse como tales.
No son personajes recién llegados a la tierra: han estado desde siempre para someter nuestro país al imperio de turno, con una minoría enriquecida y una mayoría sufriente. Ahora lo sabemos con más claridad. Néstor Kirchner fue el que dio el puntapié inicial de este intenso aprendizaje. Por eso la Historia le tiene reservado un lugar de privilegio, aunque, desde hace mucho tiempo ocupa la principal habitación de los buenos corazones. El mejor homenaje es mantener siempre vigente el proyecto que inició y no distraernos con las minucias pestilentes que arrojan los boicoteadores desde un costado del camino.

3 comentarios:

  1. El manifiesto gorila del presente no me permite olvidar el pasado; Revolución Libertadora

    01. Disolución del Partido Peronista.
    02. Intervención de la CGT.
    03. Suspensión convenciones colectivas de trabajo.
    04. Inhabilitación de dirigentes Peronistas.
    05. Depuración universitaria Peronísta.
    06. Derrogación Constitución 1949.
    07. Congelamiento salarial.
    08. Suspensión de subsidios.
    09. Fuerte Devaluación.
    10. Incorporación al FMI.

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    1. Y... sí. Tanto algunos candidatos de la oposición, pero sobre todo, los integrantes del Círculo Rojo, quieren todo eso y mucho más. Por eso se quejan de que el Gobierno siga gobernando

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  2. La afirmación es contundente ; sus diez puntos la describen con crudeza . . Ni pensar en volver a aquellos tiempos de despojo y miseria ... Tenemos que mantener más que nunca , vivo el " PROYECTO "...

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